Semana en Detroit

Hoy viajo a Detroit para participar por segundo año en el congreso Netroots Nation y en la pre-conferencia LGBT Netroots Connect. Es un encuentro internacional de activistas y profesionales que utilizamos medios de comunicación y herramientas digitales para promover diferentes causas. Voy gracias a la beca que otorga el comité organizador de Netroots Connect.

Netroots Nation logo

Netroots Connect logo

A través de Twitter, Facebook, Instagram y mi sitio web estaré compartiendo información al respecto toda esta semana, y después de regresar a DF también.


Colaboración con Embajada de EU y Fundación Matthew Shepard

La semana del 2 al 6 de junio colaboré con la Sección Cultural de la Embajada de Estados Unidos para organizar una serie de reuniones con Jason Marsden, director ejecutivo de la Fundación Matthew Shepardactivistas, medios de comunicación, jóvenes, representantes de empresas, gobierno, y voceros de la comunidad LGBT local.

Jason vino a DF como parte del programa de la embajada por el Mes del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (junio). Y nos acompañó en la función especial de El Proyecto Laramie que organizamos en el Teatro Milán.

Jason Marsden de Fundación Matthew Shepard en Fonda San Diego.

Carmen Landa y Kate Wiehagen de la Embajada de EU, Judith Vázquez de Delegación Miguel Hidalgo, Genaro Lozano, Fernando Velázquez de American Express, Lol Kin Castañeda de Sociedad Unida, Jason Marsden de Fundación Matthew Shepard y Eli Nassau de Guimel en Fonda San Diego.

Ana de Alejandro de Las Dos Mamis, Óscar Reynoso de Va Por Ti, Iván Tagle de Jóvenes LGBT México, Jorge Baños de Red Nacional de Jóvenes Activistas LGBT, Marck Pappas de Transmasculinidades, Jason Marsden de Fundación Matthew Shepard y Alex Orué de Todo Mejora en Biblioteca Benjamín Franklin.

Roberto Pérez Baeza de Insade, Victoria Meza de Espolea, Salvador Núñez, Barbara Williams y Carmen Landa de Embajada de EU, Omar Rábago de Cencos y Jason Marsden de Fundación Matthew Shepard en Espolea.

Barbara Williams y Carmen Landa de Embajada de EU, Francisco Robledo de Enehache, Omar Rábago de Cencos, Jason Marsden de Fundación Matthew Shepard, Victoria Meza de Espolea y Roberto Pérez Baeza de Insade en Espolea.


El Proyecto Laramie: opinión de Lucero Solórzano

*Lucero Solórzano publicó este texto en su columna de Excélsior el 6 de junio de 2014.

En octubre de 1998 un terrible homicidio sucedió a las afueras de Laramie, Wyoming, en Estados Unidos. Un crimen sanguinario que marcó un antes y un después, no sólo en esa conservadora comunidad, sino en toda la Unión Americana, y que se convirtiera en noticia de encabezados en los principales medios del mundo.

Matthew Shepard era un joven estudiante de 22 años de la Universidad de Wyoming. Su pecado no fue ser homosexual, sino pensar que no había ningún problema en decirlo públicamente; el gran error de este joven fue creer que podía ser libre de vivir como se le diera la gana, y cantarlo a los cuatro vientos. En una sociedad con miedo a lo diferente que puede ir desde ser mujer, obeso, negro, o de otro color, con problemas de nacimiento, con “anormales” inclinaciones sexuales, o hasta extraterrestre, eso fue intolerable y motivo suficiente para que Matthew fuera secuestrado por otros dos jóvenes de su edad, que lo torturaron y golpearon amarrado a una cerca, causando su muerte unos días después.

Un delito de odio que a la luz de lo que pasa hoy en día, en nuestro propio país, en las familias, escuelas, etcétera, se antoja dolorosamente vigente.

A partir del hecho cientos de voces se alzaron en una protesta y con el objetivo de pugnar porque estos delitos de odio no se repitan, se organizaron para formar la Fundación Matthew Shepard. Desde el hoy llamado bullying en algunas de nuestras escuelas (mucho más virulento que hace décadas), pero sobre todo la homofobia con su violencia física y sicológica, y la persecución cruel de minorías “diferentes”, son parte de los temas que ocupan a la Fundación Matthew Shepard, que convierte a este joven, y su prematura muerte, en una bandera por la defensa de los derechos de comunidades de gays y lesbianas.

