Mi Cuerpo, Mis Derechos

enrique¿Sabías que la homosexualidad es un crimen en 77 países? ¿Y que, en Rusia, el presidente Vladimir Putin aprobó una ley anti “propaganda gay” en 2013? La campaña #MiCuerpoMisDerechos ahí sería ilegal, por ejemplo.

Gracias a Amnistía Internacional por invitarnos a participar. Si quieres apoyar y sumarte, entra a alzatuvoz.org/mcmd

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La nueva revolución sexual

*Este texto lo publiqué originalmente en la edición de diciembre de Letras Libres.

portada dic2014Festivales de cine (como Festival Mix y DH Fest), obras de teatro (como Tom en la granja), congresos de empresarios (como el LGBT Summit of the Americas), foros en museos y universidades (como Simposio Libertad y Desarrollo en la Universidad de Guanajuato), eventos auspiciados por los gobiernos del Distrito Federal, Estados Unidos y Reino Unido (como el Youth Council Summit y el International Day Against Homophobia en el British Council), marchas, la reunión internacional más grande de activistas gays, lesbianas, bisexuales y transgénero (LGBT). México ha sido escenario de no pocas actividades sobre diversidad sexual a lo largo de 2014. Al ver esa cartelera, cualquiera pensaría que la lucha por los derechos de las personas LGBT ha alcanzado su punto más exitoso, pero no hay que dejarnos llevar por las apariencias: por cada avance ha habido también lamentables retrocesos.

En Global gay: cómo la revolución gay está cambiando al mundo (Taurus, 2013) Frédéric Martel plantea que ahora mismo estamos siendo testigos de una revuelta a nivel internacional a favor de la diversidad sexual. Tras reunirse con más de 600 personas en 45 países, el autor francés ha reunido el material necesario para trazar un mapa de la situación de la población LGBT en el mundo durante los últimos cinco años. Las conclusiones de su investigación son alentadoras: en general, cada vez hay más libertad e igualdad en Estados Unidos, Latinoamérica y la mayor parte de Europa en términos de derechos, visibilidad, representaciones en medios de comunicación, empresas y universidades. (Incluso para los temas pendientes en la agenda del movimiento por la diversidad sexual, se han creado fechas emblemáticas como la conmemoración del Día Internacional contra la Homofobia en mayo, las celebraciones del gay pride en verano o el Spirit Day en octubre para hacer conciencia sobre el bullying homofóbico que sufren estudiantes de primaria y secundaria). Martel sugiere que el resto del mundo no tardará mucho más en seguir ese camino. Sin embargo, no hay que ser demasiado acuciosos para darse cuenta que este progreso se da de manera desigual: en México la mitad de los trabajadores LGBT mantienen en secreto su condición, 35% ha sido víctima de discriminación por parte de un jefe o colega a causa de su orientación sexual o identidad de género y 67% de los adultos LGBT en México fueron víctimas de acoso escolar entre la primaria y la universidad.

Los datos sobre la circunstancia mexicana resultan incluso ingenuos cuando los comparamos con países de África, Asia y el Caribe, donde la persecución de personas LGBT por parte del Estado se ha recrudecido. Grupos conservadores, típicamente financiados desde Estados Unidos y a falta de éxito en su país, se han aliado para reunir millones de dólares y hacer campañas que promueven la homofobia y la criminalización de la homosexualidad en Belice, Jamaica, Trinidad y Tobago, Polonia, Rusia, Nigeria, Uganda y Kenia. Algunos de sus líderes, como Scott Lively, han querido demostrar los supuestos peligros de la llamada “agenda gay” y afirman que la nueva guerra mundial se está dando entre cristianos y homosexuales. Estos grupos alegan que los homosexuales son más propensos a la pedofilia, que quieren adoptar niños para pervertirlos y, contradiciendo a instituciones serias como la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, promueven terapias para “curar” la homosexualidad. Su influencia ha llegado también a Rusia, en donde han asesorado a legisladores para que, con el apoyo de Vladimir Putin, se haya logrado prohibir la “propaganda gay”. Lo anterior –junto con problemas de violencia e inseguridad– ha provocado que migrantes LGBT huyan de esas regiones y busquen asilo en México, Estados Unidos, Canadá, Suecia, Holanda y Reino Unido.

