Medium

logoEsta semana abrí una cuenta en Medium. Estoy como en Twitter: @etorremolina. Ahí publicaré textos originales de vez en cuando, como mi lista de libros favoritos de 2014, y los publicados originalmente en otros medios.

Ya están los que he publicado entre 2010 y 2014 en Animal Político, Betúnel blog de la Embajada de Estados Unidos en México, Chilango, Gatopardola revista Internacionales del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla, Letras Libres, MidOpenMilenio, Ohm, Quién, The Huffington Post, Vivir México y enriquetorremolina.com.


#EnContexto: Alvaro Cueva sobre Servicio de Agencia

El crítico de televisión Alvaro Cueva escribió sobre nuestro trabajo en Servicio de Agencia en su columna en Milenio del 5 de noviembre:

YouTube está de moda. Todo el mundo está sacando canales y subiendo producciones propias a la red.

El problema es que casi nadie cumple con los estándares más básicos ni a nivel contenidos ni a nivel producción. Esto es poco menos que una vergüenza.

Por eso estoy encantado con Servicio de agencia, un canal cuyos programas deberían estar no solo en internet, sino en las señales tradicionales más profesionales de la industria.

Estamos hablando de emisiones muy breves, pero muy ricas, redondas, amenas y bonitas sobre cualquier cantidad de temas, desde la moda y el ébola hasta la crítica a los medios de comunicación, la fiesta y las cuestiones de diversidad sexualidad.

Me siento muy orgulloso de poder ver este canal en mis dispositivos y del talento de los conductores de esta marca como Helder Beltrán, Johnny Carmona, Victoria Volkova, La Kikis, Enrique Torre, Ginés Navarro y Enrique Torre.

Mi sueño es poder profundizar, algún día, en el trabajo de cada uno de ellos, figuras con un potencial enorme.

Por favor, ponga Servicio de agencia en su buscador y observe las propuestas de estos chavos.

No es el típico relajito youtubero de todo el mundo. Es algo muy sólido, competitivo, necesario y entretenido. Le va a gustar.


Estigma y discriminación dificultan comercialización de medios LGBT: comunicadores

*Mario Alberto Reyes publicó esta nota en Enehache el 28 de agosto de 2014.

foto final2El estigma y la discriminación que aún prevalecen en torno a la diversidad sexual dificultan la comercialización de los medios dirigidos al colectivo lésbico, gay, bisexual, transgénero (LGBT), coincidieron en señalar distintos comunicadores durante la mesa redonda “Representación LGBT en medios de comunicación”.

Reunidos en el Club de Periodistas ante lo que consideraron “un fortalecimiento de la derecha en el país”, 14 comunicadores -11 varones gays, dos mujeres transgénero y una lesbiana-, con espacios LGBT subrayaron la necesidad de responder de manera organizada, a través de los medios de comunicación, a embates como el encabezado por Richard Cohen, conferencista estadounidense de reciente visita en México quien asevera que la homosexualidad tiene cura.

Durante el encuentro se impulsó la creación de una Red de Periodistas LGBT, la cual tendría por objetivo armar una agenda que permita profesionalizar a los comunicadores y aprender lo relacionado con las nuevas tecnologías, además de tener una representatividad ante los problemas que en términos de discriminación enfrenta el país.

Los asistentes analizaron el papel que como profesionales de la comunicación han desempeñado desde sus puestos de trabajo. Mencionaron la necesidad de trascender de los espacios alternativos alojados principalmente en Internet, a espacios públicos y comerciales de mayor impacto social.

No obstante los avances obtenidos, recordaron que la salida del aire de programas como Triple G, Nocturninos, y Código Diverso, que se emitían por W Radio, Canal 52 MX y Código DF, respectivamente, constituyen retrocesos que no deben olvidarse. Caso contrario, dijeron, el del programa Guau, conducido por Alex Kaffie y transmitido por el canal de paga Telehit, al que calificaron como una emisión “horrible y homofóbica”.

