Carta a Ivette Laviada (y a los que piensan como ella)

El 24 de julio Ivette Laviada atacó en su columna de opinión en Milenio Novedades, de manera cobarde y con argumentos chafas, a Ricardo Góngora y Javier Carillo, primera pareja gay que se casará en Yucatán. Ataca a parejas gays y lesbianas en general. Su artículo está disponible en la página 15 de la edición impresa del diario.

Hoy en Animal Político publico mi respuesta a su texto:

———-

Hola Ivette.

Leí el artículo “Si eliges, renuncias”, que publicaste en la página 15 del diario Milenio Novedades el pasado 24 de julio y quiero responder a varios de los puntos que tocas. No te conozco y nunca te había leído, así que mucho de lo que escribo a continuación es lo que asumo a partir de este texto, que inevitablemente me recuerda ideas que escuché una y otra vez durante 12 años de educación católica en la Mérida donde nací y crecí, y desde donde tú escribes. Probablemente me equivoque, como tú también has asumido equivocadamente muchas cosas que ahora me permito refutar.

Dices que las leyes en Yucatán definen el matrimonio como “una institución por medio de la cual se establece la unión jurídica entre un hombre y una mujer”, y que el Juzgado Tercero de Distrito, con sede en ese estado, hizo mal en no respetar la soberanía del estado y ordenar al Registro Civil que case a Ricardo Góngora y Javier Carrillo. “Le valió sorbete”, fue tu expresión. Creo que el hecho de que una instancia de mayor autoridad obligue a otra a hacer algo que ésta no quería (casar a Ricardo y Javier) no es algo que te moleste mucho. Puedes darnos más de tus razones legales, decir que no se vale pasar por alto la ley local, que la mayoría de los yucatecos no está de acuerdo. Para mí, son argumentos que tratan de disfrazar que lo que te molesta es que dos hombres puedan casarse. Punto. Y eso se llama homofobia. Punto. Kiki y Javo, como son conocidos, se convertirán en la primera pareja del mismo sexo en casarse en Yucatán el próximo 8 de agosto. A ti y a mucha gente en Yucatán, y en el mundo, eso les enoja, les parece injusto, les parece inmoral, les parece incorrecto. A algunos les da asco. Por eso no importa cuántos tribunales digan que es un asunto de igualdad, de democracia, que es justo que todos puedan ejercer los mismos derechos. Para ustedes, El Matrimonio, en mayúsculas, es lo que es, no se cuestiona y se acabó.

Muchos de los que opinan como tú acostumbran hablar de nosotros, los homosexuales, como un grupo abstracto de la población. Como si no tuvieran hijos o hermanas o compañeros de trabajo gays o lesbianas. Como si al hablar de “los gays que se quieren casar” o “las lesbianas que eligieron esa orientación sexual”, no hubiera caras y nombres de esas personas a las que se refieren. Y tú haces precisamente eso: nunca mencionas a Ricardo y Javier, pero sí te atreves a invalidar su relación y a decir que “representan un pequeñísimo porcentaje de la población, pues de las personas con atracción hacia su mismo sexo, son poquísimas las que se quieren casar”. ¿Cuántas parejas gays o lesbianas conoces? ¿Te han dicho si quieren casarse o no? ¿O de qué encuesta o censo obtuviste esa información? ¿Cuál es exactamente ese porcentaje pequeñísimo? Asumo que no tienes el dato, porque, que yo sepa, al menos en México no existe. Así que me parece muy osado descalificar lo que Ricardo y Javier han buscado sólo porque, según tú, son poquitos los que buscamos lo mismo. Eso no importa. No importa cuántos quieran casarse. No importa si mañana se legaliza el matrimonio entre parejas del mismo sexo en todo el mundo y ninguna pareja gay se casa después. No se trata de cuántos nos casemos o no. Se trata (hay que repetir esto todos los días) de tener esa opción, el mismo derecho, como tú y tu esposo cuando decidieron casarse.

Me parece también demasiada atribución de tu parte descalificar el matrimonio de Ricardo y Javier por el hecho de que, según tú, pertenecen a una minoría. Me sorprende que creas que pertenecer a una minoría es un argumento válido para restringirle a alguien el acceso a un derecho. Tú eres parte de lo que en muchos sentidos sigue siendo una minoría: las mujeres. Por eso hay una cosa llamada “perspectiva de género”, como defines tu columna. Por eso tantas organizaciones de la sociedad civil trabajan a favor de la igualdad de género, en contra de la misoginia y de la violencia a las mujeres. Por eso hay un Centro de Estudios y Formación Integral para la Mujer, que tú diriges en Mérida. ¿Te parece bien que las mujeres vayan a la universidad, que puedan votar y ser votadas, que esperen ganar el mismo sueldo que sus pares hombres haciendo el mismo trabajo, que puedan vestirse como quieran sin obtener permiso de un hombre? En un pasado no muy lejano había quienes consideraban lo anterior una locura. Pensaban que las mujeres no debían tener derecho a nada de eso, porque sólo unas cuantas querían hacerlo. La verdad era más simple: había (¡todavía hay!) hombres y mujeres que creían que las mujeres no valen lo mismo que los hombres ni deben tener los mismos derechos y responsabilidades. No conocemos el número preciso de homosexuales en el mundo, pero el respeto que buscamos y los derechos que reclamamos no deben estar en función de cuántos somos.

