Simposio Libertad y Desarrollo en Universidad de Guanajuato

El pasado 4 de julio di una conferencia sobre personas LGBT, homofobia y los costos de ésta en el Simposio Libertad y Desarrollo en la Universidad de Guanajuato. Espero repetir el próximo año porque fue una súper experiencia:

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Gracias a Fernando Valdés, Moisés Campos y Luis Sánchez-Mier del Departamento de Economía y Finanzas por la invitación, y felicidades por el evento.


#EnContexto: 14 de julio

Hoy en #EnContexto por Servicio de Agencia tenemos buenas noticias en la ONU y en México, malas en Kiev y Madrid, y una invitación a seguirme en Twitter esta semana con la información que compartiré desde Netroots Nation en Detroit:

Cada lunes en #EnContexto presento información sobre personas LGBT en México y el mundo, noticias y entrevistas. Los invito a hacernos comentarios, críticas, sugerencias de temas o personajes por acá, por TwitterYouTube o a e@enriquetorremolina.com.


Gatopardo: callar el grito

*Alejandra González publicó este texto en Gatopardo el 24 de junio de 2014.

Lo que sucede en la cancha y la tribuna durante un partido de futbol, o cualquier otro deporte, no se queda sólo ahí. Un mundial es también un encuentro de culturas, razas, creencias, valores y vicios.

Entre la afición mexicana gritar “puto” al portero rival anticipando cada saque de meta, se ha convertido en una tradición. No es fácil identificar cuándo empezó a usarse, pero un porra del Atlas de Guadalajara presume haberlo inventado alrededor del 2003 como castigo a Oswaldo Sánchez, portero que inició su carrera en ese equipo, pero que posteriormente se cambió a Chivas, su principal rival.

Diez años después, el ya mundialmente famoso “¡Puto!”, atrajo la atención de la organización independiente Fare (siglas en inglés para “Futbol contra el racismo en Europa”) –red dedicada a combatir la discriminación en el futbol europeo–, que contactó a la FIFA de manera oficial para que se abriera una investigación disciplinaria por conducta inapropiada de los espectadores durante los partidos Camerún-México y México-Brasil. La afición brasileña se había contagiado del popular grito y le hizo competencia a México gritándolo durante su enfrentamiento del 17 de junio.

Sin embargo ayer, apenas una semana después del inicio de esta investigación, la FIFA anunció que su Comité Disciplinario decidió absolver a la Federación Mexicana de Futbol y descartar todos los cargos al considerar que “el incidente en cuestión no es considerado insultante en este contexto específico”.

Cabe mencionar que para la FIFA sancionar a México habría significado recibir presiones para castigar también al equipo anfitrión y sabotear irremediablemente esta edición de su evento y negocio más importante. La FIFA decidió pasar de largo el incidente quizá también para no prolongar un debate del que difícilmente saldría bien librado, tras elegir como sede de los próximos mundiales a Rusia y Qatar, ambos bajo la mira internacional por la violencia que se ejerce en esos países contra mujeres y homosexuales.

Además, ello pondría el dedo en la llaga a otro tema sumamente incómodo para la organización: la presunta corrupción que llevó a la elección de Qatar como sede del mundial de 2022. Diarios como el Sunday Times revelaron hace algunas semanas que Mohamed bin Hammam, un ex directivo de la FIFA de origen qatarí, pagó hasta 5 millones de dólares a directivos del fútbol africano para asegurar un buen puñado de votos para su país.

Además, la revista France Football denunció que Ángel María Villar (Presidente de la Real Federación de Fútbol de España y vicepresidente de la FIFA y la UEFA), Florentino Pérez (presidente del club Real Madrid) y Sandro Rosell (expresidente del club Barcelona), ejercieron presión para apoyar la candidatura Qatar. De acuerdo con el medio francés, los tres hicieron un “acuerdo secreto” para conseguir el voto favorable de países como Guatemala, Argentina, Brasil y Paraguay.

Más allá de la decisión de la FIFA y de su cuestionable autoridad moral, en México el tema levantó un valioso debate en diversos medios de comunicación y redes sociales. Muchos periodistas y líderes de opinión como Daniel Moreno y Antonio Martínez Velázquez publicaron artículos al respecto. Martínez Velázquez dijo no encontrar al grito homofóbico ni discriminante, pero aplaudió el hecho de que cada vez más entidades particulares reflexionen en torno a la posibilidad de acotar derechos reconocidos, en este caso el de libertad de expresión.

