CALEIDOSCOPIO / Trans…¿qué?

*Publicado en La Catarina el 11 de febrero de 2009.

“Somos princesas en una tierra de machos”, dice un muxe en Juchitán, tal vez una de las pocas comunidades en el mundo donde los homosexuales tienen ‘suerte’ de serlo. Los muxes son un grupo de hombres homosexuales de apariencia femenina que viven en Juchitán de Zaragoza, un pequeño pueblo indígena (la mayoría son zapotecos) en el estado de Oaxaca. Son respetados y admirados por la mayoría de la población, siendo vistos como una especie de tercer género, así como los participantes del festival Kottankulangara Chamayavilakku en India, los actores que hacían papeles de mujer en la Inglaterra shakesperiana, los onnagatas del teatro kabuki japonés, o los kathoey o ladyboys en Tailandia.

Hay diferencias importantes entre sexo y género, pues éstos no son completamente innatos o universales. Transgénero es un término aplicado a alguien cuya apariencia, actitud, conducta o tendencias no concuerdan con lo establecido por los roles típicos de hombre y mujer, o masculino y femenino, asignados al nacer y reforzados a lo largo de tiempo y espacio casi de manera universal. Es importante señalar que se trata de un estado de autoidentificación, es decir, que es la persona misma quien se identifica como transgénero al percibir un desajuste entre lo biológico y el resto. Esto se llama disforia de género.

Transgénero envuelve otras categorías que en ocasiones se entrelazan: un hombre transexual, por ejemplo, es aquél que nació con cuerpo de mujer. A veces las personas transexuales deciden someterse a un proceso de reasignación de sexo, el cual incluye atención psicológica y operaciones quirúrgicas. Lo apropiado es referirse a una persona transexual con el sexo que representa o con el cual se identifica. Un travesti suele tener una identidad un poco más ambigua, pues igual puede vestirse un día como hombre que como mujer. Entre las personas transgénero también hay transformistas: drag kings, drag queens, andróginos, y la lista continúa.

La mayoría de estos términos tienen connotaciones bastante negativas. Con frecuencia se asocian con la prostitución, actividad común entre travestis y transexuales tanto por la carga sexual y lo atractivos que resultan para muchos clientes como por lo difícil que es para ellos, en muchos países, obtener empleos convencionales donde se respete su identidad. Y ni hablar de lo difícil que es alcanzar reconocimiento legal, cambio de identificaciones y demás.

Hace unos días, después de saludar a una amiga transexual, un amigo me preguntó sobre la correspondencia entre orientación sexual y un deseo de ser hombre o mujer. Se trata de dos cosas aparte, no forzosamente independientes, pero tampoco es una relación causa-efecto. La transexualidad no es la expresión máxima de homosexualidad. Un ejemplo que ilustra estas complejidades era Lisa en The L Word, un personaje que biológicamente era hombre, y su apariencia era también masculina, pero se identificaba como una mujer lesbiana. La maravilla de la diversidad…



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