Mi Cuerpo, Mis Derechos

enrique¿Sabías que la homosexualidad es un crimen en 77 países? ¿Y que, en Rusia, el presidente Vladimir Putin aprobó una ley anti “propaganda gay” en 2013? La campaña #MiCuerpoMisDerechos ahí sería ilegal, por ejemplo.

Gracias a Amnistía Internacional por invitarnos a participar. Si quieres apoyar y sumarte, entra a alzatuvoz.org/mcmd

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Gatopardo: callar el grito

*Alejandra González publicó este texto en Gatopardo el 24 de junio de 2014.

Lo que sucede en la cancha y la tribuna durante un partido de futbol, o cualquier otro deporte, no se queda sólo ahí. Un mundial es también un encuentro de culturas, razas, creencias, valores y vicios.

Entre la afición mexicana gritar “puto” al portero rival anticipando cada saque de meta, se ha convertido en una tradición. No es fácil identificar cuándo empezó a usarse, pero un porra del Atlas de Guadalajara presume haberlo inventado alrededor del 2003 como castigo a Oswaldo Sánchez, portero que inició su carrera en ese equipo, pero que posteriormente se cambió a Chivas, su principal rival.

Diez años después, el ya mundialmente famoso “¡Puto!”, atrajo la atención de la organización independiente Fare (siglas en inglés para “Futbol contra el racismo en Europa”) –red dedicada a combatir la discriminación en el futbol europeo–, que contactó a la FIFA de manera oficial para que se abriera una investigación disciplinaria por conducta inapropiada de los espectadores durante los partidos Camerún-México y México-Brasil. La afición brasileña se había contagiado del popular grito y le hizo competencia a México gritándolo durante su enfrentamiento del 17 de junio.

Sin embargo ayer, apenas una semana después del inicio de esta investigación, la FIFA anunció que su Comité Disciplinario decidió absolver a la Federación Mexicana de Futbol y descartar todos los cargos al considerar que “el incidente en cuestión no es considerado insultante en este contexto específico”.

Cabe mencionar que para la FIFA sancionar a México habría significado recibir presiones para castigar también al equipo anfitrión y sabotear irremediablemente esta edición de su evento y negocio más importante. La FIFA decidió pasar de largo el incidente quizá también para no prolongar un debate del que difícilmente saldría bien librado, tras elegir como sede de los próximos mundiales a Rusia y Qatar, ambos bajo la mira internacional por la violencia que se ejerce en esos países contra mujeres y homosexuales.

Además, ello pondría el dedo en la llaga a otro tema sumamente incómodo para la organización: la presunta corrupción que llevó a la elección de Qatar como sede del mundial de 2022. Diarios como el Sunday Times revelaron hace algunas semanas que Mohamed bin Hammam, un ex directivo de la FIFA de origen qatarí, pagó hasta 5 millones de dólares a directivos del fútbol africano para asegurar un buen puñado de votos para su país.

Además, la revista France Football denunció que Ángel María Villar (Presidente de la Real Federación de Fútbol de España y vicepresidente de la FIFA y la UEFA), Florentino Pérez (presidente del club Real Madrid) y Sandro Rosell (expresidente del club Barcelona), ejercieron presión para apoyar la candidatura Qatar. De acuerdo con el medio francés, los tres hicieron un “acuerdo secreto” para conseguir el voto favorable de países como Guatemala, Argentina, Brasil y Paraguay.

Más allá de la decisión de la FIFA y de su cuestionable autoridad moral, en México el tema levantó un valioso debate en diversos medios de comunicación y redes sociales. Muchos periodistas y líderes de opinión como Daniel Moreno y Antonio Martínez Velázquez publicaron artículos al respecto. Martínez Velázquez dijo no encontrar al grito homofóbico ni discriminante, pero aplaudió el hecho de que cada vez más entidades particulares reflexionen en torno a la posibilidad de acotar derechos reconocidos, en este caso el de libertad de expresión.

