Gatopardo: callar el grito

*Alejandra González publicó este texto en Gatopardo el 24 de junio de 2014.

Lo que sucede en la cancha y la tribuna durante un partido de futbol, o cualquier otro deporte, no se queda sólo ahí. Un mundial es también un encuentro de culturas, razas, creencias, valores y vicios.

Entre la afición mexicana gritar “puto” al portero rival anticipando cada saque de meta, se ha convertido en una tradición. No es fácil identificar cuándo empezó a usarse, pero un porra del Atlas de Guadalajara presume haberlo inventado alrededor del 2003 como castigo a Oswaldo Sánchez, portero que inició su carrera en ese equipo, pero que posteriormente se cambió a Chivas, su principal rival.

Diez años después, el ya mundialmente famoso “¡Puto!”, atrajo la atención de la organización independiente Fare (siglas en inglés para “Futbol contra el racismo en Europa”) –red dedicada a combatir la discriminación en el futbol europeo–, que contactó a la FIFA de manera oficial para que se abriera una investigación disciplinaria por conducta inapropiada de los espectadores durante los partidos Camerún-México y México-Brasil. La afición brasileña se había contagiado del popular grito y le hizo competencia a México gritándolo durante su enfrentamiento del 17 de junio.

Sin embargo ayer, apenas una semana después del inicio de esta investigación, la FIFA anunció que su Comité Disciplinario decidió absolver a la Federación Mexicana de Futbol y descartar todos los cargos al considerar que “el incidente en cuestión no es considerado insultante en este contexto específico”.

Cabe mencionar que para la FIFA sancionar a México habría significado recibir presiones para castigar también al equipo anfitrión y sabotear irremediablemente esta edición de su evento y negocio más importante. La FIFA decidió pasar de largo el incidente quizá también para no prolongar un debate del que difícilmente saldría bien librado, tras elegir como sede de los próximos mundiales a Rusia y Qatar, ambos bajo la mira internacional por la violencia que se ejerce en esos países contra mujeres y homosexuales.

Además, ello pondría el dedo en la llaga a otro tema sumamente incómodo para la organización: la presunta corrupción que llevó a la elección de Qatar como sede del mundial de 2022. Diarios como el Sunday Times revelaron hace algunas semanas que Mohamed bin Hammam, un ex directivo de la FIFA de origen qatarí, pagó hasta 5 millones de dólares a directivos del fútbol africano para asegurar un buen puñado de votos para su país.

Además, la revista France Football denunció que Ángel María Villar (Presidente de la Real Federación de Fútbol de España y vicepresidente de la FIFA y la UEFA), Florentino Pérez (presidente del club Real Madrid) y Sandro Rosell (expresidente del club Barcelona), ejercieron presión para apoyar la candidatura Qatar. De acuerdo con el medio francés, los tres hicieron un “acuerdo secreto” para conseguir el voto favorable de países como Guatemala, Argentina, Brasil y Paraguay.

Más allá de la decisión de la FIFA y de su cuestionable autoridad moral, en México el tema levantó un valioso debate en diversos medios de comunicación y redes sociales. Muchos periodistas y líderes de opinión como Daniel Moreno y Antonio Martínez Velázquez publicaron artículos al respecto. Martínez Velázquez dijo no encontrar al grito homofóbico ni discriminante, pero aplaudió el hecho de que cada vez más entidades particulares reflexionen en torno a la posibilidad de acotar derechos reconocidos, en este caso el de libertad de expresión.

Facebook, Twitter, YouTube o la FIFA son particulares masivos con efectos públicos y son ellos los que probablemente no atiendan a ninguna tradición jurídica  para decidir qué se dice y qué no; con un razonamiento que no es del todo público y que no pasa por el Estado,

escribió en su blog.

En defensa del grito se ha dicho que la palabra “puto” tiene otras acepciones; que es parte del idioma vernáculo; que en medio de la pasión deportiva no es posible ser demasiado políticamente correctos; que prohibirlo es frenar la libertad de expresión; que los estadios son espacio para la catarsis, etcétera. Pero es cierto también, como escribió en su artículo de la semana pasada el periodista Daniel Moreno, “que la libertad de expresión no es absoluta. Y que las palabras importan, algo dicen y que, en este caso, específicamente reflejan nuestro desprecio a una comunidad”.

Puto es una forma despectiva de referirse a alguien que es homosexual, es un insulto. Si alguien lo quiere usar como sinónimo de cobarde o de otra cosa, pues hay que gritar cobarde o esa otra cosa,

dijo el activista y periodista Enrique Torre Molina en entrevista para Gatopardo. “Es la misma palabra que han escuchado muchos hombres a los que han asesinado por ser gays,” agregó. Sin embargo, considera que prohibir su uso no sería una medida certera para atacar el problema. “Prohibir elimina la parte más rica de todo este debate, y la posibilidad de reflexionar y preguntarnos de dónde viene todo eso,” afirmó.

José Flores Sosa, director editorial de Betazeta Networks, una red de blogs en América Latina, ha dedicado muchos artículos a tratar temas relacionados con la comunidad LGBT, y es además un gran aficionado al futbol. Flores contextualiza el grito dentro de un estadio como un espacio catártico donde los asistentes muestran su lado más visceral y nacionalista. “Podríamos decir que el fútbol está, por sí mismo, marcado por la otredad; en ese sentido, no se busca sólo alentar al equipo propio, sino intimidar y sobajar al contrario,” dijo a Gatopardo.

