Gabriel entrevista a Lol Kin

*Una versión más corta de esta entrevista que edité, hecha por Gabriel Gutiérrez, se publicó en Ohm en julio de 2012. Gabriel es periodista en temas LGBT. Conduce el programa Código Diverso en Código DF, estación de radio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

Judith Vázquez y Lol Kin Castañeda el día que se casaron. Foto cortesía de Lol Kin.

Lol es activista, política, y trata de buscar siempre el consenso. Ha organizado marchas del orgullo en la Ciudad de México y en 2010, junto con su esposa Judith, fue de las primeras parejas del mismo sexo en casarse en el DF. En ese mismo año, ganó una demanda contra el IMSS para garantizar la seguridad social a la que tienen derecho como pareja. Por primera vez para Ohm nos cuenta sobre las candidaturas, el activismo y las próximas marchas de orgullo gay.

La gente te ubica en activismo político, defensa de derechos humanos y democracia, como una mujer mexicana, lesbiana. Mi compromiso suele ser crítico, no parcial o de amiguismos, y es allí donde baso mis esfuerzos en convocar a acciones conjuntas y colectivas que nos permitan reflexionar respecto a un mismo tema, y con base en esa reflexión, asumir riesgos colectivos.

Buscaste una candidatura plurinominal por el PRD al congreso federal. ¿Por qué brincarte la lógica de ir primero por la Asamblea Legislativa del DF? En el DF hemos avanzado en términos de organización. Emanados de eso, en términos legislativos hemos impulsado leyes que garantizan los derechos de las personas no heterosexuales de manera particular. El DF es la ciudad que tiene representativamente más organizaciones con más tiempo trabajando en el tema. Y no sólo por el movimiento LGBT. Es una ciudad donde los movimientos sociales han facilitado esa transformación colectiva: movimiento feminista, urbano popular, estudiantil del 68. Eso ha permitido que como sociedad cambiemos y que se ancle la democracia en la ciudadanía. Pero el trabajo tiene que realizarse hacia el resto de los estados, por eso la idea de ir hacia la Cámara de Diputados.

¿Se debe tener una candidatura LGBT al interior de los partidos? Sí, si sabemos a qué va. Tenemos que preguntarnos cuáles son los temas a defender, quién define esa agenda, si pasa por una definición individual o por un consenso. En términos prácticos, una candidatura LGBT por sí sola no es un plus. Ha habido varias, y eso no necesariamente suscita una transformación colectiva. Los derechos humanos tienen que ver con un compromiso político. Como vimos en 2009 en la ALDF, quien definió el tema de matrimonios del mismo sexo fue David Razú, y no es gay. La mayoría de ministros en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al menos públicamente, son heterosexuales. En la medida en que no haya consensos y procesos colectivos, una candidatura LGBT no cambia nada.

Desde un proceso crítico, hace falta cuestionarnos cómo nos estamos organizando e incentivando la participación. La acción directa no puede ser un capricho personal. El activismo tiene que pasar por un debate plural y democrático, que no significa que todos debamos coincidir, sino expresarnos y llegar a un consenso. En ocasiones, la pasión rebasa la estructura de la participación política. Pasión que te hace amar o aborrecer a la persona de enfrente, que tendría que ser tu compañero de lucha y a quien no le concedes respeto, le aniquilas o le promueves una guerra. En el pasado proceso se llegó con certeza a la precandidatura, la única propuesta ciudadana externa era la mía y las demás estaban en una lógica de partido, jugando posiciones y no necesariamente tomando acuerdo para defender nuestros derechos.

Mencionas “colectividad” y “política”. Tenemos una marcha del orgullo dividida, los lectores de Ohm ven un colectivo dividido, apolitizado, al que presuntamente le vale hasta que se encienden las pasiones que mencionas. ¿Necesitamos insertarnos en partidos? Había ofertas suficientes para representaciones ciudadanas, candidaturas que vinieran de la sociedad y fue el PRD quien tomó otras definiciones, no se comprometió con la diversidad sexual. En sentido estricto ni siquiera pudimos competir por un espacio. No creo que haya sido una falta de compromiso. Pasó por otra lógica de poder de un partido que resultó en esta ocasión negligente hacia la ciudadanía. Lo del movimiento, tenemos que reconocer que estamos fragmentados en el sentido más claro porque somos distintos.

