De Minnesota a Yucatán: la vida universitaria LGBT

*Publiqué este texto en mi blog de The Huffington Post el 26 de agosto de 2014.

foto

Foto del Colectivo Diversidad Igualitaria (Codii) del ITESO.

La semana pasada la organización Campus Pride publicó su lista anual de las 50 universidades más “LGBT friendly” de Estados Unidos.

El Campus Pride Index señala cuáles son las instituciones que destacan por sus políticas de inclusión a estudiantes y empleados LGBT, contenidos en las clases y programas educativos, si hay clubes o asociaciones estudiantiles LGBT en el campus, qué tanto toman en cuenta las necesidades específicas de personas LGBT en temas de salud y seguridad, entre otras categorías.

¿Para qué sirve un análisis de este tipo?

Cada vez son más los jóvenes que toman en cuenta información como la que publica Campus Pride para tomar la decisión de dónde estudiar una carrera. En Estados Unidos, sin duda, pero me parece que en México también.

Y cada vez son más los jóvenes que, estando en la universidad, se encargan de generar un ambiente más seguro y respetuoso de quiénes son, políticas institucionales que garanticen que no haya discriminación a estudiantes y profesores LGBT, actividades sociales (como un cineclub) y académicas (el ensayo final de una materia o una semana de la diversidad sexual) para discutir el cruce de la orientación sexual y la identidad de género con temas como política, derechos humanos, economía, medios de comunicación, moda, política exterior, psicología, salud o deportes.

La universidad fue el primer espacio donde me sentí seguro como joven gay. Fue el primer lugar donde me sentí cómodo con que la gente, cualquier persona, cercana a mí o no, supiera que soy gay. Salí del clóset con amigos y compañeros que llevaba meses de conocer antes que con mi familia o mis amigos de toda la vida, que estaban en otra ciudad.

En 2006 estaba terminando mi primer año de Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas Puebla. Me enteré de Diversitas, una asociación estudiantil LGBT que, si me informaron bien, fue la primera de su tipo en una universidad privada en México.

El grupo organizaba ciclos de cine, talleres con activistas locales, conferencias con académicos y legisladores, y El Divergente, un programa de radio en la estación estudiantil.

Diversitas lleva unos años en coma y ojalá alguien en la UDLAP lo retome pronto. Y ahora hay grupos similares en el ITAM, la Universidad Iberoamericana, la UNAM y la UPN en la Ciudad de México, el ITESO en Guadalajara y, a partir de este semestre y después de que el consejo de la universidad lo rechazara varias veces, en el Tec de Monterrey.

Otras escuelas han abierto espacios para temas LGBT en sus clases, como CENTRO; para semanas de la diversidad sexual, como la UADY en Mérida, el CIDE y la UAM en el DF; o para conferencias en el marco de congresos de las facultades de economía u otras disciplinas, como la UNACH en Tuxtla Gutiérrez y la Universidad de Guanajuato.

He tenido oportunidad de conocer de cerca varios de esos proyectos, de participar en conferencias y talleres en varias de esas universidades, y una de las preguntas más frecuentes es: ¿cuáles han sido los principales avances para las personas LGBT en México?

En mi opinión, sin duda, la visibilidad en las universidades. Si hiciéramos en el país una lista como la de Campus Pride, probablemente algunas de estas instituciones ocuparían los primeros lugares. Y hay de todo: universidades públicas, privadas, laicas, religiosas, en diferentes zonas geográficas.

Muchos jóvenes gays, lesbianas, bisexuales y transgénero vivimos en hogares donde no fue fácil salir del clóset. Fuimos a escuelas donde no se mencionaba la homosexualidad más que para recordarnos que es pecado. Crecimos sin conocer a ninguna persona transgénero. Pero llegamos a la universidad y nos topamos con mejores recursos de información y oportunidades de desarrollo personal, con profesores que nos alientan a explorar la diversidad en el plano académico, y conocemos a otros jóvenes con quienes, por su orientación sexual o su identidad de género, tenemos una empatía especial.

Ese contexto ayuda a potenciar los talentos de sus miembros, a convertir chavos tímidos o marcados por episodios de bullying en líderes con una voz, a encontrar aliados heterosexuales para reconocer la diversidad. Ojalá continúe la tendencia de visibilizar y respetar la diversidad sexual en más universidades.

