Entrevista en MidOpen

Gracias a Luis Buenfil por esta entrevista en la nueva edición  de MidOpen con el diseñador David Salomón en portada.

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Ser gay en México

*Este texto se publicó originalmente en la edición de septiembre de la revista Betún. Una disculpa por el error de dedo en el dato sobre Patria Jiménez: no es 1987 sino 1997.

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Mis dos centavos sobre la revista Betún

El 11 de abril de este año, jóvenes y no tan jóvenes gays de la Ciudad de México nos reunimos en el bar de osos Nicho, en la Zona Rosa, para conocer Betún, un proyecto que prometía hablarnos y entretenernos. A nosotros y a quien tenga acceso a internet.

Creo que yo no era el único escéptico esa noche. Aunque había visto adelantos de esta revista electrónica y me parecía novedosa, aunque tener al talentoso Johnny Carmona como director editorial me parecía garantía, he visto tantas publicaciones dirigidas a público gay ir y venir (la mayoría, la verdad, aburridas y sin mucha sustancia) que esperaba que ésta fuera una más.

A cinco meses de esa presentación, Betún se está convirtiendo en la favorita de muchos. Sus textos son cada vez mejores, sus fotos y editoriales de moda tienen personalidad, su diseño es impecable y, a diferencia de otras versiones en línea de productos impresos, ésta es una revista pensada desde el inicio en su lectura a través de smart phones y tablets. “Lectura” es un decir, porque el contenido es realmente multimedia.

Su mérito más grande en los meses que ha estado al aire, en mi opinión, es lo que no han logrado otros proyectos con objetivos similares en México: señalar a los personajes que Betún considera que vale la pena conocer, originales, que están haciendo cosas interesantes en sus respectivos campos de trabajo, difundir sus ideas y propuestas. Entrevistarlos o ponerlos en portada. Es decir, marcar una agenda propia y tomar a la gente que ellos creen que sus lectores no conocemos y deberíamos. Nombres como Salvador Eljure y Jorge Pedro en el número de agosto, o Alejandro Brofft y Raúl Álvarez en el número de septiembre. Dejar fuera de sus páginas, al menos por un rato, a los que ya nos sabemos de memoria, a las Glorias Trevis y demás elecciones obvias para revistas gays. Y todo lo anterior, sin ser pretenciosos. Bravo por eso.

Me gustaría que incluyeran más caras de activistas, de estudiantes universitarios o empleados de empresas impulsando programas de diversidad en sus escuelas y compañías, gente trabajando en temas de ciencia, por ejemplo. Me gustaría ver también otras fechas además de fiestas del orgullo gay en el mundo en su sección de Calendario: Spirit Day, Baile de los 41, Día Internacional Contra la Homofobia, por mencionar algunos.

Ésos son mis two cents sobre la revista Betún. Felicidades a Johnny y a César Casas por atreverse y por ofrecernos, al fin, algo diferente y entretenido.

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“O, como dicen, soy gay”

El lunes 18 de febrero, poco antes de las siete de la mañana, el reportero de espectáculos Mauricio Clark publicó esto en su cuenta de Twitter:

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Dos horas después, dijo esto al aire en el noticiero Primero Noticias que conduce Carlos Loret de Mola:

Primero, algunos dicen que esa extraña salida del clóset no fue una movida valiente porque lo hizo para adelantarse a una revista de espectáculos que iba a hacerlo al día siguiente (TV Notas, tal vez, que publica un número nuevo cada martes).

Salir del clóset, siempre, es un acto que requiere valor. Aunque “todos lo sepan”. Aunque “no tengas de otra”. Seguro todos conocemos a alguien que es homosexual y no lo dice. Aunque lo sepamos. Aunque a nadie le importe. Aunque viva en un clóset absurdo o de cristal.

Y es precisamente el clóset lo que rige muchos discursos, actitudes y contenidos del medio (televisión) y la empresa (Televisa) donde trabaja Clark y donde hay tantos clósets. Así que da gusto ver a un personaje público hacer esta declaración en un país donde, a diferencia de Estados Unidos, por ejemplo, esto no es común. Ojalá no me pase de optimista y esto signifique algo bueno más adelante, como sugiere el activista Ricardo Baruch.

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Pero parece que todo esto se le olvidó a Clark. Se le olvidó que es un comunicador. No salió del clóset en una sala con su mamá o algunos amigos escuchándolo. Lo hizo con cámara, micrófono y mucho rating. Como un supuesto profesional de la comunicación y con dos grandes errores: primero, usar teleprompter, como señala el periodista Alejandro Brofft.

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Segundo, vinculando su homosexualidad con su adicción a las drogas. Aunque Clark no haya dicho “Tengo un problema de adicción porque soy homosexual” sino “Tengo un problema de adicción porque no me acepto (como homosexual)”, eligió frases equivocadas y el mensaje que envió es uno bastante negativo. Como queda claro en comentarios en redes sociales y en medios de comunicación que retomaron el episodio. Y es un mensaje falso, además. Creo.

Hizo falta lo que casi siempre acompaña estas salidas del clóset tan públicas: el tono de alegría, de celebración, de orgullo. No necesariamente por ser gay sino por ser honesto y valiente. “Éste soy yo, soy feliz de serlo y de anunciárselo al mundo”. Faltó, incluso, un poquito de arrogancia.

Cualquiera que haya estado en el clóset conoce el mal rato, la presión y la depresión que se puede experimentar en muchos niveles. Por dramático y exagerado que parezca, algunos enfrentan auténticas batallas tratando de conciliar su orientación sexual con su religión, con sus expectativas de vida, con las expectativas de sus familias. Y lidian con eso de muchas maneras, incluyendo adicciones. Pero, como apunta el escritor Miguel Cane:

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Supongo que todo esto es otro recordatorio de que todavía falta mucho trabajo a favor de la visibilización de personas homosexuales (reales, más que personajes de telenovelas o series) en la televisión mexicana. Hacen falta más personas como Clark que estén out. Pero con mensajes más positivos.


