Matrimonio para todos en Yucatán

A principios de septiembre de 2011, Mérida tuvo su primer programa LGBT en televisión por cable. Unos días después, la revista MidOpen y la Dirección de Cultura del gobierno municipal organizaron un panel sobre medios de comunicación y diversidad sexual. Y a finales de ese año, el mismo gobierno lanzó una campaña en contra de la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

En 2012, Yucatán pudo haber tenido su primer diputado abiertamente gay. Y el Centro de Estudios Superiores en Sexualidad tuvo su 6a. Semana de la Sexualidad con temas como bullying por homofobia.

Ahora, el Colectivo Ciudadano por el Matrimonio para Todos y Todas en Yucatán promueve una petición a través de Change.org para reunir firmas que apoyen una modificación del código civil del estado de Yucatán que permitiría el matrimonio igualitario.

matrimonio yucatán

Cada firma significa una carta que se envía a cada diputado del congreso local pidiendo la aprobación de esta propuesta. Firmar es una oportunidad de participar activamente en la historia de la igualdad en Yucatán.

Ya firmé, es muy fácil y te invito a hacerlo también en este enlace.


Reinas de la noche, ¿esto es lo que hay?

*Este artículo se publicó originalmente en Chilango.

Mis amigos empezaron a ir a antros cuando estábamos en prepa. Yo estaba en el clóset y todavía no me gustaba nada que tuviera alcohol, así que ligar o emborracharme tantito (dos de los principales ritos en dichos establecimientos) no eran objetivos de mi interés. Y, a menos que fuera a lugares donde no conocía a nadie, en Mérida había nada más un par de opciones. Todas con cadenero en la puerta. Ese nefasto personaje que puede hacer la diferencia entre que pases una noche memorable o te resignes a regresar a tu casa a jugar Maratón. O un juego de mesa menos ñoño, pero ése es mi favorito. El antro no era para mí, pues.

Quitando alguna vez que no llevaba una identificación para probar mi mayoría de edad, creo que nunca me he quedado fuera de uno. Creo que a nadie le gusta. Esto no lo aclaro porque me sienta más especial por siempre pasar el filtro de la entrada, sino para que no tomen ésta como la opinión de un ardido al que batearon en la puerta.

Ahora ya me gusta ir a antros. Gays, de preferencia. Porque es más probable que pongan la música que me gusta (pop superficial y pasajero), es más fácil conocer gente y ligar por un tema meramente matemático, y es más común que prescindan de los cadeneros.

Pero de los lugares donde consideran que éstos son indispensables tengo varias anécdotas de amigos que se han quedado del otro lado de la cadena, porque no llevaban la ropa adecuada, o porque no son suficientemente bonitos, o porque no conocían a la persona indicada… Y, ¡sorpresa!, cada vez es más habitual que inauguren antros gays donde un hombre, a veces acompañado de un publirrelacionista, te dice “tú sí” o “tú no”. Por ejemplo, el nuevo Loud.

En la más reciente edición de la Semana de la Diversidad del ITAM, en marzo, hubo una mesa de discusión con dos socios de antros como Envy o Guilt. Les conté que, cuando he ido, me la he pasado muy bien. Y ya que ellos tienen cadena pregunté quién se queda fuera y por qué. “Como en cualquier otro antro, no entra quien vaya en fachas, muy borracho o drogado.” Pregunté por qué en el DF no hay antros enfocados en chavas, si ellos habían pensado en entrarle a ese mercado o si las lesbianas chilangas no estaban en sus planes de negocios. Me dijeron que, para tantear el terreno, estaban por empezar fiestas para niñas en uno de sus antros, y que a éstas sólo tendrían acceso mujeres en general y hombres gays. Hombres heterosexuales no. Algo chistoso viniendo de empresarios que alegan que su principal obstáculo al abrir y mantener un antro de este tipo es la discriminación por parte de la delegación y otras autoridades.

Por temor a a una respuesta tan absurda como esa política, no pregunté cómo probarían la orientación sexual de sus potenciales clientes. Mejor pregunté por qué. “Los hombres bugas generalmente van a noches de lesbianas para ver cómo se besan, faltarles al respeto, tratarlas con morbo, insultarlas… Y tenemos que cuidar a nuestras niñas”. Interesante protección la que ofrecían. Les dije que esa mentalidad subestimaba a los bugas concibiéndolos como bestias que no pueden convivir con lesbianas sin írseles encima. La moderadora del panel interrumpió la discusión.

