Éste es el artículo con el que colaboré en la última edición de Mid-Open con motivo del Día Internacional Contra la Homofobia. Lo pego ahora como texto para que se vea mejor (en la imagen de la entrada anterior no se lee taaaaaan bien) y para incluir links que creo que podrían interesarles :)
El 17 de mayo se celebra el Día Internacional Contra la Homofobia (IDAHO, por sus siglas en inglés) en alrededor de 50 países – desde el año pasado es también contra la transfobia. Este día coincide con la fecha en que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1990, retiró finalmente la homosexualidad de su lista de enfermedades, y tiene el objetivo de coordinar varios eventos en Bélgica, Costa Rica, Cuba, Estados Unidos, Francia, Holanda, México, Reino Unido… que se llevan a cabo para promover el respeto a gays y lesbianas en todo el mundo. A diferencia de otras manifestaciones, como las marchas del orgullo gay que promueven la orientación sexual e identidad de género como motivo de celebración, IDAHO hace énfasis en la homofobia como un mal social que debe combatirse de manera abierta.
En 2006, el Comité del IDAHO lanzó una petición para despenalizar la homosexualidad en los países donde ésta aún es considerada un crimen castigado con cárcel o incluso pena de muerte. Entre los signatarios de la petición estuvieron el Reverendo Desmond Tutu de Sudáfrica, el escritor portugués José Saramago, el ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors, la filósofa Judith Butler, y artistas como Cindy Lauper, David Bowie, Elton John y Meryl Streep. A finales de 2008, el documento fue presentado ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y permanece abierto a firmas ya que no ha sido adoptado de manera oficial.
En México, se lleva a cabo un esfuerzo similar desde el 17 de mayo de 2007, cuando la Cámara de Diputados celebró por primera vez el Día Nacional de Lucha Contra la Homofobia mediante un foro de discusión con académicos, investigadores, políticos, organizaciones, estudiantes y otros miembros de la sociedad civil.
Ahora, ¿por qué existe un día dedicado a la lucha contra este mal? ¿Qué es la homofobia y por qué es tan necesaria su erradicación? Se trata de una aversión extrema, irracional y obsesiva hacia la homosexualidad y las personas homosexuales. Esto probablemente nos remite a gente llena de maldad y con ganas de matar gays. Y aunque la homofobia efectivamente encuentra su expresión máxima en el asesinato u otros crímenes de odio, también se manifiesta con ideas, actitudes, sentimientos, palabras y acciones que pueden ser más sutiles pero igual de dañinas. Es simple y pura discriminación. Me atrevo a decir que todos los que leen este texto (y quien lo escribe también) tenemos alguna actitud, utilizamos frases o llevamos a cabo acciones homofóbicas.

Típicamente pensamos que la homofobia es un tema de heterosexuales versus homosexuales, porque esta dicotomía se percibe a menudo como un par de grupos contrarios. No hay tal cosa. Si se trata de clasificar tajantemente a las personas, para este tema yo prefiero hacerlo en aquellas que discriminan y aquellas que respetan y aceptan. Pero pretendamos, para fines de esta metáfora, que sí somos dos equipos. Pensemos que en efecto los gays y lesbianas se llevan sólo entre ellos y no pueden fraternizar con los que se encuentran fuera de su círculo demográfico. Que estamos ubicados en una cancha de soccer (o el deporte que mejor les funcione para este planteamiento) y participamos de un partido contra los bugas. Que cada jugador en nuestro bando representa a un gran número de integrantes de la supuesta comunidad lésbica, gay, bisexual y transgénero. Malas noticias: nuestro equipo es bastante chafa y mete autogoles todo el tiempo.
La discriminación entre los mismos que son blanco de ella es lamentable. Las muestras de homofobia entre los propios homosexuales son francamente patéticas. Y la homofobia interna es un tipo de rechazo muy triste. Estoy convencido de que la solidaridad en una comunidad es un elemento clave para fortalecerla, hacerla sobrevivir y avanzar.
Algunos ejemplos: colocar letreros afuera de antros gays con mensajes como Se prohíbe la entrada a vestidas (término peyorativo para travestis) o señalar en un tono parecido a locas, chacales, machorras, trannies. Difamar a los bisexuales diciendo que esa orientación no existe, que es un autoengaño mientras se animan a salir del clóset como homosexuales. Ocultar tu orientación en la escuela o el trabajo porque asumes que serás rechazado. No decirle a tus papás que eres gay porque, según tú, no es necesario y ya se dieron cuenta. Alegrarte cuando alguien te dice que “no se te nota”. Juzgar a personajes como Ricky Martin porque “sólo buscan publicidad”, cuando los destapes de figuras públicas como él favorecen a la comunidad LGBT. Obstruir la legalización de derechos y políticas públicas que nos benefician como ciudadanos. Autoreprimir formas de expresión (gestos, frases, prendas de vestir) por miedo a vernos “demasiado gays”. Contagiar el VIH intencionalmente. Autocensurarnos (conversaciones o muestras de afecto) en lugares públicos. Todo eso es homofobia.
Pero es que desde que nacemos, vamos aprendiendo a ser homófobos. A través de papás, hermanos, profesores, noticias, televisión, libros, frases que escuchamos en conversaciones de sobremesa… recibimos continua educación en las artes de la discriminación. Hay demasiados mensajes en el ambiente que alimentan el discurso homofóbico. Y desaprender lo aprendido es un verdadero reto. No abogo porque todos seamos amigos y nos tomemos de la mano por el hecho de compartir una orientación. Lo que propongo es que no nos perjudiquemos usando como talón de Aquiles la homosexualidad.