17 deseos por el Día Internacional Contra la Homofobia y Transfobia

A propósito del Día Internacional Contra la Homofobia, el pasado 17 de mayo Sin Etiquetas publicó una lista de 17 deseos que hicimos activistas, periodistas y voceros de comunidades LGBT en Latinoamérica.

17 deseos 2015


Entrevista en Sin Etiquetas

Muchas gracias a Esteban Marchand por esta entrevista que me hizo para Sin Etiquetas desde Lima, Perú.

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América Latina es la región más dinámica en temas LGBT

El periodista y consultor mexicano en temas LGBT Enrique Torre Molina decidió salir del clóset para ser coherente con su vida. Ocurrió en sus años de universidad cuando estudiaba relaciones internacionales. Parte de esa coherencia era también ponerse a trabajar para que la situación de miles de personas LGBTIQ cambie, al menos, un poco.

En un viaje a Nueva York empezó a trabajar en la New York State Division of Human Rights y así se dio cuenta, gracias a su amigo y jefe, que se podía hacer activismo desde plataformas mucho más organizadas y que el tema LGBT iba a cobrar mucha más importancia en la región a la que él pertenecía.

Actualmente es consultor para medios, empresas y organizaciones de la sociedad civil en cualquier tema ligado a la población LGBT. Muchos de estos proyectos están realizados en plataformas online que desde el punto de vista de Enrique trae varios beneficios.

“El internet es una herramienta sin la cual no se puede entender el movimiento LGBT en el mundo hoy”, sostiene Torre quien cree que muchos chicos en diferentes lugares del mundo pueden ver lo que está pasando el mundo o casos muy similares a los que ellos viven. Plataformas como It Gets Better Project o All Out han surgido gracias a la red.

Gracias a estas conexiones que se pueden hacer entre varios movimiento es que Torre Molina observa un interesante movimiento LGBT en todo México y ya no solo en el DF. El surgimiento de grupos de jóvenes universitarios en todos los estados, acciones como las del abogado Alex Ali Mendez Diaz que busca a personas en todo México para que se puedan casar. “Mi evualación es que los movimientos están avanzando cada vez más, hay una preocupación de hacerlo de una manera más profesional y más atractiva”.

El periodista y bloguero también cree que la región de América Latina es una de las más interesantes y dinámicas para la población de nuestra comunidad. Señala que si bien hay lugares mucho más avanzados en materia de derechos como Canadá, Estados Unidos o todo Europa, en Latam ya estamos orientados y sabemos qué camino seguir a diferencia de otras zonas como África y Asia en las que la lucha aún tiene que romper muchas más barreras y prejuicios.

entrevista


Una mirada de cerca a Change.org

*Pepe Flores publicó este post originalmente en FayerWayer el 27 de abril de 2014.

Una mirada de cerca a Change

Una plataforma que va más allá de un simple “firme aquí”.

Estoy sentado en una terraza. A mi lado está el activista Enrique Torre Molina, quien ha trabajado para varias organizaciones en defensa de los derechos LGBTTTI. Frente a nosotros están tres personas. Se presentan como Alberto, Ana Laura y Miguel Ángel. Ellos son la parte humana de Change.org en la Ciudad de México, donde se sitúa la oficina regional para América Latina.

Originalmente, fui invitado a la reunión para hablar sobre el caso de Agnes Torres, una activista transgénero asesinada hace tres años. Pero conforme avanza la charla, mis interlocutores me muestran una faceta desconocida de Change.org. Una que, creo, vale la pena contar.

Sí, todos sabemos qué es: una plataforma en línea que permite que cualquier persona suba una petición y colecte firmas. Pero la duda siempre ha sido: ¿para qué rayos sirve?