De ahí están saliendo las personas que empezarán nuevas familias, ocuparán cargos políticos, y muchos profesionistas que están llevando esa mentalidad al mundo laboral, donde hace mucha falta.


Entendemos y valoramos las diferencias de las personas, British Council México

*Enehache publicó esta nota originalmente el 22 de mayo de 2014.

Entendemos y valoramos las diferencias de las personas, British Council México

En el marco del Día Internacional de Lucha Contra la Homofobia, el British Council en su oficina del Distrito Federal, México, dio la bienvenida a más de 70 invitados de diferentes ámbitos, edades, géneros y orientaciones a un foro que titularon “La no discriminación en contra de la comunidad LGBT: retos y metas en México”.

Por primera ocasión, en 70 años de existencia, esta oficina gubernamental del gobierno inglés abrió su agenda a tocar este tema en México, siendo labor de Lena Milosevic, directora de esta institución, el dar el discurso de bienvenida, para fijar el tono de las ponencias a seguir:

El British Council ha estado presente y activo en Mexico por más de 70 años. Nuestro trabajo es fomentar la confianza entre Mexico y la Gran Bretaña a través de las artes, la educación y el inglés. Trabajar efectivamente en el área de diversidad es una parte central en el trabajo que realizamos.

Implementamos nuestra política de igualdad a través de una estrategia de diversidad. La diversidad supone la creación de un ambiente inclusivo y prácticas que beneficien a la organización y a aquellos que trabajan para, y con ella. Toma en cuenta que las personas difieren de otras de muchas maneras: por ejemplo, género, edad, raza/etnia, orientación sexual, habilidad física, capacidad mental, creencia y religión, educación, situación económica, personalidad, estilos de comunicación y maneras de trabajar. Entender y valorar estas diferencias puede resultar en mayor participación y puede volverse una herramienta de éxito a nivel individual, grupal, organizacional o de mayor alcance en la sociedad.

Además de monitorear nuestros procesos y comportamientos internos  estamos comprometidos a enviar mensajes fuertes, asumiendo nuestra parte en remover barreras y corregir desequilibrios causados por la desigualdad y la discriminación.

El programa de hoy, con un panel diverso, se enfocará a tratar los retos que enfrenta México al tratar de erradicar la discriminación contra la comunidad LGTB.

El panel estuvo conformado por:

  • Jacqueline L’Hoist Tapia, Presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México.
  • Irasema Yazmín Zavaleta, Directora de Análisis Legislativo en Conapred.
  • Ricardo Baruch de ONG Espolea.
  • Iván Gómez Tagle, Coordinador del grupo Jóvenes LGBT México.
  • Jaime Kohen, cantante.
  • Enrique Torre Molina, especialista en medios de comunicación.
  • Carlos Alberto Ramos, experto en discriminación y salud mental.

Afortunadamente cada más organizaciones, instituciones y empresas comienzan a “salir del clóset”, haciendo públicas sus políticas internas de inclusión y diversidad. Es cuestión del día a día y de las personas que forman parte de dichos grupos de trabajo, que convaliden la congruencia de las políticas y los hechos. Con esto, conseguir que más empresas se contagien y confirmen los beneficios en productividad interna que pueden tener la aplicación efectiva de este tipo de lineamientos y bases de trabajo.


Jaime Kohen de color

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

A dos meses de que salga a la venta su nueva producción musical, Jaime Kohen envió un boletín a medios de comunicación: los convocaba a un evento en el Museo Memoria y Tolerancia donde hablaría abiertamente de su preferencia sexual “para plantar semillas de tolerancia en nuestra sociedad”. Estrenó su sencillo “Tú y yo de color” y apareció en la portada de la revista gay Betún, que se edita cada mes en México. Todo esto en la misma semana.

Jaime Kohen3Después de pasar por una crisis personal en la que la música lo acompañó, Jaime pensó que le gustaría darle a otros lo que la música le dio a él. Estudió un verano en Berklee College of Music, donde aprendió a componer y tocar piano. Hoy es un artista independiente, canta y compone y baila pop, y la honestidad de sus letras coinciden con la que expresa en persona. Lleva dos años con su novio, le gustaría casarse y formar una familia. Su disco Contraluz Vol. 2 sale el 27 de abril.

