VIVIR MÉXICO OPINA / La oferta cultural de México

*Publicado en Vivir México el 30 de agosto de 2010. Éste es un fragmento de la colaboración coordinada por Laetitia Taurand.

Habiendo vivido en dos ciudades mexicanas y a punto de mudarme a una tercera en la que he pasado mucho tiempo, he conocido distintos menús de arte y cultura.

En Mérida, como creo que sucede en la mayoría de los lugares, la oferta cultural se intensifica en la temporada de otoño. Tanto la capital como el resto del estado incluyen opciones para todos los gustos con el programa Otoño Cultural que el gobierno de Yucatán organiza anualmente. Y en enero se lleva a cabo el Festival de la Ciudad, conmemorando la fundación de Mérida. Ambos eventos mejoran año con año su programación y presentan obras de teatro, exposiciones de artes plásticas, ciclos de cine, espectáculos de danza y música que, hasta ahora, me han parecido buenísimos. Varios artistas locales continúan exportando su talento presentándose en espacios fuera del país, y en los últimos años la ciudad ha recibido a muchos foráneos.

Esto, junto con otros elementos de influencia exterior y las propuestas de algunos locales, contribuye al crecimiento en la cantidad de galerías, publicaciones y proyectos que impulsan y difunden propuestas creativas e innovadoras, contrastando con un sector poblacional cada vez menor que se aferra a costumbres y prácticas conservadoras e incluso de censura.

Cada vez que visito Mérida, me encuentro con más y mejores cosas que hacer.

El caso de Puebla es similar. La oferta es casi infinita, aunque menos concentrada en una temporada en específico: el Festival Internacional de Puebla, conciertos de artistas, los cientos de fiestas típicas y ferias en la capital y en otros municipios -del mole, del queso en Tontantzintla, las de Cholula- y próximamente el primer Festival Internacional de Cine. Además, la presencia de tantas universidades (como la BUAP, que es bastante grande, y la UDLAP, de personalidad internacional) genera una dinámica de constante actividad e intercambio entre estudiantes, académicos y visitantes. Lo anterior da continuidad a tradiciones muy padres, al mismo tiempo que enriquece la promoción de cosas nuevas e interesantes.

Por último, evidentemente la Ciudad de México es la gran ganadora. Hay lugares a los que uno llega y se da cuenta en seguida de que, si tuviera la vida resuelta y no tuviera que estudiar ni trabajar, podría dedicarse a llenar su agenda con actividades recreativas. El Distrito Federal es así. Lo tiene todo: plástica, cine, moda, danza, teatro, música, literatura, ciencia y tecnología, subastas, encuentros de carácter ciudadano y actividades al aire libre – además de eventos más difíciles de clasificar. Por un lado, sería buenísimo que la oferta cultural estuviera mejor distribuida a lo largo y ancho del país. Por otro, siendo cliente frecuente y próximo habitante de tierras chilangas, no puedo quejarme de tener a mi alcance una cartelera tan extensa y variada.

Para aburrirse en cualquiera de las anteriores se necesitan muchas ganas. O no leer Vivir México.



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