Es muy claro que en el imaginario del futbol la virilidad se resalta como un valor central, y la homosexualidad, junto con lo femenino, se presenta como la antítesis. “Los entrenadores piden que le entres a la bola ‘como hombre’, que no le pegues ‘como niña’ y que ‘no seas puto y juegues’”, explica Flores. “Es manifestación de una homofobia muy arraigada en nuestra cultura y ésa es la más peligrosa, porque se ha hecho invisible,” afirma.

Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), habló del tema en un texto para Animal Político, en donde enfatiza que la palabra “puto” es expresión de desprecio y rechazo.

Es negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco… El sentido con el que se da este grito colectivo en los estadios no es inocuo; refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan en nuestra sociedad.

De cara al Torneo Apertura 2012, la Federación Mexicana de Futbol presentó un nuevo Código de Ética para el futbol mexicano, cuyo artículo 6º precisa: “Todo aquel involucrado, directa o indirectamente, con la FMF y sus integrantes, deberá respetar la dignidad de las personas y abstenerse de llevar a cabo cualquier acto discriminatorio”. El problema radica, por supuesto, en encontrar la forma de aplicar estas reglas.

Hoy por la mañana, en entrevista con Carmen Aristegui, Miguel “el Piojo” Herrera dijo estar aliviado de que la Federación Mexicana no haya sido sancionada, y a pesar varios intentos de la periodista por lograr que el director técnico se pronunciara en contra del controversial grito, Herrera no tuvo empacho en repetir que él no lo considera un acto de discriminación.

Mientras tanto, y más allá del debate, ayer en el partido de México contra Croacia, el grito de “puto”, no sólo se escuchó más fuerte que nunca en los saques de meta, sino que se extendió también a los tiros de esquina.


Corregir mi heterosexualidad

*Maite Azuela publicó este texto en Pijama Surf el 19 de febrero de 2014.

Corregir mi heterosexualidadSi mañana amaneciera en el cuerpo de cuando era adolescente, seguramente me tomaría más de quince minutos aventar las cobijas. Entraría a la regadera después de poner uno de mis cassettes favoritos en la grabadora que ocupaba casi la mitad del mueble del lavabo y me bañaría bajo el agua muy caliente para alargar la sensación de seguir dormida.

Me tomaría tanto tiempo ponerme las calcetas de los pies a las rodillas, que lo haría mientras bebo leche helada con chocolate espumoso. Si corría con suerte me daría tiempo de comerme una quesadilla con salsa verde de tomate crudo, de las que mi nana preparaba como nadie más. Llegaría a la escuela y tomaría los quince minutos de clase de oración obligatorios, en los que alguna monja nos leía la Biblia y nos pedía que hiciéramos alguna reflexión en voz alta sobre alguna parábola o algún versículo.

Tomaría el resto de las clases en las que me distraía pensando obsesivamente en el adolescente de ojos verdes que me gustaba. No habría poder humano que me quitara de la cabeza su voz, que se hacía más grave y varonil conforme pasaban los meses. Ningún llamado de atención me desprendería de recordar sus pantorrillas peludas y firmes de futbolista novato. Dibujaría las letras de su apodo junto al mío y moriría de ganas de que pasaran las horas en segundos, para que llegara el viernes en la tarde. Aunque él aparecería escurriendo de sudor después del partido, mi irremediable atracción por su olor estaría completamente condicionada a mi naturaleza.

Imagino ahora que después del recreo tuviera que presentarme a alguna de esas clases de “moral” en las que se busca prevenir a los niños y adolescentes de ser ellos mismos. Me veo ahí luchando contra mis propios instintos. Escuchando a los maestros o a las monjas explicarme que cualquier pensamiento, intención o movimiento que implique atracción por un hombre es definitivamente un error.

Si me gusta la barba que raspa, si me pongo nerviosa cuando veo su manzana de Adán que baja y sube al centro de su largo cuello, si me imagino que me da veinticinco besos en la sala de la casa antes de que mi papá avise a gritos que es hora de que se vaya, es porque soy una persona anormal que no puede ser aceptada por la sociedad.

Visualizo sus argumentos en contra de mi naturaleza y pienso… así nací, así soy y además así quiero seguir siendo. No puedo ni tengo por qué ir en contra de mí misma. Pero mientras los maestros insisten, la madre superiora lo acentúa: Mi condición heterosexual “Se puede corregir y también se puede prevenir porque soy una personas tan digna y valiosa como cualquiera”.  Sin embargo la psicóloga de la escuela me ha entrevistado y concluye que “Revertir mi naturaleza debe ser muy difícil una vez que se ha expresado”*.

Corregir mi heterosexualidad2Tan espontánea es mi preferencia sexual como lo es lo de cualquier otra persona.  No cabe en mi mente pensar en prevenir la intuición con la que me siento deliberadamente interesada por el sexo opuesto y estoy segura que lo mismo sucede con quienes se sienten francamente atraídos por personas del mismo sexo. Con su autoasumida autoridad moral, la Iglesia católica y autoridades de otras religiones niegan a los homosexuales la naturaleza inevitable de su preferencia.

El hecho de que en el Colegio Miraflores de la Ciudad de México ofrezca cursos y promueva publicaciones para intentar evitar, con teoría discriminatoria, que un ser humano se sienta atraído por otro, no sólo resulta absurdo, sino alarmante. En este juego de adjetivos científicos, quienes ven la homosexualidad como un trastorno psicológico, llaman a su propuesta “terapia reparativa” o “terapia de reorientación sexual”.

