Organizaciones conforman alianza por la inclusión laboral de personas LGBT

*Leonardo Bastida publicó esta nota originalmente en Notiese el 15 de diciembre de 2014.

Ante realidades como que en Estados Unidos, las empresas que facilitan que las y los empleados de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual (LGBTTTI) se sientan integrados en el lugar de trabajo registran mejores índices de producción, tienen un mejor ambiente para la convivencia laboral, reducen su tasa de ausentismo y hay una mayor permanencia en la ocupación de las plazas laborales por parte de personas no heterosexuales, un grupo de organizaciones de la sociedad civil mexicanas ha impulsado la creación de la Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral (ADIL).

De acuerdo con Daniel Serrano Regil, uno de los integrantes de la Alianza, esta nace de la urgente necesidad de articular distintos sectores como actores con trabajo y experiencia en temas relacionados a derechos humanos y el respeto a las poblaciones LGBTTTI, medios de comunicación y organizaciones de la sociedad civil para combatir la discriminación en distintos espacios de trabajo en México.

Así, ADIL se ha dado a la tarea de desarrollar y promover acciones, estrategias y metodologías que puedan ser adaptadas por el sector privado a fin de reconocer el marco jurídico de la no discriminación y el respeto para que las empresas se abran a la diversidad no sólo sexual, sino en diversos ámbitos, para crear mejores y seguros ambientes de trabajo.

Para lograr sus objetivos, la Alianza se ha propuesto como ejes de trabajo: establecer vínculos, acciones y estrategias de colaboración con empresas del sector privado en México para comunicar la importancia de adoptar políticas de inclusión y respeto para abatir la discriminación hacia personas LGBTTTI al interior de los corporativos.

Además, visibilizar a través de medios y campañas las buenas prácticas que se han adoptado en México y en otros países para la inclusión y respeto de las y los empleados no heterosexuales, y fortalecer o impulsar estrategias, metodologías de capacitación y sensibilización para empleados y directivos en materia de derechos humanos que promuevan y garanticen la integración y el ambiente laboral bajo el respeto a la diversidad de las y los colaboradores.

Como parte de las actividades de ADIL se desarrolló el pasado 24 de noviembre el Primer Foro de Buenas Prácticas sobre Diversidad e Inclusión Laboral LGBT en conjunto con el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) donde algunas empresas compartieron sus experiencias de trabajo para favorecer ambientes amigables a integrantes de las comunidad de la diversidad sexual.

Allí mismo se dieron a conocer algunas acciones por parte del Copred para reducir la discriminación en el ámbito laboral, incluida por orientación o preferencia sexual o identidad sexo genérica, entre ellas la capacitación de personal.

Las organizaciones que forman parte de ADIL son Espolea A.C., Interculturalidad, Salud y Derechos A.C.; medios de comunicación como Enehache.com y activistas y comunicadores como Enrique Torre Molina.


For Matthew Shepard and his family

*I originally published this post on The Huffington Post on June 18, 2014.

I wrote and read this piece on June 3, right before a special performance of The Laramie Project that I co-produced with the U.S. Embassy and the Matthew Shepard Foundation at Mexico City’s Teatro Milán.

funeral de matthew2At the end of my first year in college, just when I began to come out to my family and friends, I read about a young man in the United States, Matthew Shepard, who had been brutally murdered for being gay. This shocked me for many reasons — first, because I identified with a few of Matthew’s traits: My age at that time was almost the same as his when he was killed. We were both university students studying international relations. We both enjoyed traveling and learning new languages. We were both gay.

But what caught my attention the most was the fact that he was a regular guy. Matthew was not a famous activist whose work made someone in power feel uncomfortable. He was not a politician getting in the way of another. Matthew was just at the wrong spot at the wrong time with the wrong people. This terrified me.

A couple of years after that, I was living in New York, and I met Judy Shepard, Matthew’s mom and the co-founder of the organization named after him. Judy spoke at the city’s LGBT Community Center. At the end of the event, I came up to say hello, mentioned how much I admired her work, and asked her a couple of questions. Judy gave me a purple plastic bracelet that I have worn every day since then, for five years now. It has two simple but very strong words on it: “ERASE HATE.”

The hate that took her son away. The hate that ended Matthew’s life in 1998 in Wyoming, Brandon Teena’s in 1993 in Nebraska, Daniel Zamudio’s in 2012 in Santiago, Agnes Torres’ in 2012 in Puebla, and the list goes on. The same hate that ends relationships between friends because of one’s sexual orientation, or between a mother and her transgender daughter because the mother doesn’t understand her daughter’s identity.

