Medium

logoEsta semana abrí una cuenta en Medium. Estoy como en Twitter: @etorremolina. Ahí publicaré textos originales de vez en cuando, como mi lista de libros favoritos de 2014, y los publicados originalmente en otros medios.

Ya están los que he publicado entre 2010 y 2014 en Animal Político, Betúnel blog de la Embajada de Estados Unidos en México, Chilango, Gatopardola revista Internacionales del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla, Letras Libres, MidOpenMilenio, Ohm, Quién, The Huffington Post, Vivir México y enriquetorremolina.com.


Sobre el mensaje de fin de año de Presidencia de la República

El gobierno federal de México subió a YouTube un video con un mensaje de fin de año, con la diversidad como tema principal. Personas con discapacidad, personas indígenas y por lo menos una persona de la población de lesbianas, gays, bisexuales y transgénero nos desean un feliz 2014.

“Cada año nuevo es una oportunidad para respetar y valorar la diversidad de México”, dice Jonathan Orozco en los primeros segundos. Para la gran mayoría de la gente que verá el video, la diversidad que representa Jonathan está invisibilizada en este mensaje, como señaló mi amigo Alfredo Narváez en un comentario en Facebook. Porque no lo conocen ni saben que es un chavo gay, lo cual no es lo más importante sobre él pero importa mucho en el contexto de este video protagonizado por un cast que, entiendo, pretende ser una muestra de la diversidad mexicana.

Para quienes conocemos a Jonathan, su aparición en el video es, me parece, un guiño a la comunidad LGBT. Un guiño muy sutil (¡aquí estamos los gays, aunque sea camuflajeados!) e insuficiente (no se menciona nada concreto). Pero seamos optimistas: ojalá que sea señal de que en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto se sumará al Día Internacional Contra la Homofobia más allá de un tweet el 17 de mayo (aquí vale la pena leer la carta que Genaro Lozano publicó en su momento en su columna del diario Reforma). O que el mismo Peña expresará su postura frente al matrimonio igualitario que este año ha tenido avances en el país, por poner un par de ejemplos.

Sin esas acciones concretas, sin tomar esa oportunidad de valorar y respetar la diversidad de la que habla Jonathan, los buenos deseos presidenciales son un caso más de atole con el dedo.


IDAHO

IDAHO no es un estado en Estados Unidos sino las siglas del International Day Against Homophobia, o Día Internacional Contra la Homofobia (lesbofobia, bifobia, transfobia…), el 17 de mayo.

IDAHO-EnglishDesde 2004 esta fecha ha servido pare celebrar que ese día, en 1990, la Organización Mundial de la Salud retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. La idea de que ser no heterosexual es sinónimo de un desorden patológico ha sido por mucho tiempo una de las más dañinas y perjudiciales para la lucha contra la discriminación, así que ese cambio en la OMS fue un punto de quiebre fundamental. Y ahora sirve para celebrar avances y señalar también los problemas y peligros que enfrentan personas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero todos los días.

En México, varias organizaciones se han sumado a la fecha:

  • Reacciona Mx está haciendo ruido en redes sociales con hashtags, wallpapers, etc.
  • Letra S publicó ayer algunas cifras sobre homicidios contra personas LGBT en México entre 1995 y 2013.
  • La Cabaretiza lanzó hace unos días una campaña padrísima enfocada en mujeres lesbianas:

También hay acciones programadas en Coahuila, Mérida, Monterrey, Tabasco y Distrito Federal (edificios iluminados por el gobierno local, besatón en una terminal de autobuses, tertulia en la UNAM).

Para más información sobre esta fecha en otros países, chequen este artículo de Michael K. Lavers en Washington Blade y  visiten el sitio web del IDAHO. También recomiendo la página de IGLHRC para conocer la situación de los derechos humanos de personas LGBT en varias partes del mundo, incluyendo donde hay poco que celebrar, como señala este video de la ONU:

El año pasado, a propósito de esta fecha, publiqué un texto en Chilango que sigue expresando con precisión qué pienso y siento al respecto. Está disponible en este enlace.


Reversible sale del clóset

*Este texto se publicó en Reversible el 6 de noviembre de 2012.

Este miércoles 7 de noviembre a las 7pm los invitamos a la presentación oficial de Reversible (@ReversibleMx), suplemento de diversidad sexual que aparece en este espacio el primer viernes de cada mes.

Reversible sale del clósetReversible es un proyecto periodístico que tiene como objetivo difundir las realidades cotidianas de la diversidad sexual y la Comunidad LGBTTTI.

“Si logramos sensibilizarnos y conocernos entre nosotros y además visibilizarnos ante el resto de la sociedad, estaremos cada vez más cerca de deshacernos de estigmas, de alcanzar nuestros derechos y de vivir más libres”, sostiene la coordinadora de este proyecto, Tuss Fernández.

Los invitamos a que celebren con nosotros el nacimiento de esta causa-proyecto y nos acompañen en la presentación oficial que tiene padrinos de lujo: Natalia Anaya (Opción Bi), Rocío Sánchez (Letra S), Enrique Torre Molina (Chilango y The Hufftington Post) y Gabriel Gutiérrez G. (Tiempo Libre, Código Diverso).

La cita es en la Casa del Escritor de esta ciudad (5 Oriente 201)… Y para brindar, ¡mezcal!

