Taller contra la homofobia en la Universidad de Guanajuato

El pasado 16 de octubre se conmemoró Spirit Day, una fecha anual que sirve para hacer difusión y contribuir a buscar soluciones al bullying por homofobia. Un grupo de estudiantes y profesores del proyecto Libertad y Desarrollo me invitaron a dar un taller sobre herramientas contra la homofobia en la Universidad de Guanajuato.

Después, prendieron globos de cantoya para conmemorar a jóvenes víctimas de suicidio y del acoso homofóbico en las escuelas.

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Gracias a Luis Sánchez-Mier y Fernando Valdés por el espacio.


Spirit Day en Guanajuato

header photo moradoUn grupo de profesores y alumnos de la Universidad de Guanajuato organiza una serie de actividades a propósito de Spirit Day este jueves 16 de octubre:

  • Feria con asociaciones civiles como Amnistía Internacional y Colectivo SERes.
  • Acto conmemorativo en honor de jóvenes LGBT que han perdido su vida por la homofobia.
  • Taller Morado: herramientas contra la homofobia“, que me toca dar, de 14:30 a 17:30 horas.

Para más información y registrarte al taller, entra a este enlace.

El evento está abierto para estudiantes, académicos, administrativos y trabajadores en general de la Universidad de Guanajuato. Ven vestido con alguna prenda morada.

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De Minnesota a Yucatán: la vida universitaria LGBT

*Publiqué este texto en mi blog de The Huffington Post el 26 de agosto de 2014.

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Foto del Colectivo Diversidad Igualitaria (Codii) del ITESO.

La semana pasada la organización Campus Pride publicó su lista anual de las 50 universidades más “LGBT friendly” de Estados Unidos.

El Campus Pride Index señala cuáles son las instituciones que destacan por sus políticas de inclusión a estudiantes y empleados LGBT, contenidos en las clases y programas educativos, si hay clubes o asociaciones estudiantiles LGBT en el campus, qué tanto toman en cuenta las necesidades específicas de personas LGBT en temas de salud y seguridad, entre otras categorías.

¿Para qué sirve un análisis de este tipo?

Cada vez son más los jóvenes que toman en cuenta información como la que publica Campus Pride para tomar la decisión de dónde estudiar una carrera. En Estados Unidos, sin duda, pero me parece que en México también.

Y cada vez son más los jóvenes que, estando en la universidad, se encargan de generar un ambiente más seguro y respetuoso de quiénes son, políticas institucionales que garanticen que no haya discriminación a estudiantes y profesores LGBT, actividades sociales (como un cineclub) y académicas (el ensayo final de una materia o una semana de la diversidad sexual) para discutir el cruce de la orientación sexual y la identidad de género con temas como política, derechos humanos, economía, medios de comunicación, moda, política exterior, psicología, salud o deportes.

La universidad fue el primer espacio donde me sentí seguro como joven gay. Fue el primer lugar donde me sentí cómodo con que la gente, cualquier persona, cercana a mí o no, supiera que soy gay. Salí del clóset con amigos y compañeros que llevaba meses de conocer antes que con mi familia o mis amigos de toda la vida, que estaban en otra ciudad.

En 2006 estaba terminando mi primer año de Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas Puebla. Me enteré de Diversitas, una asociación estudiantil LGBT que, si me informaron bien, fue la primera de su tipo en una universidad privada en México.

El grupo organizaba ciclos de cine, talleres con activistas locales, conferencias con académicos y legisladores, y El Divergente, un programa de radio en la estación estudiantil.

Diversitas lleva unos años en coma y ojalá alguien en la UDLAP lo retome pronto. Y ahora hay grupos similares en el ITAM, la Universidad Iberoamericana, la UNAM y la UPN en la Ciudad de México, el ITESO en Guadalajara y, a partir de este semestre y después de que el consejo de la universidad lo rechazara varias veces, en el Tec de Monterrey.