Facebook, Twitter, YouTube o la FIFA son particulares masivos con efectos públicos y son ellos los que probablemente no atiendan a ninguna tradición jurídica  para decidir qué se dice y qué no; con un razonamiento que no es del todo público y que no pasa por el Estado,

escribió en su blog.

En defensa del grito se ha dicho que la palabra “puto” tiene otras acepciones; que es parte del idioma vernáculo; que en medio de la pasión deportiva no es posible ser demasiado políticamente correctos; que prohibirlo es frenar la libertad de expresión; que los estadios son espacio para la catarsis, etcétera. Pero es cierto también, como escribió en su artículo de la semana pasada el periodista Daniel Moreno, “que la libertad de expresión no es absoluta. Y que las palabras importan, algo dicen y que, en este caso, específicamente reflejan nuestro desprecio a una comunidad”.

Puto es una forma despectiva de referirse a alguien que es homosexual, es un insulto. Si alguien lo quiere usar como sinónimo de cobarde o de otra cosa, pues hay que gritar cobarde o esa otra cosa,

dijo el activista y periodista Enrique Torre Molina en entrevista para Gatopardo. “Es la misma palabra que han escuchado muchos hombres a los que han asesinado por ser gays,” agregó. Sin embargo, considera que prohibir su uso no sería una medida certera para atacar el problema. “Prohibir elimina la parte más rica de todo este debate, y la posibilidad de reflexionar y preguntarnos de dónde viene todo eso,” afirmó.

José Flores Sosa, director editorial de Betazeta Networks, una red de blogs en América Latina, ha dedicado muchos artículos a tratar temas relacionados con la comunidad LGBT, y es además un gran aficionado al futbol. Flores contextualiza el grito dentro de un estadio como un espacio catártico donde los asistentes muestran su lado más visceral y nacionalista. “Podríamos decir que el fútbol está, por sí mismo, marcado por la otredad; en ese sentido, no se busca sólo alentar al equipo propio, sino intimidar y sobajar al contrario,” dijo a Gatopardo.

Es muy claro que en el imaginario del futbol la virilidad se resalta como un valor central, y la homosexualidad, junto con lo femenino, se presenta como la antítesis. “Los entrenadores piden que le entres a la bola ‘como hombre’, que no le pegues ‘como niña’ y que ‘no seas puto y juegues’”, explica Flores. “Es manifestación de una homofobia muy arraigada en nuestra cultura y ésa es la más peligrosa, porque se ha hecho invisible,” afirma.

Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), habló del tema en un texto para Animal Político, en donde enfatiza que la palabra “puto” es expresión de desprecio y rechazo.

Es negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco… El sentido con el que se da este grito colectivo en los estadios no es inocuo; refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan en nuestra sociedad.

De cara al Torneo Apertura 2012, la Federación Mexicana de Futbol presentó un nuevo Código de Ética para el futbol mexicano, cuyo artículo 6º precisa: “Todo aquel involucrado, directa o indirectamente, con la FMF y sus integrantes, deberá respetar la dignidad de las personas y abstenerse de llevar a cabo cualquier acto discriminatorio”. El problema radica, por supuesto, en encontrar la forma de aplicar estas reglas.

Hoy por la mañana, en entrevista con Carmen Aristegui, Miguel “el Piojo” Herrera dijo estar aliviado de que la Federación Mexicana no haya sido sancionada, y a pesar varios intentos de la periodista por lograr que el director técnico se pronunciara en contra del controversial grito, Herrera no tuvo empacho en repetir que él no lo considera un acto de discriminación.

Mientras tanto, y más allá del debate, ayer en el partido de México contra Croacia, el grito de “puto”, no sólo se escuchó más fuerte que nunca en los saques de meta, sino que se extendió también a los tiros de esquina.


#EnContexto: 16 de junio

Como cada lunes, hoy hay una nueva cápsula de #EnContexto en Servicio de Agencia. Esta semana tenemos información del Festival MixCamisa a cuadros, Ricardo Baruch y Orange is the new black:

Cada lunes presento información sobre personas LGBT en México y el mundo, noticias y entrevistas. Los invito a hacernos comentarios, críticas, sugerencias de temas o personajes por acá, por TwitterYouTube o a e@enriquetorremolina.com.


