¿̶N̶a̶c̶e̶s̶ ̶o̶ ̶t̶e̶ ̶h̶a̶c̶e̶s̶?̶ La pregunta que menos importa

Hace unas semanas, la actriz Cynthia Nixon se sumó a la polémica sobre si uno nace gay o se hace gay o se vuelve gay o aprende a ser gay. (O lesbiana o bisexual o transgénero o heterosexual o asexual.) Una discusión que parece eterna y a la que yo cada vez le veo menos caso. Lulú Alvaradejo, colaboradora de este blog, escribió al respecto.

Cynthia se relacionó casi toda su vida con hombres. Until she didn’t. Hasta que empezó una relación con una mujer, misma que continúa. Y dijo que en su caso, la homosexualidad es una elección. “I understand that for many people it’s not, but for me it’s a choice, and you don’t get to define my gayness for me.” Esto último es el punto. Como apunta Estefanía Vela sobre otro tema, esta mujer está en todo su derecho de experimentar su gayness como mejor le acomode. Y de hablar sobre esa experiencia. Aunque esto tire al suelo argumentos, discursos, investigaciones de todos los que han dicho hasta el cansancio que uno no elige ser nada de eso. Aunque esto sea utilizado en contra del movimiento LGBT, mismo que Cynthia ha apoyado desde que salió del clóset.

Pero, más importante, ¿qué importa? ¿Qué importa si ella decidió ser, de pronto, lesbiana? Me explico…

Por supuesto muchos personajes LGBT no están nada contentos con la declaración. Ellos que tanto luchan por hacerle entender a sus oponentes que la orientación sexual no es una cuestión de decisión. Por convencer a quienes los discriminan de que la identidad de género, esté ahí desde nacimiento o sea producto de experiencias y sucesos durante el crecimiento de cada quien, no se elige. Por pedirle a gritos al mundo que dejen en paz a los gays y lesbianas porque ellos no tienen la culpa de ser así y no pueden hacer nada para cambiar.

Lo que yo creo es que esas voces que insisten una y otra vez en aclarar cuáles son las causas de la orientación sexual se cansan en vano. Supongamos que mañana se establece, de modo casi irrefutable, que los seres humanos nacemos siendo heterosexuales u homosexuales. Seguramente muchos abogarán por que se controle lo que sucede con un bebé antes de nacer en aras de asegurarse de que nazca heterosexual. O supongamos que mañana se establece, de modo casi irrefutable, que los seres humanos definimos (de manera consciente o no, voluntaria o no, intencional o no) nuestra orientación sexual e identidad de género durante los primeros 3 o 7 o 12 o 22 años de vida.

Cualquiera de esos postulados anclaría el debate en lo que a mi parecer es irrelevante. Y si nacemos, ¿qué? Y si nos hacemos, ¿qué? Y si decidimos, ¿qué? Estos grandes puntos de interrogación son un arma de doble filo. El debate sobre si uno nace o se hace parece condicionar el respeto a una de esas dos alternativas: ¿”Como no puedo dejar de ser gay, por favor respétenme”? ¿”Si pudiera dejar de ser lesbiana, aceptaría que me discriminaran por serlo”? Así me suena la postura de muchos, y no creo que sea el mensaje que queremos mandar.

En vez de invertirle tanto a difundir la idea de que uno no puede cambiar su orientación porque así nació o así se hizo, voto por concentrarnos en repetir que no hay por qué cambiar. Por dejar muy claro que el respeto (y los derechos y la igualdad y…) que exigimos y merecemos es incondicional, que no está sujeto a que se establezca qué originó la orientación de cada quien. Si en el camino damos con una respuesta a estas fascinantes preguntas, qué padre. Mientras, que no nos quiten el sueño.


11 Comments on “¿̶N̶a̶c̶e̶s̶ ̶o̶ ̶t̶e̶ ̶h̶a̶c̶e̶s̶?̶ La pregunta que menos importa”

  1. […] mucho en lo que dijo la actriz Cynthia Nixon sobre su caso: I understand that for many people it’s not, but for me it’s a choice, and you […]

  2. Miguel Angel López says:

    enhorabuena Enrique! muy sabio, los por qués en este caso, como en otros, se usan para cuestionar, dsd el prejuicio, no dsd la duda científica ni intelectual. son pura homofobia, aunq sutil, o ganas d dar vueltas a inseguridades propias. todo lo q se investigue, bienvenido será, pero no cambiará nada, si acaso, nos acercará cada vez más a una mayor potencionalidad bisexual, o pansexual, y a evolucionar los sentimientos. creo, y espero ;))

  3. maddox says:

    Como siempre, impecablemente sabio:
    “En vez de invertirle tanto a difundir la idea de que uno no puede cambiar su orientación porque así nació o así se hizo, voto por concentrarnos en repetir que no hay por qué cambiar.”

  4. Ignacio says:

    Mándale esto a lxs estimadxs del CONAPRED, que piensan vale la pena defender que uno nace…en efecto y si se nace ¿qué? y si se hace ¿que?

  5. De todo lo que he visto en el mundo de los tumblrs, mi respuesta favorita es una contraposición entre Lady Gaga y Foucault: ella dice “We are born this way” y él dice “You are the product of power relations”. <3 A mi siempre me intriga más por qué nos obsesiona encontrar el origen, que la respuesta que se ofrezca. Creo que el debate orientación versus preferencia tiene como trasfondo un sistema en el que, si resulta que naces de cierta forma (como las mujeres nacen siendo mujeres; los negros nacen siendo negros; los sordos nacen siendo sordos….), no se te puede culpar, realmente, por ello. Y, también: no se puede cambiar. Por lo tanto: en lugar de someterme a tratamientos (psiquiátricos o religiosos), ¡acéptenme! Y aquí lo interesante es que, para muchos, descubrir el origen es tan importante para afirmarse -I'm born this way- como para cambiarse -entiéndase: todos los que voluntariamente se someten a tratamiento para revertir la homosexualidad-. Esa es la besheza. Y, pues, para mi prácticamente todo es una construcción: hasta el ser mujer, el ser judío, el ser negra, el ser lesbiana, el ser pansexual, el ser punk… El otro día, por ejemplo, alguien me dijo que ser judío no era lo mismo que ser punk; que uno no elige ser judío… Y, claro, pensé: ¿entonces ser judío se parece más a ser negro? Pero, ¿realmente lo negro es solo un color de piel? ¿O existe la negritud? ¿La jotitud? ¿La mujeritud? ¿La indigenitud? Si yo fuera activista, y pretendiera aprovechar las estructuras jurídicas actuales, yo buscaría que la jotitud y lesbianitud y mujeritud y negritud e indigenitud se asemejaran a la religiosidad. ¿Hay algo que goce de más libertad en nuestro sistema jurídico-constitucional que la religión? Puedes hacer lo que quieras, decir lo que quieras, reunirte con quien quieras, manifestarlo como quieras, en público y en privado. Puedes portar una cruz, puedes transmitírselo a tus hijos, puedes dejar de serlo, puedes "luchar contra la herencia cultural", puedes tener espacios de reunión… Como la jomousexualidad debería tener. En fin.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s