Es lamentable que una escuela supuestamente dedicada a la formación y educación de niños y jóvenes para alcanzar la excelencia, se atreva a ignorar a instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la Organización de Naciones Unidas o la Asociación Americana de Psicología. Como lo señala Enrique Torre Molina, activista gay, los tres organismos internacionales han difundido que todo este tipo de pseudoterapias no tienen fundamento científico, no hay evidencia de su éxito, y usan tratamientos que lastiman y trauman a quienes se someten a ellos y han desacreditado públicamente a los promotores de estos métodos.

No está de más mencionar que el Miraflores es el colegio al que asisten los hijos del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, y los del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, quienes no han realizado ningún pronunciamiento al respecto. Recordemos, además, que en 2010 el entonces gobernador de Jalisco, Emilio González, patrocinó las conferencias de Richard Cohen, que es uno de los más conocidos promulgadores de los supuestos métodos para revertir la homosexualidad.

Junto a este afán de la Iglesia y el de muchos de sus cómplices por “corregir” la naturaleza de los homosexuales, está su negligencia por combatir la pederastia, a pesar de que el Comité de los Derechos de los Niños en la ONU presentó un informe que acusa al Vaticano de mantener un “Código de silencio” sobre las décadas de sistemático abuso sexual a decenas de miles de niños por parte de sacerdotes católicos, no existen conferencias, páginas de escuelas católicas o voces de autoridades que se hayan pronunciado al respecto.

El Comité aseveró que la sede pontificia ha violado la Convención de los Derechos del Niño y exigió que la Iglesia Católica destituya inmediatamente a todos los religiosos acusados de haber cometido delitos sexuales. La región con más católicos en el mundo es América Latina, donde han sido reportados abusos desde Chile hasta México.

Pero ante la evaluación de Naciones Unidas, el Vaticano afirma que no tiene las facultades ni la obligación de funcionar como una suerte de policía de sus filas. A pesar de que el Comité señaló que el Vaticano asumió plena jurisdicción sobre el manejo administrativo de los casos de abuso de menores dentro de la iglesia desde 1962.

Si cuando tuve 16 años alguien me hubiera sermoneado para corregir mi preferencia sexual y a la vez me hubiera pedido silencio cuando se trataba de denunciar algún abuso de monjas o sacerdotes sobre alguna de mis compañeras sin duda hubiera abandonado la religión. No sucedió así porque acudí a una escuela católica que pareció más consistente con el discurso de amor al prójimo y de respeto a la diferencias. Sí, abandoné la religión después, por razones menos personales y más epistemológicas. Practicar una religión sí resulta reversible, no va contra la naturaleza, ni atenta contra las libertades o derechos humanos. Mi heterosexualidad, como la homosexualidad de otros, no es prevenible, ni debe serlo.

*Frases de Ricardo Sada Fernández publicadas en su artículo “Prevenir la homosexualidad” publicado en la revista Mira, del Colegio Miraflores en enero de 2014.


¿Naces o te haces?

Hace unas semanas leí ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad de Fabrizzio Guerrero McManus. El autor elabora sobre lo que me parece más interesante de este tema: qué hay detrás de los debates sobre el origen de la orientación sexual. De la orientación homosexual. Cuál es la pertinencia de esa discusión y qué es lo que parece importarle a quienes les importa más esa discusión.

naces o te hacesPensé mucho en lo que dijo la actriz Cynthia Nixon sobre su caso: I understand that for many people it’s not, but for me it’s a choice, and you don’t get to define my gayness for me. O en lo que dijo Genaro Lozano sobre el oportunismo de un presunto “gen gay”, en su texto de presentación de este mismo libro.

Gracias a Hugo Marroquín de la editorial Paidós por el regalo.


Ser gay en México

*Este texto se publicó originalmente en la edición de septiembre de la revista Betún. Una disculpa por el error de dedo en el dato sobre Patria Jiménez: no es 1987 sino 1997.

Ser gay en MéxicoSer gay en México2Ser gay en México3Ser gay en México4 Ser gay en México5 Ser gay en México6


35 años de jotearz el Paseo de la Reforma

*Wenceslao Bruciaga publicó este texto en Frente el 26 de junio de 2013.

35 años de jotearz el Paseo de la ReformaEste sábado 29 se celebra un encuentro que cada año goza de más participantes y gana más notoriedad: la marcha del orgullo LGBTTTI. Es, por un lado, un encuentro pintoresco, festivo, lúdico, en el que las principales calles se llenan de alegría y de personajes de aspecto extravagante. Es también un recordatorio esencial de todo el terreno que la tolerancia ha conquistado en esta ciudad y —más importante— del que le falta ganar.

La Lady Gaga “prieta”.31 años después de la primera vez.

Él es uno de los que van desfilando hoy, último sábado de junio del 2010. Uno de los 50 000, según los primeros reportes, aunque los organizadores aseguran que debemos ser más de 70 000 los que marchamos entre trailers de redilas que sostienen tornamesas, bocinas y DJs. Miles de hombres y mujeres con la alegría y el orgullo zangoloteándose al ritmo de “Y me solté el cabello y me vestí de reina me puse tacones me pinté y era bella…” Lentejuela, de Gloria Trevi, himno indispensable en un sábado como éste. Marchamos entre banderas de arcoíris que se baten por encima de nuestras cabezas. Hoy todos son siete colores en estricto orden cromático del rojo al morado, manifestándose en cualquier cháchara posible: sombrillas, collares, pulseras, bufandas, camisetas, calzones, etcétera.

