Carlos & Johnny sin etiquetas

Carlos Cabrera y Johnny Carmona son una pareja padrísima: inteligentes, divertidos, talentosos. Nos conocemos hace como dos años y hemos construido una buena amistad.

Lo que más admiro de ellos (sobre todo de Johnny, con quien ahora preparo un proyecto) es la autenticidad con la que viven y que tanto promueven. Desde lo más evidente, como su forma de vestir o sus siempre insuficientes tatuajes, hasta la manera de tratar a otros y ser congruentes en su trabajo.

Por eso resultan la mejor elección para la campaña Sin Etiquetas que recientemente lanzó el canal Ritmosón Latino:

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Los demás videos de la campaña están disponibles en este enlace.

Y mientras hay una empresa que usa a Johnny para enviar un mensaje de apertura, otra no lo quiere por sus tatuajes. Aquí la historia de Liverpool, Ben Sherman y la discriminación por estar tatuado:


“O, como dicen, soy gay”

El lunes 18 de febrero, poco antes de las siete de la mañana, el reportero de espectáculos Mauricio Clark publicó esto en su cuenta de Twitter:

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Dos horas después, dijo esto al aire en el noticiero Primero Noticias que conduce Carlos Loret de Mola:

Primero, algunos dicen que esa extraña salida del clóset no fue una movida valiente porque lo hizo para adelantarse a una revista de espectáculos que iba a hacerlo al día siguiente (TV Notas, tal vez, que publica un número nuevo cada martes).

Salir del clóset, siempre, es un acto que requiere valor. Aunque “todos lo sepan”. Aunque “no tengas de otra”. Seguro todos conocemos a alguien que es homosexual y no lo dice. Aunque lo sepamos. Aunque a nadie le importe. Aunque viva en un clóset absurdo o de cristal.

Y es precisamente el clóset lo que rige muchos discursos, actitudes y contenidos del medio (televisión) y la empresa (Televisa) donde trabaja Clark y donde hay tantos clósets. Así que da gusto ver a un personaje público hacer esta declaración en un país donde, a diferencia de Estados Unidos, por ejemplo, esto no es común. Ojalá no me pase de optimista y esto signifique algo bueno más adelante, como sugiere el activista Ricardo Baruch.

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Pero parece que todo esto se le olvidó a Clark. Se le olvidó que es un comunicador. No salió del clóset en una sala con su mamá o algunos amigos escuchándolo. Lo hizo con cámara, micrófono y mucho rating. Como un supuesto profesional de la comunicación y con dos grandes errores: primero, usar teleprompter, como señala el periodista Alejandro Brofft.

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Segundo, vinculando su homosexualidad con su adicción a las drogas. Aunque Clark no haya dicho “Tengo un problema de adicción porque soy homosexual” sino “Tengo un problema de adicción porque no me acepto (como homosexual)”, eligió frases equivocadas y el mensaje que envió es uno bastante negativo. Como queda claro en comentarios en redes sociales y en medios de comunicación que retomaron el episodio. Y es un mensaje falso, además. Creo.

Hizo falta lo que casi siempre acompaña estas salidas del clóset tan públicas: el tono de alegría, de celebración, de orgullo. No necesariamente por ser gay sino por ser honesto y valiente. “Éste soy yo, soy feliz de serlo y de anunciárselo al mundo”. Faltó, incluso, un poquito de arrogancia.

Cualquiera que haya estado en el clóset conoce el mal rato, la presión y la depresión que se puede experimentar en muchos niveles. Por dramático y exagerado que parezca, algunos enfrentan auténticas batallas tratando de conciliar su orientación sexual con su religión, con sus expectativas de vida, con las expectativas de sus familias. Y lidian con eso de muchas maneras, incluyendo adicciones. Pero, como apunta el escritor Miguel Cane:

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Supongo que todo esto es otro recordatorio de que todavía falta mucho trabajo a favor de la visibilización de personas homosexuales (reales, más que personajes de telenovelas o series) en la televisión mexicana. Hacen falta más personas como Clark que estén out. Pero con mensajes más positivos.