Esta misma lógica la aplican antros bugas que restringen la entrada a chavos gays (juicio emitido, supongo, por la apariencia de éstos) “porque van a incomodar a otros clientes, a los (que sí son 100%) hombres, viéndolos con lujuria, coqueteándoles…” Como le pasó a unos amigos que, estando en uno de esos bares, salieron a fumar. Cuando regresaron a la puerta el cadenero les dijo que no podían pasar “porque había demasiados gays adentro y algunos clientes se estaban quejando”.

Proteger a la clientela no es prioridad para todos los dueños. Claramente no para los del Marrakech, en el Centro, donde las últimas veces que fui resultaba imposible moverse. De ser mi lugar favorito en la Ciudad de México para ir a bailar, sin cover, sin cadena, donde todas y todos entran, se ha vuelto en uno que prefiero evitar. La política de admitir a todos se la tomaron demasiado en serio: mientras llegue gente a la entrada, la gente entra. Aunque no haya cupo. Aunque pueda temblar sin que nadie se entere. Aunque un cliente que fue en muletas se caiga entre empujones de otros clientes que, quieran o no, tienen que empujarse para desplazarse a la barra o al baño. Esto sucedió en mi última visita y fue la gota que derramó mi vaso. Cuando me quejé en su página de Facebook, otros se sumaron y el responsable de la cuenta borró todo. No sin antes establecer puntos como “¿Para qué viene una persona en muletas?”, contradictorio con su lógica de “Todos pueden entrar porque aquí no se discrimina a nadie”. ¿Alguien considera discriminatorio que un cine no venda boletos de más o que un restaurante no te siente cuando no hay mesas disponibles?

La cosa es que, después de unos años de agarrarle el gusto, ir al antro se convierte a veces en un fastidio. Tanto que aquí estoy desahogándome y pensando si soy yo el que se pasa de mamón. Si debería ir a antros bugas y pasarla bien ahí. Si convendría aceptar que, efectivamente, el antro no es para mí.


Vito

Hoy vi Vito. Por fin. Gracias al Festival Internacional de Cine en Derechos Humanos de Cinépolis. El documental de Jeffrey Schwarz presenta varios aspectos de Vito Russo que lo inmortalizaron como un personaje padrísimo del movimiento de liberación gay en Estados Unidos.

Varios personajes como Larry Kramer y Richard Berkowitz (otro personaje interesante que conocí hace tiempo) cuentan su historia. Vito fue autor de The Celluloid Closet y miembro fundador de GLAAD. Sobre esto último no profundizan tanto como esperaba. Descubrí que el tipo era, además, muy simpático y divertido.

Hay algo que me llamó la atención de manera particular. En un fragmento de video que incluyen en la cinta, Vito habla de cómo nunca se sintió mal por ser gay. Desde chico supo qué onda, y ni antes ni después de salir del clóset pensó que eso que pasaba por su mente, por su cuerpo, era algo incorrecto, malo, pecaminoso. Me gustó porque no es común escuchar a hombres de su generación hablar así de su experiencia homosexual. Pero los mensajes a su alrededor (más comunes y agresivos que hoy, supongo) o la tragedia del SIDA no fueron suficientes para que Vito se odiara.

Y me identifiqué: ni mi educación religiosa, ni la Mérida conservadora y moralina donde crecí, ni mi estancia en grupos apostólicos, ni la homofobia que vi todos los días en la escuela fueron motivos para pensar que había una falla en mis gustos. Una parte rota. Que algo o alguien en un más allá se había equivocado. Eso, definitivamente, facilita bastante la decisión y el proceso de guardar(te) en un cajón durante años.

En fin, muy recomendable.


Ohm 18

Al fin se publicó un nuevo número de la revista Ohm donde participé editando algunas piezas y con un texto propio:

Guillermo Macas colaboró desde Mérida con noticias. Para la sección EstadosJosé Flores de Puebla comparte su opinión sobre el legado de la desaparecida Agnes Torres. La Voz Hetero esta vez fue de Geraldina González de la Vega de la organización Ombudsgay, que cuenta por qué una mujer buga trabaja a favor de derechos LGBT. Gabriel Gutiérrez hizo una interesante entrevista a Lol Kin Castañeda sobre el proceso de candidaturas LGBT a diputación federal, su experiencia y diagnóstico de activismo y política. Por último mi entrevista a Fred Karger, ex candidato gay a la presidencia de Estados Unidos, cuya versión original en inglés está disponible en este enlace.

También me da gusto ver recomendaciones de parte de Lulú Alvaradejo, colaboradora de este blog, en la Sección L.

