Medios LGBT en México

*Esta pieza se publicó en Voces de The Huffington Post.

Hace unas semanas convoqué a editores y periodistas de diferentes medios LGBT mexicanos a una reunión. Invité a miembros de televisión por cable y en línea, radio comercial y pública, blogs, revistas independientes y de alto perfil, periódicos tradicionales, comunicadores independientes, una agencia de noticias LGBT que acaba de celebrar su décimo aniversario, y un guionista de comedia. Asistieron todos con excepción de un par. Nos reunimos en el último piso del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que amablemente me prestó el espacio.

Hace tiempo que quería juntarlos a todos, pero no se me ocurría un propósito más claro que no fuera sentarnos en una misma mesa, hablar, y ver hacia dónde iba la discusión. Como bloguero y periodista enfocado en asuntos de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, me (pre)ocupa la manera en que diferentes medios abordan historias de mi comunidad. Los medios mainstream en México incluyen cada vez más contenido LGBT de manera positiva. Algunos ejemplos son AnimalPolitico.com, la revista Chilango, CNNMexico.com, E! Latin News, la revista M Semanal y el diario Reforma. En 2011, un diseñador de moda y su esposo encabezaron la historia de portada de las parejas más atractivas del país en la revista Quién (enfocada en periodismo soft). Por otro lado, tabloides y producciones de Televisa (incluyendo el programa Guau, dirigido a público gay) son responsables de constantes expresiones homofóbicas y personajes que refuerzan la intolerancia.

Me preocupa también la situación de los medios LGBT como una industria que se esfuerza por sobrevivir. Todos los días me pregunto quién está leyéndonos, viéndonos, escuchándonos. Me preocupa que seamos principalmente nosotros mismos poniendo atención a lo que nuestros colegas están haciendo, dándonos retroalimentación mutua. Y eso está padrísimo si queremos reportar e investigar sobre temas que sólo a nosotros nos interesen, darnos palmadas en la espalda unos a otros y levantar nuestros egos (o, siendo menos bondadosos, haciéndonos pedazos en críticas y chismes). Pero si queremos concienciar sobre la diversidad sexual, cambiar opiniones, hacer ruido, ser voz para quienes son callados por el clóset, si queremos ser una industria, un negocio, hay que ser más incisivos en la forma de mirar nuestro trabajo y de ejecutar nuestra labor de narradores de la realidad.

Brian Pacheco de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación (GLAAD) comparte algunos de estos intereses y estuvo hace poco en la Ciudad de México. Desde el año pasado colaboro con él y Monica Trasandes del Departamento de Medios en Español de GLAAD en su proyecto LGBT en Español, y la visita de Brian fue otra excusa para invitar a mis colegas a una reunión.

Después de presentarnos, Brian habló del trabajo de GLAAD en Estados Unidos como defensor, relator y observador nada silencioso de lo que sucede en los medios. Después puse algunas preguntas en la mesa para detonar la conversación, y éstos fueron algunos resultados:

W Radio, que pertenece a Televisa, es la única estación comercial con un programa gay, Triple G, que ha estado al aire por más de diez años. Durante la reunión, el locutor Francisco Iglesias señaló la falta de profesionalización de medios tradicionales en cuanto a asuntos LGBT, pero nos recordó la contrastante falta de profesionalismo de medios LGBT en términos periodísticos: sólo algunos de nosotros producimos contenido noticioso, y con frecuencia los diarios nacionales se nos adelantan en la cobertura de acontecimientos LGBT. La razón principal es que la mayoría de los medios LGBT batallan con presupuestos insuficientes, por lo que tampoco tienen suficientes reporteros. “A muchos colaboradores de medios LGBT no les pagan, y ése es el primer nivel de discriminación que estamos permitiendo.” Todos en la sala permanecieron en silencio varios segundos cuando el periodista Alejandro Brofft señaló esa incómoda verdad.

