Sobre el mensaje de fin de año de Presidencia de la República

El gobierno federal de México subió a YouTube un video con un mensaje de fin de año, con la diversidad como tema principal. Personas con discapacidad, personas indígenas y por lo menos una persona de la población de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero nos desean un feliz 2014.

“Cada año nuevo es una oportunidad para respetar y valorar la diversidad de México”, dice Jonathan Orozco en los primeros segundos. Para la gran mayoría de la gente que verá el video, la diversidad que representa Jonathan está invisibilizada en este mensaje, como señaló mi amigo Alfredo Narváez en un comentario en Facebook. Porque no lo conocen ni saben que es un chavo gay, lo cual no es lo más importante sobre él pero importa mucho en el contexto de este video protagonizado por un cast que, entiendo, pretende ser una muestra de la diversidad mexicana.

Para quienes conocemos a Jonathan, su aparición en el video es, me parece, un guiño a la comunidad LGBT. Un guiño muy sutil (¡aquí estamos los gays, aunque sea camuflajeados!) e insuficiente (no se menciona nada concreto). Pero seamos optimistas: ojalá que sea señal de que en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto se sumará al Día Internacional Contra la Homofobia más allá de un tweet el 17 de mayo (aquí vale la pena leer la carta que Genaro Lozano publicó en su momento en su columna del diario Reforma). O que el mismo Peña expresará su postura frente al matrimonio igualitario que este año ha tenido avances en el país, por poner un par de ejemplos.

Sin esas acciones concretas, sin tomar esa oportunidad de valorar y respetar la diversidad de la que habla Jonathan, los buenos deseos presidenciales son un caso más de atole con el dedo.


Homofobia real contra políticas públicas en la Ciudad de México

*Cristian Galarza publicó esta nota en SDP Noticias el 4 de diciembre de 2013.

La mesa de debate sobre homofobia que organizó SDPnoticias contó con la presencia de Lol Kin Castañeda, Enrique Torre Molina, Alberto Demonio y Jonathan Orozco.

Desde sus diferentes perspectivas, los participantes puntualizaron que a pesar de las políticas públicas implementadas por los diferentes gobiernos de la Ciudad de México, la comunidad LGBT (lésbico, gay, bisexual, trans) capitalina aún es víctima de discriminación.

También propusieron algunas rutas de acción y compartieron vivencias sobre los temas tratados.

Las preguntas a responder fueron las siguientes:

¿La legalización del matrimonio igualitario disminuyó la homofobia en el DF?

Las familias homoparentales ya existen. ¿Por qué los ciudadanos del DF se siguen preguntando si están listos para aceptarlas?

¿Las lesbianas capitalinas se esconden por miedo o por su personalidad?

¿Cómo debe orientar el gobierno del DF sus esfuerzos para que los transexuales dejen de ser vistos únicamente como “objetos sexuales” o “monstruos incomprendidos”?

Según Conapred los homosexuales somos el segundo grupo social más discriminado en el DF. ¿A qué factor creen que se deba esto habiendo tantas políticas públicas que nos “apoyan”?


Carta a Ivette Laviada (y a los que piensan como ella)

El 24 de julio Ivette Laviada atacó en su columna de opinión en Milenio Novedades, de manera cobarde y con argumentos chafas, a Ricardo Góngora y Javier Carillo, primera pareja gay que se casará en Yucatán. Ataca a parejas gays y lesbianas en general. Su artículo está disponible en la página 15 de la edición impresa del diario.

Hoy en Animal Político publico mi respuesta a su texto:

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Hola Ivette.

Leí el artículo “Si eliges, renuncias”, que publicaste en la página 15 del diario Milenio Novedades el pasado 24 de julio y quiero responder a varios de los puntos que tocas. No te conozco y nunca te había leído, así que mucho de lo que escribo a continuación es lo que asumo a partir de este texto, que inevitablemente me recuerda ideas que escuché una y otra vez durante 12 años de educación católica en la Mérida donde nací y crecí, y desde donde tú escribes. Probablemente me equivoque, como tú también has asumido equivocadamente muchas cosas que ahora me permito refutar.