Facebook, Twitter, YouTube o la FIFA son particulares masivos con efectos públicos y son ellos los que probablemente no atiendan a ninguna tradición jurídica  para decidir qué se dice y qué no; con un razonamiento que no es del todo público y que no pasa por el Estado,

escribió en su blog.

En defensa del grito se ha dicho que la palabra “puto” tiene otras acepciones; que es parte del idioma vernáculo; que en medio de la pasión deportiva no es posible ser demasiado políticamente correctos; que prohibirlo es frenar la libertad de expresión; que los estadios son espacio para la catarsis, etcétera. Pero es cierto también, como escribió en su artículo de la semana pasada el periodista Daniel Moreno, “que la libertad de expresión no es absoluta. Y que las palabras importan, algo dicen y que, en este caso, específicamente reflejan nuestro desprecio a una comunidad”.

Puto es una forma despectiva de referirse a alguien que es homosexual, es un insulto. Si alguien lo quiere usar como sinónimo de cobarde o de otra cosa, pues hay que gritar cobarde o esa otra cosa,

dijo el activista y periodista Enrique Torre Molina en entrevista para Gatopardo. “Es la misma palabra que han escuchado muchos hombres a los que han asesinado por ser gays,” agregó. Sin embargo, considera que prohibir su uso no sería una medida certera para atacar el problema. “Prohibir elimina la parte más rica de todo este debate, y la posibilidad de reflexionar y preguntarnos de dónde viene todo eso,” afirmó.

José Flores Sosa, director editorial de Betazeta Networks, una red de blogs en América Latina, ha dedicado muchos artículos a tratar temas relacionados con la comunidad LGBT, y es además un gran aficionado al futbol. Flores contextualiza el grito dentro de un estadio como un espacio catártico donde los asistentes muestran su lado más visceral y nacionalista. “Podríamos decir que el fútbol está, por sí mismo, marcado por la otredad; en ese sentido, no se busca sólo alentar al equipo propio, sino intimidar y sobajar al contrario,” dijo a Gatopardo.

Es muy claro que en el imaginario del futbol la virilidad se resalta como un valor central, y la homosexualidad, junto con lo femenino, se presenta como la antítesis. “Los entrenadores piden que le entres a la bola ‘como hombre’, que no le pegues ‘como niña’ y que ‘no seas puto y juegues’”, explica Flores. “Es manifestación de una homofobia muy arraigada en nuestra cultura y ésa es la más peligrosa, porque se ha hecho invisible,” afirma.

Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), habló del tema en un texto para Animal Político, en donde enfatiza que la palabra “puto” es expresión de desprecio y rechazo.

Es negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco… El sentido con el que se da este grito colectivo en los estadios no es inocuo; refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan en nuestra sociedad.

De cara al Torneo Apertura 2012, la Federación Mexicana de Futbol presentó un nuevo Código de Ética para el futbol mexicano, cuyo artículo 6º precisa: “Todo aquel involucrado, directa o indirectamente, con la FMF y sus integrantes, deberá respetar la dignidad de las personas y abstenerse de llevar a cabo cualquier acto discriminatorio”. El problema radica, por supuesto, en encontrar la forma de aplicar estas reglas.

Hoy por la mañana, en entrevista con Carmen Aristegui, Miguel “el Piojo” Herrera dijo estar aliviado de que la Federación Mexicana no haya sido sancionada, y a pesar varios intentos de la periodista por lograr que el director técnico se pronunciara en contra del controversial grito, Herrera no tuvo empacho en repetir que él no lo considera un acto de discriminación.

Mientras tanto, y más allá del debate, ayer en el partido de México contra Croacia, el grito de “puto”, no sólo se escuchó más fuerte que nunca en los saques de meta, sino que se extendió también a los tiros de esquina.