En ese sentido, mencionaron que buena parte de los contenidos de los medios LGBT no responde a las expectativas del público en general por lo que se vuelven de “autoconsumo”, además de que en algunos casos reproducen estereotipos negativos y discursos homonormativos sobre este sector poblacional.

A lo largo de dos horas de discusión, recordaron que si bien institucionalmente no siempre se tiene el apoyo de los grandes medios, sí contribuye a la visibilidad de la población LGBT el hecho de que distintos personajes de este sector tengan incidencia en espacios como Reforma, Milenio, Animal Político, Capital 21 y el Instituto Mexicano de la Radio.

En torno a la perspectiva de ver a los medios de comunicación LGBT como un negocio, los asistentes rechazaron que sea la censura el motivo que lo impide, sino que es la falta de capacidad para comercializarlos lo que origina su extinción, y agregaron que el discurso de la “victimización” del colectivo LGBT no contribuye a ese objetivo.

Añadieron que en México la existencia del “mercado rosa” es una falacia, sin embargo, recordaron que en cadenas como Radio Fórmula, espacios encabezados por Alfredo Palacios y Maxine Woodside –conductores abiertamente gays o que tienen varios colaboradores no heterosexuales-, comercialmente son los más exitosos de ese grupo mediático.

Durante el encuentro, moderado por el periodista y académico de la UACM, Antonio Medina, algunos llamaron a no menospreciar el alcance del Internet como herramienta de comunicación y garante de la libertad de expresión, pues si bien se dificulta comercializarlo, “esto se puede resolver con contenidos inteligentes”.

Luego de que uno de los asistentes criticara el abandono, que desde su punto de vista han hecho los medios LGBT de asuntos como la exclusión y la discriminación para concentrarse en “temas frívolos para garantizar el marketing”, los comunicadores señalaron que “la ligereza y el buen humor no están peleados con la inteligencia” por lo que se debe buscar la manera de “monetizar” esos espacios informativos.

El encuentro concluyó con un llamado a investigar e incidir en temas que afectan al colectivo LGBT como son los crímenes de odio, “pues recordarlos con una foto en un obituario LGBTI no es suficiente”.

La Red de Periodistas LGBT está impulsada por la Red Ciudadana por la Diversidad Sexual conformada por los activistas Charlie Dos Veces López, Alberto Rocha, Enrique Martínez Rayas, Mario Arteaga y Antonio Medina, quienes no descartaron la posibilidad de que en la coyuntura que se avecina con la apertura del espectro radioeléctrico a medios comerciales y de gobierno, conseguir espacios de televisión o radiofónicos a nivel nacional y vincular a los diversos comunicadores y comunicadoras del sector LGBTI para empreder proyectos desde esa comunidad para el público en general.


Carta a Ivette Laviada (y a los que piensan como ella)

El 24 de julio Ivette Laviada atacó en su columna de opinión en Milenio Novedades, de manera cobarde y con argumentos chafas, a Ricardo Góngora y Javier Carillo, primera pareja gay que se casará en Yucatán. Ataca a parejas gays y lesbianas en general. Su artículo está disponible en la página 15 de la edición impresa del diario.

Hoy en Animal Político publico mi respuesta a su texto:

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Hola Ivette.

Leí el artículo “Si eliges, renuncias”, que publicaste en la página 15 del diario Milenio Novedades el pasado 24 de julio y quiero responder a varios de los puntos que tocas. No te conozco y nunca te había leído, así que mucho de lo que escribo a continuación es lo que asumo a partir de este texto, que inevitablemente me recuerda ideas que escuché una y otra vez durante 12 años de educación católica en la Mérida donde nací y crecí, y desde donde tú escribes. Probablemente me equivoque, como tú también has asumido equivocadamente muchas cosas que ahora me permito refutar.