Del activismo de sillón y otros males

Comenzaré con una anécdota. En diciembre, propusimos escribir en Veo Verde sobre una petición para frenar la construcción de Dragon Mart en Cancún –si les interesa el tema por aparte, en el sitio tenemos una cobertura extensa–. La autora del texto remató con un pensamiento que mucho hemos tenido sobre las peticiones en línea:

Sin embargo, a pesar de su sentido noble y su objetivo, las firmas que se logren pasarán desapercibidas si la sociedad civil, ayudada de organismos en defensa del medio ambiente, no se unen para poner en marcha otro tipo de acciones, que deben estar siempre enmarcadas y cobijadas de la información.

Para la gran mayoría, recolectar firmas en la web es un movimiento estéril, un activismo de sillón (o slacktivism, como le conocen en inglés). Sin ahondar demasiado en el término, se refiere al acto de apoyar alguna causa mediante acciones simbólicas y poco comprometidas –y sí, firmar peticiones está incluido en la definición–. Es un acto catártico más que activo; casi siempre para mantener la conciencia tranquila de que “al menos se está haciendo algo” con un clic.

Entonces, ¿por qué lo seguimos haciendo? ¿Es sólo un placebo para hacernos sentir que generamos un cambio? Si es eso, ¿por qué existen sitios como Change.org, Avaaz o Access? Hay algo más detrás: ¿cómo logramos que esas firmas sí tengan un impacto en las decisiones reales? Porque –aunque no lo parezca a simple vista– sí es posible.

Cómo funciona Change.org

En su definición más simple, Change.org es una plataforma de peticiones en línea. Cualquier persona se da de alta el sistema e ingresa una carta o mensaje dirigido a una persona o institución sobre determinado tema, con una denuncia y una solicitud de cambio. Ni siquiera necesita ser el afectado directo del problema; basta con que esté preocupado por la situación.

¿Dónde está el beneficio en usar Change.org? Si se busca visibilidad, ¿por qué no sólo ponerlo en Twitter o en un blog? En primer lugar, la plataforma permite introducir un correo de contacto del destinatario de tu petición. De este modo, cada vez que una persona firme, el denunciado recibirá una notificación. Piensa en una bandeja de entrada recibiendo decenas, cientos o miles de correos sobre la misma cosa. En el sitio web lo ponen así:

¿Qué pasaría si tu empresa recibe cientos de correos electrónicos de valiosos clientes pidiéndole que use un proveedor diferente? ¿Qué harías si recibieses decenas de correos de tus vecinos pidiéndote que dejes de poner la música a todo volumen por las noches? ¿Cuánto tardarías en hacer algo?

Bien, ya hemos conseguido que cientos de personas se sumen y saturen la bandeja de entrada de otro. ¿Y? Como dicen la misma página de Change.org: a una petición online le sigue una acción online. Aquí es donde entra el trabajo que nadie más ve.

Las pequeñas grandes victorias

Alberto Herrera, director de campañas en Change.org en México, tiene experiencia en el activismo. Ha trabajado con asociaciones como Amnistía Internacional, así que su primera recomendación –y la del sitio– es enfocar la petición. Si la demanda es muy ambigua o está destinada a una persona que no puede hacer nada al respecto, difícilmente conseguirá éxito. El secreto, señala Alberto, está en buscar esas pequeñas victorias que representen grandes cambios.

Una vez que se ha delimitado el tema y elegido a qué persona debe dirigirse, se debe promover a través de las redes sociales para ganar adeptos.

Poca gente sabe que Change.org se acerca a las peticiones que han ganado más tracción y tienen mayores posibilidades de éxito –de forma neutral, sin importar su contenido– para asesorarlas en este aspecto. Además, el sitio web de Change.org incluye muchos consejos sobre qué hacer una vez que has conseguido bastante apoyo en firmas (por ejemplo, cuándo sí y cuándo no mandar un tema a los medios de comunicación; o cómo prepararte para una entrevista).

El objetivo primario es entablar un diálogo con el destinatario de la petición. Si se logra concretar esa meta (y el denunciado accede la petición), entonces Change.org lo difunde como parte de las victorias de la plataforma –y más importante, se habrá logrado un cambio en el entorno con ayuda de la web–.