Un pornógrafo gay en México

*Ésta es la versión completa del texto que se publicó en Chilango. Gerardo tiene un tumblr y el 25 de agosto participará en una mesa de trabajo sobre educación sexual en la Muestra Cine y Sexo: la Mirada Femenina en la Ciudad de México.

En una entrevista para el sitio web Let’s Talk About Sex, Paul Morris, productor de la compañía de porno Treasure Island Media, dijo que la pornografía es hoy el género más influyente y diseminado en el planeta. Justo por eso me sorprende que Mecos Films, la primera productora de pornografía gay en México, sea también la única. Gerardo Delgado la encabeza y platiqué con él en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en un departamento que resultó menos oscuro y más alivianado de lo que esperaba. Igual que él.

Mejor conocido como El Diablo y fan de la pornografía desde los 11 años, siempre quiso trabajar en esta industria. “¿Por qué nada más le metió un dedo?” o “¿Por qué echaron los mecos en el pinche balón de futbol americano?” eran algunas de sus reacciones al ver escenas en diferentes cintas. El sueño de convertirse en pornógrafo finalmente se cumplió a sus 37 años.

¿Cómo y por qué empezaste a hacer porno? Un día quedé muy deprimido después de trabajar en un restaurante de éxito. Era chef, diseñé la carta, y toda la parte creativa me gustó mucho. Después de un año de trabajar en una cocina donde todos los días lidias con cuchillos, fuego, arte, cocineros, clientes, rapidez, perecederos, era como muy estresante para mí. Decidí abandonar el restaurante, darme un break y pensar qué iba a hacer de mi vida. Un gran amigo me preguntó, le dije que porno y me ofreció ayuda. Y así empezamos a crear una productora con la que hicimos La Putiza y La Verganza. Salía más barato hacer dos películas que una. Yo coordinaba todo el evento, pero no me sentía con la capacidad de dirigir una película y un proyecto tan grande, porque nunca había dirigido nada en video. No sabía agarrar una cámara. Mi mayor acercamiento con esa parte era que había estudiado Literatura Dramática y Teatro en la UNAM. Entonces creamos un muy buen grupo de amigos, porque no teníamos el suficiente dinero ni el suficiente talento para hacer una buena película. El que escribía telenovelas, pues que escriba el guión. El que es artista, que haga la dirección de arte. El que es hombre de ideas le puso los nombres. El amigo financiero nos dijo que no iba a ser negocio. No le creímos, pero tenía razón. Y yo era como el productor ejecutivo. El primer día de grabaciones me puse como asistente de dirección. Y de repente al final me quedé a cargo del proyecto.

¿Qué pasó con la primera película? Esto fue en 2004, todavía no estaba terminada y nos enteramos del Festival Internacional de Cine Erótico Gay de Barcelona, el Heat Gay. Nos dieron chance de mandarla y nos ganamos dos premios: Mejor Película Gay y Mejor Guión, que en porno no es tan fácil de ganar como Mejor Mamada o Mejor Doble Penetración. Entonces cuando la sacamos en diciembre en México ya en la portada venían los sellos de que nos habíamos ganado premios. Eso fue un gran boom para la prensa que ya estaban más interesados en saber de nosotros porque habíamos ganado dos premios en el extranjero. El primer artículo que sacaron fue en la sección de Cultura de Reforma. Decía “México no gana en nada más que en porno” o algo así.

¿Cuál fue la reacción de los medios gays? El estreno fue raro. Fueron treinta y tantos medios: Televisa, Canal 22, Azteca, radio, periódicos, de todo. Los únicos que no, fueron los gays. Boys & Toys, una revista de esa época, vio que habíamos utilizado como relaciones públicas a su ex editor, se emputó y se fue. ¿Por qué? No sé. Los de Ser Gay, una revista horrenda, no se llevaban con el dueño del antro, entonces no fueron. Y Homópolis, si no les comprábamos publicidad, no iban a sacar nada. Entonces los medios gays realmente me valen madres. La primera película gay fue Sexxxcuestro, pero nosotros hicimos mucho ruido.