Dices que las leyes en Yucatán definen el matrimonio como “una institución por medio de la cual se establece la unión jurídica entre un hombre y una mujer”, y que el Juzgado Tercero de Distrito, con sede en ese estado, hizo mal en no respetar la soberanía del estado y ordenar al Registro Civil que case a Ricardo Góngora y Javier Carrillo. “Le valió sorbete”, fue tu expresión. Creo que el hecho de que una instancia de mayor autoridad obligue a otra a hacer algo que ésta no quería (casar a Ricardo y Javier) no es algo que te moleste mucho. Puedes darnos más de tus razones legales, decir que no se vale pasar por alto la ley local, que la mayoría de los yucatecos no está de acuerdo. Para mí, son argumentos que tratan de disfrazar que lo que te molesta es que dos hombres puedan casarse. Punto. Y eso se llama homofobia. Punto. Kiki y Javo, como son conocidos, se convertirán en la primera pareja del mismo sexo en casarse en Yucatán el próximo 8 de agosto. A ti y a mucha gente en Yucatán, y en el mundo, eso les enoja, les parece injusto, les parece inmoral, les parece incorrecto. A algunos les da asco. Por eso no importa cuántos tribunales digan que es un asunto de igualdad, de democracia, que es justo que todos puedan ejercer los mismos derechos. Para ustedes, El Matrimonio, en mayúsculas, es lo que es, no se cuestiona y se acabó.

Muchos de los que opinan como tú acostumbran hablar de nosotros, los homosexuales, como un grupo abstracto de la población. Como si no tuvieran hijos o hermanas o compañeros de trabajo gays o lesbianas. Como si al hablar de “los gays que se quieren casar” o “las lesbianas que eligieron esa orientación sexual”, no hubiera caras y nombres de esas personas a las que se refieren. Y tú haces precisamente eso: nunca mencionas a Ricardo y Javier, pero sí te atreves a invalidar su relación y a decir que “representan un pequeñísimo porcentaje de la población, pues de las personas con atracción hacia su mismo sexo, son poquísimas las que se quieren casar”. ¿Cuántas parejas gays o lesbianas conoces? ¿Te han dicho si quieren casarse o no? ¿O de qué encuesta o censo obtuviste esa información? ¿Cuál es exactamente ese porcentaje pequeñísimo? Asumo que no tienes el dato, porque, que yo sepa, al menos en México no existe. Así que me parece muy osado descalificar lo que Ricardo y Javier han buscado sólo porque, según tú, son poquitos los que buscamos lo mismo. Eso no importa. No importa cuántos quieran casarse. No importa si mañana se legaliza el matrimonio entre parejas del mismo sexo en todo el mundo y ninguna pareja gay se casa después. No se trata de cuántos nos casemos o no. Se trata (hay que repetir esto todos los días) de tener esa opción, el mismo derecho, como tú y tu esposo cuando decidieron casarse.

Me parece también demasiada atribución de tu parte descalificar el matrimonio de Ricardo y Javier por el hecho de que, según tú, pertenecen a una minoría. Me sorprende que creas que pertenecer a una minoría es un argumento válido para restringirle a alguien el acceso a un derecho. Tú eres parte de lo que en muchos sentidos sigue siendo una minoría: las mujeres. Por eso hay una cosa llamada “perspectiva de género”, como defines tu columna. Por eso tantas organizaciones de la sociedad civil trabajan a favor de la igualdad de género, en contra de la misoginia y de la violencia a las mujeres. Por eso hay un Centro de Estudios y Formación Integral para la Mujer, que tú diriges en Mérida. ¿Te parece bien que las mujeres vayan a la universidad, que puedan votar y ser votadas, que esperen ganar el mismo sueldo que sus pares hombres haciendo el mismo trabajo, que puedan vestirse como quieran sin obtener permiso de un hombre? En un pasado no muy lejano había quienes consideraban lo anterior una locura. Pensaban que las mujeres no debían tener derecho a nada de eso, porque sólo unas cuantas querían hacerlo. La verdad era más simple: había (¡todavía hay!) hombres y mujeres que creían que las mujeres no valen lo mismo que los hombres ni deben tener los mismos derechos y responsabilidades. No conocemos el número preciso de homosexuales en el mundo, pero el respeto que buscamos y los derechos que reclamamos no deben estar en función de cuántos somos.

