#EnContexto: entrevista con Ricardo Baruch

Ricardo Baruch es un activista mexicano, pero muy internacional, que conocí hace años en Cholula a través de Arturo Loría.

Esta semana nos pone en #EnContexto: por qué empezó a dedicarse a lo que hace, qué es Espolea, cómo ha avanzado el trabajo en temas LGBT y VIH en México y el mundo, qué tenemos que enseñarle y aprenderle los activistas mexicanos a los de otros lados… sólo en Servicio de Agencia.

Cada lunes pongo #EnContexto información sobre personas LGBT en México y el mundo, noticias y entrevistas. Los invito a hacernos comentarios, críticas, sugerencias de temas o personajes por acá, por Twitter, FacebookYouTube o a etorremolina@gmail.com.


Netroots Nation & Netroots Connect 2014

Netroots Nation logo

Hace unos días estuve en la ciudad de Detroit para participar por segundo año en Netroots Nation, un encuentro anual de activistas, comunicadores, periodistas, blogueros y políticos de Estados Unidos (y unos cuantos de otros lugares). Y en Netroots Connect, la pre-conferencia LGBT del encuentro principal. Pude ir gracias a la beca que otorga el comité organizador del evento. (Thank you, Michael Rogers and Brad Delaney!)

Durante seis días, tuve la oportunidad de participar en mesas de discusión, talleres y conversaciones menos formales sobre nuevas estrategias de activismo LGBT, comunicación y difusión para posicionar un mensaje o una causa en medios, cómo contar historias para fortalecer estrategias de comunicación, establecer alianzas entre varios sectores (gobiernos, empresas, organizaciones civiles, medios de comunicación) y la importancia de los cambios culturales, además de los legales, en el trabajo a favor de derechos humanos e igualdad.

Netroots Connect logo

Lo mejor de estos encuentros es intercambiar ideas y experiencias, reforzar o aprender nuevas herramientas para mi trabajo en México. Comparto algunas fotos, y en este enlace pueden leer sobre la edición de 2013 en San José, California.

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Arte como herramienta de activismo

Hace un año me estaba preparando para viajar a San José, California y participar en Netroots Nation.

Navegando por el sitio web de NN, me acabo de topar una de las pláticas más interesantes que me tocó escuchar ahí: “Artists for justice: how artists are transforming the narrative on immigration and equality“. La introducción de Favianna Rodriguez y la presentación de Julio Salgado son mis favoritas.

Julio es parte del movimiento undocuqueer (jóvenes LGBT indocumentados en Estados Unidos). A partir del minuto 12:15, habla sobre el cruce de los movimientos LGBT con migración y raza, las dificultades de ser indocumentado y la importancia de usar el sentido del humor para criticar (dice que We’re done being tragic), y por qué vale la pena crear plataformas de comunicación propias para contar historias que a veces los medios distorsionan.

Para ver el video de esta plática hay que hacer clic en la imagen:

Artists for justice

En este enlace pueden ver una colaboración padrísima de Julio con el poeta Yosimar Reyes. Aquí está parte de mi experiencia en Netroots Connect, la pre-conferencia LGBT de NN. Y recomiendo también un reportaje de Eileen Truax en Gatopardo sobre jóvenes undocuqueers.


Entrevista en MidOpen

Gracias a Luis Buenfil por esta entrevista en la nueva edición  de MidOpen con el diseñador David Salomón en portada.

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Una mirada de cerca a Change.org

*Pepe Flores publicó este post originalmente en FayerWayer el 27 de abril de 2014.

Una mirada de cerca a Change

Una plataforma que va más allá de un simple “firme aquí”.

Estoy sentado en una terraza. A mi lado está el activista Enrique Torre Molina, quien ha trabajado para varias organizaciones en defensa de los derechos LGBTTTI. Frente a nosotros están tres personas. Se presentan como Alberto, Ana Laura y Miguel Ángel. Ellos son la parte humana de Change.org en la Ciudad de México, donde se sitúa la oficina regional para América Latina.

Originalmente, fui invitado a la reunión para hablar sobre el caso de Agnes Torres, una activista transgénero asesinada hace tres años. Pero conforme avanza la charla, mis interlocutores me muestran una faceta desconocida de Change.org. Una que, creo, vale la pena contar.

Sí, todos sabemos qué es: una plataforma en línea que permite que cualquier persona suba una petición y colecte firmas. Pero la duda siempre ha sido: ¿para qué rayos sirve?

Del activismo de sillón y otros males

Comenzaré con una anécdota. En diciembre, propusimos escribir en Veo Verde sobre una petición para frenar la construcción de Dragon Mart en Cancún –si les interesa el tema por aparte, en el sitio tenemos una cobertura extensa–. La autora del texto remató con un pensamiento que mucho hemos tenido sobre las peticiones en línea:

Sin embargo, a pesar de su sentido noble y su objetivo, las firmas que se logren pasarán desapercibidas si la sociedad civil, ayudada de organismos en defensa del medio ambiente, no se unen para poner en marcha otro tipo de acciones, que deben estar siempre enmarcadas y cobijadas de la información.

Para la gran mayoría, recolectar firmas en la web es un movimiento estéril, un activismo de sillón (o slacktivism, como le conocen en inglés). Sin ahondar demasiado en el término, se refiere al acto de apoyar alguna causa mediante acciones simbólicas y poco comprometidas –y sí, firmar peticiones está incluido en la definición–. Es un acto catártico más que activo; casi siempre para mantener la conciencia tranquila de que “al menos se está haciendo algo” con un clic.