Él es más bien flaco. Con todo y sus plataformas, cuyo vidrioso charol deben llegarle hasta las rodillas, apenas debe rozar el 1.75 metros de estatura. Ha combinado semejantes botas con unas medias de red por debajo de un shortcito de mezclilla más deslavado que negro. Su torso tan sólo lo cubre un top a rayas, blanco y negro, sin relleno, donde se supone las chicas sostienen sus senos. Son huesos los que luce, no músculo. Desconozco el color de su cabello. Debe de ser negro, por lo poco que se asoma de su peluca con el mismo tono de rubio que una muñeca Barbie, o el de Yuri en una de sus presentaciones en el festival Viña del Mar. Su piel es de un moreno robusto. Muy moreno. El clímax de su outfit, definitivamente, son las gafas que brotan de los gajos rubios de la peluca oscura, a las que ha adherido una hilera de cigarros en posición vertical, tal y como los usa Lady Gaga en su video “Telephone”, dirigido por el sueco Jonas Åkerlund (quien también dirigió aquella mentada de madre noventera “Smack my bith up” de Prodigy).

Pueden verse los grumos del pegamento transparente de entre las boquillas apiladas.

Entonces él y sus cigarros sobre las micas (me pregunto si puede ver, al menos, por donde pisa) tienen la suerte de pasar frente a un grupo de camaradas que han decidido contemplar la marcha desde el camellón que divide Paseo de la Reforma. Camaradas de jeans y camisetas blancas unas, estampadas otras, ajustadas todas (vamos, sus brazos sobresalen abultados, pero algo de barriguita se les desborda por la pretina de sus pantalones), cabello corto, engominado y lentes oscuros. Uno de ellos detecta al muchacho moreno y no puede contenerse: “¿Quién se cree esa prieta con sus lentes, imitando a mi Lady Gaga? ¡Ella es intocable babosa! ¡Intocableeeee!”, grita sin asomo de pudor.

El hombre moreno escuchó los gritos. Sabe que están dirigidos a su persona, y a su disfraz en específico. Pensé que pasaría de largo. Pero no. Ha volteado y los enfrenta directamente, cigarros contra gafas oscuras. Sacude la cabeza de un lado a otro y les saca la lengua, la hace taquito y la deja fuera por mucho tiempo. “¡Prieta!”, le gritan desde el camellón. Él voltea la cabeza hacia el horizonte, su mirada apunta al edificio de la Lotería Nacional. Parece como si estuviera latigueándolos con su soberbio desprecio, y sigue su camino, al igual que la música que va y viene conforme desfilan los camiones. La muchedumbre también camina hacia delante. Hacia el Zócalo de la ciudad de México.

Así suelen ser las marchas por el orgullo del colectivo denominado hoy como Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Travesti, Transexual e Intersexual, LGBTTTI. La homofobia, por lo pronto, no es el tema central del que se habla en este nuevo milenio. El orgullo rosa tiene que lidiar, más bien, con los modelitos mejores librados, los pectorales más macizos, las barbas más cerradas, los maridos que todos quieren.

No era así hace 35 años. Xabier Lizárraga, antropólogo de profesión, dramaturgo, y uno de los pioneros en el activismo abiertamente lésbico-gay en México, participó en la primera marcha del orgullo gay que se llevó a cabo en la capital del país el 30 de junio de 1979.

En aquella época ni por asomo se nos pasaban disfraces carnavalescos, aunque sí hubo quien llevó una bolsa de papel para cubir su cabeza, con dos agujeros para ver y un letrero que decía: ‘No me da vergüenza, me da miedo’, algo que se repitió en las siguientes marchas. No llegamos a ser más de 100 personas, aunque algunos hablan de cifras un poco más infladas,

recuerda Xabier.

Que la marcha del orgullo gay suceda el último sábado de junio no es un capricho regido por las alineaciones de los planetas, o que las constelaciones se hayan puesto de acuerdo para que el signo de Cáncer fuera el protector de los derechos lésbicos-gays. En la mayoría de las ciudades del mundo, las marchas se planean para el último sábado de junio, ya que se recuerdan los disturbios de Stonewall en Nueva York cuando un comando de policías decidió hacer una redada al Stonewall Inn, local ubicado en los números 51 y 53 de la calle Cristopher del hoy famoso Greenwich Village, y que la madrugada del 28 de junio de 1969 funcionaba como bar clandestino pensado para una clientela rarita según los prejuicios, incluso médicos, de la época: caballeros que gustaban maquillarse como sus madres, travestis, mujeres con peinado de raya a lado. Los policías tuvieron la idea de infiltrarse al Stonewall disfrazados de civiles. En cuanto su identidad quedó descubierta con gritos que hacían referencia a un arresto por faltas a la moral y desvíos sexuales, el hartazgo y la indignación se apoderaron de los clientes que llegaron al límite del rechazo del que hasta ese día fueron objeto. La redada se salió de control, y homosexuales, lesbianas y vestidas enfrentaron a la policía a puños cerrados, tirones de cabellos, tacones contra cachiporras; el primer disturbio gay de la historia moderna se escribía en un miserable barrio de La Gran Manzana. Brotaron los arrestados, los heridos, la noticias amarillistas de los periódicos que hablaban de los raros enfrentándose a la policía.

Un año más tarde, en 1970, aquellos que habían enfrentado a la policía volvieron a reunirse a las afueras del Stonewall para conmemorar el primer aniversario de los disturbios y empezar a exigir respeto hacia todo aquello que no amalgamara en la casilla de lo hetero. Surgiría la primera marcha por el orgullo lésbico-gay.