Lo que más me molestó de tu columna fue que entrecomillaras, textualmente, el matrimonio de Ricardo y Javier cuando hablas de las parejas gays que nos queremos “casar”. Por supuesto. Estás convencida de que El Matrimonio no debe redefinirse, que es entre hombre y mujer, para tener hijos, y todo lo demás no se llama matrimonio. Estás convencida de que dos hombres o dos mujeres firmando un acta en un Registro Civil no es casarse. Piensas que las relaciones, el amor, el compromiso y el apoyo mutuo que hay entre dos hombres o dos mujeres no es igual de sólido que el que hay en una pareja heterosexual. Crees que la familia que están empezando Ricardo y Javier, aunque haya un papelito del Estado de por medio, no es realmente una familia sino una “familia”. Que lo que “tenemos” las “parejas” como mi “novio” y yo es menos valioso que lo que tienen tú y tu esposo. Y no podrías estar más equivocada.

Asumo que eres de esas personas que tienen amigos gays, convives con ellos, pero no dejas de juzgarlos aunque sea un poquito, esperas que nunca les toque un maestro así a tus hijos o nietos. O, peor, te dan lástima. Asumo que convives con esos amigos y sus parejas, los quieres mucho, pero algo te dice que esa relación, por naturaleza, no es tan válida como la que tienen un hombre y una mujer. Y, de nuevo, estás muy equivocada.

Luego invocas unas reglas (no entendí en qué consisten) que la gente debe seguir en un mundo donde deben prevalecer la verdad (¿cuál?) y la ética (¿de quién?) y que, en pocas palabras, casarse es para heterosexuales, como Dios y las constituciones mandan. Pero las reglas en las sociedades cambian todo el tiempo. Si no, insisto, las mujeres no podrían hacer muchas cosas, como publicar sus opiniones en los periódicos.

Por último, mencionas algo sobre argumentos falaces con los que no sé quiénes pretenden convencerte de que el matrimonio no es X sino Y. Yo soy de ésos que te quieren convencer y, ya que lo que dice una corte no es suficiente, espero que mis “argumentos falaces” ayuden a ello. Quédate tranquila: no va a pasar nada terrible con tu matrimonio ni con Yucatán ni con la sociedad en general por el hecho de que Ricardo y Javier se casen. Lo único que va a suceder es que ellos gozarán de un derecho que históricamente no hemos tenido. Y, con suerte, serán un poco más felices. Mientras tanto, que haya más plumas y micrófonos que difundan opiniones como la tuya nos hace un gran favor a todos: permite ver lo absurdo de la homofobia y de las ideas que fortalecen esa discriminación.

Saludos.


Max & John

Max y John son pareja. John es estadounidense. Max es yucateco, como yo, y después de unos tres años de amistad vía Facebook, Joserra (mi novio) y yo los conocimos en persona durante nuestras vacaciones en San Francisco en diciembre de 2012.

john & maxHasta hace unos días, el Defense of Marriage Act (Ley de Defensa del Matrimonio, un título erróneo y homófobico), que definía “matrimonio” como la unión entre hombre y mujer, era un obstáculo para cualquier pareja binacional en Estados Unidos que quisiera casarse y obtener beneficios del gobierno federal, como el sponsorship que un ciudadano estadounidense puede otorgar a su esposa o esposo extranjero.

El pasado miércoles 26 de junio, la Suprema Corte del país decidió que esta ley era anticonstitucional. La corte emitió otro fallo que tiene como efecto la reanudación del matrimonio entre parejas del mismo sexo en California, donde Max y John viven.