El Proyecto Laramie: reseña de Alex Orué

*Alex Orué publicó este texto en su tumblr el 4 de junio de 2014.

funeral de matthewFoto: Representación del funeral de Matthew Shepard. Por Enrique Torre Molina.

Por tercera vez, esta obra escrita y producida originalmente en el año 2000 por Moisés Kaufman, se presenta en la Ciudad de México. Sólo que esta vez es con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos en México y de la misma Matthew Shepard Foundation.

La historia de Matthew Shepard, un joven de 21 años brutalmente asesinado en Laramie, Wyoming, por ser gay, pasó a ser el caso de crimen de odio más sonado de la historia, la cual vendría a traer el debate sobre la homosexualidad a nivel no sólo nacional en Estados Unidos, sino en el mundo. El Proyecto Laramie es un relato de entrevistas que jóvenes actores de la compañía Tectonic Theater Project hizo a gente de la comunidad de Laramie al poco tiempo de la tragedia sucediera para documentar el impacto de este evento en esta pequeña comunidad. Esta puesta en escena sólo puede ser descrita como un documental teatral.

Ayer, 3 de junio, fui invitado por Enrique Torre Molina, co-productor de la obra junto a Rodrigo Salazar, a una función especial en el Teatro Milán, donde se contó con la presencia de asociaciones civiles, líderes de opinión, gente del espectáculo, activistas, entre otros.

Para aquellos que somos familiares con la historia, es un flashback a 1998 cuando por primera vez oímos de esto en las noticias. Es un recordatorio, aunque no lo hayamos olvidado, de todos los progresos que se han hecho desde entonces, pero también nos recuerda lo mucho que nos falta por recorrer. Para los que conocemos la historia, fue una reflexión de los muchos puntos de vista de los habitantes de Laramie, mismos que se pueden traducir a nuestra sociedad o a cualquier otra cuando hay ignorancia y prejuicios.

Para aquellos que sea la primera vez que escuchan de Matthew, sin duda será un enfrentamiento a la realidad que la comunidad LGBT vive día a día, y desde hace mucho. Sean aliados, LGBT o gente con sus propios prejuicios sobre el tema de la homosexualidad y religión, sin duda saldrán con un nudo en la garganta, pues una de las reflexiones más contundentes de esta experiencia es ver los alcances que el odio tiene hacia lo incomprendido, así como sus consecuencias.

En lo personal, viendo la situación de mi país, me aterra la idea de la realidad en México. ¿Cuántos Matthews tenemos? ¿Qué hemos hecho? A pesar de que indudablemente hemos tenido muchos progresos, hoy por hoy, de un estado de la república a otro, varía mi estatus como ciudadano. En la Ciudad de México, mis derechos están protegidos por la ley. En el Estado de México, a escasos 20 minutos de la capital (depende en qué punto de la ciudad uno se encuentre), paso a ciudadano de segunda clase. Sin embargo, a pesar de que en algunas entidades del país la situación para la comunidad LGBT progresa, no significa que la sociedad vaya avanzando a la par de los progresos legislativos. México es un país católico, misógino, machista y homofóbico. Entonces, ¿cómo afrontar estos retos?

Definitivamente la sociedad cambia, la cultura cambia, a través de los medios masivos. Los medios de comunicación, de entretenimiento (cine, teatro, televisión, radio e internet) juegan un papel crucial en el cambio de perspectiva que la mayoría de la población tiene hacia las minorías, no solamente la comunidad LGBT. Pero mientras sigamos siendo representados como la burla, lo ridículo y exagerado, no seremos tomados en cuenta seriamente.

Producciones como El Proyecto LaramieThe normal heart de Larry Kramer, y documentales como We were here y How to survive a plague son vitales para concientizar a la sociedad de la injusticia que nuestra gente ha pasado y sigue pasando en muchas partes del mundo. Y para nosotros, aquellos que nos identificamos como LGBT, son vitales para recordarnos que no tenemos el lujo de poder olvidar, no mientras sigan habiendo Matthews en el mundo.

La compañía de teatro Dèjá Vu! es la responsable de esta magnífica representación. No puedo enfatizar lo suficiente lo mucho que recomiendo esta obra. Sólo lleven sus Kleenex, los van a necesitar.


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