A partir de entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Ya es un negocio? Ha habido etapas. La Putiza no fue negocio porque fue un producto caro. Nos asociamos con una productora de cine y nos salió muy caro. La piratería nos estaba matando. Por la cuestión de las máscaras no pudimos venderla en Estados Unidos, principal consumidor de porno en el mundo, porque hay una norma que dice que porno con máscaras se presta a violación o se puede pensar en violación. Al final de cada escena necesitábamos que todos se quitaran las máscaras y nosotros no hicimos eso. Apenas recuperamos lo invertido. Yo que realmente quería seguir en el negocio creé Mecos Films con nuevos socios que conocí cuando estaba haciendo la postproducción de La Verganza: Electrobeat y Mayor Tom. Teníamos que hacer algo barato, sacar el material, y así fue como creamos Selección Mexicana. ¿Y cómo empieza la industria porno en un país donde no hay porno como México? Pues con un tipo que quiere ser director y con actores que quieren ser actores. Ahí fue cuando ya tuve que tomar el nombre porno como director y me puse El Diablo. Al principio nos fue bien porque la pudimos vender en Estados Unidos. Cuando sacamos la segunda fue el cambio de que todo mundo empezó a ver porno por internet y ya no en DVD. Se nos cayó el negocio y no nos actualizamos a crear una página de internet enfocada a los gringos. Entonces el segundo producto no fue tan grande. Ahorita otra vez estamos levantando, produciendo para una productora en San Francisco que se llama Treasure Island Media. Le vamos a maquilar una serie latina.

¿Por qué no hay nadie más haciendo porno gay en el país? Primero, tenemos mucho porno bueno y barato, a $15 afuera de cada metro y gratis en internet. Estamos acostumbrados a ver mucho porno gringo, europeo, el que sea, y del que te guste a ti específicamente. Segundo, mucha gente todavía cree que es ilegal hacer porno en México y no se animan. Tercero, porque son flojos o el porno no les excita tanto como para crear una industria.

¿Qué necesita alguien para salir en tus películas? ¿Qué buscas cuando haces casting? Siempre llegan muy nerviosos. Trato de relajarlos un poquito. Te vuelves un poco psicólogo. A veces llegan tan nerviosos que no se callan, entonces ahí los dejo. Les platico cómo trabajamos, cómo producimos, el tiempo que nos tardamos, lo que me gusta de un actor porno. Ahí es cuando les digo que un actor porno actúa el placer. Se siente muy rico tener sexo, pero ahora quiero verlo en tu cara, con todo tu cuerpo y tu expresión. Busco un conjunto de cara, cuerpo, miembro, nalga, dependiendo de si es activo o pasivo. Y mucho es la actitud. Hay grandes actores porno que no tienen el gran miembro o no son tan guapos, pero la actitud a la hora de coger es lo que prende a la gente. Eso me gusta encontrar o sacarle al actor. Les pregunto qué les gusta en el sexo, qué es lo más fuerte que han hecho, como para calentar motores y pasar a la segunda parte del casting donde me enseñan su cuerpo, una erección, los pongo a cachondear con ellos mismos y les digo qué caras quiero que hagan, qué tipo de placer quiero que me demuestren.

¿Han llegado chavos bugas o que a la hora descubren cosas que antes no les gustaban? Sí. Ya me tocó con uno que nunca había sido pasivo, y cuando llegó su compañero de escena le encantó, le fascinó, le propuso que se la metiera y se le fue como agua. Y ya llevo dos heterosexuales que han tenido sexo con hombres. Eso me excita mucho. Mi deporte favorito son los bugas, entonces trabajar con un buga que es la primera vez que tiene sexo gay está padrísimo. Aparte está padre que la gente se imagina que mis actores son escorts o asumen algo sobre su nivel cultural, cuando la verdad es que tengo abogados de la Libre de Derecho, arquitectos, premios nacionales de pintura del INBA, grandes artistas, diseñadores, músicos. Realmente de todo. El intercambio cultural a la hora de conocer a la gente está bien padre.