Max y John son una de las miles de parejas binacionales y homosexuales que viven en Estados Unidos que, gracias a estos cambios, se libran de la amenaza de interrumpir su relación por dificultades legales o por la posibilidad de que uno de ellos esté obligado a salir del país. “De repente las dos puertas se abrieron de golpe,” dice Max, refiriéndose al matrimonio igualitario y a la opción que ahora tiene de obtener un green card a través de su esposo. Lo mismo para Sean y Steven, Marsh y Popov.

Más que triunfos de un movimiento social, de un grupo de activistas, de unos cuantos legisladores o jueces, de políticos o presidentes comprometidos con un sector de la población, son rostros e historias como los de Max y John los verdaderos ganadores. Muchas felicidades a ellos, que ahora planean casarse. Y muchas felicidades a quienes se sientan parte de esta gran celebración que, literalmente, no se limita a las fronteras gringas.

La foto es de Marina Midori. Más información de las implicaciones de lo que decidió la corte en el sitio web de Immigration Equality, organización que trabaja por los derechos de inmigrantes lesbianas, gays, bisexuales y transgénero en Estados Unidos.


DF queer

*Alejandro Rocha, Regina Sienra y Marcela Vargas publicaron este texto en Gatopardo el 29 de junio de 2013.

Cada junio, la comunidad LGBTTTI alrededor del mundo celebra el mes del orgullo gay. El 28 de junio de 1969 se registró una redada violenta en el Stonewall Inn, un bar gay en Nueva York, la chispa que desató una serie de altercados hostiles entre los comensales y la policía. Esta fecha es recordada como un momento pivotal en la lucha de esta comunidad por sus derechos y, por ello, a partir de 1970 el 28 de junio es conocido como Día del Orgullo Gay.

En México, al igual que en otros países, se realizan marchas conmemorativas durante junio. El Distrito Federal ha celebrado este evento desde 1979, aunque la manifestación ha sido criticada por parecer más carnaval que una búsqueda por la justicia e igualdad para la comunidad LGBTTTI. En 2012, por ejemplo, la marcha se dividió en dos columnas en la Ciudad de México: una la de los activistas sociales y otra la de los carros alegóricos, la música y la fiesta.

Para la edición 2013 de la Marcha del Orgullo Gay se anunciaron algunos cambios. Los grupos activistas descartan expresiones festivas pues desean enfocar la marcha de este año a una verdadera lucha social. Mientras que los dueños y encargados de los antros y bares gay –negocios responsables de los carros alegóricos que le daban su toque carnavalesco al recorrido– no participarán en este evento, pues no se les otorgó el permiso para distribuir alcohol en la vía pública durante la marcha.

Para la comunidad homosexual en México ha sido difícil poder expresarse. De acuerdo con Enrique Torre Molina, miembro de la Red Nacional de Jóvenes Activistas LGBTIQ, el factor que distingue a México de otros países en cuanto a este tema es la religión.

Mucha gente, incluso la de mi generación –tengo 26 años– creció con ese conflicto de ‘por un lado tengo esta religión y fe, pero también esta orientación’. Incluso sin esa creencia, nos encontramos en un contexto que les creaba este tipo de tensión,

dice Enrique.

De acuerdo con el activista, este conflicto es más común fuera de la capital, ya que muchos de la comunidad gay se ven obligados a “censurarse”.

“A la hora de llevar al novio a un evento familiar el trato es diferente; se trata como invitado, amigo o el roommie, pero no como el novio”, comenta Enrique. “Definitivamente hay una brecha enorme entre el D.F. y el resto de los estados… en términos legales, culturales, sociales y activismo”.

De acuerdo con Torre Molina, la ciudad de México está a la par de otras ciudades que se han mostrado flexibles y abiertas a las propuestas del movimiento LGBT, como Buenos Aires y Nueva York.

“Mis primeros encuentros y marchas fueron allá en Nueva York”, dice Enrique, “y la verdad es que sí, el D.F. sí se puede comparar con este tipo de ciudades, aunque el problema es la brecha que hay entre la capital y los estados”.