Dices que las leyes en Yucatán definen el matrimonio como “una institución por medio de la cual se establece la unión jurídica entre un hombre y una mujer”, y que el Juzgado Tercero de Distrito, con sede en ese estado, hizo mal en no respetar la soberanía del estado y ordenar al Registro Civil que case a Ricardo Góngora y Javier Carrillo. “Le valió sorbete”, fue tu expresión. Creo que el hecho de que una instancia de mayor autoridad obligue a otra a hacer algo que ésta no quería (casar a Ricardo y Javier) no es algo que te moleste mucho. Puedes darnos más de tus razones legales, decir que no se vale pasar por alto la ley local, que la mayoría de los yucatecos no está de acuerdo. Para mí, son argumentos que tratan de disfrazar que lo que te molesta es que dos hombres puedan casarse. Punto. Y eso se llama homofobia. Punto. Kiki y Javo, como son conocidos, se convertirán en la primera pareja del mismo sexo en casarse en Yucatán el próximo 8 de agosto. A ti y a mucha gente en Yucatán, y en el mundo, eso les enoja, les parece injusto, les parece inmoral, les parece incorrecto. A algunos les da asco. Por eso no importa cuántos tribunales digan que es un asunto de igualdad, de democracia, que es justo que todos puedan ejercer los mismos derechos. Para ustedes, El Matrimonio, en mayúsculas, es lo que es, no se cuestiona y se acabó.

Muchos de los que opinan como tú acostumbran hablar de nosotros, los homosexuales, como un grupo abstracto de la población. Como si no tuvieran hijos o hermanas o compañeros de trabajo gays o lesbianas. Como si al hablar de “los gays que se quieren casar” o “las lesbianas que eligieron esa orientación sexual”, no hubiera caras y nombres de esas personas a las que se refieren. Y tú haces precisamente eso: nunca mencionas a Ricardo y Javier, pero sí te atreves a invalidar su relación y a decir que “representan un pequeñísimo porcentaje de la población, pues de las personas con atracción hacia su mismo sexo, son poquísimas las que se quieren casar”. ¿Cuántas parejas gays o lesbianas conoces? ¿Te han dicho si quieren casarse o no? ¿O de qué encuesta o censo obtuviste esa información? ¿Cuál es exactamente ese porcentaje pequeñísimo? Asumo que no tienes el dato, porque, que yo sepa, al menos en México no existe. Así que me parece muy osado descalificar lo que Ricardo y Javier han buscado sólo porque, según tú, son poquitos los que buscamos lo mismo. Eso no importa. No importa cuántos quieran casarse. No importa si mañana se legaliza el matrimonio entre parejas del mismo sexo en todo el mundo y ninguna pareja gay se casa después. No se trata de cuántos nos casemos o no. Se trata (hay que repetir esto todos los días) de tener esa opción, el mismo derecho, como tú y tu esposo cuando decidieron casarse.

Me parece también demasiada atribución de tu parte descalificar el matrimonio de Ricardo y Javier por el hecho de que, según tú, pertenecen a una minoría. Me sorprende que creas que pertenecer a una minoría es un argumento válido para restringirle a alguien el acceso a un derecho. Tú eres parte de lo que en muchos sentidos sigue siendo una minoría: las mujeres. Por eso hay una cosa llamada “perspectiva de género”, como defines tu columna. Por eso tantas organizaciones de la sociedad civil trabajan a favor de la igualdad de género, en contra de la misoginia y de la violencia a las mujeres. Por eso hay un Centro de Estudios y Formación Integral para la Mujer, que tú diriges en Mérida. ¿Te parece bien que las mujeres vayan a la universidad, que puedan votar y ser votadas, que esperen ganar el mismo sueldo que sus pares hombres haciendo el mismo trabajo, que puedan vestirse como quieran sin obtener permiso de un hombre? En un pasado no muy lejano había quienes consideraban lo anterior una locura. Pensaban que las mujeres no debían tener derecho a nada de eso, porque sólo unas cuantas querían hacerlo. La verdad era más simple: había (¡todavía hay!) hombres y mujeres que creían que las mujeres no valen lo mismo que los hombres ni deben tener los mismos derechos y responsabilidades. No conocemos el número preciso de homosexuales en el mundo, pero el respeto que buscamos y los derechos que reclamamos no deben estar en función de cuántos somos.