35 años de jotearz el Paseo de la Reforma2

“Detrás de los balcones se esconden maricones”

Una enorme pantalla empotrada sobre la fachada de lo que antiguamente eran los Cinemas Insurgentes –hoy, un casino– anuncia digitalmente que aún faltan varios minutos para que sean las ocho de la mañana. Es horario de verano. El último sábado de junio del 2011. El cielo, con trabajo, intenta ponerse azul. En realidad apenas serán las siete y la mañana está fresca. Sin un suéter los brazos se erizan, pero Carlos, que hoy y sólo hoy será Amparo (en honor a su abuelita, la única que no lo chinga por su estilo afeminado) anda con las piernas enteramente descubiertas. Cambió unos tenis diseñados para trotar por unos tacones de terciopelo negro que deben medir diez centímetros o más. También se deshizo de una playera rosa tipo polo y se ha embutido en un corsé morado. Me cuenta que él mismo le bordó las lentejuelas y así anda, con los brazos descubiertos. No es que el frío le haga los mandados, tirita y cada que puede se frota los brazos para entrar en calor en lo que el sol calienta un poco la temperatura:

Siempre tengo que cambiarme aquí… No habría tanto pinche pedo si me pudiera vestir en casa, pero si de por sí mis padres y mis hermanos me traen de su gata por ser como soy, si me ven poniéndome medias y pestañas yo creo que me corren y hasta me meten una chinga, sobre todo mi hermano mayor,

cuenta Carlos, o mejor dicho Amparo, de 22 años.

Carlos viene desde Ecatepec, de algún vecindario cerca de la estación Villa de Aragón, de la Línea B del Sistema de Transporte Colectivo Metro. Pidió permiso en la tienda naturista donde trabaja, famosa por sus helados de yogurt. En las piernas de su comadre hay una petaca tubular con cambios de ropa y un estuche con sombras para los párpados, rímeles y lápices labiales. Su comadre es una genuina chica (genitalmente hablando) morena y rolliza que lleva una pulsera con el arcoíris en la muñeca izquierda. Es la única amiga que conserva de la secundaria: “Pero hoy es mi chalana, ¿verdad?”, le da un codazo y ríen. Ella tendrá que cargar con la petaca de aquí hasta que acabe la marcha y quizá hasta que alcancen el último tren de la Línea B que los llevará de regreso a su barrio.

Muchos jóvenes que provienen de la periferia de la ciudad, como Carlos, empiezan a llegar por ahí de las seis o siete de la mañana a la Glorieta de los Insurgentes, esa circunferencia de cemento urbano que da acceso a la estación Insurgentes de la Línea 1 del metro y que ha servido de escenario para películas de futurismo decadente, como la primera versión de Total Recall protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Escogen las banquetas serpenteadas de concreto de la glorieta para cambiarse, desvestirse y volverse a vestir al aire libre y ante las morbosas miradas de los transeúntes y los policías.

A unos cuantos pasos de donde estamos se encuentra el edificio de Seguridad Pública del Distrito Federal. Muchos de los uniformados de azul, de los que están agrupados en las rampas subterráneas que dan a la calle de Oaxaca de la colonia Roma Norte o a la avenida Chapultepec no pueden contener ciertas risitas. Carlos hace garabatos en el aire con el lápiz que recién acaba de usar para delinearse la ceja y me cuenta:

Ya estoy acostumbrado, hoy por hoy son menos los que se ponen nerviosos; hace unos tres o cuatro años se decían cosas al oído, se burlaban y hasta nos venían a regañar. Nos decían que nos vistiéramos. Hoy, a muchos polis les vale madre que nos encueremos en plena glorieta… Ojalá a mis padres y a mis hermanos también les valiera madre.

Aún existen muchos instantes de homofobia y discriminación como los que se vivían hace 35 años. No puedo ver y escuchar a Carlos (o Amparo) y no acordarme de aquel empleado de un Sears de la ciudad de México que fue despedido por ser homosexual en 1971, según se menciona en el libro Un amor que se atrevió a decir su nombre: la lucha de las lesbianas y su relación con los movimientos homosexual y feminista en América Latina (2000), de Norma Mogrovejo editado en México, Plaza y Valdés:

En México el movimiento comenzó dos años después, en 1971, tras el despido injustificado de un empleado de la tienda Sears por ser homosexual. Un grupo de intelectuales, artistas y estudiantes manifestaron su descontento y conformaron un grupo de reflexión. Algunos de ellos crearon el Frente de Liberación Homosexual de México (FLHM). Sus demandas: detener la persecución policiaca, la discriminación legal, social y laboral contra los homosexuales, dejar de considerar a la homosexualidad como enfermedad y más educación sexual en las escuelas. Sin embargo, sus actividades las realizaban en el anonimato. Los siguientes años fueron de ir manifestándose poco a poco. A pesar de la desaparición del Frente, surgieron otros grupos como SEX-POL (fundado en 1974) y el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). Su primera participación pública fue el 26 de julio de 1978, en la marcha conmemorativa del 25 aniversario de la Revolución cubana. El 2 de octubre del mismo año, un contingente más grande marchó en la conmemoración de la matanza de Tlatelolco, iniciando el Movimiento de Liberación Homosexual de México. Y en 1979 fue la primera Marcha del orgullo gay en la ciudad de México. Como acto político exigía respeto a los derechos humanos de los homosexuales y denunciaba la represión policiaca que sufría esa comunidad. En dicho acto salieron a la luz el FHAR, el Grupo Lambda de Liberación Homosexual y OIKABETH (Lambda, 1980).