Entonces, ¿por qué lo seguimos haciendo? ¿Es sólo un placebo para hacernos sentir que generamos un cambio? Si es eso, ¿por qué existen sitios como Change.org, Avaaz o Access? Hay algo más detrás: ¿cómo logramos que esas firmas sí tengan un impacto en las decisiones reales? Porque –aunque no lo parezca a simple vista– sí es posible.

Cómo funciona Change.org

En su definición más simple, Change.org es una plataforma de peticiones en línea. Cualquier persona se da de alta el sistema e ingresa una carta o mensaje dirigido a una persona o institución sobre determinado tema, con una denuncia y una solicitud de cambio. Ni siquiera necesita ser el afectado directo del problema; basta con que esté preocupado por la situación.

¿Dónde está el beneficio en usar Change.org? Si se busca visibilidad, ¿por qué no sólo ponerlo en Twitter o en un blog? En primer lugar, la plataforma permite introducir un correo de contacto del destinatario de tu petición. De este modo, cada vez que una persona firme, el denunciado recibirá una notificación. Piensa en una bandeja de entrada recibiendo decenas, cientos o miles de correos sobre la misma cosa. En el sitio web lo ponen así:

¿Qué pasaría si tu empresa recibe cientos de correos electrónicos de valiosos clientes pidiéndole que use un proveedor diferente? ¿Qué harías si recibieses decenas de correos de tus vecinos pidiéndote que dejes de poner la música a todo volumen por las noches? ¿Cuánto tardarías en hacer algo?

Bien, ya hemos conseguido que cientos de personas se sumen y saturen la bandeja de entrada de otro. ¿Y? Como dicen la misma página de Change.org: a una petición online le sigue una acción online. Aquí es donde entra el trabajo que nadie más ve.

Las pequeñas grandes victorias

Alberto Herrera, director de campañas en Change.org en México, tiene experiencia en el activismo. Ha trabajado con asociaciones como Amnistía Internacional, así que su primera recomendación –y la del sitio– es enfocar la petición. Si la demanda es muy ambigua o está destinada a una persona que no puede hacer nada al respecto, difícilmente conseguirá éxito. El secreto, señala Alberto, está en buscar esas pequeñas victorias que representen grandes cambios.

Una vez que se ha delimitado el tema y elegido a qué persona debe dirigirse, se debe promover a través de las redes sociales para ganar adeptos.

Poca gente sabe que Change.org se acerca a las peticiones que han ganado más tracción y tienen mayores posibilidades de éxito –de forma neutral, sin importar su contenido– para asesorarlas en este aspecto. Además, el sitio web de Change.org incluye muchos consejos sobre qué hacer una vez que has conseguido bastante apoyo en firmas (por ejemplo, cuándo sí y cuándo no mandar un tema a los medios de comunicación; o cómo prepararte para una entrevista).

El objetivo primario es entablar un diálogo con el destinatario de la petición. Si se logra concretar esa meta (y el denunciado accede la petición), entonces Change.org lo difunde como parte de las victorias de la plataforma –y más importante, se habrá logrado un cambio en el entorno con ayuda de la web–.

Las críticas de Change.org

Algo que hay que entender bien es que Change.org no es una fundación ni una asociación civil. Es una empresa con orientación social,que gana dinero como cualquier otra –aunque establece que lo reinvierte en su totalidad–. Su modelo de negocio se basa en las peticiones patrocinadas, de forma similar a como se monetizan redes sociales como YouTube o Twitter.

Es importante aclarar esto porque se le ha confundido con una organización sin fines de lucro, lo que ha llevado a críticas por su modo de financiamiento.

Change.org establece relaciones comerciales con ONG y asociaciones alrededor del mundo, quienes publican sus peticiones en el sitio. Estas peticiones aparecen como “sugeridas” una vez que has firmado otra similar en la plataforma. Los datos de sus usuarios se entregan a estas organizaciones para ubicar a potenciales donadores. Es, básicamente, lo mismo que hace Google. El modelo, por cierto, aún no está implementado en la versión para América Latina.

Con Change.org, esta confusión enfureció a mucho por esta ambigüedad inherente en el término “emprendimiento social” (aunado a que su dominio está en un .org y no un .com). Para otros críticos, el sitio comercia con “el enojo de la gente”, en referencia a las generación de denuncias y peticiones motivadas por la molestia.

Una nueva manera de participación ciudadana

Sin embargo, incluso la pieza crítica de Wired reconoce que sitios como Change.org han cambiado la forma en que se ejerce presión social y cómo se atacan cuestiones específicas de diversos problemas. La recolección de firmas, por ejemplo, estaba limitada por la capacidad geográfica del denunciante; mientras que ahora, la adhesión a una petición es mucho más simple –y la velocidad para obtener apoyo o hacer viral un caso es mucho mayor–.

Por supuesto, los otros mecanismos siguen vigentes (las protestas físicas, las llamadas telefónicas, entre otras), pero ahora pueden ser coordinadas a través de la web. Como visibilidad, plataformas como Change.org también permiten que los medios de comunicación se acerquen a historias de denuncia; no sólo con los relatos, sino con los protagonistas.

Es innegable que el activismo ha cambiado con la aparición de la red, en términos de difusión, movilización y acción. No obstante, es importante no olvidar que la red es una herramienta –y no un sustituto– de la acción social. Pensar lo contrario es, cuando menos, ingenuo y poco provechoso.

Como tal, hay que sacarle provecho a estos mecanismos como Change.org para (como menciona Alberto) anotarse esas pequeñas victorias que puedan devenir en cambios significativos. De eso dependerá que no se quede en un esfuerzo estéril; al contrario, que se convierta en un motor de la participación. Como cualquier herramienta (en línea o en otro lugar), es quien la utiliza quien le da un propósito y un fin.


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