Les Nouvelles: Me growing up

*Colaboración de Lourdes Alvaradejo (lulu@enriquetorremolina.com).

Hace unos días Naya Rivera (Santana en Glee) fue la encargada de presentar los GLAAD Media Awards en Nueva York, ceremonia en la que se reconoce a las representaciones positivas de la comunidad LGBTTTI en la industria del entretenimiento y periodismo. Durante su intervención, Naya dijo que hacían falta más personajes gays en televisión. En su reporte Where are we on TV 2011-2012 la organización indica que del total de personajes regulares que hubo en televisión durante esa temporada únicamente 2.9% pertenecían a la comunidad LGBTTI (decremento comparado con 3.9% en el reporte 2010-2011). Si bien podríamos iniciar un debate sobre la importancia de tener más visibilidad en los medios masivos de comunicación -especialmente los personajes lésbicos, que parecen desaparecer cada vez más de la mente de los escritores de televisión-, me gustaría presentar a los personajes que marcaron una diferencia cuando estaba creciendo. Creo que mi perspectiva hubiera sido muy diferente si hubiera visto sweet lady kisses en televisión cuando tenía 13 años.

Sin particular orden de importancia, les presento entonces a los personajes que me acompañaron a través de la televisión:

Jack McPhee (Dawson’s Creek, 1998) Si no me equivoco (y Wikipedia no me dejará mentir), fue en la segunda temporada cuando Jack sale del clóset y en la siguiente comienza a salir con un estudiante que conoce en un viaje. Las cosas no funcionan entre ellos, pero después Jack comienza a andar con Toby y son felices un tiempo. En ese momento yo tenía como 13 años. No fueron sweet lady kisses ni creo haber visto la temporada cuando tenía 13, pero seguramente vi las repeticiones cuando tenía como 16 y muchas dudas que tenía las aclaró Jack. Si él podía tener un novio, ¿podía tener yo una novia? Unos años después, cuando oficialmente comencé a salir a antros gays (porque uno cree que es ahí donde potencialmente encontraría novia), pensé que mi historia era un poquito como la de Jack: primero mucho wishful thinking con alguien que realmente ni te gustaba, pero estaba ahí y era lencha como tú, para luego entender esto y dar paso a entenderte mejor y a formar tu identidad.

Jessie (Once and Again, 1999) Nunca seguí fielmente esta serie, pero recuerdo el día en que prendí la tele y ahí estaban: dos niñas besándose. La relación de Jessie (Evan Rachel Wood) y Katie (Mischa Barton) comenzó en 2002, durante la última temporada de la serie. Recuerdo haber comenzado a verla sólo para saber qué pasaba.

Alex (The O.C., 2003) La vi desde el principio, porque cuando uno tiene 16 años aparentemente sí tiene esa capacidad de seguir puntualmente una serie de televisión. En la segunda temporada apareció Alex y de pronto resultó que no sólo salía con un hombre, sino también con una mujer. Gracias, televisión por cable. A los 17 años, después de que cortaron abruptamente Once and Again y nunca supe qué pasó con Jessie y Katie, me presentaron a Alex y Marissa, que si no eran necesariamente un ejemplo de estabilidad al menos le mostraban al mundo posibilidades. Y dentro de ese mundo estaba yo con mis dudas.

Marco y Paige (Degrassi: The Next Generation, 2001) En algún punto de mi adolescencia comencé a ver este programa, que, supongo, es el que permitió que años después existieran Skins y otros. El primer personaje que llamó mi atención fue Marco. Me tocó ver su salida del clóset, pero la parte que verdaderamente llamó mi atención entonces fue cuando Paige comenzó a salir con Alex.

Willow y Tara (Buffy the Vampire Slayer, 1997) No fui fan de Buffy, pero fue casi imposible no saber sobre Willow y Tara y la conmoción que causaron en el mundo. Me acuerdo que todos hablaban sobre eso y, si hoy a la gente de pronto le cuesta trabajo ver a Santana y Brittany en Glee o a Arizona y Callie en Grey’s Anatomy, imagínense la controversia que fueron Willow y Tara a finales de los noventa.

That was me growing up.