35 años de jotearz el Paseo de la Reforma3Alonso Hernández, historiador, cronista y también uno de los primeros activistas y organizadores de esa primera marcha, recuerda:

La marcha se llevó a cabo el 30 de junio de 1979, del Monumento a los Niños Héroes de Chapultepec a un parque cercano al Monumento a la Madre. Entre los dirigentes de la marcha se encontraban Juan Jacobo Hernández –entonces profesor de francés en la UAM– y Fernando Esquivel –estudiante y empleado particular– cada uno dirigente de FHAR y Lambda respectivamente, y entre los oradores destacó Claudia Hinojosa. Por aquel entonces FHAR, Lambda y OIKABETH desfilarían mostrando un incipiente orgullo homosexual, demandando respeto a la pluralidad sexual, con pancartas cuyos lemas eran: ‘Luchemos contra el sexismo, exigimos garantías constitucionales para los homosexuales, homosexuales y feministas unidos contra el machismo, homosexuales de Puebla en lucha contra el sexismo.

Xabier Lizárraga también recapitula, con una nostalgia capaz de inflar el pecho, algunas de las consignas que se dijeron en aquella primera marcha gay de la ciudad de México y de las cuales, asegura, él fue su inventor:

Como no fuimos por el Paseo de la Reforma la gente no sabía de la marcha, no hubo espectadores, sino sorprendidos transeúntes de la colonia Cuauhtémoc y algunos asomados a ventanas y balcones. De ahí que, al reconocer yo a unos en un balcón, lancé esas consignas que aún se gritan en muchas marchas de hoy día: ‘Detrás de los balcones se esconden maricones, detrás de las persianas se esconden más lesbianas’. Otras consignas, que eran nuestros objetivos inmediatos, fueron ‘no hay libertad política si no hay libertad sexual’, ‘derechos iguales a lesbianas y homosexuales’, y otras fueron en contra de las razzias (operativos policiacos contra la población homosexual) persecución y detenciones arbitrarias.

Aquella primera marcha tuvo consecuencias positivas, sobre todo para la visibilidad del movimiento lésbico gay. Alonso Hernández recuerda que, para la segunda manifestación, participaron contingentes de artistas, como los de la obra de teatro Y sin embargo se mueven, de José Antonio Alcaraz; de partidos de izquierda, como el entonces Partido Obrero Socialista (POS), el Partido Comunista Mexicano (PCM) y el Partido Mexicano de las y los Trabajadores (PRT), también estuvieron el Instituto Mexicano de Sexología, La Unión Nacional de Médicos, el Grupo Autónomo de Mujeres Universitarias (GAMU) y el Frente Nacional contra la Represión (FNCR). Entre los oradores de aquella vez se encontró Marta Torres, quien dijo una frase importante para el Movimiento de Liberación Homosexual y su vínculo con la izquierda mexicana: “De hoy en adelante, no se podrá prescindir de nosotros en el proceso de las luchas revolucionarias de los pueblos oprimidos”.

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Una nueva generación: más metrosexuales, más OV7, más marchas

Sé que su nombre debe empezar con A, pero no logro recodarlo con exactitud cuando me pica la espalda para que dé media vuelta y lo salude. Conozco su dirección, sin duda –un departamento en la colonia Condesa, cerca de ese antro, el Ken, que los jueves abre sus puertas a la comunidad gay bien vestida según sus propias percepciones–. Lo conocí en una página de internet políticamente incorrecta, a las que gran parte de los homosexuales entran para fijar una cita anónima de sexo. Muchos creen que también puede servir para encontrar el verdadero amor, pero pues cada quien.

Este tipo, de cuyo nombre estoy casi seguro debe empezar con A, pertenece a la generación de nuevos homosexuales que rentan departamentos costosos, los decoran con ayuda de revistas y uno que otro amigo que le haga a eso del feng shui, invierten en gimnasios a los que acuden todos los días, y en las reuniones beben vodka de sabores con agua quina. No somos buenos amigos, pero sí compañeros. Vamos, hemos tenido sexo un par de ocasiones, no puedo negarlo. Es muy atractivo y tiene buen cuerpo, aunque lo que a mí me provoca una erección son sus patillas canosas que contrastan con el resto de su cabello quebrado, más oscuro aunque salpicado de canas –y las canas me ponen como toro. Sin embargo, no puedo tener sexo más de una hora con él. Tarde o temprano terminará poniendo a OV7 antes de eyacular y eso me deprime. El Goo de Sonic Youth me pone cachondo a la hora de tener sexo anal.

Después de darme la vuelta, retrocedo un par de pasos para saludarlo, a él y su pandilla que, según me cuentan, se pusieron de acuerdo para desayunar antes de emprender el recorrido del orgullo en algún bistró gourmet cerca del Ángel de la Independencia. El hombre de cuyo nombre insisto debe empezar con una A me presenta a sus compañeros como su cuate periodista: “¿De espectáculos?”, me pregunta uno de ellos. Sólo queda encogerme de hombros.

Veo su cabello canoso y pienso que, en especial hoy, que se celebra la primera de las dos marchas del orgullo LGBTTTI del 2012, debe estar de lo más contento. La agrupación de coreografías pop OV7, cien por ciento mexicana, será la encargada de cerrar el evento con un concierto gratuito en el Zócalo.

