Ohm 18

Al fin se publicó un nuevo número de la revista Ohm donde participé editando algunas piezas y con un texto propio:

Guillermo Macas colaboró desde Mérida con noticias. Para la sección EstadosJosé Flores de Puebla comparte su opinión sobre el legado de la desaparecida Agnes Torres. La Voz Hetero esta vez fue de Geraldina González de la Vega de la organización Ombudsgay, que cuenta por qué una mujer buga trabaja a favor de derechos LGBT. Gabriel Gutiérrez hizo una interesante entrevista a Lol Kin Castañeda sobre el proceso de candidaturas LGBT a diputación federal, su experiencia y diagnóstico de activismo y política. Por último mi entrevista a Fred Karger, ex candidato gay a la presidencia de Estados Unidos, cuya versión original en inglés está disponible en este enlace.

También me da gusto ver recomendaciones de parte de Lulú Alvaradejo, colaboradora de este blog, en la Sección L.

Gracias por leer. :)


Les Nouvelles: 26

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Después de algunos días de negación, negociación, citar a Joey de Friends y finalmente aceptar que 26 es buen número, llegué a la celebración oficial de mi cumpleaños hace un par de semanas. Sin más, les presento las 10 recomendaciones para sus fiestas de cumpleaños, todo basado en experiencia personal, 100% comprobable.

1. Mantén a tu lado un par de gringuitas buena onda que hagan cocteles de todos sabores (estilo agua loca, pero versión de adultos mayores de 21 años): combinando botellas de vino con melón o botellas de ron con jugos de sabores varios. Un must para que la gente comience a soltarse.

2. Invita a tu círculo de amigas lenchas (en mi caso debería ser más prolífero). Si bien no es sano, el drama entre mujeres (y más si son gay) resulta siempre en una divertida anécdota (nunca para las partes involucradas).

3. Entrevista a una posible roomie durante tu fiesta de cumpleaños. Nada mejor que estas ocasiones para saber si serán compatibles en la casa. Si sobrevive a ti y tus amigos borrachos y chistosos, no la dejes ir.

4. Deja que tu roomie alemana te embarre la cara de pastel y merengue. Sólo asegúrate de que para la próxima haya alguien que te lo quite de encima.

5. Reencuentros y reconexiones: ¿qué mejor momento que tu fiesta de cumpleaños para encontrarte con amigos o gente a la que le tienes estima por alguna experiencia pasada compartida? Bonus points si levanta miradas de hombres y mujeres por igual, y nadie sabe exactamente qué con su vida.

6. Tres pasteles: uno para las velitas, mordida e implantación facial. Otro para compartir. Uno más para cuando entran esas ganas de comerte la tarta de pera de tu roomie.

7. Los amigos de los amigos pueden resultar en grandes adiciones a una fiesta y eventuales amigos tuyos, o puede ser que ellos sean los sorprendidos. Ejemplo: la amiga de un amigo tuyo que se espanta por la abundancia de homosexualidad, extranjeros y por el uso (jamás abuso) de sustancias psicotrópicas en la sala de tu casa.

8. Que tu roomie piense que no estabas tan mal durante la fiesta, mientras que tus amigos de más tiempo juran que hacia el final de la noche ya no estabas tan en tus cinco sentidos. Creo que esta diferencia de criterios se debe a los orígenes de los involucrados y el entrenamiento previo. Aparentemente Alemania ya puede tomar shots de tequila sin morir en el intento, mientras que México sigue muy tibio en ese sentido. True story.

9. Juntar a tus círculos de amigos, igual que el punto 7, puede salir muy bien o muy mal, pero cuando juntas gente interesante y buena vibra lo más seguro es que la vas a pasar muy bien.

10. Drink (don’t tweet), diviértete y mingle con los invitados.


Les Nouvelles: La ficción supera la ficción

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Durante un tiempo quise seguir las recapitulaciones que una conocida mía escribe para un portal de internet bastante reconocido, pero después de un par de semanas dejé de leerlas. Algo hacía falta. En After Ellen (recomendadísimo) comenzaron a usar un nuevo formato, Gay Girl’s Goggles, para hacer esto. Buscaban el a veces muy obvio subtexto en las series.