Francisco mencionó otro asunto importante: muchos medios LGBT dependen de sólo dos o tres personas. Cuando éstas falten, ¿qué pasará con esos proyectos? Todos coincidimos en que las personas trans son prácticamente invisibles en nuestra profesión, y que tampoco hay tantas mujeres (yo sólo conozco a dos, y ninguna pudo ir). Una parte significativa de nuestras audiencias está en el clóset. A propósito de esto, no hay muchas figuras públicas abiertamente LGBT en México. También hay buenas noticias: mientras que la mayoría de los medios LGBT de alto perfil se han establecido en el Distrito Federal, cada vez hay más medios LGBT más pequeños surgiendo en otros estados, y haciendo una labor destacable en contra de la discriminación en sus comunidades.

Debatimos sobre si el gobierno debería financiar medios LGBT “porque es un trabajo que cumple una función social” versus pensar en los medios LGBT como iniciativas que deben ser rentables a través de inversionistas, publicidad y ventas, como nuestros pares los medios no LGBT.

Esta reunión fue un piloto de, espero, más en el futuro. Un experimento que resultó provechoso. Confirmó lo que muchos sabíamos: enfrentamos retos similares. Conversarlo y compartir nuestras experiencias debe servir, más que como grupo de apoyo, como espejo de lo que podemos hacer de manera individual y colectiva para mejorar. Si bien no todos somos necesariamente activistas, los medios LGBT tienen un rol en hacer de la sociedad un lugar más seguro y respetuoso para las personas LGBT. Y para que eso suceda hay que ser mejores en nuestro trabajo.

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LGBT media in Mexico

*An edited version of this post was published on The Huffington Post’s Gay Voices and Latino Voices.

Brian Pacheco and me. Photo: Johnny Carmona.

A few weeks ago I called a meeting with editors and journalists from different Mexican LGBT media. I invited members of cable and online television, commercial and public radio, blogs, independent and high-profile magazines, mainstream newspapers, freelancers, an LGBT news agency which just celebrated its 10-year anniversary, and a comedy writer. Everyone except a couple attended. We gathered at the top floor of the National Council to Prevent Discrimination, which kindly let me use its space.

I had wanted to get them all together for a while, but couldn’t think of a clearer purpose other than seating at a round table, talking, and seeing where the discussion lead us. As a blogger and journalist focused on lesbian, gay, bisexual, transgender issues, I am concerned with the approach different media have on members and stories of my community. Mainstream media in Mexico are increasingly including LGBT content in positive ways. Some examples are AnimalPolitico.com, Chilango magazine, CNNMexico.com, E! Latin News, M Semanal magazine, and Reforma newspaper. In 2011 a gay fashion designer and his husband were number one on Quién magazine’s (focused on soft journalism) cover story about the most attractive couples in the country. On the other hand, tabloids, and productions by mass media company Televisa (including gay-oriented TV show Guau) are often responsible for homophobic expressions and bigoted characters.

I am also concerned with the state of LGBT media as a striving industry. Every day I ask myself who is actually reading, watching, and listening to us. I worry that it’s mostly ourselves paying attention to what our colleagues are doing, and giving each other feedback. And that’s awesome if we’re in the business of addressing issues that only we care about, of patting each other’s backs and lifting each other’s egos (or, seen more meanly, bitching about each other’s work). But if we’re in the business of raising awareness on sexual diversity, of fighting discrimination against LGBT people, of sharing stories, of shifting opinions, of speaking up, of being the voices of those who are shut by the closet, or if we want our work to be a business at all we need to take an incisive look at what we do and how we are executing our work as narrators of reality.

Brian Pacheco from the Gay & Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD) shares some of these interests, and he was coming to Mexico City. I have been collaborating with him and Monica Trasandes from GLAAD’s Spanish-Language Media Department since last year in the project LGBT en Español, so Brian’s visit was another excuse to invite my colleagues to a meeting.

After we each introduced ourselves, Brian talked about the work of GLAAD in the United States as an advocate, storyteller and anything-but-subtle watchdog. Then I posed a few questions to trigger the conversation, and here are some of the outcomes:

W Radio, which belongs to Televisa, is the only commercial station with a gay show, Triple G, which has aired for over ten years. At the meeting, co-host Francisco Iglesias pointed out the lack of professionalization of many mainstream media in terms of LGBT issues, but reminded us of the contrasting lack of professionalization of LGBT media in journalistic terms: very few of us are producing newsworthy content, and it’s not us but often nation-wide papers the first to report on LGBT happenings in the country. The main reason is that most LGBT media struggle with their budget, and therefore are short-staffed. “Many reporters for LGBT media do not get paid, and that is the first level of discrimination we are allowing.” Everyone in the room remained silent for a few seconds after journalist Alejandro Brofft pointed out that awkward truth.

