Les Nouvelles: Platicando con Ana Francis

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Hace unas semanas platiqué con Ana Francis Morcabaretera y Reina Chula, como se describe ella misma en su columna. Además de dedicarse al mundo del show business, Ana Francis se considera a sí misma una activista y feminista.

Al teatro se ha dedicado desde hace varios años.

Estaba terminando la escuela y conocí a Tito Vasconcelos, conocí el mundo del cabaret porque lo que pensé es que esa gente se estaba divirtiendo mucho en el escenario y yo me la pasaba fatal. En esa época en la escuelas de actuación tenían la idea de que entre más hecho mierda estuvieras mejor actor o actriz ibas a ser, y el cabaret me llamó mucho la atención y me di cuenta de que ahí podía hablar de lo que yo quería y que las cosas que me molestaban se podían hacer presentes. Podía tener una salida mi vena política y activista. La empecé a adquirir mucho con Tito. Y con Jesusa [Rodríguez] y con Liliana Felipe vino a agarrar forma.

El asunto de la escritura ha podido explorarlo a partir de otra perspectiva desde hace cuatro años con la revista Emeequis, en donde cada quincena Ana Francis tiene un espacio llamado Manual de la buena lesbiana.

El nombre ni lo inventé yo. Lo inventó María Renée Prudencio en pláticas de domingo, de estar diciendo estupideces, pues decíamos ‘el manual de buena lesbiana dice que hagas esto, que no hagas lo otro’, y me pareció muy divertido. Quería ver este asunto desde otro lado, me hacía falta la perspectiva divertida. Pertenezco más al movimiento feminista y a veces es muy dogmático, pero yo conocí el asunto de la diversión y el placer. Entrarle a un público mixto, porque la revista le entra a un gran público, entonces era muy interesante estar en un espacio no lésbico sino diverso.

Cuando su compañera de compañía teatral, Marisol Gasé, comenzó a colaborar con la revista escribiendo sobre teatro, Ana Francis le propuso a la publicación su columna, aunque inicialmente ellos le dijeron que ya tenían una columna sobre sexualidad. “Pero no, güey, no es una columna sobre sexualidad, porque las lesbianas no nada más cogemos, hacemos otras cosas en la vida. Entonces la comencé a escribir, les gusto desde la primera y me dijeron, pues vas. Y ha tenido mucho éxito.”

El espacio

ha ido cambiando conmigo. Al principio fue el anecdotario personal y una transición política y cultural de la sociedad y la ciudad. Con la columna me ha tocado ver los cambios que tienen que ver con sociedad de convivencia, han sido cosas que me han pasado en lo personal y en lo público porque yo me he convertido en una persona, he ido desarrollado el oficio de escribir y he ido participando desde otros lugares. Me fui haciendo cada vez más feminista, más activista.

Las respuestas a la columna desde el inicio han sido favorecedoras y sólo una vez le han mentado la madre. De hecho, tal ha sido la respuesta que la revista le propuso hacer una recopilación de sus textos para hacer un libro. “Buscamos hacerlo lo más público posible. Las mayores compradoras del libro son lesbianas pero también a todo el público. Y estamos por publicar el segundo próximamente.” (En este espacio les daremos la información al respecto).

El reconocimiento que le ha dado la columna viene acompañado con el hecho de que lo privado se convierte en algo público.

Es un proceso solitario, escribir, en lo privado están tu computadora y tú. De pronto resulta que miles de personas lo leyeron, la gente cree que sabe de ti por lo que leyó, pero no. Sí conocen cosas, pero no saben quién eres, saben partes importantes pero no saben quién eres. Es un proceso chistosito.

También está la parte de salir del clóset a través de la columna.

A la hora que eres lesbiana, después de los años de drama y de ese pedo, te enfrentas a la situación de que sigues queriendo a tus hermanas igual, tus hermanas te siguen queriendo a ti, entonces nos tenemos que ver los domingos y tenemos que convivir desde otro lugar. Ya pasamos el drama pero, ahora, ¿qué hacemos con eso? Entonces mirarlo desde la integración y ser parte de la diversidad. No somos la diversidad. Somos parte de la diversidad.

A esto suma que “cuando salió el libro, hasta mis tías de Querétaro sabían que era lesbiana, pero es un proceso complicado. Más que el asunto de si eres lesbiana o no, el asunto de que tu vida privada está en lo público”.

Sobre estar dentro o fuera del clóset, ella comenta que cada vez más personas públicas salen, hecho que ayuda a reconocer la diversidad. Este nuevo reconocimiento es producto de que las lesbianas feministas

ya se partieron el hocico. Nosotras somos las beneficiarias y hay que seguir trabajando. En esta ciudad la tenemos mucho más fácil. No es lo mismo ser una lesbiana de Coyoacán que una de San Felipe, una lesbiana blanca que una lesbiana indígena. También creo que pertenezco a otra generación y, de alguna manera, no soy leída nada más como lesbiana sino también como activista feminista, como cabaratera, como comediante, entonces tengo esa posibilidad. No me etiqueta la chamba completamente, no me limita. Supongo que también a muchas compañeras les puede costar la chamba.

Sobre este punto, mantenerse dentro o fuera, opina que

tienes el caso de Beatriz Paredes, que dan muchas ganas de sacarla del clóset porque es una persona incongruente, porque es una mala política, porque es una ciudadana chafa y porque peligra la Ciudad de México si ella fuera la Jefa de Gobierno. Entonces dan ganas de preguntarle por qué no ha salido del clóset. Porque ha demostrado que no es congruente. Se dice feminista y poco le faltó para ponerse a encarcelar mujeres por abortar, entonces ahí es donde me dan ganas de sacar a alguien del clóset. Pero me parece que cada quien su clóset y defiendo el derecho de la gente a tener su vida privada, aunque hay personajes políticos públicos que si dan ganas.

A inicios del año, Ana Francis escribió en su columna sobre sus deseos para el 2012. Cuando le pregunté al respecto, comenta que lo primero que necesitan las lesbianas y las mujeres es igualdad y luego visibilidad. “La garantía del Estado que una vez que nos hagamos visibles no nos van a matar, no nos van a quitar la chamba, no nos van a quitar a nuestros hijos y vamos a tener acceso a todo lo público”. Para ello cuenta con la gente.

Tengo mucha esperanza en los movimientos ciudadanos […] Es un momento bien interesante del país, veo mucha violencia, mucho error, pero también mucho hartazgo […] Me da esperanzas cuando veo a gente que se está preocupando por ver cómo van las cosas y donar un poquito de su tiempo para otras causas […] A mí me queda claro que, si esta ciudad tiene las cosas que tiene, no es por el gobierno sino por la sociedad civil que se ha metido, porque hemos colaborado. Más que eso, molestado y empujado.



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