Hay quienes quieren participar en un partido político u otro, quienes trabajan en materia de salud, educación, derechos humanos, quienes sólo hablan de VIH, o quienes sólo trabajan con lesbianas. Aquellos que incidimos en términos políticos tenemos que aprender a trabajar con eso: fragmentos. Quienes hacemos este esfuerzo de coordinación tenemos que facilitar procesos colectivos. No somos la única voz, no tenemos un voto de calidad. Tenemos que pensar desde nuestro lugar: ¿cómo facilito el trabajo de manera operativa? Para que una ruta se vaya al cabildeo, otra a medios de comunicación y otra a la sociedad civil. Ése es el arte de sumarse.

Me parece maravilloso que haya dos marchas. A 34 años de distancia, no son los mismos objetivos, la misma gente, la misma lógica, las mismas demandas. Lo grave es que una y otra tienen un discurso condenatorio a la otra propuesta, que una marcha pretenda decir “ésta es la buena y la legítima”. Tendríamos que decir “esta marcha tiene estas características y, si no te gusta, vete a la otra que tiene otras características”. Lamentable que quienes están al frente de uno y otro comité no tengan esta responsabilidad de ser una voz colectiva de mucha gente que no entiende esta utilización de recursos y de la marcha misma para fines personales, y que sí salen realmente a las calles a buscar un espacio y una identidad. Y se encuentran con discursos de odio y de discriminación, de “si no vienes conmigo y te vas a la otra, entonces estás contra mí”.

¿Qué sigue para Lol Kin? El compromiso con el que he participado desde el activismo de derechos humanos, en temáticas que me permiten poner todo mi esfuerzo y construir, y dormir cada noche tranquila. Nadie me debe nada y no le debo nada a nadie. Continúo en este camino. Ahora voy a estar en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) en la Dirección de Políticas Públicas. Seguiré trabajando por la igualdad y la no discriminación, ahora como funcionaria, pero de la mano de organizaciones sociales, activistas y academia. Hay mucho que construir sobre todo para personas transexuales y transgénero en toda la República.


Ohm 18

Al fin se publicó un nuevo número de la revista Ohm donde participé editando algunas piezas y con un texto propio:

Guillermo Macas colaboró desde Mérida con noticias. Para la sección EstadosJosé Flores de Puebla comparte su opinión sobre el legado de la desaparecida Agnes Torres. La Voz Hetero esta vez fue de Geraldina González de la Vega de la organización Ombudsgay, que cuenta por qué una mujer buga trabaja a favor de derechos LGBT. Gabriel Gutiérrez hizo una interesante entrevista a Lol Kin Castañeda sobre el proceso de candidaturas LGBT a diputación federal, su experiencia y diagnóstico de activismo y política. Por último mi entrevista a Fred Karger, ex candidato gay a la presidencia de Estados Unidos, cuya versión original en inglés está disponible en este enlace.

También me da gusto ver recomendaciones de parte de Lulú Alvaradejo, colaboradora de este blog, en la Sección L.

Gracias por leer. :)


Héroes de la Inclusión Social

Americas Quarterly es una revista sobre análisis político, económico, de desarrollo social y políticas públicas en el continente americano. Con cuatro números al año de contenido inteligente y fresco se ha convertido en una de mis favoritas.

Hace unos meses invitaron a sus lectores a proponer Héroes de la Inclusión Social en los distintos países de la región. Héroes que merecen ese título porque, desde sus respectivos ámbitos de acción, han trabajado a favor del respeto a los diferentes géneros, orientaciones sexuales, razas, condiciones sociales, etcétera. Héroes que han contribuido al progreso mediante el combate a la discriminación.