Lo que más me molestó de tu columna fue que entrecomillaras, textualmente, el matrimonio de Ricardo y Javier cuando hablas de las parejas gays que nos queremos “casar”. Por supuesto. Estás convencida de que El Matrimonio no debe redefinirse, que es entre hombre y mujer, para tener hijos, y todo lo demás no se llama matrimonio. Estás convencida de que dos hombres o dos mujeres firmando un acta en un Registro Civil no es casarse. Piensas que las relaciones, el amor, el compromiso y el apoyo mutuo que hay entre dos hombres o dos mujeres no es igual de sólido que el que hay en una pareja heterosexual. Crees que la familia que están empezando Ricardo y Javier, aunque haya un papelito del Estado de por medio, no es realmente una familia sino una “familia”. Que lo que “tenemos” las “parejas” como mi “novio” y yo es menos valioso que lo que tienen tú y tu esposo. Y no podrías estar más equivocada.

Asumo que eres de esas personas que tienen amigos gays, convives con ellos, pero no dejas de juzgarlos aunque sea un poquito, esperas que nunca les toque un maestro así a tus hijos o nietos. O, peor, te dan lástima. Asumo que convives con esos amigos y sus parejas, los quieres mucho, pero algo te dice que esa relación, por naturaleza, no es tan válida como la que tienen un hombre y una mujer. Y, de nuevo, estás muy equivocada.

Luego invocas unas reglas (no entendí en qué consisten) que la gente debe seguir en un mundo donde deben prevalecer la verdad (¿cuál?) y la ética (¿de quién?) y que, en pocas palabras, casarse es para heterosexuales, como Dios y las constituciones mandan. Pero las reglas en las sociedades cambian todo el tiempo. Si no, insisto, las mujeres no podrían hacer muchas cosas, como publicar sus opiniones en los periódicos.

Por último, mencionas algo sobre argumentos falaces con los que no sé quiénes pretenden convencerte de que el matrimonio no es X sino Y. Yo soy de ésos que te quieren convencer y, ya que lo que dice una corte no es suficiente, espero que mis “argumentos falaces” ayuden a ello. Quédate tranquila: no va a pasar nada terrible con tu matrimonio ni con Yucatán ni con la sociedad en general por el hecho de que Ricardo y Javier se casen. Lo único que va a suceder es que ellos gozarán de un derecho que históricamente no hemos tenido. Y, con suerte, serán un poco más felices. Mientras tanto, que haya más plumas y micrófonos que difundan opiniones como la tuya nos hace un gran favor a todos: permite ver lo absurdo de la homofobia y de las ideas que fortalecen esa discriminación.

Saludos.


8 Comments on “Carta a Ivette Laviada (y a los que piensan como ella)”

  1. Betty Escobedo says:

    No a la discriminación!. No a la ignorancia letrada!, la gente con doble moral como esta persona ya no caben en este mundo. Excelente respuesta Kike!.

  2. Ana María Hernández says:

    Me encantó tu carta, felicidades.

    Ana María Hernández

  3. ososlaguna says:

    Una de las cosas que me resaltó del artículo en cuestión, es que dice y asegura que un matrimonio tiene, y cito: “como esencia, la fecundidad”, es una lástima que en el mundo existan tantos hombres y mujeres infértiles que, por naturaleza no pueden fecundar, y luego cita “y cuando ésta no se da se abre la posibilidad de la adopción”, aquí ella misma se contradice, pues una pareja homosexual también puede ser apta para adoptar, pero bueno, sabrá su Dios en qué cabeza caben este tipo de comentarios.

    Buenas tardes.

  4. Frank Coronado says:

    Zaz culera.

    Me encantó el texto.

    Creo que de ahí muchos podemos sacar argumentos suficientes y claros para mostrarles la realidad y abrirles los ojos.

    Felicidades chavi.

    Te quiero y te admiro harto.

    Frank Coronado http://www.frankcoronado.com @fcoronado

    El 29/07/2013, a las 11:58, enriquetorremolina escribió:

    > >


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s