Reversible también está en FB.


Reinas de la noche, ¿esto es lo que hay?

*Este artículo se publicó originalmente en Chilango.

Mis amigos empezaron a ir a antros cuando estábamos en prepa. Yo estaba en el clóset y todavía no me gustaba nada que tuviera alcohol, así que ligar o emborracharme tantito (dos de los principales ritos en dichos establecimientos) no eran objetivos de mi interés. Y, a menos que fuera a lugares donde no conocía a nadie, en Mérida había nada más un par de opciones. Todas con cadenero en la puerta. Ese nefasto personaje que puede hacer la diferencia entre que pases una noche memorable o te resignes a regresar a tu casa a jugar Maratón. O un juego de mesa menos ñoño, pero ése es mi favorito. El antro no era para mí, pues.

Quitando alguna vez que no llevaba una identificación para probar mi mayoría de edad, creo que nunca me he quedado fuera de uno. Creo que a nadie le gusta. Esto no lo aclaro porque me sienta más especial por siempre pasar el filtro de la entrada, sino para que no tomen ésta como la opinión de un ardido al que batearon en la puerta.

Ahora ya me gusta ir a antros. Gays, de preferencia. Porque es más probable que pongan la música que me gusta (pop superficial y pasajero), es más fácil conocer gente y ligar por un tema meramente matemático, y es más común que prescindan de los cadeneros.

Pero de los lugares donde consideran que éstos son indispensables tengo varias anécdotas de amigos que se han quedado del otro lado de la cadena, porque no llevaban la ropa adecuada, o porque no son suficientemente bonitos, o porque no conocían a la persona indicada… Y, ¡sorpresa!, cada vez es más habitual que inauguren antros gays donde un hombre, a veces acompañado de un publirrelacionista, te dice “tú sí” o “tú no”. Por ejemplo, el nuevo Loud.

En la más reciente edición de la Semana de la Diversidad del ITAM, en marzo, hubo una mesa de discusión con dos socios de antros como Envy o Guilt. Les conté que, cuando he ido, me la he pasado muy bien. Y ya que ellos tienen cadena pregunté quién se queda fuera y por qué. “Como en cualquier otro antro, no entra quien vaya en fachas, muy borracho o drogado.” Pregunté por qué en el DF no hay antros enfocados en chavas, si ellos habían pensado en entrarle a ese mercado o si las lesbianas chilangas no estaban en sus planes de negocios. Me dijeron que, para tantear el terreno, estaban por empezar fiestas para niñas en uno de sus antros, y que a éstas sólo tendrían acceso mujeres en general y hombres gays. Hombres heterosexuales no. Algo chistoso viniendo de empresarios que alegan que su principal obstáculo al abrir y mantener un antro de este tipo es la discriminación por parte de la delegación y otras autoridades.

Por temor a a una respuesta tan absurda como esa política, no pregunté cómo probarían la orientación sexual de sus potenciales clientes. Mejor pregunté por qué. “Los hombres bugas generalmente van a noches de lesbianas para ver cómo se besan, faltarles al respeto, tratarlas con morbo, insultarlas… Y tenemos que cuidar a nuestras niñas”. Interesante protección la que ofrecían. Les dije que esa mentalidad subestimaba a los bugas concibiéndolos como bestias que no pueden convivir con lesbianas sin írseles encima. La moderadora del panel interrumpió la discusión.

Esta misma lógica la aplican antros bugas que restringen la entrada a chavos gays (juicio emitido, supongo, por la apariencia de éstos) “porque van a incomodar a otros clientes, a los (que sí son 100%) hombres, viéndolos con lujuria, coqueteándoles…” Como le pasó a unos amigos que, estando en uno de esos bares, salieron a fumar. Cuando regresaron a la puerta el cadenero les dijo que no podían pasar “porque había demasiados gays adentro y algunos clientes se estaban quejando”.

Proteger a la clientela no es prioridad para todos los dueños. Claramente no para los del Marrakech, en el Centro, donde las últimas veces que fui resultaba imposible moverse. De ser mi lugar favorito en la Ciudad de México para ir a bailar, sin cover, sin cadena, donde todas y todos entran, se ha vuelto en uno que prefiero evitar. La política de admitir a todos se la tomaron demasiado en serio: mientras llegue gente a la entrada, la gente entra. Aunque no haya cupo. Aunque pueda temblar sin que nadie se entere. Aunque un cliente que fue en muletas se caiga entre empujones de otros clientes que, quieran o no, tienen que empujarse para desplazarse a la barra o al baño. Esto sucedió en mi última visita y fue la gota que derramó mi vaso. Cuando me quejé en su página de Facebook, otros se sumaron y el responsable de la cuenta borró todo. No sin antes establecer puntos como “¿Para qué viene una persona en muletas?”, contradictorio con su lógica de “Todos pueden entrar porque aquí no se discrimina a nadie”. ¿Alguien considera discriminatorio que un cine no venda boletos de más o que un restaurante no te siente cuando no hay mesas disponibles?

La cosa es que, después de unos años de agarrarle el gusto, ir al antro se convierte a veces en un fastidio. Tanto que aquí estoy desahogándome y pensando si soy yo el que se pasa de mamón. Si debería ir a antros bugas y pasarla bien ahí. Si convendría aceptar que, efectivamente, el antro no es para mí.


Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 127 other followers