Hay algunos programas en los que no necesitas hacer este ejercicio: ¡las lenchas están ahí! Ejemplo de ello son Glee con Brittany y Santana, Grey’s Anatomy con Arizona y Callie, Pretty little liars con Emily y sus veinte novias, entre algunas otras. En otros casos, se han dado la tarea de exponer lo que hay que leer entre líneas, como sucede en 2 Broke Girls, 30 Rock, Nurse Jackie. En estos programas, aunque no sea la intención de los escritores, no podemos evitar ver esos momentos entre los personajes principales. ¿A quién le podemos decir sobre ello? Pues a nuestras amigas lenchas. Sólo ellas entenderían. O a la inmensa comunidad que se ha desarrollado en internet en los últimos años.

Es increíble lo que uno se encuentra en los portales de internet, y recientemente, una de las cosas que más me llama la atención son los shippings. Urban Dictionary lo define mejor que yo: A term used to describe fan fictions that take previously created characters and put them as a pair. It usually refers to romantic relationships, but it can refer to platonic ones as well.

Si bien esto no es nuevo -la gente siempre ha tenido imaginación-, internet ha sido el punto de encuentro para cualquier número de intereses y ha cobrado gran fuerza. El shipping sucede con personajes hetero, gay, inventados y hasta con los actores de las series. Se le asigna un nombre a la pareja, como fue el caso de “Brangelina” (tendrían que vivir debajo de una piedra para no haber escuchado este nombre) o “Brittana” (Brittany + Santana). Eso me pasó cuando comencé a ver Glee: convencida que las dos porristas deberían estar juntas, me hizo pensar en ello.

Un día, como broma, los escritores de esta serie pusieron una de las líneas que hizo a muchas –entre ellas yo– reír mucho. Estaban varios de los personajes discutiendo sobre la vida romántica de algún otro, cuando Brittany dijo: sex isn’t dating. If it was, me and Santana would be dating. Esto desató una gran campaña en internet. Los fans de la serie y de la pareja esperaban que algo sucediera con ellas.

Lo que posiblemente inició como una idea divertida para los escritores terminó como una realidad para los espectadores. Y así fue como, después de una serie de capítulos sin sentido (porque, si ustedes ven Glee, saben que hace tiempo se perdió la idea de trama), Santana y Brittany recibieron una historia. Santana salió (¿la sacaron?) del clóset, recibieron ayuda de una maestra para aceptar y procesar sus sentimientos, hasta que ahora son una feliz pareja que celebra el 14 de febrero besándose en televisión internacional.

Los productores y escritores de la serie podrían haber ignorado los comentarios de internet, los tumblrs dedicados a Brittana, los tweets en que demandaban un beso entre las dos porristas, pero, a final de cuentas, hicieron lo que el público les pedía. Hubo quienes se incomodaron: ¿cómo podían poner algo así en Glee? Pero esta serie lo hizo, y gracias a ello muchos adolescentes ahora ven sus propias luchas internas reflejadas en las historias de los varios personajes de la serie. Si bien ésta no es la única salida, ¿no hace esto una gran diferencia para los que ven la serie?

Aquí un intercambio de tweets entre una seguidora y shipper de Brittany y Santana y escritores de Glee sobre por qué estos personajes no se habían besado como el resto de las parejas en la serie. Después, durante el capítulo del 14 de febrero, las dos porristas se besaron:

Más allá del entretenimiento que da leer las recapitulaciones, saber de la existencia de tumblrs, historias, fotos, también es relevante saber que los actores que ahora interpretan a estos personajes, han dejado atrás el miedo que existía por interpretar personajes LGBT. Naya Rivera (Santana) condujo los GLAAD Awards este año junto con Cory Monteith (Finn, el la misma serie), y Dianna Agron (Quinn) hará lo propio el próximo 2 de junio en San Francisco. Esta realidad, cabe mencionar, dista de ser la misma que en nuestro país, pero por algún lado debemos empezar.