Enrique Torre Molina: ¿De qué va tu nuevo disco?
Jaime Kohen:
Está inspirado en lo retro y hay elementos desde los años treinta hasta los cincuenta. Y en letras habla específicamente de la pareja. Creo que la pareja a todos nos saca nuestros peores demonios, pero también nuestra parte más linda.

ETM: ¿Y la canción “Tú de rojo y yo amarillo”?
JK:
Tenía una canción que hablaba de la boda, un tema importante en la pareja. Cuando tomé la decisión de abrir mi sexualidad y de enfocarme más en hacer esta protesta, le di un giro a la canción para hablar sutilmente sobre celebrar las bodas de diversidad. Por eso el coro dice que por qué nos tenemos que casar de blanco y negro, que quién puso esa regla y por qué no de color. Es decir, romper la tradición y abrirte a la diversidad. Fue lindo coordinar la canción con el mensaje. En este nuevo disco la mayoría de las canciones son duetos, pero esta canción en específico la quise hacer solo porque es un mensaje muy personal.

Jaime KohenETM: ¿Por qué decidiste ahora hablar de que eres gay?
JK:
Siempre ha habido una identificación con el público gay. Mi primera canción, “Alguien”, habla de aceptación que es un tema que resuena con el público gay de inmediato. Pero siempre he tratado de manejarlo de manera más universal, porque todos tenemos que aceptarnos de una u otra manera. Tomé la decisión de hacerlo ahorita porque este año se me juntaron muchas cosas. Lo que más me impactó fue un video sobre lo que está pasando en Rusia, donde un grupo de gente hace como unas dates falsas para maltratar [a homosexuales]. Me puse a investigar más. Sabía que hay lugares donde la homosexualidad se castiga con cárcel, pero no estaba tan informado. Me di cuenta que también en India se retomó una ley que castiga la homosexualidad. Y, sin irme tan lejos, vi que México es el segundo país con más homicidios por homofobia. Quiero poner mi granito de arena.

ETM: ¿Hay alguien en especial que te haya inspirado?
JK:
En mi época de crisis, la cantante India Arie me inspiró mucho porque tiene un mensaje súper propositivo en sus canciones, y me sanaba mucho escucharla. También Rosana fue alguien que me movió en ese momento. La mayoría de la humanidad se conecta más con el dolor y el drama, pero yo quería dar otra posibilidad con mis canciones. Admiro mucho a deportistas como Michael Sam, Thomas Hitzlsperger y Jason Collins. Esas noticias me las trajo mi papá que es como súper macho, ve deportes, y esto ayuda a que la gente se dé cuenta de que un futbolista de la NFL, un hombre grandote, también puede ser gay.

ETM: ¿Cómo fueron la semana de tu comunicado, el evento en el Museo Memoria y Tolerancia y los días después?
JK:
Hay cosas que están en tus manos y puedes controlar, y hay cosas que no. Aunque el comunicado se publicó antes de tiempo, no le quitó nada al mensaje. Fue muy especial hacerlo ahí porque soy judío, tengo una preferencia sexual diferente, y esas dos minorías están muy expuestas en ese museo. Siempre han sido perseguidas de la mano. La reacción de la gente y de los medios ha sido increíble. Me siento muy afortunado. También por parte de mi familia, porque una cosa es abrirme con ellos y otra con el mundo.

ETM: ¿Tuviste miedo de que salir del clóset pudiera perjudicarte profesionalmente?
JK:
Claro. Me tomó dos meses decidirlo, porque pensé que podría cerrarme las puertas con algunas marcas o que muchos fans me dejarían de seguir. Pero me di cuenta que ésa es una voz más de mi ego. Que mi mensaje y lo que siempre he querido hacer con la música es tocar al mundo, aunque sea a una persona, de forma positiva. No tengo nada que perder. Quien se quiera quedar, se queda. Las marcas que me quieran apoyar, buenísimo. Las que no, no pasa nada.