Francisco mentioned another important issue: many LGBT media depend on just two or three people. What happens to those projects when they’re gone? We all agreed that transgender people are practically invisible in our profession, and that there are not a lot of women (I only know two, and they were both unable to attend). A significant portion of our audience is closeted. Incidentally, there are not many openly LGBT public figures in Mexico. Some good news: while almost all high-profile LGBT media are based in Mexico City, we are increasingly noticing smaller LGBT media outlets in other states, which are doing great work to fight discrimination in their communities.

There was a debate on whether government should fund LGBT media “because their work is sort of a public service” versus thinking of LGBT media as initiatives that must survive and become profitable through investors, advertising, and sales, just like the rest of our non-LGBT peers.

This meeting was a pilot of more to come, I anticipate. An experiment that turned out fruitful. It confirmed what many of us knew: we face many of the same challenges. Talking about them and sharing our experiences serves not so much as a support group, but as a mirror of what we can do individually and collectively to improve our work. While we are not all necessarily activists, LGBT media do have a role in making society a safer, more respectful place for LGBTs. And in order to do that we must get better at our job.

The most tangible conclusion we arrived at regarding how to work collectively was the possibility of setting up an observatory in Mexico with tasks similar to GLAAD’s, of running it with volunteers versus obtaining funds to make it a more sustainable project. I am now in the process of talking to media representatives who where invited but couldn’t come, and I have committed to gather the group from that meeting again in the upcoming weeks, and to add some key allies from non-LGBT media who might want to join us. I will keep you posted.


Colaboración en MidOpen 10

Desde el sábado pasado está en circulación la edición 10 de MidOpen. La revista, editada en Mérida y distribuida en la península de Yucatán, se supera con cada nueva publicación.

Esta vez tiene más páginas y mejor contenido que incluye: requisitos para contraer matrimonio en el Distrito Federal (muy oportuno, considerando las dudas comunes de parejas homosexuales en otros estados), una recomendación para escuchar el programa Código Diverso de Gabriel Gutiérrez, una colaboración de Alex Reyes (editor de Ohm), fotos del segundo aniversario de MidOpen y del panel sobre medios de comunicación y diversidad sexual que llevamos a cabo en septiembre.

También está el artículo sobre bullying por homofobia que publiqué en M Semanal en febrero.

Para más información y puntos de distribución, síganla en Twitter, Facebook, su sitio web o escriban a contacto@revistamidopen.com.


El bullying por homofobia, desatendido en México

*Publicado en la revista M Semanal de Grupo Milenio el 19 de febrero de 2012.

Con motivo del primer Gay-Straight Alliance Day celebrado el pasado 25 de enero en Estados Unidos, el secretario de Educación Arne Duncan agradeció públicamente a estudiantes y organizaciones que trabajan en contra del bullying y a favor de crear ambientes más seguros en las escuelas. “Debemos disipar el mito de que el bullying es nada más un ritual de paso o parte del crecimiento de una persona. Tenemos una obligación colectiva de asegurar escuelas seguras para todos los niños.” En el mensaje difundido en YouTube hizo énfasis en estudiantes lesbianas, gays, bisexuales y transgénero (LGBT) que son víctimas de acoso y hostigamiento escolar por su orientación sexual e identidad de género, o las orientaciones e identidades que otros perciben de ellos.

Desde 2010, año en el que se reportaron varios suicidios de niños y jóvenes LGBT que eran molestados, acosados, insultados y golpeados por sus compañeros de clases, el bullying por homofobia se ha vuelto protagonista entre los temas de diversidad sexual en Estados Unidos. Activistas, organizaciones, artistas, comunicadores y funcionarios de gobierno están poniendo más atención y buscando soluciones al problema. La declaración de Duncan es parte de una ola mediática y de discusión pública alrededor lo que para muchos sigue siendo un asunto normal en la dinámica escolar. Pero cuando un chavo se cuelga de su regadera para evitar otro día de agresiones en el recreo, el tema se vuelve un poco más grave.