¿Tienen que ser mexicanos? No. De preferencia me gusta trabajar con mexicanos, pero han llegado venezolanos, brasileños, de Honduras, República Dominicana, y un argentino. El 90% de mis actores son mexicanos.

¿Cuál es tu política para pruebas de VIH o escenas bareback? En principio todo lo trabajábamos con condón. Ahora que ya empezamos a hacer porno bareback tenemos dos grupos: el de la gente que en su vida coge bareback y quiere hacer porno bareback sin saber su estatus ni el de la otra persona, y la gente que quiere hacer porno bareback sabiendo el estatus de la otra persona. Estamos tratando de conseguir pruebas rápidas para hacerlas nosotros en el mismo set.

¿Qué otros proyectos tienes? Tengo uno con ChicosRicos.com. Es también porno latino mexicano con historia, porque lo que tenemos con Treasure Island Media es sin historia, que está padre porque es rápido. Un producto para hacer, sacar y vender rápido. Y la energía sexual va a ser muy padre. Pero no hay mayor historia: uno está medio encuerado, el otro ya está encuerado y empiezan a coger. Pero a mí, a lo mejor porque estudié teatro, sí me interesa y me excita mucho saber algo más en una escena porno. Por qué están cogiendo. Una mínima anécdota. Y con Mecos Films seguir trabajando en porno bareback, que es lo que está vendiendo. El porno con condón ya no vende.

¿Algo que quieras agregar? Que me encanta el porno. Como cada día trabajo más en porno, cada día veo menos porno. Pero me doy cuenta de que toda la gente ve muchísimo. Las mujeres, por ejemplo, que antes eran mal mercado para el porno, ahora son muy buen mercado. Cada vez las mujeres ven más porno. Eso me gusta. Creo que el porno te enseña, te crea fantasías que a lo mejor no habías tenido. Muchas cosas que a mí no me gustaban y que las vi en porno ahora me gustan. La gente nos escribe y muchas de las cosas que nosotros hacemos en porno les incitan a crear fantasías, a renovar el sexo. Y es importante tener buen sexo. Coges rico y el día te parece fabuloso. Si coges muy rico, te puede durar toda la semana.


Medios LGBT en México

*Esta pieza se publicó en Voces de The Huffington Post.

Hace unas semanas convoqué a editores y periodistas de diferentes medios LGBT mexicanos a una reunión. Invité a miembros de televisión por cable y en línea, radio comercial y pública, blogs, revistas independientes y de alto perfil, periódicos tradicionales, comunicadores independientes, una agencia de noticias LGBT que acaba de celebrar su décimo aniversario, y un guionista de comedia. Asistieron todos con excepción de un par. Nos reunimos en el último piso del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que amablemente me prestó el espacio.

Hace tiempo que quería juntarlos a todos, pero no se me ocurría un propósito más claro que no fuera sentarnos en una misma mesa, hablar, y ver hacia dónde iba la discusión. Como bloguero y periodista enfocado en asuntos de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, me (pre)ocupa la manera en que diferentes medios abordan historias de mi comunidad. Los medios mainstream en México incluyen cada vez más contenido LGBT de manera positiva. Algunos ejemplos son AnimalPolitico.com, la revista Chilango, CNNMexico.com, E! Latin News, la revista M Semanal y el diario Reforma. En 2011, un diseñador de moda y su esposo encabezaron la historia de portada de las parejas más atractivas del país en la revista Quién (enfocada en periodismo soft). Por otro lado, tabloides y producciones de Televisa (incluyendo el programa Guau, dirigido a público gay) son responsables de constantes expresiones homofóbicas y personajes que refuerzan la intolerancia.

Me preocupa también la situación de los medios LGBT como una industria que se esfuerza por sobrevivir. Todos los días me pregunto quién está leyéndonos, viéndonos, escuchándonos. Me preocupa que seamos principalmente nosotros mismos poniendo atención a lo que nuestros colegas están haciendo, dándonos retroalimentación mutua. Y eso está padrísimo si queremos reportar e investigar sobre temas que sólo a nosotros nos interesen, darnos palmadas en la espalda unos a otros y levantar nuestros egos (o, siendo menos bondadosos, haciéndonos pedazos en críticas y chismes). Pero si queremos concienciar sobre la diversidad sexual, cambiar opiniones, hacer ruido, ser voz para quienes son callados por el clóset, si queremos ser una industria, un negocio, hay que ser más incisivos en la forma de mirar nuestro trabajo y de ejecutar nuestra labor de narradores de la realidad.