Lo que más me molestó de tu columna fue que entrecomillaras, textualmente, el matrimonio de Ricardo y Javier cuando hablas de las parejas gays que nos queremos “casar”. Por supuesto. Estás convencida de que El Matrimonio no debe redefinirse, que es entre hombre y mujer, para tener hijos, y todo lo demás no se llama matrimonio. Estás convencida de que dos hombres o dos mujeres firmando un acta en un Registro Civil no es casarse. Piensas que las relaciones, el amor, el compromiso y el apoyo mutuo que hay entre dos hombres o dos mujeres no es igual de sólido que el que hay en una pareja heterosexual. Crees que la familia que están empezando Ricardo y Javier, aunque haya un papelito del Estado de por medio, no es realmente una familia sino una “familia”. Que lo que “tenemos” las “parejas” como mi “novio” y yo es menos valioso que lo que tienen tú y tu esposo. Y no podrías estar más equivocada.

Asumo que eres de esas personas que tienen amigos gays, convives con ellos, pero no dejas de juzgarlos aunque sea un poquito, esperas que nunca les toque un maestro así a tus hijos o nietos. O, peor, te dan lástima. Asumo que convives con esos amigos y sus parejas, los quieres mucho, pero algo te dice que esa relación, por naturaleza, no es tan válida como la que tienen un hombre y una mujer. Y, de nuevo, estás muy equivocada.

Luego invocas unas reglas (no entendí en qué consisten) que la gente debe seguir en un mundo donde deben prevalecer la verdad (¿cuál?) y la ética (¿de quién?) y que, en pocas palabras, casarse es para heterosexuales, como Dios y las constituciones mandan. Pero las reglas en las sociedades cambian todo el tiempo. Si no, insisto, las mujeres no podrían hacer muchas cosas, como publicar sus opiniones en los periódicos.

Por último, mencionas algo sobre argumentos falaces con los que no sé quiénes pretenden convencerte de que el matrimonio no es X sino Y. Yo soy de ésos que te quieren convencer y, ya que lo que dice una corte no es suficiente, espero que mis “argumentos falaces” ayuden a ello. Quédate tranquila: no va a pasar nada terrible con tu matrimonio ni con Yucatán ni con la sociedad en general por el hecho de que Ricardo y Javier se casen. Lo único que va a suceder es que ellos gozarán de un derecho que históricamente no hemos tenido. Y, con suerte, serán un poco más felices. Mientras tanto, que haya más plumas y micrófonos que difundan opiniones como la tuya nos hace un gran favor a todos: permite ver lo absurdo de la homofobia y de las ideas que fortalecen esa discriminación.

Saludos.


Medios LGBT en México

*Esta pieza se publicó en Voces de The Huffington Post.

Hace unas semanas convoqué a editores y periodistas de diferentes medios LGBT mexicanos a una reunión. Invité a miembros de televisión por cable y en línea, radio comercial y pública, blogs, revistas independientes y de alto perfil, periódicos tradicionales, comunicadores independientes, una agencia de noticias LGBT que acaba de celebrar su décimo aniversario, y un guionista de comedia. Asistieron todos con excepción de un par. Nos reunimos en el último piso del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que amablemente me prestó el espacio.

Hace tiempo que quería juntarlos a todos, pero no se me ocurría un propósito más claro que no fuera sentarnos en una misma mesa, hablar, y ver hacia dónde iba la discusión. Como bloguero y periodista enfocado en asuntos de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, me (pre)ocupa la manera en que diferentes medios abordan historias de mi comunidad. Los medios mainstream en México incluyen cada vez más contenido LGBT de manera positiva. Algunos ejemplos son AnimalPolitico.com, la revista Chilango, CNNMexico.com, E! Latin News, la revista M Semanal y el diario Reforma. En 2011, un diseñador de moda y su esposo encabezaron la historia de portada de las parejas más atractivas del país en la revista Quién (enfocada en periodismo soft). Por otro lado, tabloides y producciones de Televisa (incluyendo el programa Guau, dirigido a público gay) son responsables de constantes expresiones homofóbicas y personajes que refuerzan la intolerancia.

