Crossing Over: el documental que necesita tu ayuda
Posted: February 11, 2013 Filed under: Uncategorized | Tags: bienestar, brenda del rio, Brooklyn, California, cine, crossing over, discriminación, documental, donna d'angelo, dumbo, east los angeles, GLAAD, immigration, immigration equality, isabel castro, Los Ángeles, Michoacán, migración, nueva york, rabbithole studios, washington street Leave a comment »Brenda del Río es una mujer transgénero de Michoacán que trabaja en la organización Bienestar en East Los Angeles. En septiembre fuimos compañeros de un encuentro de GLAAD. Es una de las personas más fuertes y honestas que he conocido. Supongo que es el resultado de sobrevivir cirugías, discriminación y el duro proceso de migrar a un país donde no la tienes más fácil necesariamente.
Crossing Over es un documental de Isabel Castro que cuenta las historias de Brenda y otras mujeres como ella. Es un proyecto padrísimo que necesita apoyo para completar su posproducción.
Si estás en Nueva York este viernes 15 de febrero en la noche, acude a la fiesta de lanzamiento de su nueva campaña para reunir fondos en Rabbithole Studios (33 Washington Street, Brooklyn). Parte del dinero de esa noche servirá también para apoyar el trabajo de Immigration Equality, organización que defiende y promueve igualdad para migrantes LGBT en Estados Unidos.
Si no, puedes donar en línea.
Gracias a Donna D’Angelo por la información.
Hiato y San Francisco
Posted: January 29, 2013 Filed under: Uncategorized | Tags: activismo, badlands, butterfly brigade, California, Castro, Centro Histórico, ciudad de méxico, crímenes de odio, distrito federal, Estados Unidos de América, gay, GLBT Historical Society, GLBT History Museum, greenwich village, harvey milk, harvey milk plaza, harvey's, homofobia, levi's, lgbt, México, museo, nueva york, San Francisco, starbucks, tenderloin, toad hall, union square, viajes Leave a comment »Después de más de un mes de no publicar nada en este espacio, hoy lo retomo. El final de 2012 estuvo lleno de trabajo, proyectos nuevos y, finalmente, unas deliciosas vacaciones en San Francisco. Comparto un par de anécdotas y cosas de nuestro viaje que me parecen particularmente interesantes:
Conocí el GLBT History Museum de la GLBT Historical Society. Ambos son proyectos jóvenes: el primero cumplió dos años en diciembre y la segunda tiene menos de veinte años de existir. El museo es chiquito, en el corazón del barrio de Castro (un espacio clave en la historia del movimiento gay, sobre todo de Estados Unidos). Lo ves todo en una hora o menos.
Pero hay dos cosas que me parecen padrísimas. Primero, el apoyo que ha recibido de su comunidad más inmediata: financiamiento de parte de bares y restaurantes de la zona como Badlands, Harvey’s y Toad Hall, sumado al de marcas y empresas con más capacidad económica como Levi’s y Starbucks, y el gobierno local. Segundo, el esfuerzo de toda la gente involucrada y el interés auténtico por mostrarle al mundo un poco de la historia de un movimiento que ha dado forma a su ciudad, a su país, y más allá.
Insisto: el espacio es chico y el material exhibido por ahora es poco, pero es una pincelada muy (por más cursi que me parezca describir algo con la siguiente palabra) bonita del acervo de la GLBT Historical Society. Estas redes del Butterfly Brigade fueron de mis piezas favoritas.
Un fragmento de la información que las acompañaba:
In the Tenderloin neighborhood, some took up arms; other publicized police harassment. In the Valencia Corridor, the Women’s Building held forums on the uses of gay rage. In the Castro, gays turned camp into consciousness, carrying giant butterfly nets to capture would-be bashers. The giant butterfly nets hanging overhead in this gallery were used as props by the Butterfly Brigade, a San Francisco organization founded in 1976 that organized street patrols to prevent antigay violence. The group carried the nets in Gay Freedom Day parades and at community events throughout the late 1970s to symbolically catch gay-bashers and to raise awareness about self-defense and safety in the GLBT community.