Brian Pacheco de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación (GLAAD) comparte algunos de estos intereses y estuvo hace poco en la Ciudad de México. Desde el año pasado colaboro con él y Monica Trasandes del Departamento de Medios en Español de GLAAD en su proyecto LGBT en Español, y la visita de Brian fue otra excusa para invitar a mis colegas a una reunión.

Después de presentarnos, Brian habló del trabajo de GLAAD en Estados Unidos como defensor, relator y observador nada silencioso de lo que sucede en los medios. Después puse algunas preguntas en la mesa para detonar la conversación, y éstos fueron algunos resultados:

W Radio, que pertenece a Televisa, es la única estación comercial con un programa gay, Triple G, que ha estado al aire por más de diez años. Durante la reunión, el locutor Francisco Iglesias señaló la falta de profesionalización de medios tradicionales en cuanto a asuntos LGBT, pero nos recordó la contrastante falta de profesionalismo de medios LGBT en términos periodísticos: sólo algunos de nosotros producimos contenido noticioso, y con frecuencia los diarios nacionales se nos adelantan en la cobertura de acontecimientos LGBT. La razón principal es que la mayoría de los medios LGBT batallan con presupuestos insuficientes, por lo que tampoco tienen suficientes reporteros. “A muchos colaboradores de medios LGBT no les pagan, y ése es el primer nivel de discriminación que estamos permitiendo.” Todos en la sala permanecieron en silencio varios segundos cuando el periodista Alejandro Brofft señaló esa incómoda verdad.

Francisco mencionó otro asunto importante: muchos medios LGBT dependen de sólo dos o tres personas. Cuando éstas falten, ¿qué pasará con esos proyectos? Todos coincidimos en que las personas trans son prácticamente invisibles en nuestra profesión, y que tampoco hay tantas mujeres (yo sólo conozco a dos, y ninguna pudo ir). Una parte significativa de nuestras audiencias está en el clóset. A propósito de esto, no hay muchas figuras públicas abiertamente LGBT en México. También hay buenas noticias: mientras que la mayoría de los medios LGBT de alto perfil se han establecido en el Distrito Federal, cada vez hay más medios LGBT más pequeños surgiendo en otros estados, y haciendo una labor destacable en contra de la discriminación en sus comunidades.

Debatimos sobre si el gobierno debería financiar medios LGBT “porque es un trabajo que cumple una función social” versus pensar en los medios LGBT como iniciativas que deben ser rentables a través de inversionistas, publicidad y ventas, como nuestros pares los medios no LGBT.

Esta reunión fue un piloto de, espero, más en el futuro. Un experimento que resultó provechoso. Confirmó lo que muchos sabíamos: enfrentamos retos similares. Conversarlo y compartir nuestras experiencias debe servir, más que como grupo de apoyo, como espejo de lo que podemos hacer de manera individual y colectiva para mejorar. Si bien no todos somos necesariamente activistas, los medios LGBT tienen un rol en hacer de la sociedad un lugar más seguro y respetuoso para las personas LGBT. Y para que eso suceda hay que ser mejores en nuestro trabajo.


LGBT media in Mexico

*An edited version of this post was published on The Huffington Post’s Gay Voices and Latino Voices.

Brian Pacheco and me. Photo: Johnny Carmona.

A few weeks ago I called a meeting with editors and journalists from different Mexican LGBT media. I invited members of cable and online television, commercial and public radio, blogs, independent and high-profile magazines, mainstream newspapers, freelancers, an LGBT news agency which just celebrated its 10-year anniversary, and a comedy writer. Everyone except a couple attended. We gathered at the top floor of the National Council to Prevent Discrimination, which kindly let me use its space.