¿Por qué OV7? Sigo sin entenderlo. En el libro de ensayos México se escribe con J, editado por Planeta, hay un capítulo en el que se pretende explorar los apegos musicales de la comunidad lésbico-gay, “El éxtasis a una identidad del deseo: la música como experiencia de libertad” en el que Tareke Ortíz y Nayar Rivera proponen que en las letras de Mocedades u OV7, la comunidad gay encuentra un espacio donde ser libres sin que la identidad de género se interponga en sentimientos como amor o celos. No me convencen. Es decir, ¿por qué hallarlo en la ramplonas letras, al borde de la bobería de OV7 o peor aún, Jeans (“Dime que me amas” de Jeans es escuchado por muchos de los que van a las marchas con un respeto que raya en lo esotérico) y no en “Cursed Female” de Porno for Pyros que habla de una parte cruda de la homosexualidad? Si me preguntan, tiene que ver más con un escondido pero ardiente deseo de encarnar los fetiches de señoritas pero… En fin.

Mientras saco mi libreta de notas, el tipo de las canas (me rindo con eso de su nombre) me dice, apuntando discretamente a un hombre que se acaba de deshacer de su camiseta a unos cuantos metros de nosotros:

¿Cómo ves a ese padrote? Se quita la camiseta como si estuviera muy bueno, tiene buenos brazos, pero le falta trabajar un chingo la cintura y por el amor de dios, ¡bajar la panza! Tiene cuerpo de luchador, ya sabes, como cono.

Intercambiamos frases que básicamente tienen que ver con la posibilidad de revolcarnos después de la marcha, ya entrada la noche, quizá con un par de amigos suyos. No suena mal la idea.

35 años de jotearz el Paseo de la Reforma5No sólo las marchas del orgulllo gay se han modificado a lo largo de 35 años. También se ha cambiado, de forma brutal, la manera en que los homosexuales buscan sexo: los coqueteos y los roses en la sección de revistas de las tiendas departamentales han sido sustituidos por la tecnología, primero las páginas de internet y, más recientemente, las aplicaciones en los teléfonos inteligentes como Grindr (capaz de mediar la distancia en tiempo real entre el usuario y aquellos que buscan sexo) han facilitado la dinámica de ligue. Nada que ver con esos años ochenta y la primera mitad de los noventa en que los fugaces episodios de sexo oral solían darse en los baños de algunos Sanborns o asientos de cines porno del Centro Histórico de la ciudad de México como el Savoy, el Cinema del Río, el Venus o el glorioso y lamentablemente extinto Cine Teresa.

En el 2012, además de OV7, hubo una segunda marcha provocada por diferentes objetivos que tienen los grupos organizadores. Siendo un año de elecciones presidenciales en México, apegarse a la tradición del último sábado de junio hubiera coincidido con los comicios, en donde se establece la implementación de una ley seca al primer minuto del domingo siguiente. Esto hubiera sido un impedimento para las magnánimas fiestas que se realizan después de los recorridos por el Paseo de la Reforma. Muchos de los que desfilan esperan la noche con ansia para celebrar con música atronadora y go-go dancers semidesnudos que, al calor de los estrobos, llegan a aventar la tanga a algún suertudo parroquiano (la leyenda cuenta que muchos de ellos son bugas, pero eso a la fantasía no le importa). Hay quienes, inclusive, viajan desde distintos puntos de la República Mexicana para marchar y hacerse de un boleto de fiestas como el Pride México Feel Alive! o la ya legendaria White Party.

Por otro lado, Alonso Hernández, uno de los organizadores más activos de la marcha del orgullo, explica por qué no todos están de acuerdo con este perfil:

Las últimas marchas responden, finalmente, a una paulatina comercialización, copiada de los modelos estadounidenses de pride y pierde el alma de denuncia y de protesta para convertirse en un carnaval vacío. La propuesta por parte de las OSC es rescatarla de esa situación que, por muy festiva que sea, no deja de ser lastimera, y darle de nuevo un rumbo sexo-político sin demeritar lo lúdico y lo festivo.

Al no poder conciliar puntos de vista, en julio del año pasado el DF fue testigo de dos marchas gay: la denominada XXXIV Marcha Nacional del Orgullo y Dignidad LGBTTTI, realizada el 2 de junio y cuyo lema fue “Educación formal de la sexualidad ¡YA! A todos los niveles” organizada por los llamados empresarios, y la del 30 de junio, con el título XXXIV Marcha Histórica del Orgullo LGBTTTI organizada por “activistas puros” cuyo eslogan fue “En un estado laico cabemos todas y todos”.

Los OV7 fueron contratados por Jorge de la Rosa, el organizador principal de la marcha de los “empresarios”. De la Rosa es un personaje que revolucionó la noche gay capitalina. Su trayectoria incluye haber abierto las puertas de uno de los antros gays defeños que impusieron vanguardia: el Box. Difícilmente la ciudad de México ha vuelto a ser testigo de un club de tales ambiciones. Además, maneja la producción de fiestas monumentales que se realizan las noches de la marcha gay como la codiciada White Party, y otras franquicias como El Clan y Gaydate:

Somos muy dados a criticar a la gente sin conocer el contenido del trabajo que hacen. Me acuerdo que había mucha gente que criticaba y satanizaba a Tito Vasconcelos por ser empresario. Yo pasé de ser un simple gay banquetero a alguien que se unió a la organización de la marcha, para contribuir con uno de los camiones que visten el desfile.

De acuerdo con Jorge de la Rosa, los antros pueden invertir desde 60 000 hasta 150 000 pesos en el montaje de un tráiler que recorre el Paseo de la Reforma, que incluye strippers, sonido y decoración.

La percepción de Jorge de la Rosa sobre el movimiento no es complicada. Para él después de más de tres décadas de marchas, la comunidad lésbico-gay ha crecido en proporciones tales, que no todas las ideologías caben en un mismo común denominador. La diversidad que tanto se proclamaba anteriormente, ahora no sólo tiene un sentido real, sino también peso. De pronto, no todos comparten la misma representación.