The message sent by people like Matthew’s murderers (and everyone else’s) is that being gay, lesbian, bisexual or transgender is wrong. It is a problem. It is dangerous. It’s best to get rid of them. Alarming, right? Far from the promises of campaigns like It Gets Better, for people like Matthew and many more it actually got worse.

The amazing thing is that, 16 years after that episode, and thanks to the work of many, many people, Matthew is still “alive.” His story and the story of the small town that knew him keep traveling, moving hearts and minds, inspiring playwrights, filling theaters around the world, pushing laws forward against discrimination, driving young men and women to promote respect for diversity.

Today I celebrate that Matthew’s life did not end for nothing. If he, a 21-year-old, ordinary student, is here tonight and has made us come and know his story, we now have the task of erasing that hate and replacing it with respect and understanding.


Guimel: Yo tampoco

La organización Guimel (judíos mexicanos LGBT, familiares y amigos) presentó el 10 de junio su campaña Yo tampoco en el Museo Memoria y Tolerancia. Colaboré con ellos en el desarrollo de la campaña y vinculación con medios de comunicación.

créditosauditorio

Eli Nassau, co-director de Guimel, dio un excelente discurso antes de presentar el video de la campaña. Habló sobre la experiencia de ser lesbiana, gay, bisexual o transgénero en la comunidad judía en México, por qué hicieron esta campaña, a quién va dirigida y el trabajo que hace la organización desde 2012: Eli Nassau
Luis Perelman, vocero de la comunidad judía y de la comunidad LGBT en México, habló sobre las diferentes posturas en el judaísmo con respecto a la diversidad sexual:
luis perelman

Pueden sumarse a la campaña difundiendo el video, acercándose a Guimel, tomándose una selfie con el logo de la campaña y usando el hashtag #GuimelYoTampoco en redes sociales:selfies yo


El clóset y los medios y la gran familia queer

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

Ellen PageA principios de este año viajé a Mérida, la ciudad donde nací y viví 18 años, para ir a la boda de Chalo, un querido amigo de la preparatoria. Me encontré con personas que no veía desde que salimos de la escuela y platicamos sobre nuestros trabajos, nuestros planes, nuestras parejas. Estaba muy contento de escucharlos, de contarles, de ponernos al día.

También me sentí raro. Recordé mi inseguridad cuando platicaba con algunos de ellos en los recreos, a la salida de la escuela o en fiestas sobre, por ejemplo, quién nos gustaba, qué niña nos parecía guapa o a quién queríamos enamorar (así le llamábamos al proceso que iba desde invitar a una niña a salir hasta hacerla tu novia).

Según yo, cuidaba magistralmente qué decía, qué palabras usaba, en qué tono hablaba para no indicar de ninguna manera que estaba mintiendo, para que no se me notara. Porque no me interesaba ninguna chava y me atraían más bien algunos de nuestros compañeros. En estos reencuentros en la boda de Chalo faltaba algo: ese escudo imaginario que me acompañó toda mi adolescencia ya no estaba. Conversar sin el miedo de que “se me notara” algo y no tener que esforzarme por mantener apariencias me hizo sentir muy cómodo.

Una comodidad liberadora, porque el clóset es agotador.

Hace seis o siete años que le dije a mi familia y amigos que soy gay. Recibí desde sermones sobre cómo “formar relaciones que no producirán nuevas vidas destruye el amor que dios nos da” hasta un correo electrónico de “bienvenido a esta gran familia de queers” de una tía lesbiana. Hoy sigo conociendo historias igual de variadas. Las anécdotas van de lo más chistoso a lo más deprimente.

En un mundo donde la homofobia permanece en todo tipo de espacios, donde muchos jóvenes cargan esos escudos imaginarios, salir del clóset sigue siendo relevante. Y no sólo en la privacidad de nuestras casas, escuelas y oficinas, sino en la esfera pública. Por eso me emociona tanto escuchar discursos como el de Ellen Page en la conferencia de Human Rights Campaign, donde dice que es gay y recuerda que “hay personas que van a la escuela todos los días y los tratan como mierda o sienten que no pueden decirle la verdad a sus papás”.

O leer artículos como el que escribió Maria Bello en The New York Times sobre ser bisexual, contradiciendo el mito de que la bisexualidad no existe o que los bisexuales nada más están confundidos. O ver a Michael Sam, Brian Boitano, Ian Matos y Tom Daley destapando poco a poco la homofobia que existe en el mundo deportivo. Salir del clóset sigue importando y más jóvenes necesitan escuchar esas historias. Sin duda es lo que a mi yo de 16 años, tan lejos de caras conocidas que hablaran abiertamente de su orientación sexual, le hubiera gustado escuchar.