I had wanted to get them all together for a while, but couldn’t think of a clearer purpose other than seating at a round table, talking, and seeing where the discussion lead us. As a blogger and journalist focused on lesbian, gay, bisexual, transgender issues, I am concerned with the approach different media have on members and stories of my community. Mainstream media in Mexico are increasingly including LGBT content in positive ways. Some examples are AnimalPolitico.com, Chilango magazine, CNNMexico.com, E! Latin News, M Semanal magazine, and Reforma newspaper. In 2011 a gay fashion designer and his husband were number one on Quién magazine’s (focused on soft journalism) cover story about the most attractive couples in the country. On the other hand, tabloids, and productions by mass media company Televisa (including gay-oriented TV show Guau) are often responsible for homophobic expressions and bigoted characters.

I am also concerned with the state of LGBT media as a striving industry. Every day I ask myself who is actually reading, watching, and listening to us. I worry that it’s mostly ourselves paying attention to what our colleagues are doing, and giving each other feedback. And that’s awesome if we’re in the business of addressing issues that only we care about, of patting each other’s backs and lifting each other’s egos (or, seen more meanly, bitching about each other’s work). But if we’re in the business of raising awareness on sexual diversity, of fighting discrimination against LGBT people, of sharing stories, of shifting opinions, of speaking up, of being the voices of those who are shut by the closet, or if we want our work to be a business at all we need to take an incisive look at what we do and how we are executing our work as narrators of reality.

Brian Pacheco from the Gay & Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD) shares some of these interests, and he was coming to Mexico City. I have been collaborating with him and Monica Trasandes from GLAAD’s Spanish-Language Media Department since last year in the project LGBT en Español, so Brian’s visit was another excuse to invite my colleagues to a meeting.

After we each introduced ourselves, Brian talked about the work of GLAAD in the United States as an advocate, storyteller and anything-but-subtle watchdog. Then I posed a few questions to trigger the conversation, and here are some of the outcomes:

W Radio, which belongs to Televisa, is the only commercial station with a gay show, Triple G, which has aired for over ten years. At the meeting, co-host Francisco Iglesias pointed out the lack of professionalization of many mainstream media in terms of LGBT issues, but reminded us of the contrasting lack of professionalization of LGBT media in journalistic terms: very few of us are producing newsworthy content, and it’s not us but often nation-wide papers the first to report on LGBT happenings in the country. The main reason is that most LGBT media struggle with their budget, and therefore are short-staffed. “Many reporters for LGBT media do not get paid, and that is the first level of discrimination we are allowing.” Everyone in the room remained silent for a few seconds after journalist Alejandro Brofft pointed out that awkward truth.

Francisco mentioned another important issue: many LGBT media depend on just two or three people. What happens to those projects when they’re gone? We all agreed that transgender people are practically invisible in our profession, and that there are not a lot of women (I only know two, and they were both unable to attend). A significant portion of our audience is closeted. Incidentally, there are not many openly LGBT public figures in Mexico. Some good news: while almost all high-profile LGBT media are based in Mexico City, we are increasingly noticing smaller LGBT media outlets in other states, which are doing great work to fight discrimination in their communities.

There was a debate on whether government should fund LGBT media “because their work is sort of a public service” versus thinking of LGBT media as initiatives that must survive and become profitable through investors, advertising, and sales, just like the rest of our non-LGBT peers.

This meeting was a pilot of more to come, I anticipate. An experiment that turned out fruitful. It confirmed what many of us knew: we face many of the same challenges. Talking about them and sharing our experiences serves not so much as a support group, but as a mirror of what we can do individually and collectively to improve our work. While we are not all necessarily activists, LGBT media do have a role in making society a safer, more respectful place for LGBTs. And in order to do that we must get better at our job.

The most tangible conclusion we arrived at regarding how to work collectively was the possibility of setting up an observatory in Mexico with tasks similar to GLAAD’s, of running it with volunteers versus obtaining funds to make it a more sustainable project. I am now in the process of talking to media representatives who where invited but couldn’t come, and I have committed to gather the group from that meeting again in the upcoming weeks, and to add some key allies from non-LGBT media who might want to join us. I will keep you posted.


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