El Proyecto Laramie: para Matthew y su familia

Comparto algo que escribí para leer anoche en el Teatro Milán en la función especial de El Proyecto Laramie que produjimos Rodrigo Salazar y yo con la Embajada de Estados Unidos y la Fundación Matthew Shepard:

Al final de mi primer año en la universidad, justo cuando empezaba a salir del clóset con mi familia y mis amigos, leí sobre un joven en Estados Unidos, Matthew Shepard, que había sido brutalmente asesinado por ser homosexual. Esto me impactó por varias razones. Primero, porque había varias características de Matthew con las que yo me identificaba: mi edad en ese momento y la suya cuando fue asesinado eran casi la misma, ambos estudiamos Relaciones Internacionales en la universidad, ambos disfrutábamos viajar y aprender nuevos idiomas, ambos nos identificábamos como gays.

Pero lo que más me llamó la atención fue que Matthew era un chavo como cualquier otro. Matthew no era un activista reconocido cuyo trabajo incomodara a alguien en una posición de poder, o alguien involucrado en narcotráfico que se hubiera “buscado” que lo mataran, o un político que se estuviera atravesando en el camino de otro. Matthew sólo estuvo en el lugar equivocado, a la hora equivocada, con las personas equivocadas. Esto me aterró.

Un par de años después, viviendo en Nueva York, conocí a Judy Shepard, mamá de Matthew y co-fundadora de la organización que lleva su nombre. Judy dio una conferencia en el Centro Comunitario LGBT de la ciudad. Al final, me acerqué a saludarla, decirle que admiraba mucho su trabajo y hacerle un par de preguntas. Judy me regaló esta pulsera morada de plástico que no me he quitado desde ese día, desde hace 5 años, y que tiene dos palabras sencillas pero contundentes: ERASE HATE. Borrar el odio.

Erase Hate braceletEse odio que le quitó a su hijo. El odio que acabó con la vida de Matthew en 1998 en Wyoming, Brandon Teena en 1993 en Nebraska, Daniel Zamudio en 2012 en Santiago, Agnes Torres en 2012 en Puebla. Y la lista continúa. El odio que también acaba con relaciones entre amigos por la orientación sexual de uno de ellos, o entre una mamá y su hija transgénero por no entender su identidad.

El mensaje que mandan personas como los asesinos de Matthew y de todos los demás es que ser gay, lesbiana, bisexual o transgénero está mal. Es un problema. Es peligroso. Es mejor acabar con ellos. Alarmante, ¿no? A diferencia de lo que prometen campañas como It gets better o Todo Mejora, para personas como Matthew y tantos más las cosas no mejoraron.

Lo increíble es que, 16 años después de ese episodio y gracias al trabajo de mucha, mucha gente, Matthew sigue vivo. Su historia y la del pueblo que lo conoció siguen viajando, siguen conmoviendo, siguen inspirando textos de teatro, llenando salas por todo el mundo, impulsando leyes en contra de la discriminación, motivando a jóvenes a promover respeto a la diversidad sexual y a la diversidad de ideas.

Hoy celebramos que la vida de Matthew no haya sido en vano. Si él, un joven estudiante de 21 años común y corriente, ha llegado hoy hasta la Ciudad de México y ha hecho que vengamos a conocer su historia, también nosotros tenemos ahora la tarea de borrar ese odio y remplazarlo con comprensión y respeto.



Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s