Hoy toca marchar

Hoy en la mañana vi a varias personas en el metro vestidas de negro y a un grupo de chavos caminando con pancartas en una estación. Me ericé un poquito y en mi trayecto al IMER fui pensando en por qué marchar, para qué, y por qué esta vez decidí no poner de pretexto que tengo chamba pendiente o cualquier otra cosa:

marcha 20nov2014Hoy marcho porque quiero quitarme este enojo, esta frustración, esta indignación, este miedo que siento en el cuerpo. O transformarlo en otra cosa. O encontrarme con otros que sienten algo parecido. Marcho porque se me mojan los ojos cuando leo y escucho a los papás de los 43 que no pueden más pero ahí están. Que no pueden ni deben estar solos en esta marcha. Porque me duelen mis muertos pero sé que están muertos y sé dónde están y lo contrario -la incertidumbre, la ignorancia de las autoridades- me volvería loco.

Hoy marcho porque en las últimas semanas he pensado más de una vez ¿y si me voy? ¿Y si nos vamos a otro país, al que sea, y ya, nos olvidamos de esta porquería y venimos de vez en cuando a pasear y le echamos un ojo de vez en cuando a CNN o a Animal Político o al New York Times para medio saber cómo van las cosas? Pero en el fondo no quiero. Marcho porque estoy emprendiendo un negocio y lo quiero emprender aquí y en ningún otro lugar, pero no quiero hacerlo en un país donde suceden estos horrores y no pasa nada. Porque además de trabajar todos los días e intentar hacer bien las cosas y mejorar un poquito mis realidades, marchar es reconocer que eso no es suficiente.

Marcho porque platico con mi hermana que no vive en México y no entiende qué pasa y después le explicamos y lo entiende y no lo cree. Porque es de no creerse. Marcho porque quiero que cuando ella tenga hijos, éstos no crezcan en un lugar donde hay que explicarles que hubo niños como ellos que murieron quemados en una guardería y no pasó nada. Que hubo estudiantes como ellos que alguien se llevó a quiensabedónde y los mató quiensabecómo y no pasó nada. Que hubo un señor y una señora que, aunque las revistas de sociales pusieron en portada como personajes admirables y los libros de texto pondrán en sus páginas como atractiva pareja de presidente y actriz, son todo lo que uno no debe aspirar a ser. Son lo peor. Son el ejemplo de que el poder no debería corromper pero corrompe y vuelve basura a algunas personas.

Hoy marcho porque estoy hasta la madre de que uno y otro y otro y otro criminal tomen mis impuestos y los gasten en sus crímenes. Que usen nuestro dinero y nuestro sueldo y nuestro trabajo para simular el suyo. Porque no marché antes y me arrepentí. Porque son 43 pero son más: son cientos de miles que tampoco sabemos dónde están, qué les pasó, por qué se los llevaron. ¿Por revoltosos? ¿Por drogadictos? ¿Por malandros? ¿Por putos? ¿Por putas? ¿Por desviados? Marcho por personas como Agnes Torres y otros que alguien primero asesinó por ser quienes eran y después otro alguien dejó en una carpeta irresuelta porque tampoco importaron. ¡Porque no puede ser que no importen! Hoy marcho porque yo también he sido víctima de la irresponsabilidad y del nulo profesionalismo de la policía, de mi delegado, de mis alcaldes y gobernadores, del jefe de gobierno.

Hoy marcho porque la marcha por sí sola no cambia todo, como tampoco lo hacen los papás de los 43 solos ni un columnista solo por elocuente que sea ni un politólogo solo por brillante que sea ni mi amigo periodista solo por muy chingona que haya estado su investigación de la Casa Blanca ni mi novio y mis amigos actores al cancelar sus obras de teatro para marchar también. Pero todos juntos sí cambiamos algo, nos cambiamos nosotros, nos hacemos fuertes, nos vemos en el otro, nos recordamos que unos patanes no pueden seguir saliéndose con la suya sin que, por lo menos, los enteremos de lo equivocados que están. Si la imagen de miles en la ciudad y en el mundo marchando para repudiarlos es su única consecuencia, marcho por eso.

Hoy marcho porque quiero alborotar la paz de varios. La paz de los que siguen pensando que lo que pasa más allá de su cuadra no tiene nada que ver con ellos, que es otro país, que no les toca y nunca les tocará. La paz con la que duermen el presidente y su mala actriz y su vocero y el procurador. La paz que no es suya, no les pertenece, no se la merecen ni la han trabajado. La han destruido. La desaparecieron. La barrieron bajo un tapete sobre el que se paran a dar declaraciones ridículas, violentas, ofensivas. La taparon con su cinismo y sus mentiras. Pero no marchar es rendirme ante eso, es aceptar que así es esto, aquí nos tocó vivir, que igual no sirve de nada, que igual no pasará nada. Y no quiero, carajo.

Y si marchar sirve para encontrarme con otros que comparten algo de esto, para sentirme acompañado y entendido, para consolarme, para abrazar, para no gritar ni llorar, para no enfermarme de indignación, como dice @doctoramolina, pues marcho por eso. Si marchar es tonto e idealista e ingenuo, si es un berrinche y nada más, marcho para ser tontos e idealistas e ingenuos juntos.



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