San Francisco es reconocida como la (o una de las) meca(s) de la comunidad gay. En general, en la ciudad se percibe mucha tolerancia, respeto, pocas miradas sorprendidas ante parejas homosexuales. A mi novio y a mí nos llamó la atención ver mensajes como éste escritos con gis en varias esquinas de la ciudad. Ésta en Sutter Street y Grant Avenue, muy cerca de Union Square:
Esto me recordó casos de crímenes homofóbicos y muy violentos en el Greenwich Village de Nueva York cuando vivía allá. Y casos como el de este fin de semana en el Centro Histórico del Distrito Federal. Llama la atención que en barrios, zonas o ciudades que para muchos son amigables a la diversidad sexual es donde haya (¿más?) muestras de intolerancia.
A propósito de esto, una réplica de un mapa de asaltos homofóbicos elaborado por una asociación civil en 1979 y que ahora está en el GLBT History Museum:
Aquí la bandera, para rendir honores, en Harvey Milk Plaza:
Por último, también del museo, un objeto para fans from hell de Harvey Milk: la mesa de su cocina (si ven la película, ¡ahí aparece!)
8
Posted: March 7, 2012 Filed under: Uncategorized | Tags: activismo, adopción, Brad Pitt, California, Chris Colfer, cleve jones, Dustin Lance Black, Estados Unidos de América, George Clooney, homofobia, jamie lee curtis, Jane Lynch, Jesse Tyler Ferguson, John C. Reilly, Kevin Bacon, Martin Sheen, matrimonio, Matt Bomer, Milk, NOM, nueva york, Oscar, política, Proposition 8, teatro Leave a comment »Una de mis imágenes favoritas es la de un grupo de niñas estudiantes de ballet agitando la bandera del arcoíris desde el balcón de su escuela. La recuerdo con mucha emoción. No tengo ni encontré ninguna fotografía, pero ésta da la idea:

Foto de JohnOzed.com
De hecho, el momento capturado en esta imagen y el que menciono de las ballerinas sucedieron al mismo tiempo: una protesta en contra de la Proposición 8 en mayo de 2009 por la Sexta Avenida de Manhattan. Al mismo tiempo que otras marchas con el mismo propósito en el resto de Estados Unidos y varias ciudades del mundo.
Un mes después conocí a Dustin Lance Black, que ese mismo año había ganado el Oscar a Mejor Guió Original por Milk. En el Ayuntamiento de Nueva York tuve unos segundos para estrechar su mano, decirle lo mucho que me gustó su película, y cuánto disfruté su discurso cuando ganó. Me preguntó qué hacía yo en la ciudad y se me acabó el tiempo para portarme como fan ridículo.
El proyecto más reciente de Lance es 8, una obra de teatro documental sobre el vaivén del matrimonio entre parejas del mismo sexo en California, la Proposición 8 y el juicio federal Perry v. Schwarzenegger. El guión, impecable, está basado en transcripciones de ese juicio. El pasado 3 de marzo se transmitió en vivo una función especial con la presencia de las parejas y abogados involucrados en el caso, grandes activistas como Cleve Jones, estrellas del cine y la televisión estadounidenses como Jamie Lee Curtis, Jane Lynch, Brad Pitt, Chris Colfer, George Clooney, John C. Reilly, Jesse Tyler Ferguson, Kevin Bacon, Martin Sheen y Matt Bomer.

En la obra se exponen, obviamente, los argumentos a favor del matrimonio homosexual. Asoman algunos de los personajes y grupos más homofóbicos del debate, como la National Organization for Marriage y la National Association for Research & Therapy of Homosexuality.