Mientras tanto, internet seguirá siendo un lugar de ideas y pequeños cambios, como lo sucedido recientemente: en E! Online hicieron una encuesta de las mejores parejas en televisión. Los usuarios del sitio podían nominar a las parejas que quisieran, reales (dentro de la serie) o ficticias.

Las dos parejas finalistas, “Faberry” (Quinn Fabray y Rachel Berry), y Dean & Castiel de la serie “Supernatural”.

El resultado de la encuesta lo publicaron el 14 de febrero con la siguiente declaración:

Rachel Berry (Lea Michele) and Quinn Fabray (Dianna Agron) from Glee have won our TV’s Top Couple megapoll! The fans for “Faberry” (Fabray/Berry), as they call themselves, set a new record high for page turns on E! Online for any single post in the entire history of the website. Now, I know what many of you who casually watch Glee are thinking: What the what?! Are Rachel and Quinn even a couple? And, wait a minute, aren’t they straight? Why, yes, they are, as far as we know. But the “Faberry” fans believe these two belong together.

¿La respuesta de las actrices? Esta imagen vía la cuenta de Twitter de Dianna Agron con siguiente mensaje “In honor of the voters!”

Estos pequeños y muy simples detalles pueden tener un impacto mayor que muchas marchas de orgullo mal organizadas o movimientos activistas divididos. Al menos aquí, quienes se reconocen como fanáticos de una serie o pareja de televisión unen sus esfuerzos y alcanzan a un gran número de personas, simplemente organizándose en internet.


Les Nouvelles: Me growing up

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Hace unos días Naya Rivera (Santana en Glee) fue la encargada de presentar los GLAAD Media Awards en Nueva York, ceremonia en la que se reconoce a las representaciones positivas de la comunidad LGBTTTI en la industria del entretenimiento y periodismo. Durante su intervención, Naya dijo que hacían falta más personajes gays en televisión. En su reporte Where are we on TV 2011-2012 la organización indica que del total de personajes regulares que hubo en televisión durante esa temporada únicamente 2.9% pertenecían a la comunidad LGBTTI (decremento comparado con 3.9% en el reporte 2010-2011). Si bien podríamos iniciar un debate sobre la importancia de tener más visibilidad en los medios masivos de comunicación -especialmente los personajes lésbicos, que parecen desaparecer cada vez más de la mente de los escritores de televisión-, me gustaría presentar a los personajes que marcaron una diferencia cuando estaba creciendo. Creo que mi perspectiva hubiera sido muy diferente si hubiera visto sweet lady kisses en televisión cuando tenía 13 años.

Sin particular orden de importancia, les presento entonces a los personajes que me acompañaron a través de la televisión:

Jack McPhee (Dawson’s Creek, 1998) Si no me equivoco (y Wikipedia no me dejará mentir), fue en la segunda temporada cuando Jack sale del clóset y en la siguiente comienza a salir con un estudiante que conoce en un viaje. Las cosas no funcionan entre ellos, pero después Jack comienza a andar con Toby y son felices un tiempo. En ese momento yo tenía como 13 años. No fueron sweet lady kisses ni creo haber visto la temporada cuando tenía 13, pero seguramente vi las repeticiones cuando tenía como 16 y muchas dudas que tenía las aclaró Jack. Si él podía tener un novio, ¿podía tener yo una novia? Unos años después, cuando oficialmente comencé a salir a antros gays (porque uno cree que es ahí donde potencialmente encontraría novia), pensé que mi historia era un poquito como la de Jack: primero mucho wishful thinking con alguien que realmente ni te gustaba, pero estaba ahí y era lencha como tú, para luego entender esto y dar paso a entenderte mejor y a formar tu identidad.

Jessie (Once and Again, 1999) Nunca seguí fielmente esta serie, pero recuerdo el día en que prendí la tele y ahí estaban: dos niñas besándose. La relación de Jessie (Evan Rachel Wood) y Katie (Mischa Barton) comenzó en 2002, durante la última temporada de la serie. Recuerdo haber comenzado a verla sólo para saber qué pasaba.