Sugerí a un personaje que admiro y mis motivos fueron tomados en cuenta: David Razú, diputado local en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (donde preside la Comisión de Derechos Humanos), es uno de los 24 en la lista en el nuevo número de AQ.

David acompañado de Lol Kin Castañeda y Judith Vázquez. Foto de Keith Dannemiller en AmericasQuarterly.org

Los invito a leer la pieza donde David habla de su rol en hacer de la Ciudad de México la primera entidad en Latinoamérica con matrimonio legal para parejas homosexuales.

Gracias a Ryan Berger (editor asociado de AQ) por el aviso.


Entrevista a David Razú

Por invitación de MidOpen TV, platiqué con el diputado David Razú Aznar en el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Hablamos sobre la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en la capital, los obstáculos para ello y para lograr lo mismo en otros estados, movimiento LGBT y sociedad civil en México. Aquí la entrevista:


Los nuevos movimientos de diversidad sexual

La revista Internacionales es una publicación del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla. En su más reciente número, sobre las crisis, publiqué el artículo Los nuevos movimientos de diversidad sexual. Los invito a leerlo después de las siguientes imágenes y a descargar la revista aquí (excelente contenido).

Felicidades a su directora Abril Mirabent y gracias a su consejo editorial, en especial a Oswaldo Morales, por la invitación a colaborar. ¡Padrísimas las fotografías con que ilustraron el texto!

A medida que el movimiento lésbico, gay, bisexual, transgénero (LGBT)[1] avanza, se hace más visible, y acerca a su comunidad a la igualdad de derechos en una sociedad que históricamente la ha marginalizado, surgen preguntas sobre el rumbo que tomará, cómo evolucionará y qué pasará cuando el activismo a favor de esos derechos (principalmente matrimonio civil, adopción y seguridad social) se sistematice hasta cierto punto – hablo de sistematización y no de alcanzar un estadio de total igualdad jurídica, pues me parece que es pronto para esto último.

A nivel local, nacional y regional estamos siendo testigos de una nueva revolución sexual catalizada a partir del cuestionamiento de las orientaciones sexuales e identidades de género. Incluso a nivel internacional, grupos como la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, surgida en 1978, y la Comisión Internacional de Derechos Humanos para Gays y Lesbianas, fundada en 1990, fungen como una especie de conciencia del movimiento alrededor del mundo.

Más que del movimiento LGBT como un monolítico, quiero hablar de varios movimientos de diversidad o disidencia sexual. Hay fracciones del supuesto movimiento LGBT que, por ejemplo, se oponen a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Consideran que no vale la pena perpetuar un modelo de organización social tan conservador, patriarcal y caduco. La monogamia regulada por el Estado es un elemento más del sistema de heteronormatividad al que no quieren pertenecer o contra el cual luchan. La tendencia a ese fraccionamiento es inevitable, y la división de líneas de acción será más visible conforme más países extiendan el derecho al matrimonio civil entre personas del mismo sexo y a la adopción por parte de parejas homosexuales, pues irán surgiendo submovimientos cada vez más definidos y, con suerte, cada vez más fuertes.

A partir de la creciente legalización del matrimonio gay alrededor del mundo, observamos una reconfiguración paulatina de la normalidad (entendiendo “normal” como lo más común): las personas que deciden casarse, tener hijos y un perro en la casa, heterosexuales u homosexuales, son en general los normales, constituyen el mainstream en las sociedades occidentales, pues continúan reproduciendo convencionalismos como la monogamia, educar niños en pareja y formar una familia como el Estado la define. Esto, poco a poco, provocará que se fortalezcan los activismos que quieren legislar a favor de modelos de familias verdaderamente alternativas – de relaciones compuestas, por ejemplo, por más de dos adultos.