El miércoles tuve la oportunidad de presenciar una puesta en escena especial de El proyecto Laramie (The Laramie Project) escrita por Moisés Kaufman, autor venezolano nominado a varios premios por esta obra —también llevada por él al cine—, y ganador del Emmy. La versión cinematográfica para la televisión se presentó con muy buena respuesta de público y crítica en el Festival Sundance de 2002,  y recibió una mención especial como ópera prima en el de Berlín. Se puede ver ocasionalmente por HBO con el título Proyecto de un crimen.

Moisés Kaufman es el fundador del Proyecto de Teatro Tectónico; con los miembros del grupo viajó varias veces a Laramie para realizar más de 200 entrevistas entre amigos, vecinos, testigos, compañeros de escuela, autoridades, maestros, padres, y los propios asesinos.

En México se repone por tercera vez, y los productores del evento son Enrique Torre Molina y Rodrigo Salazar, bajo la dirección de Luciana Silveira. Un grupo de siete actores se presenta en un escenario de fondo negro, vestidos de ese mismo color. Están sentados en sillas negras y todos tienen junto una caja, de la que sacan los diferentes objetos que utilizan durante la representación, ya que cada uno interpreta varios personajes.

El texto de Kaufman es conmovedor y de una gran riqueza, y se escuchan por momentos sollozos del público emocionado, aunque a veces se siente reiterativo y la puesta en escena llega a ser demasiado larga.

En esta función especial se contó con la presencia de Jason Marsden, director ejecutivo de la Fundación Matthew Shepard, que habló de la vida de Shepard y lo que implica su muerte a 16 años de distancia.

El proyecto Laramie es una forma de usar el teatro para dar voz a los que han sido silenciados, o que nadie escucha. El tema es universal.

Se estará representando los lunes en el Teatro Arlequín. Es muy recomendable.


El Proyecto Laramie: reseña de Alex Orué

*Alex Orué publicó este texto en su tumblr el 4 de junio de 2014.

funeral de matthewFoto: Representación del funeral de Matthew Shepard. Por Enrique Torre Molina.

Por tercera vez, esta obra escrita y producida originalmente en el año 2000 por Moisés Kaufman, se presenta en la Ciudad de México. Sólo que esta vez es con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos en México y de la misma Matthew Shepard Foundation.

La historia de Matthew Shepard, un joven de 21 años brutalmente asesinado en Laramie, Wyoming, por ser gay, pasó a ser el caso de crimen de odio más sonado de la historia, la cual vendría a traer el debate sobre la homosexualidad a nivel no sólo nacional en Estados Unidos, sino en el mundo. El Proyecto Laramie es un relato de entrevistas que jóvenes actores de la compañía Tectonic Theater Project hizo a gente de la comunidad de Laramie al poco tiempo de la tragedia sucediera para documentar el impacto de este evento en esta pequeña comunidad. Esta puesta en escena sólo puede ser descrita como un documental teatral.

Ayer, 3 de junio, fui invitado por Enrique Torre Molina, co-productor de la obra junto a Rodrigo Salazar, a una función especial en el Teatro Milán, donde se contó con la presencia de asociaciones civiles, líderes de opinión, gente del espectáculo, activistas, entre otros.

Para aquellos que somos familiares con la historia, es un flashback a 1998 cuando por primera vez oímos de esto en las noticias. Es un recordatorio, aunque no lo hayamos olvidado, de todos los progresos que se han hecho desde entonces, pero también nos recuerda lo mucho que nos falta por recorrer. Para los que conocemos la historia, fue una reflexión de los muchos puntos de vista de los habitantes de Laramie, mismos que se pueden traducir a nuestra sociedad o a cualquier otra cuando hay ignorancia y prejuicios.

Para aquellos que sea la primera vez que escuchan de Matthew, sin duda será un enfrentamiento a la realidad que la comunidad LGBT vive día a día, y desde hace mucho. Sean aliados, LGBT o gente con sus propios prejuicios sobre el tema de la homosexualidad y religión, sin duda saldrán con un nudo en la garganta, pues una de las reflexiones más contundentes de esta experiencia es ver los alcances que el odio tiene hacia lo incomprendido, así como sus consecuencias.

En lo personal, viendo la situación de mi país, me aterra la idea de la realidad en México. ¿Cuántos Matthews tenemos? ¿Qué hemos hecho? A pesar de que indudablemente hemos tenido muchos progresos, hoy por hoy, de un estado de la república a otro, varía mi estatus como ciudadano. En la Ciudad de México, mis derechos están protegidos por la ley. En el Estado de México, a escasos 20 minutos de la capital (depende en qué punto de la ciudad uno se encuentre), paso a ciudadano de segunda clase. Sin embargo, a pesar de que en algunas entidades del país la situación para la comunidad LGBT progresa, no significa que la sociedad vaya avanzando a la par de los progresos legislativos. México es un país católico, misógino, machista y homofóbico. Entonces, ¿cómo afrontar estos retos?