Corregir mi heterosexualidad

*Maite Azuela publicó este texto en Pijama Surf el 19 de febrero de 2014.

Corregir mi heterosexualidadSi mañana amaneciera en el cuerpo de cuando era adolescente, seguramente me tomaría más de quince minutos aventar las cobijas. Entraría a la regadera después de poner uno de mis cassettes favoritos en la grabadora que ocupaba casi la mitad del mueble del lavabo y me bañaría bajo el agua muy caliente para alargar la sensación de seguir dormida.

Me tomaría tanto tiempo ponerme las calcetas de los pies a las rodillas, que lo haría mientras bebo leche helada con chocolate espumoso. Si corría con suerte me daría tiempo de comerme una quesadilla con salsa verde de tomate crudo, de las que mi nana preparaba como nadie más. Llegaría a la escuela y tomaría los quince minutos de clase de oración obligatorios, en los que alguna monja nos leía la Biblia y nos pedía que hiciéramos alguna reflexión en voz alta sobre alguna parábola o algún versículo.

Tomaría el resto de las clases en las que me distraía pensando obsesivamente en el adolescente de ojos verdes que me gustaba. No habría poder humano que me quitara de la cabeza su voz, que se hacía más grave y varonil conforme pasaban los meses. Ningún llamado de atención me desprendería de recordar sus pantorrillas peludas y firmes de futbolista novato. Dibujaría las letras de su apodo junto al mío y moriría de ganas de que pasaran las horas en segundos, para que llegara el viernes en la tarde. Aunque él aparecería escurriendo de sudor después del partido, mi irremediable atracción por su olor estaría completamente condicionada a mi naturaleza.

Imagino ahora que después del recreo tuviera que presentarme a alguna de esas clases de “moral” en las que se busca prevenir a los niños y adolescentes de ser ellos mismos. Me veo ahí luchando contra mis propios instintos. Escuchando a los maestros o a las monjas explicarme que cualquier pensamiento, intención o movimiento que implique atracción por un hombre es definitivamente un error.

Si me gusta la barba que raspa, si me pongo nerviosa cuando veo su manzana de Adán que baja y sube al centro de su largo cuello, si me imagino que me da veinticinco besos en la sala de la casa antes de que mi papá avise a gritos que es hora de que se vaya, es porque soy una persona anormal que no puede ser aceptada por la sociedad.

Visualizo sus argumentos en contra de mi naturaleza y pienso… así nací, así soy y además así quiero seguir siendo. No puedo ni tengo por qué ir en contra de mí misma. Pero mientras los maestros insisten, la madre superiora lo acentúa: Mi condición heterosexual “Se puede corregir y también se puede prevenir porque soy una personas tan digna y valiosa como cualquiera”.  Sin embargo la psicóloga de la escuela me ha entrevistado y concluye que “Revertir mi naturaleza debe ser muy difícil una vez que se ha expresado”*.

Corregir mi heterosexualidad2Tan espontánea es mi preferencia sexual como lo es lo de cualquier otra persona.  No cabe en mi mente pensar en prevenir la intuición con la que me siento deliberadamente interesada por el sexo opuesto y estoy segura que lo mismo sucede con quienes se sienten francamente atraídos por personas del mismo sexo. Con su autoasumida autoridad moral, la Iglesia católica y autoridades de otras religiones niegan a los homosexuales la naturaleza inevitable de su preferencia.

El hecho de que en el Colegio Miraflores de la Ciudad de México ofrezca cursos y promueva publicaciones para intentar evitar, con teoría discriminatoria, que un ser humano se sienta atraído por otro, no sólo resulta absurdo, sino alarmante. En este juego de adjetivos científicos, quienes ven la homosexualidad como un trastorno psicológico, llaman a su propuesta “terapia reparativa” o “terapia de reorientación sexual”.