Human Rights Campaign (HRC), la organización que lucha por los derechos y la igualdad de la comunidad LGBTTTI en Estados Unidos, ha cambiado el panorama para este grupo desde 1981, combatiendo legislaturas contra el matrimonio para todos en estados como New Hampshire y Iowa, además del Distrito de Columbia.

Hace cuatro meses, cuando la suprema corte empezó a discutir sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, HRC compartió una nueva versión de su logo –en rojo  y rosa, en lugar del clásico azul y amarillo– que rápidamente se convirtió en el estandarte de la nueva lucha –y la imagen de perfil de muchos–, que desembocaría en la victoria de esta semana  para los derechos de los homosexuales en California: la parte de la Defense of Marriage Act (DOMA) que señala que un matrimonio sólo puede ser la unión de un hombre y una mujer fue declarada inconstitucional por la Suprema Corte, mientras que la Propuesta 8, que le quitaba el derecho al matrimonio a las parejas del mismo sexo, fue invalidada.

En una situación un tanto opuesta, continúan las protestas contra la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en Francia. Los manifestantes se han enfocado en ganar espacio mediático, presentándose en el abierto de Francia –con marchas de hasta 300 mil personas– y amenazando con hacer lo mismo en el Tour de France.

Para Enrique, los acontecimientos recientes a nivel internacional ayudan a mostrar que incluso a pesar de ciertos aspectos, México ha avanzado.

“Aquí en México, si me caso en la capital, todo el país debe reconocerlo, no así como en Estados Unidos”, comenta Enrique, “creo que eso es de las cosas más presumibles que tiene México en cuanto al movimiento LGBT”.

Respecto a la división en el movimiento LGBT para la organización de la marcha, Enrique cree que es de muy poca importancia, pues una persona común no le importa quién organiza, sino el objetivo con el que va.

Esta marcha es muy grande, pero a la vez es muy personal. Uno puede ir para ligar, para marchar, para ponerse una borrachera; no sólo es para conmemorar, sino para festejar los avances. No puedes esperar que la marcha siga los mismos lineamientos que hace 30 años porque hay avances,

dice Enrique.

Al preguntarle sobre cómo ve el movimiento a corto y largo plazo, el activista concluye con un poco sobre su historia personal.

Hay una tía que es lesbiana, y todos en la familia lo sabían menos la mamá. La mamá, hasta el día de su muerte, nunca se enteró. Para mi generación, cuando llevo a mi pareja a una comida o a una Navidad o lo que sea, lo reconocen como mi pareja. Ahora, tengo a un primo de 15 años y me comenta que una de sus amigas ya tiene novia. Y eso es padrísimo, porque cada vez se acepta más.

Enrique también enfatiza la importancia de que el movimiento se llame “Red Nacional de Jóvenes Activistas”. Gracias al hecho de que sean jóvenes, los integrantes ven al mundo mucho más prometedor y con menos tragos amargos que la sociedad le ha dado a generaciones pasadas.

Actualmente, 14 países han legalizado el matrimonio homosexual en todo su territorio: Argentina, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Francia, Islandia, Holanda –el primero, en 2001–, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, Sudáfrica, Suecia y Uruguay. En Brasil, Estados Unidos y México, el matrimonio se puede llevar a cabo solamente en algunas regiones, pero su validez en todo el territorio varía según cada país.

América Latina es un mosaico de posturas sobre el tema: Mientras Uruguay y Argentina lo han legalizado por completo, Venezuela y Ecuador sólo tienen leyes que protegen contra la discriminación, pero nada más. Centroamérica y el Caribe son zonas muy cerradas: Por ejemplo, Honduras es uno de los lugares donde más ataques reciben las organizaciones pro-derechos humanos; en Panamá, ser homosexual dejó de ser considerado enfermedad en 2008 y en Belice, Guyana, Jamaica y otros países caribeños, toda actividad homosexual es ilegal y puede ser castigada con sanciones que van de multas a cadena perpetua.

El recorrido de la Marcha por el Orgullo Gay 2013 iniciará en el Ángel de la Independencia al mediodía y la columna se trasladará hacia el Zócalo capitalino.

DF queer


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