Excélsior: Denuncian a terapeuta que ‘cura la homosexualidad’

*Ximena Mejía publicó esta nota originalmente en Excélsior el 7 de marzo de 2015.

Copred CohenEl Consejo Para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred) envió una denuncia por discriminación a la embajada de Estados Unidos en contra de Richard Cohen, terapeuta que llegó a la Ciudad de México para brindar charlas para “curar la homosexualidad”.

Jacqueline L’Hoist Tapia presentó la Opinión Consultiva OC-1/2015 en la cual destaca que las terapias ofrecidas por el estadunidense son un fraude, además de promover el rechazo hacia la población lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual (LGBTTI).

La orientación o preferencia sexual de las personas es una categoría protegida por los derechos humanos, y es reconocida como una parte esencial de la personalidad que consiste en no ser modificada por terceros.

“Siguiendo esta línea, este consejo encuentra que los seminarios impartidos en la Ciudad de México son un fraude, así de claro, lo haga Richard Cohen o cualquier organización religiosa o académica: quien lo intente hacer le estará haciendo un fraude profundo a la sociedad”, condenó L’Hoist.

En compañía de organizaciones civiles en favor de las preferencias sexuales y derechos humanos, la titular del Copred destacó que Cohen promueve prácticas inefectivas para la reorientación sexual, y que en países como España y en parte de Estados Unidos ha sido vetado.

Richard Cohen, estuvo en la Ciudad de México en septiembre del año pasado impartiendo sus seminarios que fomentan la aversión a personas con diferentes preferencias sexuales a la heterosexual.

Enrique Torre Molina consultor en temas LGBTTI, y Héctor Salinas, coordinador del Programa de Disidencia Sexual de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México denunciaron que estas terapias van dirigidas a jóvenes menores de edad, quienes son más vulnerables a ser discriminados por su entorno familiar y escolar.

A su llegada al país, Richard Cohen aseguró que sus charlas eran efectivas debido a que él era “la prueba del éxito de sus tratamientos”, pues aseguró que en el pasado había sido homosexual y actualmente es heterosexual.

La demanda, explicaron los quejosos, no puede trascender al orden penal debido a que no existe una denuncia por parte de los mismos peticionarios ante el Ministerio Público.


El Proyecto Laramie: opinión de Lucero Solórzano

*Lucero Solórzano publicó este texto en su columna de Excélsior el 6 de junio de 2014.

En octubre de 1998 un terrible homicidio sucedió a las afueras de Laramie, Wyoming, en Estados Unidos. Un crimen sanguinario que marcó un antes y un después, no sólo en esa conservadora comunidad, sino en toda la Unión Americana, y que se convirtiera en noticia de encabezados en los principales medios del mundo.

Matthew Shepard era un joven estudiante de 22 años de la Universidad de Wyoming. Su pecado no fue ser homosexual, sino pensar que no había ningún problema en decirlo públicamente; el gran error de este joven fue creer que podía ser libre de vivir como se le diera la gana, y cantarlo a los cuatro vientos. En una sociedad con miedo a lo diferente que puede ir desde ser mujer, obeso, negro, o de otro color, con problemas de nacimiento, con “anormales” inclinaciones sexuales, o hasta extraterrestre, eso fue intolerable y motivo suficiente para que Matthew fuera secuestrado por otros dos jóvenes de su edad, que lo torturaron y golpearon amarrado a una cerca, causando su muerte unos días después.

Un delito de odio que a la luz de lo que pasa hoy en día, en nuestro propio país, en las familias, escuelas, etcétera, se antoja dolorosamente vigente.

A partir del hecho cientos de voces se alzaron en una protesta y con el objetivo de pugnar porque estos delitos de odio no se repitan, se organizaron para formar la Fundación Matthew Shepard. Desde el hoy llamado bullying en algunas de nuestras escuelas (mucho más virulento que hace décadas), pero sobre todo la homofobia con su violencia física y sicológica, y la persecución cruel de minorías “diferentes”, son parte de los temas que ocupan a la Fundación Matthew Shepard, que convierte a este joven, y su prematura muerte, en una bandera por la defensa de los derechos de comunidades de gays y lesbianas.

El miércoles tuve la oportunidad de presenciar una puesta en escena especial de El proyecto Laramie (The Laramie Project) escrita por Moisés Kaufman, autor venezolano nominado a varios premios por esta obra —también llevada por él al cine—, y ganador del Emmy. La versión cinematográfica para la televisión se presentó con muy buena respuesta de público y crítica en el Festival Sundance de 2002,  y recibió una mención especial como ópera prima en el de Berlín. Se puede ver ocasionalmente por HBO con el título Proyecto de un crimen.

Moisés Kaufman es el fundador del Proyecto de Teatro Tectónico; con los miembros del grupo viajó varias veces a Laramie para realizar más de 200 entrevistas entre amigos, vecinos, testigos, compañeros de escuela, autoridades, maestros, padres, y los propios asesinos.

En México se repone por tercera vez, y los productores del evento son Enrique Torre Molina y Rodrigo Salazar, bajo la dirección de Luciana Silveira. Un grupo de siete actores se presenta en un escenario de fondo negro, vestidos de ese mismo color. Están sentados en sillas negras y todos tienen junto una caja, de la que sacan los diferentes objetos que utilizan durante la representación, ya que cada uno interpreta varios personajes.

El texto de Kaufman es conmovedor y de una gran riqueza, y se escuchan por momentos sollozos del público emocionado, aunque a veces se siente reiterativo y la puesta en escena llega a ser demasiado larga.

En esta función especial se contó con la presencia de Jason Marsden, director ejecutivo de la Fundación Matthew Shepard, que habló de la vida de Shepard y lo que implica su muerte a 16 años de distancia.

El proyecto Laramie es una forma de usar el teatro para dar voz a los que han sido silenciados, o que nadie escucha. El tema es universal.

Se estará representando los lunes en el Teatro Arlequín. Es muy recomendable.