Las críticas de Change.org

Algo que hay que entender bien es que Change.org no es una fundación ni una asociación civil. Es una empresa con orientación social,que gana dinero como cualquier otra –aunque establece que lo reinvierte en su totalidad–. Su modelo de negocio se basa en las peticiones patrocinadas, de forma similar a como se monetizan redes sociales como YouTube o Twitter.

Es importante aclarar esto porque se le ha confundido con una organización sin fines de lucro, lo que ha llevado a críticas por su modo de financiamiento.

Change.org establece relaciones comerciales con ONG y asociaciones alrededor del mundo, quienes publican sus peticiones en el sitio. Estas peticiones aparecen como “sugeridas” una vez que has firmado otra similar en la plataforma. Los datos de sus usuarios se entregan a estas organizaciones para ubicar a potenciales donadores. Es, básicamente, lo mismo que hace Google. El modelo, por cierto, aún no está implementado en la versión para América Latina.

Con Change.org, esta confusión enfureció a mucho por esta ambigüedad inherente en el término “emprendimiento social” (aunado a que su dominio está en un .org y no un .com). Para otros críticos, el sitio comercia con “el enojo de la gente”, en referencia a las generación de denuncias y peticiones motivadas por la molestia.

Una nueva manera de participación ciudadana

Sin embargo, incluso la pieza crítica de Wired reconoce que sitios como Change.org han cambiado la forma en que se ejerce presión social y cómo se atacan cuestiones específicas de diversos problemas. La recolección de firmas, por ejemplo, estaba limitada por la capacidad geográfica del denunciante; mientras que ahora, la adhesión a una petición es mucho más simple –y la velocidad para obtener apoyo o hacer viral un caso es mucho mayor–.

Por supuesto, los otros mecanismos siguen vigentes (las protestas físicas, las llamadas telefónicas, entre otras), pero ahora pueden ser coordinadas a través de la web. Como visibilidad, plataformas como Change.org también permiten que los medios de comunicación se acerquen a historias de denuncia; no sólo con los relatos, sino con los protagonistas.

Es innegable que el activismo ha cambiado con la aparición de la red, en términos de difusión, movilización y acción. No obstante, es importante no olvidar que la red es una herramienta –y no un sustituto– de la acción social. Pensar lo contrario es, cuando menos, ingenuo y poco provechoso.

Como tal, hay que sacarle provecho a estos mecanismos como Change.org para (como menciona Alberto) anotarse esas pequeñas victorias que puedan devenir en cambios significativos. De eso dependerá que no se quede en un esfuerzo estéril; al contrario, que se convierta en un motor de la participación. Como cualquier herramienta (en línea o en otro lugar), es quien la utiliza quien le da un propósito y un fin.


Corregir mi heterosexualidad

*Maite Azuela publicó este texto en Pijama Surf el 19 de febrero de 2014.

Corregir mi heterosexualidadSi mañana amaneciera en el cuerpo de cuando era adolescente, seguramente me tomaría más de quince minutos aventar las cobijas. Entraría a la regadera después de poner uno de mis cassettes favoritos en la grabadora que ocupaba casi la mitad del mueble del lavabo y me bañaría bajo el agua muy caliente para alargar la sensación de seguir dormida.

Me tomaría tanto tiempo ponerme las calcetas de los pies a las rodillas, que lo haría mientras bebo leche helada con chocolate espumoso. Si corría con suerte me daría tiempo de comerme una quesadilla con salsa verde de tomate crudo, de las que mi nana preparaba como nadie más. Llegaría a la escuela y tomaría los quince minutos de clase de oración obligatorios, en los que alguna monja nos leía la Biblia y nos pedía que hiciéramos alguna reflexión en voz alta sobre alguna parábola o algún versículo.