Alex (The O.C., 2003) La vi desde el principio, porque cuando uno tiene 16 años aparentemente sí tiene esa capacidad de seguir puntualmente una serie de televisión. En la segunda temporada apareció Alex y de pronto resultó que no sólo salía con un hombre, sino también con una mujer. Gracias, televisión por cable. A los 17 años, después de que cortaron abruptamente Once and Again y nunca supe qué pasó con Jessie y Katie, me presentaron a Alex y Marissa, que si no eran necesariamente un ejemplo de estabilidad al menos le mostraban al mundo posibilidades. Y dentro de ese mundo estaba yo con mis dudas.

Marco y Paige (Degrassi: The Next Generation, 2001) En algún punto de mi adolescencia comencé a ver este programa, que, supongo, es el que permitió que años después existieran Skins y otros. El primer personaje que llamó mi atención fue Marco. Me tocó ver su salida del clóset, pero la parte que verdaderamente llamó mi atención entonces fue cuando Paige comenzó a salir con Alex.

Willow y Tara (Buffy the Vampire Slayer, 1997) No fui fan de Buffy, pero fue casi imposible no saber sobre Willow y Tara y la conmoción que causaron en el mundo. Me acuerdo que todos hablaban sobre eso y, si hoy a la gente de pronto le cuesta trabajo ver a Santana y Brittany en Glee o a Arizona y Callie en Grey’s Anatomy, imagínense la controversia que fueron Willow y Tara a finales de los noventa.

That was me growing up.


Les Nouvelles: Platicando con Ana Francis

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Hace unas semanas platiqué con Ana Francis Morcabaretera y Reina Chula, como se describe ella misma en su columna. Además de dedicarse al mundo del show business, Ana Francis se considera a sí misma una activista y feminista.

Al teatro se ha dedicado desde hace varios años.

Estaba terminando la escuela y conocí a Tito Vasconcelos, conocí el mundo del cabaret porque lo que pensé es que esa gente se estaba divirtiendo mucho en el escenario y yo me la pasaba fatal. En esa época en la escuelas de actuación tenían la idea de que entre más hecho mierda estuvieras mejor actor o actriz ibas a ser, y el cabaret me llamó mucho la atención y me di cuenta de que ahí podía hablar de lo que yo quería y que las cosas que me molestaban se podían hacer presentes. Podía tener una salida mi vena política y activista. La empecé a adquirir mucho con Tito. Y con Jesusa [Rodríguez] y con Liliana Felipe vino a agarrar forma.

El asunto de la escritura ha podido explorarlo a partir de otra perspectiva desde hace cuatro años con la revista Emeequis, en donde cada quincena Ana Francis tiene un espacio llamado Manual de la buena lesbiana.

El nombre ni lo inventé yo. Lo inventó María Renée Prudencio en pláticas de domingo, de estar diciendo estupideces, pues decíamos ‘el manual de buena lesbiana dice que hagas esto, que no hagas lo otro’, y me pareció muy divertido. Quería ver este asunto desde otro lado, me hacía falta la perspectiva divertida. Pertenezco más al movimiento feminista y a veces es muy dogmático, pero yo conocí el asunto de la diversión y el placer. Entrarle a un público mixto, porque la revista le entra a un gran público, entonces era muy interesante estar en un espacio no lésbico sino diverso.

Cuando su compañera de compañía teatral, Marisol Gasé, comenzó a colaborar con la revista escribiendo sobre teatro, Ana Francis le propuso a la publicación su columna, aunque inicialmente ellos le dijeron que ya tenían una columna sobre sexualidad. “Pero no, güey, no es una columna sobre sexualidad, porque las lesbianas no nada más cogemos, hacemos otras cosas en la vida. Entonces la comencé a escribir, les gusto desde la primera y me dijeron, pues vas. Y ha tenido mucho éxito.”

El espacio

ha ido cambiando conmigo. Al principio fue el anecdotario personal y una transición política y cultural de la sociedad y la ciudad. Con la columna me ha tocado ver los cambios que tienen que ver con sociedad de convivencia, han sido cosas que me han pasado en lo personal y en lo público porque yo me he convertido en una persona, he ido desarrollado el oficio de escribir y he ido participando desde otros lugares. Me fui haciendo cada vez más feminista, más activista.