Me preocupa también la situación de los medios LGBT como una industria que se esfuerza por sobrevivir. Todos los días me pregunto quién está leyéndonos, viéndonos, escuchándonos. Me preocupa que seamos principalmente nosotros mismos poniendo atención a lo que nuestros colegas están haciendo, dándonos retroalimentación mutua. Y eso está padrísimo si queremos reportar e investigar sobre temas que sólo a nosotros nos interesen, darnos palmadas en la espalda unos a otros y levantar nuestros egos (o, siendo menos bondadosos, haciéndonos pedazos en críticas y chismes). Pero si queremos concienciar sobre la diversidad sexual, cambiar opiniones, hacer ruido, ser voz para quienes son callados por el clóset, si queremos ser una industria, un negocio, hay que ser más incisivos en la forma de mirar nuestro trabajo y de ejecutar nuestra labor de narradores de la realidad.

Brian Pacheco de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación (GLAAD) comparte algunos de estos intereses y estuvo hace poco en la Ciudad de México. Desde el año pasado colaboro con él y Monica Trasandes del Departamento de Medios en Español de GLAAD en su proyecto LGBT en Español, y la visita de Brian fue otra excusa para invitar a mis colegas a una reunión.

Después de presentarnos, Brian habló del trabajo de GLAAD en Estados Unidos como defensor, relator y observador nada silencioso de lo que sucede en los medios. Después puse algunas preguntas en la mesa para detonar la conversación, y éstos fueron algunos resultados:

W Radio, que pertenece a Televisa, es la única estación comercial con un programa gay, Triple G, que ha estado al aire por más de diez años. Durante la reunión, el locutor Francisco Iglesias señaló la falta de profesionalización de medios tradicionales en cuanto a asuntos LGBT, pero nos recordó la contrastante falta de profesionalismo de medios LGBT en términos periodísticos: sólo algunos de nosotros producimos contenido noticioso, y con frecuencia los diarios nacionales se nos adelantan en la cobertura de acontecimientos LGBT. La razón principal es que la mayoría de los medios LGBT batallan con presupuestos insuficientes, por lo que tampoco tienen suficientes reporteros. “A muchos colaboradores de medios LGBT no les pagan, y ése es el primer nivel de discriminación que estamos permitiendo.” Todos en la sala permanecieron en silencio varios segundos cuando el periodista Alejandro Brofft señaló esa incómoda verdad.

Francisco mencionó otro asunto importante: muchos medios LGBT dependen de sólo dos o tres personas. Cuando éstas falten, ¿qué pasará con esos proyectos? Todos coincidimos en que las personas trans son prácticamente invisibles en nuestra profesión, y que tampoco hay tantas mujeres (yo sólo conozco a dos, y ninguna pudo ir). Una parte significativa de nuestras audiencias está en el clóset. A propósito de esto, no hay muchas figuras públicas abiertamente LGBT en México. También hay buenas noticias: mientras que la mayoría de los medios LGBT de alto perfil se han establecido en el Distrito Federal, cada vez hay más medios LGBT más pequeños surgiendo en otros estados, y haciendo una labor destacable en contra de la discriminación en sus comunidades.

Debatimos sobre si el gobierno debería financiar medios LGBT “porque es un trabajo que cumple una función social” versus pensar en los medios LGBT como iniciativas que deben ser rentables a través de inversionistas, publicidad y ventas, como nuestros pares los medios no LGBT.

Esta reunión fue un piloto de, espero, más en el futuro. Un experimento que resultó provechoso. Confirmó lo que muchos sabíamos: enfrentamos retos similares. Conversarlo y compartir nuestras experiencias debe servir, más que como grupo de apoyo, como espejo de lo que podemos hacer de manera individual y colectiva para mejorar. Si bien no todos somos necesariamente activistas, los medios LGBT tienen un rol en hacer de la sociedad un lugar más seguro y respetuoso para las personas LGBT. Y para que eso suceda hay que ser mejores en nuestro trabajo.