CALEIDOSCOPIO / De clases y derechos (II)

*Publicado en La Catarina el 19 de noviembre de 2008.

La semana pasada, la diputada Leticia Quezada del PRD introdujo una propuesta para legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. En Yucatán se está haciendo una recolección de firmas para hacer algo similar en los próximos días. Las reacciones opuestas no se hicieron esperar, y la diputada panista María de la Paz Quiñones ha presentado algo parecido al Proposition 8 de California, con el fin de obstaculizar lo que proponen los perredistas.

Esto se da en el marco del segundo aniversario de la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia, que, hay que aclarar, dista mucho de ser una opción comparable a la del matrimonio, pues los firmantes no cambian su estado civil, no es exclusivo para parejas, no otorga beneficios de seguridad social, ni permite la adopción de hijos – lo cual sí se alcanzaría en el caso de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Antonio Medina y Jorge Cerpa, primera pareja convivenciada en DF

Antonio Medina y Jorge Cerpa, primera pareja convivenciada en DF

El matrimonio tradicional ha perdido vigencia hace muchos años. No digo que sea ‘bueno’ o ‘malo’; mi punto es que la pareja, el matrimonio y la familia se reconfiguran y evolucionan constantemente, y por lo tanto, argumentos como la santidad del matrimonio o la importancia de la tradición van perdiendo fuerza y validez como justificantes de la discriminación.

‘Redefinición del matrimonio’ es otro término del que algunos se cuelgan. El matrimonio interracial fue ilegal en un tercio de Estados Unidos hasta una sentencia de la Suprema Corte en 1967. Como bien dijo el conductor Keith Olberman en un mensaje emitido en su programa de MSNBC: “sin la redefinición del matrimonio, los padres del recién presidente electo no habrían podido casarse en el país en el que su hijo creció y que ahora liderará”.

Finalmente, es básico tener claro que estamos hablando de matrimonio ante el Estado. La religión no tiene nada que ver en este tema. En mi opinión, no hay lugar para dioses cuando hablamos de los derechos fundamentales del ser humano. Hay personas que se casan por conveniencia, dinero, intercambiar nacionalidades, obtención de un pasaporte, trabajo, becas, seguros médicos, herencias, y también por amor. El matrimonio civil es un contrato con un significado muy particular y distinto para cada una de los contrayentes. Relacionar este asunto con la religión y debatir tomando en cuenta un elemento que está por mucho fuera de lugares, es partir de un punto de vista erróneo. Es un tema de equidad y justicia, que poco a poco se van alcanzando. El avance es lento, muy lento, pesado – y gracias a quienes han entendido su importancia, es también muy seguro.


One Comment on “CALEIDOSCOPIO / De clases y derechos (II)”

  1. Mariana Cervantes says:

    Desgraciadamente en nuestro estado originario, la mayoría conservadora no fue capaz de comprender que al imponer sus creencias, está pasando por encima de los derechos de otras personas, y logró convencer a una buena parte de la población de firmar contra la aprobación de la ley.
    Ojalá que no dentro de mucho tiempo, puedan comprender que como bien dices, es cuestión de equidad y justicia, de abrir los ojos y descubrir que no es más que una diferencia de preferencia sexual, como pueden ser diferentes el color de los ojos o del pelo.
    Saludos!


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