Las respuestas a la columna desde el inicio han sido favorecedoras y sólo una vez le han mentado la madre. De hecho, tal ha sido la respuesta que la revista le propuso hacer una recopilación de sus textos para hacer un libro. “Buscamos hacerlo lo más público posible. Las mayores compradoras del libro son lesbianas pero también a todo el público. Y estamos por publicar el segundo próximamente.” (En este espacio les daremos la información al respecto).

El reconocimiento que le ha dado la columna viene acompañado con el hecho de que lo privado se convierte en algo público.

Es un proceso solitario, escribir, en lo privado están tu computadora y tú. De pronto resulta que miles de personas lo leyeron, la gente cree que sabe de ti por lo que leyó, pero no. Sí conocen cosas, pero no saben quién eres, saben partes importantes pero no saben quién eres. Es un proceso chistosito.

También está la parte de salir del clóset a través de la columna.

A la hora que eres lesbiana, después de los años de drama y de ese pedo, te enfrentas a la situación de que sigues queriendo a tus hermanas igual, tus hermanas te siguen queriendo a ti, entonces nos tenemos que ver los domingos y tenemos que convivir desde otro lugar. Ya pasamos el drama pero, ahora, ¿qué hacemos con eso? Entonces mirarlo desde la integración y ser parte de la diversidad. No somos la diversidad. Somos parte de la diversidad.

A esto suma que “cuando salió el libro, hasta mis tías de Querétaro sabían que era lesbiana, pero es un proceso complicado. Más que el asunto de si eres lesbiana o no, el asunto de que tu vida privada está en lo público”.

Sobre estar dentro o fuera del clóset, ella comenta que cada vez más personas públicas salen, hecho que ayuda a reconocer la diversidad. Este nuevo reconocimiento es producto de que las lesbianas feministas

ya se partieron el hocico. Nosotras somos las beneficiarias y hay que seguir trabajando. En esta ciudad la tenemos mucho más fácil. No es lo mismo ser una lesbiana de Coyoacán que una de San Felipe, una lesbiana blanca que una lesbiana indígena. También creo que pertenezco a otra generación y, de alguna manera, no soy leída nada más como lesbiana sino también como activista feminista, como cabaratera, como comediante, entonces tengo esa posibilidad. No me etiqueta la chamba completamente, no me limita. Supongo que también a muchas compañeras les puede costar la chamba.

Sobre este punto, mantenerse dentro o fuera, opina que

tienes el caso de Beatriz Paredes, que dan muchas ganas de sacarla del clóset porque es una persona incongruente, porque es una mala política, porque es una ciudadana chafa y porque peligra la Ciudad de México si ella fuera la Jefa de Gobierno. Entonces dan ganas de preguntarle por qué no ha salido del clóset. Porque ha demostrado que no es congruente. Se dice feminista y poco le faltó para ponerse a encarcelar mujeres por abortar, entonces ahí es donde me dan ganas de sacar a alguien del clóset. Pero me parece que cada quien su clóset y defiendo el derecho de la gente a tener su vida privada, aunque hay personajes políticos públicos que si dan ganas.

A inicios del año, Ana Francis escribió en su columna sobre sus deseos para el 2012. Cuando le pregunté al respecto, comenta que lo primero que necesitan las lesbianas y las mujeres es igualdad y luego visibilidad. “La garantía del Estado que una vez que nos hagamos visibles no nos van a matar, no nos van a quitar la chamba, no nos van a quitar a nuestros hijos y vamos a tener acceso a todo lo público”. Para ello cuenta con la gente.

Tengo mucha esperanza en los movimientos ciudadanos […] Es un momento bien interesante del país, veo mucha violencia, mucho error, pero también mucho hartazgo […] Me da esperanzas cuando veo a gente que se está preocupando por ver cómo van las cosas y donar un poquito de su tiempo para otras causas […] A mí me queda claro que, si esta ciudad tiene las cosas que tiene, no es por el gobierno sino por la sociedad civil que se ha metido, porque hemos colaborado. Más que eso, molestado y empujado.


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