Es lamentable que una escuela supuestamente dedicada a la formación y educación de niños y jóvenes para alcanzar la excelencia, se atreva a ignorar a instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la Organización de Naciones Unidas o la Asociación Americana de Psicología. Como lo señala Enrique Torre Molina, activista gay, los tres organismos internacionales han difundido que todo este tipo de pseudoterapias no tienen fundamento científico, no hay evidencia de su éxito, y usan tratamientos que lastiman y trauman a quienes se someten a ellos y han desacreditado públicamente a los promotores de estos métodos.

No está de más mencionar que el Miraflores es el colegio al que asisten los hijos del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, y los del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, quienes no han realizado ningún pronunciamiento al respecto. Recordemos, además, que en 2010 el entonces gobernador de Jalisco, Emilio González, patrocinó las conferencias de Richard Cohen, que es uno de los más conocidos promulgadores de los supuestos métodos para revertir la homosexualidad.

Junto a este afán de la Iglesia y el de muchos de sus cómplices por “corregir” la naturaleza de los homosexuales, está su negligencia por combatir la pederastia, a pesar de que el Comité de los Derechos de los Niños en la ONU presentó un informe que acusa al Vaticano de mantener un “Código de silencio” sobre las décadas de sistemático abuso sexual a decenas de miles de niños por parte de sacerdotes católicos, no existen conferencias, páginas de escuelas católicas o voces de autoridades que se hayan pronunciado al respecto.

El Comité aseveró que la sede pontificia ha violado la Convención de los Derechos del Niño y exigió que la Iglesia Católica destituya inmediatamente a todos los religiosos acusados de haber cometido delitos sexuales. La región con más católicos en el mundo es América Latina, donde han sido reportados abusos desde Chile hasta México.

Pero ante la evaluación de Naciones Unidas, el Vaticano afirma que no tiene las facultades ni la obligación de funcionar como una suerte de policía de sus filas. A pesar de que el Comité señaló que el Vaticano asumió plena jurisdicción sobre el manejo administrativo de los casos de abuso de menores dentro de la iglesia desde 1962.

Si cuando tuve 16 años alguien me hubiera sermoneado para corregir mi preferencia sexual y a la vez me hubiera pedido silencio cuando se trataba de denunciar algún abuso de monjas o sacerdotes sobre alguna de mis compañeras sin duda hubiera abandonado la religión. No sucedió así porque acudí a una escuela católica que pareció más consistente con el discurso de amor al prójimo y de respeto a la diferencias. Sí, abandoné la religión después, por razones menos personales y más epistemológicas. Practicar una religión sí resulta reversible, no va contra la naturaleza, ni atenta contra las libertades o derechos humanos. Mi heterosexualidad, como la homosexualidad de otros, no es prevenible, ni debe serlo.

*Frases de Ricardo Sada Fernández publicadas en su artículo “Prevenir la homosexualidad” publicado en la revista Mira, del Colegio Miraflores en enero de 2014.


¿Naces o te haces?

Hace unas semanas leí ¿Naces o te haces? La ciencia detrás de la homosexualidad de Fabrizzio Guerrero McManus. El autor elabora sobre lo que me parece más interesante de este tema: qué hay detrás de los debates sobre el origen de la orientación sexual. De la orientación homosexual. Cuál es la pertinencia de esa discusión y qué es lo que parece importarle a quienes les importa más esa discusión.

naces o te hacesPensé mucho en lo que dijo la actriz Cynthia Nixon sobre su caso: I understand that for many people it’s not, but for me it’s a choice, and you don’t get to define my gayness for me. O en lo que dijo Genaro Lozano sobre el oportunismo de un presunto “gen gay”, en su texto de presentación de este mismo libro.

Gracias a Hugo Marroquín de la editorial Paidós por el regalo.


Ser gay en México

*Este texto se publicó originalmente en la edición de septiembre de la revista Betún. Una disculpa por el error de dedo en el dato sobre Patria Jiménez: no es 1987 sino 1997.

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