Medios LGBT en México

*Esta pieza se publicó en Voces de The Huffington Post.

Hace unas semanas convoqué a editores y periodistas de diferentes medios LGBT mexicanos a una reunión. Invité a miembros de televisión por cable y en línea, radio comercial y pública, blogs, revistas independientes y de alto perfil, periódicos tradicionales, comunicadores independientes, una agencia de noticias LGBT que acaba de celebrar su décimo aniversario, y un guionista de comedia. Asistieron todos con excepción de un par. Nos reunimos en el último piso del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que amablemente me prestó el espacio.

Hace tiempo que quería juntarlos a todos, pero no se me ocurría un propósito más claro que no fuera sentarnos en una misma mesa, hablar, y ver hacia dónde iba la discusión. Como bloguero y periodista enfocado en asuntos de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, me (pre)ocupa la manera en que diferentes medios abordan historias de mi comunidad. Los medios mainstream en México incluyen cada vez más contenido LGBT de manera positiva. Algunos ejemplos son AnimalPolitico.com, la revista Chilango, CNNMexico.com, E! Latin News, la revista M Semanal y el diario Reforma. En 2011, un diseñador de moda y su esposo encabezaron la historia de portada de las parejas más atractivas del país en la revista Quién (enfocada en periodismo soft). Por otro lado, tabloides y producciones de Televisa (incluyendo el programa Guau, dirigido a público gay) son responsables de constantes expresiones homofóbicas y personajes que refuerzan la intolerancia.

Me preocupa también la situación de los medios LGBT como una industria que se esfuerza por sobrevivir. Todos los días me pregunto quién está leyéndonos, viéndonos, escuchándonos. Me preocupa que seamos principalmente nosotros mismos poniendo atención a lo que nuestros colegas están haciendo, dándonos retroalimentación mutua. Y eso está padrísimo si queremos reportar e investigar sobre temas que sólo a nosotros nos interesen, darnos palmadas en la espalda unos a otros y levantar nuestros egos (o, siendo menos bondadosos, haciéndonos pedazos en críticas y chismes). Pero si queremos concienciar sobre la diversidad sexual, cambiar opiniones, hacer ruido, ser voz para quienes son callados por el clóset, si queremos ser una industria, un negocio, hay que ser más incisivos en la forma de mirar nuestro trabajo y de ejecutar nuestra labor de narradores de la realidad.

Brian Pacheco de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación (GLAAD) comparte algunos de estos intereses y estuvo hace poco en la Ciudad de México. Desde el año pasado colaboro con él y Monica Trasandes del Departamento de Medios en Español de GLAAD en su proyecto LGBT en Español, y la visita de Brian fue otra excusa para invitar a mis colegas a una reunión.

Después de presentarnos, Brian habló del trabajo de GLAAD en Estados Unidos como defensor, relator y observador nada silencioso de lo que sucede en los medios. Después puse algunas preguntas en la mesa para detonar la conversación, y éstos fueron algunos resultados:

W Radio, que pertenece a Televisa, es la única estación comercial con un programa gay, Triple G, que ha estado al aire por más de diez años. Durante la reunión, el locutor Francisco Iglesias señaló la falta de profesionalización de medios tradicionales en cuanto a asuntos LGBT, pero nos recordó la contrastante falta de profesionalismo de medios LGBT en términos periodísticos: sólo algunos de nosotros producimos contenido noticioso, y con frecuencia los diarios nacionales se nos adelantan en la cobertura de acontecimientos LGBT. La razón principal es que la mayoría de los medios LGBT batallan con presupuestos insuficientes, por lo que tampoco tienen suficientes reporteros. “A muchos colaboradores de medios LGBT no les pagan, y ése es el primer nivel de discriminación que estamos permitiendo.” Todos en la sala permanecieron en silencio varios segundos cuando el periodista Alejandro Brofft señaló esa incómoda verdad.

Francisco mencionó otro asunto importante: muchos medios LGBT dependen de sólo dos o tres personas. Cuando éstas falten, ¿qué pasará con esos proyectos? Todos coincidimos en que las personas trans son prácticamente invisibles en nuestra profesión, y que tampoco hay tantas mujeres (yo sólo conozco a dos, y ninguna pudo ir). Una parte significativa de nuestras audiencias está en el clóset. A propósito de esto, no hay muchas figuras públicas abiertamente LGBT en México. También hay buenas noticias: mientras que la mayoría de los medios LGBT de alto perfil se han establecido en el Distrito Federal, cada vez hay más medios LGBT más pequeños surgiendo en otros estados, y haciendo una labor destacable en contra de la discriminación en sus comunidades.

Debatimos sobre si el gobierno debería financiar medios LGBT “porque es un trabajo que cumple una función social” versus pensar en los medios LGBT como iniciativas que deben ser rentables a través de inversionistas, publicidad y ventas, como nuestros pares los medios no LGBT.

Esta reunión fue un piloto de, espero, más en el futuro. Un experimento que resultó provechoso. Confirmó lo que muchos sabíamos: enfrentamos retos similares. Conversarlo y compartir nuestras experiencias debe servir, más que como grupo de apoyo, como espejo de lo que podemos hacer de manera individual y colectiva para mejorar. Si bien no todos somos necesariamente activistas, los medios LGBT tienen un rol en hacer de la sociedad un lugar más seguro y respetuoso para las personas LGBT. Y para que eso suceda hay que ser mejores en nuestro trabajo.


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