Tomaría el resto de las clases en las que me distraía pensando obsesivamente en el adolescente de ojos verdes que me gustaba. No habría poder humano que me quitara de la cabeza su voz, que se hacía más grave y varonil conforme pasaban los meses. Ningún llamado de atención me desprendería de recordar sus pantorrillas peludas y firmes de futbolista novato. Dibujaría las letras de su apodo junto al mío y moriría de ganas de que pasaran las horas en segundos, para que llegara el viernes en la tarde. Aunque él aparecería escurriendo de sudor después del partido, mi irremediable atracción por su olor estaría completamente condicionada a mi naturaleza.

Imagino ahora que después del recreo tuviera que presentarme a alguna de esas clases de “moral” en las que se busca prevenir a los niños y adolescentes de ser ellos mismos. Me veo ahí luchando contra mis propios instintos. Escuchando a los maestros o a las monjas explicarme que cualquier pensamiento, intención o movimiento que implique atracción por un hombre es definitivamente un error.

Si me gusta la barba que raspa, si me pongo nerviosa cuando veo su manzana de Adán que baja y sube al centro de su largo cuello, si me imagino que me da veinticinco besos en la sala de la casa antes de que mi papá avise a gritos que es hora de que se vaya, es porque soy una persona anormal que no puede ser aceptada por la sociedad.

Visualizo sus argumentos en contra de mi naturaleza y pienso… así nací, así soy y además así quiero seguir siendo. No puedo ni tengo por qué ir en contra de mí misma. Pero mientras los maestros insisten, la madre superiora lo acentúa: Mi condición heterosexual “Se puede corregir y también se puede prevenir porque soy una personas tan digna y valiosa como cualquiera”.  Sin embargo la psicóloga de la escuela me ha entrevistado y concluye que “Revertir mi naturaleza debe ser muy difícil una vez que se ha expresado”*.

Corregir mi heterosexualidad2Tan espontánea es mi preferencia sexual como lo es lo de cualquier otra persona.  No cabe en mi mente pensar en prevenir la intuición con la que me siento deliberadamente interesada por el sexo opuesto y estoy segura que lo mismo sucede con quienes se sienten francamente atraídos por personas del mismo sexo. Con su autoasumida autoridad moral, la Iglesia católica y autoridades de otras religiones niegan a los homosexuales la naturaleza inevitable de su preferencia.

El hecho de que en el Colegio Miraflores de la Ciudad de México ofrezca cursos y promueva publicaciones para intentar evitar, con teoría discriminatoria, que un ser humano se sienta atraído por otro, no sólo resulta absurdo, sino alarmante. En este juego de adjetivos científicos, quienes ven la homosexualidad como un trastorno psicológico, llaman a su propuesta “terapia reparativa” o “terapia de reorientación sexual”.

Es lamentable que una escuela supuestamente dedicada a la formación y educación de niños y jóvenes para alcanzar la excelencia, se atreva a ignorar a instituciones como la Organización Mundial de la Salud, la Organización de Naciones Unidas o la Asociación Americana de Psicología. Como lo señala Enrique Torre Molina, activista gay, los tres organismos internacionales han difundido que todo este tipo de pseudoterapias no tienen fundamento científico, no hay evidencia de su éxito, y usan tratamientos que lastiman y trauman a quienes se someten a ellos y han desacreditado públicamente a los promotores de estos métodos.

No está de más mencionar que el Miraflores es el colegio al que asisten los hijos del gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, y los del Presidente de México, Enrique Peña Nieto, quienes no han realizado ningún pronunciamiento al respecto. Recordemos, además, que en 2010 el entonces gobernador de Jalisco, Emilio González, patrocinó las conferencias de Richard Cohen, que es uno de los más conocidos promulgadores de los supuestos métodos para revertir la homosexualidad.

Junto a este afán de la Iglesia y el de muchos de sus cómplices por “corregir” la naturaleza de los homosexuales, está su negligencia por combatir la pederastia, a pesar de que el Comité de los Derechos de los Niños en la ONU presentó un informe que acusa al Vaticano de mantener un “Código de silencio” sobre las décadas de sistemático abuso sexual a decenas de miles de niños por parte de sacerdotes católicos, no existen conferencias, páginas de escuelas católicas o voces de autoridades que se hayan pronunciado al respecto.