Otras escuelas han abierto espacios para temas LGBT en sus clases, como CENTRO; para semanas de la diversidad sexual, como la UADY en Mérida, el CIDE y la UAM en el DF; o para conferencias en el marco de congresos de las facultades de economía u otras disciplinas, como la UNACH en Tuxtla Gutiérrez y la Universidad de Guanajuato.

He tenido oportunidad de conocer de cerca varios de esos proyectos, de participar en conferencias y talleres en varias de esas universidades, y una de las preguntas más frecuentes es: ¿cuáles han sido los principales avances para las personas LGBT en México?

En mi opinión, sin duda, la visibilidad en las universidades. Si hiciéramos en el país una lista como la de Campus Pride, probablemente algunas de estas instituciones ocuparían los primeros lugares. Y hay de todo: universidades públicas, privadas, laicas, religiosas, en diferentes zonas geográficas.

Muchos jóvenes gays, lesbianas, bisexuales y transgénero vivimos en hogares donde no fue fácil salir del clóset. Fuimos a escuelas donde no se mencionaba la homosexualidad más que para recordarnos que es pecado. Crecimos sin conocer a ninguna persona transgénero. Pero llegamos a la universidad y nos topamos con mejores recursos de información y oportunidades de desarrollo personal, con profesores que nos alientan a explorar la diversidad en el plano académico, y conocemos a otros jóvenes con quienes, por su orientación sexual o su identidad de género, tenemos una empatía especial.

Ese contexto ayuda a potenciar los talentos de sus miembros, a convertir chavos tímidos o marcados por episodios de bullying en líderes con una voz, a encontrar aliados heterosexuales para reconocer la diversidad. Ojalá continúe la tendencia de visibilizar y respetar la diversidad sexual en más universidades.

De ahí están saliendo las personas que empezarán nuevas familias, ocuparán cargos políticos, y muchos profesionistas que están llevando esa mentalidad al mundo laboral, donde hace mucha falta.


El Proyecto Laramie: opinión de Lucero Solórzano

*Lucero Solórzano publicó este texto en su columna de Excélsior el 6 de junio de 2014.

En octubre de 1998 un terrible homicidio sucedió a las afueras de Laramie, Wyoming, en Estados Unidos. Un crimen sanguinario que marcó un antes y un después, no sólo en esa conservadora comunidad, sino en toda la Unión Americana, y que se convirtiera en noticia de encabezados en los principales medios del mundo.

Matthew Shepard era un joven estudiante de 22 años de la Universidad de Wyoming. Su pecado no fue ser homosexual, sino pensar que no había ningún problema en decirlo públicamente; el gran error de este joven fue creer que podía ser libre de vivir como se le diera la gana, y cantarlo a los cuatro vientos. En una sociedad con miedo a lo diferente que puede ir desde ser mujer, obeso, negro, o de otro color, con problemas de nacimiento, con “anormales” inclinaciones sexuales, o hasta extraterrestre, eso fue intolerable y motivo suficiente para que Matthew fuera secuestrado por otros dos jóvenes de su edad, que lo torturaron y golpearon amarrado a una cerca, causando su muerte unos días después.

Un delito de odio que a la luz de lo que pasa hoy en día, en nuestro propio país, en las familias, escuelas, etcétera, se antoja dolorosamente vigente.

A partir del hecho cientos de voces se alzaron en una protesta y con el objetivo de pugnar porque estos delitos de odio no se repitan, se organizaron para formar la Fundación Matthew Shepard. Desde el hoy llamado bullying en algunas de nuestras escuelas (mucho más virulento que hace décadas), pero sobre todo la homofobia con su violencia física y sicológica, y la persecución cruel de minorías “diferentes”, son parte de los temas que ocupan a la Fundación Matthew Shepard, que convierte a este joven, y su prematura muerte, en una bandera por la defensa de los derechos de comunidades de gays y lesbianas.