Gracias por leer. :)


Propuestas en el clóset

A partir de hoy está disponible la edición 11 de la revista MidOpen en varios lugares de Mérida. Incluye fotos de las marchas LGBT en la Ciudad de México y Mérida, una sección nueva de talentos mexicanos, y mi artículo “Propuestas en el clóset” a propósito de las elecciones locales del 1 de julio:

Cuando supe que era gay me di cuenta también de que en mi ciudad sería imposible serlo abiertamente. Desde muy chico, creciendo en Mérida, decidí que ése no era el lugar para vivir abiertamente mi sexualidad. Últimamente mis paisanos han probado una y otra vez lo equivocado que estaba.

En 2009 esta revista salió al mercado y ahí se ha mantenido con éxito, demostrando que los proyectos con talento y perseverancia ya están del otro lado. En 2011 el Centro Cultural Olimpo fue anfitrión del primer panel de medios de comunicación y diversidad sexual en un espacio público de la ciudad. Ese mismo año Mérida fue testigo de la campaña “Yo sí respeto, no discrimino” que, aunque con alcances limitados, fue la primera de su tipo en el país. Gracias a la presión de activistas LGBT y personajes como Gonzalo España (que falleció recientemente y conocimos mejor como Mammie Blue), junto con la voluntad de la entonces alcaldesa Angélica Araujo, se instaló el Consejo contra la Discriminación de la Diversidad Sexual del Municipio de Mérida, aunque todavía hay varios pendientes con él. Y, hace unos días, meridanos empapados por la lluvia y el calor y 19 organizaciones celebraron la décima Marcha de la Diversidad Sexual.

También ha habido malas noticias: después de ser la primera persona abiertamente gay en contender a un puesto de elección popular en Yucatán, el precandidato ciudadano Hervé España declinó a su aspiración por una diputación local por el PRD, debido a obstáculos que el mismo partido le puso.

El próximo 1 de julio hay elecciones para presidente de la república, gobernador de Yucatán y presidente municipal de Mérida. La ciudad donde “las cosas cambian”, de acuerdo con esta revista, también es la ciudad donde los candidatos a gobernarla han dejado fuera a la diversidad sexual. Activistas como Alfredo Morales Candiani, presidente de la Asociación por los Derechos, Cultura y Diversidad Sexual, han señalado la ausencia de este tema en sus respectivas agendas.

Nerio Torres, del PRI, asegura que está “comprometido con las familias”. Pero como no especifica, no sabemos si eso pueda traducirse en políticas públicas que reconozcan eso, las familias, en toda su variedad de formas y números. No sabemos si cuando habla de familias se refiere nada más al modelo tradicional o si incluye las homoparentales.

Renán Barrera, del PAN, insiste en hablar de una “Mérida para todos”, pero habla sólo de las mujeres que son madres y trabajadoras. Nada sobre mujeres lesbianas ni mujeres transexuales. Propone promover la ciudadanía participativa a través del fomento de consejos ciudadanos. Ahí está el Consejo contra la Discriminación de la Diversidad Sexual del Municipio de Mérida. Ojalá que, si gana, Renán dé continuidad a este órgano aunque haya sido creado por la oposición. Pero lo dudo: en 2010 declaró que los matrimonios homosexuales “representan ir en contra de la naturaleza, son inmorales y por ese tipo de actitudes Dios quemó Sodoma y Gomorra.” Hay que recordarle a Renán que la Biblia no debe importarnos mucho a la hora de legislar.

Teresa Loret de Mola, del PRD, dice que su candidatura ciudadana se basa “en una ideología que integre a todos y cada uno de los sectores que conforman esta sociedad”. Uno de sus ejes de campaña es la equidad, que ella define como “tener los mismos derechos y un entorno justo, tanto en su forma como en su contenido”. En una mesa sobre equidad de género mencionó la importancia de “avanzar juntos como sociedad hacia un estado de derecho pleno, en donde se respeten las garantías de hombres y mujeres por igual”. En una reunión con el Colegio Yucateco de Arquitectos dijo que será incluyente “con todas las personas y grupos, nuestra propuesta de trabajo arropa la ideología de Andrés Manuel López Obrador”. Pero la ideología de Andrés Manuel es la menos incluyente de todas: ha repetido en varias ocasiones que asuntos como el matrimonio entre parejas del mismo sexo y el derecho de una mujer a interrumpir su embarazo deben ser sometidos a consulta popular.

Los mensajes de los candidatos sobre inclusión y equidad no nos dicen nada. Son discursos huecos. Omiten los cómos. Lo que no se nombra no existe y, a unos días de las elecciones locales, las lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y personas transgénero de la capital yucateca permanecen ignorados e invisibles. Le tocará otra vez a la sociedad civil presionar a quien sea electo para que los avances logrados en los últimos años no se echen a perder. Será tarea de los ciudadanos que las propuestas que siguen en los clósets del próximo alcalde de Mérida se desempolven y salgan de ahí.


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