El Comité aseveró que la sede pontificia ha violado la Convención de los Derechos del Niño y exigió que la Iglesia Católica destituya inmediatamente a todos los religiosos acusados de haber cometido delitos sexuales. La región con más católicos en el mundo es América Latina, donde han sido reportados abusos desde Chile hasta México.

Pero ante la evaluación de Naciones Unidas, el Vaticano afirma que no tiene las facultades ni la obligación de funcionar como una suerte de policía de sus filas. A pesar de que el Comité señaló que el Vaticano asumió plena jurisdicción sobre el manejo administrativo de los casos de abuso de menores dentro de la iglesia desde 1962.

Si cuando tuve 16 años alguien me hubiera sermoneado para corregir mi preferencia sexual y a la vez me hubiera pedido silencio cuando se trataba de denunciar algún abuso de monjas o sacerdotes sobre alguna de mis compañeras sin duda hubiera abandonado la religión. No sucedió así porque acudí a una escuela católica que pareció más consistente con el discurso de amor al prójimo y de respeto a la diferencias. Sí, abandoné la religión después, por razones menos personales y más epistemológicas. Practicar una religión sí resulta reversible, no va contra la naturaleza, ni atenta contra las libertades o derechos humanos. Mi heterosexualidad, como la homosexualidad de otros, no es prevenible, ni debe serlo.

*Frases de Ricardo Sada Fernández publicadas en su artículo “Prevenir la homosexualidad” publicado en la revista Mira, del Colegio Miraflores en enero de 2014.


Día 3 en International LGBT Business Expo

El sábado 7 fue el último día de International LGBT Business Expo en Guadalajara, único día de entrada libre a público general y el día con más asistentes.

Cristóbal Marroquín presentó Urbana Revista, que empezó en 2006 con Cristóbal como editor y Emmanuel Temores como jefe de información. En sus palabras, es un caso de éxito empresarial y como proyecto dirigido a público LGBT.

César Casas y Johnny Carmona presentaron la revista Betún, que llamaron así porque “la vida es un pastel con muchos ingredientes y nosotros ponemos el betún”. Dijeron que se sienten como “los niños nuevos de la secundaria y creamos Betún inspirados por lo que veíamos y nos gustaba en otras revistas, e inspirados por lo que no veíamos, por lo que no gay y lo que hace falta en otras revistas.”

César mencionó que, aunque hay pocas publicaciones en un formato como el suyo, esa falta de referencias y propuestas también es una ventaja, pues les da más libertad y chance de probar cosas nuevas. Johnny habló de sentirse “feliz de que Ianis Guerrero, actor heterosexual de la película más taquillera en México, haya sido portada de Betún“.

“El pastel nos quedó rico, al público le gusta y grandes marcas han querido asociarse con nosotros”, concluyó César.

El día continuó con un panel de jóvenes talentos que me tocó moderar, con Alberto Demonio de Soy Homosensual, Javier Larios de Soy Ritchie, Andrés Mejía de Leemba Travel, Cristóbal de Urbana Revista y Alfredo Roagui.

panel jóvenes talentospanel jóvenes talentos2panel jóvenes talentos3Después, el escritor de televisión Joserra Zúñiga presentó un adelanto de Boys on the road, “primer travel show straight-friendly de Latinoamérica”, y habló de este nuevo programa que se estrenó con una transmisión especial por E! el 26 de septiembre.

Finalmente, el evento cerró con un panel de medios de comunicación LGBT que también tuve el gusto de moderar. Participaron Roger Lorenzo de Canal G, Manuel Mancinas de Pride Magazine, Erick Kin Gámez de Anodis, Luis Buenfil de MidOpen, César de Betún, Francisco Robledo de Enehache, Alex Camarillo de Soy Homosensual y Emmanuel de Urbana Revista. Los videos están disponibles en este enlace.

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