ETM: En México hay pocos ejemplos de gente que se ha abierto de esta manera. ¿Es importante que las personas públicas salgan del clóset?
JK:
Me animé a hacerlo también por eso. Cuando decides ser una figura pública, tengas un seguidor o millones, ya influyes en algo y tienes una responsabilidad. Un ejemplo con otro tema es la adopción: cuando adoptamos a mi hermana, la adopción era un tabú. Ahora está más de moda, en parte gracias a las celebridades, y el tema ha cambiado.

ETM: ¿Qué opinas de la homofobia que existe en México, Uganda, Rusia y otros lugares? ¿Te gustaría involucrarte con algún tema en específico?
JK:
Sí quiero involucrarme, pero no desde un lugar de lucha, porque entonces creas otra vez la dualidad y es otra vez pelear. Creo más en apoyar, en acompañar, en hacer campañas sobre tolerancia y libertad, que es otro tipo de mensaje. Es diferente hacer una campaña a favor de la paz y la tolerancia que hacer una contra la discriminación. El tono es diferente. Con una marca estamos viendo si vamos a algunas escuelas a hablar de esto con chavos de prepa y secundaria, donde hay mucho bullying. El mensaje que quiero mandar es que hay que vivir en libertad y expresar tu amor como sea.


El clóset y los medios y la gran familia queer

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

Ellen PageA principios de este año viajé a Mérida, la ciudad donde nací y viví 18 años, para ir a la boda de Chalo, un querido amigo de la preparatoria. Me encontré con personas que no veía desde que salimos de la escuela y platicamos sobre nuestros trabajos, nuestros planes, nuestras parejas. Estaba muy contento de escucharlos, de contarles, de ponernos al día.

También me sentí raro. Recordé mi inseguridad cuando platicaba con algunos de ellos en los recreos, a la salida de la escuela o en fiestas sobre, por ejemplo, quién nos gustaba, qué niña nos parecía guapa o a quién queríamos enamorar (así le llamábamos al proceso que iba desde invitar a una niña a salir hasta hacerla tu novia).

Según yo, cuidaba magistralmente qué decía, qué palabras usaba, en qué tono hablaba para no indicar de ninguna manera que estaba mintiendo, para que no se me notara. Porque no me interesaba ninguna chava y me atraían más bien algunos de nuestros compañeros. En estos reencuentros en la boda de Chalo faltaba algo: ese escudo imaginario que me acompañó toda mi adolescencia ya no estaba. Conversar sin el miedo de que “se me notara” algo y no tener que esforzarme por mantener apariencias me hizo sentir muy cómodo.

Una comodidad liberadora, porque el clóset es agotador.

Hace seis o siete años que le dije a mi familia y amigos que soy gay. Recibí desde sermones sobre cómo “formar relaciones que no producirán nuevas vidas destruye el amor que dios nos da” hasta un correo electrónico de “bienvenido a esta gran familia de queers” de una tía lesbiana. Hoy sigo conociendo historias igual de variadas. Las anécdotas van de lo más chistoso a lo más deprimente.

En un mundo donde la homofobia permanece en todo tipo de espacios, donde muchos jóvenes cargan esos escudos imaginarios, salir del clóset sigue siendo relevante. Y no sólo en la privacidad de nuestras casas, escuelas y oficinas, sino en la esfera pública. Por eso me emociona tanto escuchar discursos como el de Ellen Page en la conferencia de Human Rights Campaign, donde dice que es gay y recuerda que “hay personas que van a la escuela todos los días y los tratan como mierda o sienten que no pueden decirle la verdad a sus papás”.

O leer artículos como el que escribió Maria Bello en The New York Times sobre ser bisexual, contradiciendo el mito de que la bisexualidad no existe o que los bisexuales nada más están confundidos. O ver a Michael Sam, Brian Boitano, Ian Matos y Tom Daley destapando poco a poco la homofobia que existe en el mundo deportivo. Salir del clóset sigue importando y más jóvenes necesitan escuchar esas historias. Sin duda es lo que a mi yo de 16 años, tan lejos de caras conocidas que hablaran abiertamente de su orientación sexual, le hubiera gustado escuchar.