Lady Gaga, nada tonta, es una de las responsables más notorias de esta conversación. Podría convertirse también en responsable de que más actores sociales se involucren desde sus respectivos ámbitos e implementen políticas públicas al respecto. Mediante discursos en sus conciertos, canciones dedicadas y reuniones con el presidente Barack Obama, se ha encargado de subir más el perfil del tema. Gaga, su madre Cynthia Germanotta, la Universidad de Harvard y otras instituciones anunciaron para febrero el lanzamiento de la Fundación Born This Way, cuyo fin es disminuir la discriminación hacia niños y jóvenes LGBT.

¿En México qué pasa con este tema? Poco. La Secretaría de Educación Pública realizó una encuesta en 2009 que indica que 52 por ciento de los adolescentes no estarían dispuestos a estudiar con una compañera o compañero homosexual. La cifra es de miedo. Más de la mitad de los jóvenes que están hoy en la escuela no están cómodos compartiendo ese espacio con un chavo gay o una chava lesbiana. Son jóvenes que han crecido con la información que quieran a un clic de distancia, sin leyes que criminalizan la sodomía, supuestamente con el conocimiento de que el VIH no es una enfermedad exclusiva de homosexuales, con personajes LGBT en el cine y la televisión, y con un Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). Y la discriminación está ahí, constante y sonante: la mitad de los homosexuales y bisexuales que contestaron la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Conapred, 2010) percibe la discriminación como su principal problema actual en México. Antes que la pobreza o la inseguridad, el principal obstáculo que tienen es la discriminación de parte de vecinos, medios de comunicación y de su propio gobierno.

Sin embargo, la misma SEP, no menciona la homofobia o la intolerancia en la serie de factores generadores del bullying que enlista en su Guía Básica de Prevención de la Violencia en el Ámbito Escolar. Tampoco se alude a la responsabilidad del Estado o de las escuelas, aunque sí de las familias y medios de comunicación, para atacar el problema. Apenas se explica de manera muy pobre qué es el bullying originado por la homofobia. En el mismo documento hay un apartado sobre violencia en el noviazgo. Se habla de ésta como un problema entre hombre y mujer, con énfasis en lo que él, como agresor, le hace a ella, que es la víctima. ¿Cómo erradicar un problema de intolerancia y violencia hacia estudiantes homosexuales si la SEP sólo reconoce las relaciones heterosexuales? ¿Cómo atacar la homofobia entre niños y jóvenes en un país donde el propio gobierno federal se rehúsa a nombrarla el 17 de mayo, día elegido a escala internacional para luchar contra ella?

Afortunadamente hay esfuerzos valiosos a nivel local. En Tabasco en 2011, la Red Juvenil VIH y la Asociación de Padres de Familias de esa entidad hicieron investigación del tema en 4,937 escuelas de educación básica. Encontraron que 1,725 (35 por ciento) registran casos de bullying a niños y jóvenes LGBT. Y de acuerdo con una nota publicada en el portal Notiese, en 2010, la activista Rosa Feijoo realizó un video educativo dirigido a papás y maestros para difundirlo mediante talleres en contra del bullying homofóbico en 25 escuelas de Xalapa, con el apoyo de la SEP de Veracruz.

Durante mis años en primaria, secundaria y preparatoria, no sufrí acoso de este tipo, pero fui testigo del maltrato del que eran víctimas otros compañeros por ser afeminados o más masculinas de lo aceptable. Los maestros y directores eran también observadores silenciosos. Nadie hacía nada. Quienes cometen o permiten el bullying por homofobia lo hacen por ignorancia y prejuicios culturales sembrados y reafirmados en sus familias, en la escuela, en la tele. Pero más que encontrar culpables, hay que promover la responsabilidad compartida que tienen todos desde sus distintos roles: papás, profesores, quienes trabajamos en medios de comunicación, instituciones educativas públicas y privadas, organizaciones y especialistas en el tema, el Conapred. La tarea de poner el tema en las sobremesas incluye al entrenador de futbol que reprende a sus jugadores con un “Pateas como niña” tanto como a los legisladores que tienen voz y voto, al conductor de un programa que llama a la homosexualidad “demencia animal” tanto como al presidente que podría omitir comentarios como su “No vayan a pensar otra cosa” cuando porta un moño rosa en la solapa.