Por otro lado, la T de LGBT tomará más fuerza social, política y cultural: las personas travestis, transgénero y transexuales son quienes cuestionan de manera más radical y explícita lo que como sociedad llamamos hombre, mujer, masculino, femenino. Son ellos y ellas quienes, en ocasiones, aceptan o rechazan de manera más conciente las construcciones del género y, en algunos casos, llevan esas decisiones a su cuerpo, al terreno de lo quirúrgico y lo genital, a la intimidad de las prácticas sexuales. También son quienes están más rezagados al interior de la comunidad LGBT, aunque hayan jugado roles fundamentales en la historia del mismo. En las redadas de Stonewall (Nueva York, 1969), por ejemplo, y en las primeras marchas del orgullo gay en Estados Unidos hubo muchos latinos transexuales movilizando a sus compañeros de lucha. Sin embargo, en el mismo país, no hay ningún puesto alto en las organizaciones LGBT ocupado por personas trans. Y quienes sí ocupan esos puestos (con frecuencia hombres homosexuales, blancos, de clase media alta) parecen colocar a la agenda trans al final de la lista de prioridades.

Otro aspecto importante es la geografía. La legalización del matrimonio gay se ha concentrado en países de primer mundo (Canadá, Países Bajos, España, entre otros), grandes capitales (Ciudad de México) y un par de excepciones (Argentina y Sudáfrica), mientras que la homofobia institucionalizada u homofobia de Estado se dispara en países como Irak y Uganda. ¿Qué pasará con la brecha que existe actualmente entre el Distrito Federal y el resto de la república? ¿Y entre países con gobiernos más progresistas versus gobiernos más tradicionalistas? En términos sexogenéricos, la localización de espacios y leyes liberales es cada vez más definida, y son esos gobiernos quienes reciben más y más peticiones de asilo por orientación sexual e identidad de género. Queda por verse si la ola de extensión de derechos para los LGBTs cubre el resto del mundo o si habrá cada vez más ‘guetoización’ de los gays a nivel internacional.

Distingo también varios tipos de activismos. Un ejemplo es el de organizaciones no gubernamentales como Human Rights Campaign,[4] que son percibidas como clasistas, demasiado amigables con el sistema político, y poco eficientes al comparar su presencia en gran parte del territorio estadounidense y sus fondos con los éxitos atribuibles a su labor de cabildeo.

Por otro lado hay esfuerzos novedosos, particularmente de jóvenes que aportan ideas frescas e introducen temas nuevos en la agenda con estrategias originales: desde redes sociales en internet como YouTube, Facebook y Twitter,[5] proyectos como I’m from Driftwood(un blog que recolecta historias de personas gays alrededor del mundo) o el Coming Out Day.[7] Las nuevas generaciones se componen de jóvenes más informados, con la posibilidad de estar enterados de lo que sucede en todo el mundo, permitiéndose comparar la situación de la comunidad LGBT en diferentes países y tomar acciones en consecuencia. Los nuevos actores del movimiento LGBT están cansados de las medidas paliativas de sus gobiernos, y no están dispuestos a esperar a que ‘la sociedad esté lista’.

A mayor visibilidad de una minoría, podríamos asumir que llegaría más respeto hacia ella. A mayor integración de la diversidad sexual en los distintos ámbitos de una sociedad, podríamos esperar más aceptación de las formas en que cada individuo elige expresar su identidad y su sexualidad. Por el contrario, todavía suceden crímenes por homofobia, incluso en las ciudades más progresistas y cosmopolitas del planeta. ¿Existe más o menos odio? ¿Hay más o menos discriminación? Por un lado, creo que la presencia cada vez más evidente de los LGBTs en la política, en los medios de comunicación, en los suburbios, en diferentes industrias y ambientes laborales, provoca una especie de choque cultural como el que describía Samuel Huntington: la heterosexualidad (o las heterosexualidades) y sus intocables privilegios se ven amenazados por identidades que las cuestionan y las replantean, y las reacciones contra ello llegan al punto de la violencia y el odio. Por otro lado, mi optimismo se inclina hacia la hipótesis de que, haya hoy más o menos discriminación que hace treinta o cuarenta años, existe, sin duda, más información, más denuncias, más tipificación, más canales de investigación, más medios de comunicación, más estrategias de difusión. Todo se conjuga para que, esperemos, haya cada vez más resolución de casos de violencia y criminalidad catalizadas por la homofobia.