Los medios de comunicación dan forma a esos clósets, pero también los clósets moldean a los medios. Y sí, algunas de estas declaraciones de celebridades y atletas son una acción de mercadotecnia. Sí, algunas son parte de una estrategia de comunicación con asesoría de expertos en el tema. Sí, “ya todos sabíamos” que un par de ellos eran gays o lesbianas. ¿Y qué? ¿No podemos celebrar que alguien dejó de fingir y la está pasando mejor? ¿Que le está diciendo al mundo que su sexualidad no es motivo para avergonzarse o esconderse? Un truco para impulsar la carrera de alguien no está peleado con mandar un mensaje positivo. Salir del clóset, en privado y en público, todavía tiene un gran peso.

El clóset es agotador. Es una máscara pesada, como dice el personaje de José María Yazpik en La vida en el espejo cuando le confiesa a su papá que es gay. Yo quiero que vengan más Ellens, Marias, Michaels, Toms. Más Rickys, Chavelas, Rachel Maddows y Kevin Kellers (para los que somos fans de Archie Comics). Quiero que cada vez más mexicanos y latinoamericanos se animen también. Total, de varios ya sabemos y ya ven que no pasa nada. Yo prometo enviarles un mensaje de bienvenida a la gran familia queer.


The closet, the media and the big, queer family

*I originally published this post on The Huffington Post.

Earlier this year, I traveled to Merida, the city where I was born and lived for 18 years, to attend my high school friend, Chalo’s, wedding. I ran into people I had not seen since we finished school, and we talked about our jobs, our plans, our significant others. I was so happy to catch up with them.

I also felt weird. I remembered my insecurities when we used to talk at recess, after school or at parties about, for instance, what girl we liked or who we wanted to date. At that time, I thought I mastered the art of choosing every word carefully, and even my tone of voice, to make sure they couldn’t tell I was lying. To keep it from showing. Because, of course, I was not interested in any girl, but actually attracted to a few of our male classmates. At this reunion at Chalo’s wedding, there was something missing: That imaginary shield I wore my whole time as a teenager was gone. Chatting with them without fearing that they could tell I was into boys, and not trying to maintain a certain appearance made me felt so comfortable. A liberating sort of comfort, because being in the closet is exhausting.

I told my friends and family I am gay about six or seven years ago. They responded in different ways, from lectures of how “forming relationships that won’t result in new lives destroys the love that God gives us,” to a, “Welcome to this big family of queers,” email from a lesbian aunt. Now I still hear of stories as varied as mine. Anecdotes range from the funniest to the most depressing.

In a world that still makes a lot of room for homophobia, where many young people still wear imaginary shields, coming out of the closet is still relevant. Not only in the privacy of our homes, schools and workplaces, but publicly. That is why I am moved by Ellen Page’s speech at the Human Rights Campaign conference where she said she’s gay, and reminds us of “people who go to school every day and get treated like shit, or feel like they can’t tell their parents the whole truth.” That’s why I’m glad to see in the New York Times Maria Bello’s article about being bisexual, fighting the myth that there is no such thing as bisexuality, or that bisexuals are just confused. That’s why I get excited to learn that Michael Sam, Brian Boitano, Ian Matos and Tom Daley are brushing off homophobic stereotypes in sports. Coming out still matters, and young people need to hear these stories. My 16-year-old self would have definitely wanted that.

Media shapes these closets, but closets shape the media as well. And, yes, some of those coming outs serve marketing purposes for celebrities and athletes. Yes, some are part of communication strategies with the help of experts. Yes, “we already knew” a couple of you were gay or lesbian. So what? Can’t we celebrate that someone stopped pretending, and is having a better time? That they are telling the world they have no reason to be ashamed or hide? A publicity stunt to advance someone’s career and sending out a positive message are not mutually exclusive events. Coming out of the closet, privately and publicly, is still powerful.

Being in the closet is exhausting. It’s a heavy mask, says Mexican actor José María Yazpik’s character when he comes out to his dad in La vida en el Espejo. I hope to see more Ellens, Marias, Michaels, Toms. More Rickys, Chavelas, Rachel Maddows and Kevin Kellers (for us fans of Archie Comics). I want to see more celebrities in Mexico and Latin America coming out too. We already know who a few of you are, anyway. It’s no big deal. And I promise to welcome you to this big family of queers.


Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 121 other followers