Conocemos también una de las voces menos escuchadas: la de los hijos de estas parejas. Qué tienen que decir ellos cuando escuchan a abogados, académicos, activistas, políticos y líderes religiosos de ambos lados del debate opinar sobre sus papás y mamás como si los conocieran. Como quien habla de lo que ve con un microscopio. Y esperando que un juez que no tiene nada que ver con su dinámica familiar decida si ésta podrá continuar o no con el reconocimiento y protección del Estado.
Además de una excelente pieza, 8 cumple uno de sus objetivos que más aplaudo: mostrar lo agotador que es tratar de convencer al mundo de que tu relación con una persona es valiosa, válida, legítima, inofensiva. Lo frustrante de tener que demostrar que lo que tienes con alguien más no es una amenaza para lo que otros tienen con los suyos. Lo enfurecedor de ver a extraños hablando de ti y tu pareja y tu familia y tus decisiones de vida personal como si fueran monstruos o terroristas o epidemias a erradicar o algo de lo que todos los niños del mundo deben ser protegidos.
No se la pierdan:









Si bien podríamos iniciar un debate sobre la importancia de tener más visibilidad en los medios masivos de comunicación -especialmente los personajes lésbicos, que parecen desaparecer cada vez más de la mente de los escritores de televisión-, me gustaría presentar a los personajes que marcaron una diferencia cuando estaba creciendo. Creo que mi perspectiva hubiera sido muy diferente si hubiera visto
Si no me equivoco (y Wikipedia no me dejará mentir), fue en la segunda temporada cuando Jack sale del clóset y en la siguiente comienza a salir con un estudiante que conoce en un viaje. Las cosas no funcionan entre ellos, pero después Jack comienza a andar con Toby y son felices un tiempo. En ese momento yo tenía como 13 años. No fueron sweet lady kisses ni creo haber visto la temporada cuando tenía 13, pero seguramente vi las repeticiones cuando tenía como 16 y muchas dudas que tenía las aclaró Jack. Si él podía tener un novio, ¿podía tener yo una novia? Unos años después, cuando oficialmente comencé a salir a antros gays (porque uno cree que es ahí donde potencialmente encontraría novia), pensé que mi historia era un poquito como la de Jack: primero mucho wishful thinking con alguien que realmente ni te gustaba, pero estaba ahí y era lencha como tú, para luego entender esto y dar paso a entenderte mejor y a formar tu identidad.
Nunca seguí fielmente esta serie, pero recuerdo el día en que prendí la tele y ahí estaban: dos niñas besándose. La relación de Jessie (Evan Rachel Wood) y Katie (Mischa Barton) comenzó en 2002, durante la última temporada de la serie. Recuerdo haber comenzado a verla sólo para saber qué pasaba.
La vi desde el principio, porque cuando uno tiene 16 años aparentemente sí tiene esa capacidad de seguir puntualmente una serie de televisión. En la segunda temporada apareció Alex y de pronto resultó que no sólo salía con un hombre, sino también con una mujer. Gracias, televisión por cable. A los 17 años, después de que cortaron abruptamente Once and Again y nunca supe qué pasó con Jessie y Katie, me presentaron a Alex y Marissa, que si no eran necesariamente un ejemplo de estabilidad al menos le mostraban al mundo posibilidades. Y dentro de ese mundo estaba yo con mis dudas.
En algún punto de mi adolescencia comencé a ver este programa, que, supongo, es el que permitió que años después existieran Skins y otros. El primer personaje que llamó mi atención fue Marco. Me tocó ver su salida del clóset, pero la parte que verdaderamente llamó mi atención entonces fue cuando Paige comenzó a salir con Alex.
No fui fan de Buffy, pero fue casi imposible no saber sobre Willow y Tara y la conmoción que causaron en el mundo. Me acuerdo que todos hablaban sobre eso y, si hoy a la gente de pronto le cuesta trabajo ver a Santana y Brittany en Glee o a Arizona y Callie en Grey’s Anatomy, imagínense la controversia que fueron Willow y Tara a finales de los noventa.