Los medios de comunicación dan forma a esos clósets, pero también los clósets moldean a los medios. Y sí, algunas de estas declaraciones de celebridades y atletas son una acción de mercadotecnia. Sí, algunas son parte de una estrategia de comunicación con asesoría de expertos en el tema. Sí, “ya todos sabíamos” que un par de ellos eran gays o lesbianas. ¿Y qué? ¿No podemos celebrar que alguien dejó de fingir y la está pasando mejor? ¿Que le está diciendo al mundo que su sexualidad no es motivo para avergonzarse o esconderse? Un truco para impulsar la carrera de alguien no está peleado con mandar un mensaje positivo. Salir del clóset, en privado y en público, todavía tiene un gran peso.

El clóset es agotador. Es una máscara pesada, como dice el personaje de José María Yazpik en La vida en el espejo cuando le confiesa a su papá que es gay. Yo quiero que vengan más Ellens, Marias, Michaels, Toms. Más Rickys, Chavelas, Rachel Maddows y Kevin Kellers (para los que somos fans de Archie Comics). Quiero que cada vez más mexicanos y latinoamericanos se animen también. Total, de varios ya sabemos y ya ven que no pasa nada. Yo prometo enviarles un mensaje de bienvenida a la gran familia queer.


An amateur’s reflection on racism, classism within LGBT communities

*This post was originally published on The Huffington Post‘s Gay Voices and Latino Voices.

Last month I was in Los Angeles for the first time. I attended GLAAD’s second edition of the National People of Color Media Institute, an awesome project GLAAD launched to bring together lesbian, gay, bisexual, transgender people of color working on different issues and in different communities, have them share their experiences, and enhance their potential as advocates and spokespeople for those communities. The aim of GLAAD through this institute and their Voices of Color program, led by Daryl Hannah, is to bring more Black, Latino, and Asian faces to our newspapers, magazines, blogs, radio and television shows. I was honored to be the first non-U.S. resident who participated.

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Brenda del Rio from Bienestar, GLAAD’s Monica Trasandes, and Enrique Torre Molina.

The work GLAAD has done to make media a more inclusive space for LGBT people (in the U.S. and increasingly elsewhere), and to make LGBT stories more present and powerful in that media for almost 30 years, cannot be understated. However, LGBT people of color are not visible enough on mainstream media. And I would say not even on LGBT media. Look at, for example, gay characters who are on TV shows right now: Louis on Partners, Kurt on Glee, Bryan on The New Normal, Cam and Mitch on Modern Family. All white guys.

According to The Opportunity Agenda’s Public Opinion and Discourse on the Intersections of LGBT Issues and Race 2012 report, LGBT issues are under-reported in Latino media in the U.S., although California’s Proposition 8 in 2008 drove those media to have a wider coverage of LGBT issues. Not surprising, considering the large population of Latinos in the state. The report also points out that much “of the anti-LGBT rhetoric, slurs, and derogatory language found in this media scan come from users’ online comments, not from the media themselves.” When I blogged for VivirMexico.com, I would often get very homophobic, moronic comments from readers, such as “Fags are shitty people. Fags themselves are to be blamed of being discriminated against. Their attitude is annoying and some times disrespectful. If they’re fags I don’t care. Fuck with each other and that’s it, but the sissy ones are disgusting.”

I have a hard time translating the concept of “people of color” with all its heavy, powerful meaning to our experience in Mexico. Race and racism are not topics present on the media, much less on off-screen daily conversations. We often think of Mexico as a racism-free society. But the strongest form of discrimination against black people, for example, is not ignoring their exclusion but actually thinking there aren’t any here, except for the occasional model on a Mexico City fashion week runway. The National Council to Prevent Discrimination (Conapred) has done research and spread information on discrimination against people of African descent. Other than that, they are practically invisible. According to Jonathan Orozco, a communication staffer at Conapred, there are no official numbers on the African descent community living in Mexico. Same goes for LGBTs, by the way: we don’t know exactly how many of us are there, working as what, living where, etc.

Except for a couple of pieces or documentaries on the muxes living in Oaxaca, I can’t recall seeing anyone who was LGBT and indigenous on screen. And I don’t foresee it happening any time soon, if even bouncers at some gay bars and clubs are responsible for leaving “indigenous-looking” people out.

Growing up in a privileged background, having a mostly harmless coming-out process, being surrounded by other gays and lesbians in my family, and living in the only city in the country where I can marry my boyfriend has let me experience a homophobic society. I can only imagine what things are like for someone on the other end of racist, classist Mexico.

Where are all those faces in the pages of gay magazines, on the ads of hookup websites, on TV shows? For a group that is such a target of bigotry, we as LGBT media could do a lot better to address those other types of exclusion happening within our community.