Definitivamente la sociedad cambia, la cultura cambia, a través de los medios masivos. Los medios de comunicación, de entretenimiento (cine, teatro, televisión, radio e internet) juegan un papel crucial en el cambio de perspectiva que la mayoría de la población tiene hacia las minorías, no solamente la comunidad LGBT. Pero mientras sigamos siendo representados como la burla, lo ridículo y exagerado, no seremos tomados en cuenta seriamente.

Producciones como El Proyecto LaramieThe normal heart de Larry Kramer, y documentales como We were here y How to survive a plague son vitales para concientizar a la sociedad de la injusticia que nuestra gente ha pasado y sigue pasando en muchas partes del mundo. Y para nosotros, aquellos que nos identificamos como LGBT, son vitales para recordarnos que no tenemos el lujo de poder olvidar, no mientras sigan habiendo Matthews en el mundo.

La compañía de teatro Dèjá Vu! es la responsable de esta magnífica representación. No puedo enfatizar lo suficiente lo mucho que recomiendo esta obra. Sólo lleven sus Kleenex, los van a necesitar.


El Proyecto Laramie: para Matthew y su familia

Comparto algo que escribí para leer anoche en el Teatro Milán en la función especial de El Proyecto Laramie que produjimos Rodrigo Salazar y yo con la Embajada de Estados Unidos y la Fundación Matthew Shepard:

Al final de mi primer año en la universidad, justo cuando empezaba a salir del clóset con mi familia y mis amigos, leí sobre un joven en Estados Unidos, Matthew Shepard, que había sido brutalmente asesinado por ser homosexual. Esto me impactó por varias razones. Primero, porque había varias características de Matthew con las que yo me identificaba: mi edad en ese momento y la suya cuando fue asesinado eran casi la misma, ambos estudiamos Relaciones Internacionales en la universidad, ambos disfrutábamos viajar y aprender nuevos idiomas, ambos nos identificábamos como gays.

Pero lo que más me llamó la atención fue que Matthew era un chavo como cualquier otro. Matthew no era un activista reconocido cuyo trabajo incomodara a alguien en una posición de poder, o alguien involucrado en narcotráfico que se hubiera “buscado” que lo mataran, o un político que se estuviera atravesando en el camino de otro. Matthew sólo estuvo en el lugar equivocado, a la hora equivocada, con las personas equivocadas. Esto me aterró.

Un par de años después, viviendo en Nueva York, conocí a Judy Shepard, mamá de Matthew y co-fundadora de la organización que lleva su nombre. Judy dio una conferencia en el Centro Comunitario LGBT de la ciudad. Al final, me acerqué a saludarla, decirle que admiraba mucho su trabajo y hacerle un par de preguntas. Judy me regaló esta pulsera morada de plástico que no me he quitado desde ese día, desde hace 5 años, y que tiene dos palabras sencillas pero contundentes: ERASE HATE. Borrar el odio.

Erase Hate braceletEse odio que le quitó a su hijo. El odio que acabó con la vida de Matthew en 1998 en Wyoming, Brandon Teena en 1993 en Nebraska, Daniel Zamudio en 2012 en Santiago, Agnes Torres en 2012 en Puebla. Y la lista continúa. El odio que también acaba con relaciones entre amigos por la orientación sexual de uno de ellos, o entre una mamá y su hija transgénero por no entender su identidad.

El mensaje que mandan personas como los asesinos de Matthew y de todos los demás es que ser gay, lesbiana, bisexual o transgénero está mal. Es un problema. Es peligroso. Es mejor acabar con ellos. Alarmante, ¿no? A diferencia de lo que prometen campañas como It gets better o Todo Mejora, para personas como Matthew y tantos más las cosas no mejoraron.

Lo increíble es que, 16 años después de ese episodio y gracias al trabajo de mucha, mucha gente, Matthew sigue vivo. Su historia y la del pueblo que lo conoció siguen viajando, siguen conmoviendo, siguen inspirando textos de teatro, llenando salas por todo el mundo, impulsando leyes en contra de la discriminación, motivando a jóvenes a promover respeto a la diversidad sexual y a la diversidad de ideas.

Hoy celebramos que la vida de Matthew no haya sido en vano. Si él, un joven estudiante de 21 años común y corriente, ha llegado hoy hasta la Ciudad de México y ha hecho que vengamos a conocer su historia, también nosotros tenemos ahora la tarea de borrar ese odio y remplazarlo con comprensión y respeto.

enrique torre molinaFoto de Joserra Zúñiga.


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