El miércoles tuve la oportunidad de presenciar una puesta en escena especial de El proyecto Laramie (The Laramie Project) escrita por Moisés Kaufman, autor venezolano nominado a varios premios por esta obra —también llevada por él al cine—, y ganador del Emmy. La versión cinematográfica para la televisión se presentó con muy buena respuesta de público y crítica en el Festival Sundance de 2002,  y recibió una mención especial como ópera prima en el de Berlín. Se puede ver ocasionalmente por HBO con el título Proyecto de un crimen.

Moisés Kaufman es el fundador del Proyecto de Teatro Tectónico; con los miembros del grupo viajó varias veces a Laramie para realizar más de 200 entrevistas entre amigos, vecinos, testigos, compañeros de escuela, autoridades, maestros, padres, y los propios asesinos.

En México se repone por tercera vez, y los productores del evento son Enrique Torre Molina y Rodrigo Salazar, bajo la dirección de Luciana Silveira. Un grupo de siete actores se presenta en un escenario de fondo negro, vestidos de ese mismo color. Están sentados en sillas negras y todos tienen junto una caja, de la que sacan los diferentes objetos que utilizan durante la representación, ya que cada uno interpreta varios personajes.

El texto de Kaufman es conmovedor y de una gran riqueza, y se escuchan por momentos sollozos del público emocionado, aunque a veces se siente reiterativo y la puesta en escena llega a ser demasiado larga.

En esta función especial se contó con la presencia de Jason Marsden, director ejecutivo de la Fundación Matthew Shepard, que habló de la vida de Shepard y lo que implica su muerte a 16 años de distancia.

El proyecto Laramie es una forma de usar el teatro para dar voz a los que han sido silenciados, o que nadie escucha. El tema es universal.

Se estará representando los lunes en el Teatro Arlequín. Es muy recomendable.


Jaime Kohen de color

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

A dos meses de que salga a la venta su nueva producción musical, Jaime Kohen envió un boletín a medios de comunicación: los convocaba a un evento en el Museo Memoria y Tolerancia donde hablaría abiertamente de su preferencia sexual “para plantar semillas de tolerancia en nuestra sociedad”. Estrenó su sencillo “Tú y yo de color” y apareció en la portada de la revista gay Betún, que se edita cada mes en México. Todo esto en la misma semana.

Jaime Kohen3Después de pasar por una crisis personal en la que la música lo acompañó, Jaime pensó que le gustaría darle a otros lo que la música le dio a él. Estudió un verano en Berklee College of Music, donde aprendió a componer y tocar piano. Hoy es un artista independiente, canta y compone y baila pop, y la honestidad de sus letras coinciden con la que expresa en persona. Lleva dos años con su novio, le gustaría casarse y formar una familia. Su disco Contraluz Vol. 2 sale el 27 de abril.

Enrique Torre Molina: ¿De qué va tu nuevo disco?
Jaime Kohen:
Está inspirado en lo retro y hay elementos desde los años treinta hasta los cincuenta. Y en letras habla específicamente de la pareja. Creo que la pareja a todos nos saca nuestros peores demonios, pero también nuestra parte más linda.

ETM: ¿Y la canción “Tú de rojo y yo amarillo”?
JK:
Tenía una canción que hablaba de la boda, un tema importante en la pareja. Cuando tomé la decisión de abrir mi sexualidad y de enfocarme más en hacer esta protesta, le di un giro a la canción para hablar sutilmente sobre celebrar las bodas de diversidad. Por eso el coro dice que por qué nos tenemos que casar de blanco y negro, que quién puso esa regla y por qué no de color. Es decir, romper la tradición y abrirte a la diversidad. Fue lindo coordinar la canción con el mensaje. En este nuevo disco la mayoría de las canciones son duetos, pero esta canción en específico la quise hacer solo porque es un mensaje muy personal.