Bajemos a esferas más cotidianas: el debate de los movimientos LGBT continúa, como cualquier otra discusión, haciéndose muy presente en aulas universitarias, revistas académicas, prensa especializada, bares gays y salas de reunión del poder legislativo. Pero el tema del matrimonio homosexual, por mencionar un caso, ha ido permeando también hasta las sobremesas de hogares comunes y corrientes, más salones de clases, cafés entre amigos, espacios de creación artística y producción cultural, círculos de discusión religiosa o de fe. La revolución toca a cada vez más personas y las cuestiona sobre quiénes son, qué les gusta, a quién aman, con quién quieren tener una relación, qué significa ser ciudadano de una sociedad democrática, tener acceso a ciertos derechos…

Durante su intervención en la Tercera Semana de la Diversidad Sexual[8] del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), LolKin Castañeda Badillo[10] señala dos factores definitorios en la legalización del matrimonio entre parejas del mismo sexo en la capital mexicana. En primer lugar, el optimismo de la sociedad civil organizada (ONGs, asociaciones, colectivos y otros actores que dieron su voto de confianza a algunos de sus representantes). En segundo lugar, la voluntad en el ámbito político, notable en David Razú,[11] que valientemente aprovechó un momento de oportunidad política, incorporando la voz de sus representados.

La combinación de ambos factores fue favorable y, hoy, en el Distrito Federal las parejas homosexuales pueden casarse, adoptar, acceder a seguridad social y a créditos de vivienda, al igual que cualquier pareja heterosexual, que cualquier ciudadano casado.

Al final, como dice Razú, la diversidad sexual es también un tema de ciudadanía, y ése es el enfoque adoptado en cada vez más estrategias de las fracciones del movimiento LGBT a nivel internacional. Los activismos LGBT deben ser más comprensivos e incluyentes, tanto con las disyuntivas al interior del movimiento como con actores al interior del sistema contra el que supuestamente luchan y que están dispuestos a posicionarse a favor del movimiento.

*En la versión de este artículo publicada en la revista Internacionales mencioné un dato erróneo que he retirado ahora en la versión electrónica (En toda esta ecuación hay un factor más que Castañeda señala como ingrediente interesante: los aliados en el “equipo enemigo” – en el caso del Distrito Federal, por ejemplo, la diputada Lía Limón del Partido Acción Nacional, quien se abstuvo de votar a favor o en contra de la propuesta de ley por convicciones personales.) Lía Limón, al igual que el resto de sus compañeros del PAN, votó en contra de la propuesta de reformar el código civil del DF para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo.


[1] En ocasiones se utiliza también el acrónimo LGBTTTI, en donde las últimas letras significan travesti, transexual, intersexual.

[4] En Estados Unidos, HRC es la ONG de derechos civiles para la comunidad LGBT con mayor presupuesto y supuestamente con más fuerza e influencia política. Joe Solmonese, su director ejecutivo, es el segundo mejor pagado entre los directivos de agrupaciones de este tipo, de acuerdo con el periódico The Washington Blade.

[5] En octubre de 2009 tuvo lugar una marcha a favor de los derechos de la comunidad LGBT en Washington, D.C. La convocatoria y organización fueron totalmente a través de estas redes y asistieron personas de todo Estados Unidos, además de algunos extranjeros.

[7] Se celebra el 11 de octubre en varios lugares para promover conciencia sobre la salida del clóset (proceso a través del cual las personas LGBT aceptan abiertamente su orientación sexual e identidad de género).

[8] 8 al 11 de noviembre de 2010 en la Ciudad de México.

[10] Activista lesbiana cuyo trabajo y relevancia son notorios en el movimiento LGBT del país, particularmente en la Ciudad de México, y recientemente en la legalización del matrimonio homosexual, adopción y seguridad social para parejas del mismo sexo.

[11] Diputado por el Partido de la Revolución Democrática en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal que redactó e impulsó la propuesta de reforma al código civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en dicha entidad federativa.