Xabier Lizárraga conoce la historia y opina al respecto:

Durante las primeras marchas ningún ‘bar’ participaba, no les interesaba y no servía de plataforma publicitaria. Mayores problemas surgieron en 1984, cuando unos proponían una marcha luctuosa por los muertos a causa del sida y otros (el FHAR) consideraban que eso se pretendía por intereses mediáticos; hubo bronca y salió el libelo “Eutanasia al movimiento lilo”. El primer bar que participó con una plataforma fue El Taller, ubicado sobre la calle de Florencia en la Zona Rosa. Lo hizo de manera solidaria y comprometida porque en su interior se hacían ‘Los Martes’ (donde se debatían aspectos que afectaban a la comunidad, como discriminación, VIH o políticas públicas). Poco a poco se agregaron otros bares. La mayoría (no todos) sin ningún interés activista, sólo comercial y egoísta. Desde hace años las marchas del orgullo están sesgadas en dos intereses: comerciales y sexo-políticos.

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35 años de jotearz el Paseo de la Reforma

Es 2013. Este 29 de junio se lleva a cabo la XXXV Marcha del Orgullo y Dignidad LGBTTTI de la ciudad de México. De momento, parece que “empresarios” y “activistas puros” han logrado conciliar diferencias y habrá sólo un desfile, aunque por las redes sociales circulan dos carteles: uno que retoma el logo del Comité del Orgullo y Dignidad, y otro que evoca un estilo que recuerda la tipografía de la extinta Unión Soviética e imágenes calcadas de alguna estampita de Corea del Norte, como referencia histórica.

Enrique Torre Molina pertenece a una nueva generación de activistas lésbico-gays menores de 30 años. En su vocación de servicio a la comunidad, una de sus herramientas más útiles han sido las redes sociales.

Sobre las dos marchas, me parecería padrísimo que efectivamente hubiera una diferencia clara entre ellas, sus organizadores y las razones reales para hacer cada una. Pero no la hay. Son pleitos chafas que, excepto por sus protagonistas, nadie entiende ni a nadie le importan. Creo que hay varios tipos de activismo, y eso es lo que importa,

opina.

Las marchas del orgullo gay en la ciudad de México se siguen transformando. Hubo un tiempo, de acuerdo con los apuntes de Alonso Hernández, donde desfilaban hasta personajes como Rosario Ibarra de Piedra o Amalia García. Con el paso del tiempo, ha sufrido una colorida mutación. La protesta incluye al carnaval, las extravagancias, plataformas y una nueva generación que ha crecido con mayores libertades, incluidas la de beber alcohol en la calle hasta que paramédicos controlaran su vómito. Habrá que preguntarse si es un acto de desobediencia civil ponerse hasta la madre el día de la marcha, o si el orgullo es una cuestión religiosa.

Quiero pensar que tanto bodrio pop que, por alguna maniaca razón se ha instalado en el subconsciente del imaginario lésbico-gay-transgénero a niveles de representación de identidad, ha valido la pena. Hoy el matrimonio entre personas del mismo sexo es una realidad en el DF que algunos estados de la República empiezan a imitar con éxito, y otros comienzan a tomar como batalla. Y que no es disparatado pensar que la marcha de la ciudad de México, como las de otras capitales del mundo, contribuyó a la que la Organización Mundial de la Salud eliminara el 17 de mayo de 1990 a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.

35 años de jotearz el Paseo de la Reforma7Sin embargo, falta mucho por hacer. La población travesti, transgénero, transexual e intersexual sigue siendo hoy una de las más vulnerables, tanto por su situación jurídica como por la transfobia, en muchos casos con desenlaces mortales. Además de las complicaciones de salud a las que tiene que enfrentarse en su lucha por alcanzar físicamente el género que les corresponde y al que tienen derecho.

Como sea, con diferencias, quizá rencillas, inconformidades, nuevas lecturas, nuevos optimismos, cervezas, desmadre, Paulina Rubio y Gloria Trevi, el próximo 29 de junio se llevará a cabo la XXXV Marcha del Orgullo Gay con todo su abanico de diversidades hacia lo que no es buga, la forma en la que los gays nos referimos a los heterosexuales. El día en que el orgullo cobra una colorida realidad más allá de la retórica o la protesta. Y aunque también los sábados de la marcha por el orgullo gay son el día en que sueles tropezarte con los ex novios cogidos de la mano de ese alfeñique por el que te dejó, la fiesta nunca dejará de ser motivante y emotiva.

Otros orgullos en el mundo

- Tokio Rainbow Pride: Tokio, Japón. 28 abril.
– Pride Toronto: Toronto, Canadá. 21 – 30 junio.
– NYC Gay Pride: Nueva York, Estados Unidos. 28 – 30 junio.
– UK Black Pride: Londres, Inglaterra. 29 junio.
– INTER LGTB: París, Francia. 29 junio.
– San Francisco Pride: San Francisco, Estados Unidos. 29 – 30 junio.
– Cologne Gay Pride 2013: Colonia, Alemania. 5 -7 julio.
– MADO (Madrid Orgullo): Madrid, España. 6 de julio.
– Europride 2013: Marsella, Francia.10 – 20 julio. (Todos los países europeos eligen una ciudad distinta para celebrar unificadamente el orgullo LGTB de todo el continente).
– Manchester Gay Pride: Manchester, Inglaterra. 23 – 26 agosto.


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