Jaime KohenETM: ¿Por qué decidiste ahora hablar de que eres gay?
JK:
Siempre ha habido una identificación con el público gay. Mi primera canción, “Alguien”, habla de aceptación que es un tema que resuena con el público gay de inmediato. Pero siempre he tratado de manejarlo de manera más universal, porque todos tenemos que aceptarnos de una u otra manera. Tomé la decisión de hacerlo ahorita porque este año se me juntaron muchas cosas. Lo que más me impactó fue un video sobre lo que está pasando en Rusia, donde un grupo de gente hace como unas dates falsas para maltratar [a homosexuales]. Me puse a investigar más. Sabía que hay lugares donde la homosexualidad se castiga con cárcel, pero no estaba tan informado. Me di cuenta que también en India se retomó una ley que castiga la homosexualidad. Y, sin irme tan lejos, vi que México es el segundo país con más homicidios por homofobia. Quiero poner mi granito de arena.

ETM: ¿Hay alguien en especial que te haya inspirado?
JK:
En mi época de crisis, la cantante India Arie me inspiró mucho porque tiene un mensaje súper propositivo en sus canciones, y me sanaba mucho escucharla. También Rosana fue alguien que me movió en ese momento. La mayoría de la humanidad se conecta más con el dolor y el drama, pero yo quería dar otra posibilidad con mis canciones. Admiro mucho a deportistas como Michael Sam, Thomas Hitzlsperger y Jason Collins. Esas noticias me las trajo mi papá que es como súper macho, ve deportes, y esto ayuda a que la gente se dé cuenta de que un futbolista de la NFL, un hombre grandote, también puede ser gay.

ETM: ¿Cómo fueron la semana de tu comunicado, el evento en el Museo Memoria y Tolerancia y los días después?
JK:
Hay cosas que están en tus manos y puedes controlar, y hay cosas que no. Aunque el comunicado se publicó antes de tiempo, no le quitó nada al mensaje. Fue muy especial hacerlo ahí porque soy judío, tengo una preferencia sexual diferente, y esas dos minorías están muy expuestas en ese museo. Siempre han sido perseguidas de la mano. La reacción de la gente y de los medios ha sido increíble. Me siento muy afortunado. También por parte de mi familia, porque una cosa es abrirme con ellos y otra con el mundo.

ETM: ¿Tuviste miedo de que salir del clóset pudiera perjudicarte profesionalmente?
JK:
Claro. Me tomó dos meses decidirlo, porque pensé que podría cerrarme las puertas con algunas marcas o que muchos fans me dejarían de seguir. Pero me di cuenta que ésa es una voz más de mi ego. Que mi mensaje y lo que siempre he querido hacer con la música es tocar al mundo, aunque sea a una persona, de forma positiva. No tengo nada que perder. Quien se quiera quedar, se queda. Las marcas que me quieran apoyar, buenísimo. Las que no, no pasa nada.

ETM: En México hay pocos ejemplos de gente que se ha abierto de esta manera. ¿Es importante que las personas públicas salgan del clóset?
JK:
Me animé a hacerlo también por eso. Cuando decides ser una figura pública, tengas un seguidor o millones, ya influyes en algo y tienes una responsabilidad. Un ejemplo con otro tema es la adopción: cuando adoptamos a mi hermana, la adopción era un tabú. Ahora está más de moda, en parte gracias a las celebridades, y el tema ha cambiado.

ETM: ¿Qué opinas de la homofobia que existe en México, Uganda, Rusia y otros lugares? ¿Te gustaría involucrarte con algún tema en específico?
JK:
Sí quiero involucrarme, pero no desde un lugar de lucha, porque entonces creas otra vez la dualidad y es otra vez pelear. Creo más en apoyar, en acompañar, en hacer campañas sobre tolerancia y libertad, que es otro tipo de mensaje. Es diferente hacer una campaña a favor de la paz y la tolerancia que hacer una contra la discriminación. El tono es diferente. Con una marca estamos viendo si vamos a algunas escuelas a hablar de esto con chavos de prepa y secundaria, donde hay mucho bullying. El mensaje que quiero mandar es que hay que vivir en libertad y expresar tu amor como sea.


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