Ni siquiera los logros en materia de diversidad sexual pueden considerarse victorias unánimes. Que exista una fuerte relación entre el capitalismo y las conquistas de la comunidad LGBT ha sido motivo de discusiones entre activistas y académicos. Por ejemplo, cada vez en más lugares se legaliza el matrimonio entre parejas del mismo sexo y eso también abona a la moda del turismo especializado en este sector, que a la vez son clientes atractivos para organizadores de bodas en donde el matrimonio igualitario es legal. Por otra parte, empresas como American Express, IBM y Citigroup han demostrado la conveniencia de ofrecer prestaciones igualitarias a sus empleados gays y lesbianas (y sus parejas), de crear redes de empleados LGBT, de tener políticas claras para reclutar y ascender a sus empleados sin que la orientación sexual o la identidad de género sean motivo de discriminación. Todo esto nos lleva a pensar: ¿los gays en realidad están capturando el marketing y la economía o son solo un botín para las marcas que quieren beneficiarse de su “dinero rosa”? ¿Las banderas de arcoíris a la entrada de establecimientos comerciales son símbolo de inclusión o prolongan un estereotipo? ¿La participación de políticos y empresarios en una marcha del orgullo gay equivale al triunfo de un movimiento o al abandono de su componente radical, en el que muchos todavía prefieren regodearse? ¿Las personas LGBT deberían permanecer al menos un poco al margen del mainstream o abrazar los valores de una mayoría heterosexual? Creo que es inevitable que al conquistar ciertos espacios los movimientos LGBT se vean obligados a renunciar a una parte de su carácter subversivo, del outcast que cuestiona los roles de género, las reglas de las relaciones de pareja o el uso del cuerpo. Es casi imposible pasar de la exclusión a la inclusión sin dejar de ser el raro de la sociedad.

Lo que es importante reflexionar –y para lo cual Martel aporta información valiosa– es cómo la cultura gay ha transitado de la oscuridad a los reflectores. Y también hacia dónde debería dirigirse. De un lado, los activistas continúan encabezando organizaciones de la sociedad civil y liderando manifestaciones callejeras, y del otro cada vez más personas de diversas profesiones han manifestado abiertamente su orientación sexual y, con ello, le han recordado al mundo que están en todos lados. El mensaje es claro: es una comunidad grande y conviene valorarlos, sea porque representan un voto en elecciones o un sector de consumo poderoso. Pero sobre todo porque sin el respeto de sus derechos la lucha por los derechos humanos para todos está incompleta. Aun cuando muchos homosexuales no se identifican como “activistas” han emprendido acciones que, dado el contexto social y laboral, terminan por ser activismos. Hay algo genuinamente subversivo en buscar acceder a los derechos que otros tienen. Y esos pequeños actos de salir de fiesta, caminar por la calle de la mano de su pareja, llevar a sus hijos a la escuela, emprender un negocio, incluir personajes no heterosexuales en sus series de televisión y sus películas son, tal vez no en San Francisco pero sí en Moscú y en Kampala, pequeños actos de revolución.


Gatopardo: callar el grito

*Alejandra González publicó este texto en Gatopardo el 24 de junio de 2014.

Lo que sucede en la cancha y la tribuna durante un partido de futbol, o cualquier otro deporte, no se queda sólo ahí. Un mundial es también un encuentro de culturas, razas, creencias, valores y vicios.

Entre la afición mexicana gritar “puto” al portero rival anticipando cada saque de meta, se ha convertido en una tradición. No es fácil identificar cuándo empezó a usarse, pero un porra del Atlas de Guadalajara presume haberlo inventado alrededor del 2003 como castigo a Oswaldo Sánchez, portero que inició su carrera en ese equipo, pero que posteriormente se cambió a Chivas, su principal rival.

Diez años después, el ya mundialmente famoso “¡Puto!”, atrajo la atención de la organización independiente Fare (siglas en inglés para “Futbol contra el racismo en Europa”) –red dedicada a combatir la discriminación en el futbol europeo–, que contactó a la FIFA de manera oficial para que se abriera una investigación disciplinaria por conducta inapropiada de los espectadores durante los partidos Camerún-México y México-Brasil. La afición brasileña se había contagiado del popular grito y le hizo competencia a México gritándolo durante su enfrentamiento del 17 de junio.

Sin embargo ayer, apenas una semana después del inicio de esta investigación, la FIFA anunció que su Comité Disciplinario decidió absolver a la Federación Mexicana de Futbol y descartar todos los cargos al considerar que “el incidente en cuestión no es considerado insultante en este contexto específico”.

Cabe mencionar que para la FIFA sancionar a México habría significado recibir presiones para castigar también al equipo anfitrión y sabotear irremediablemente esta edición de su evento y negocio más importante. La FIFA decidió pasar de largo el incidente quizá también para no prolongar un debate del que difícilmente saldría bien librado, tras elegir como sede de los próximos mundiales a Rusia y Qatar, ambos bajo la mira internacional por la violencia que se ejerce en esos países contra mujeres y homosexuales.

Además, ello pondría el dedo en la llaga a otro tema sumamente incómodo para la organización: la presunta corrupción que llevó a la elección de Qatar como sede del mundial de 2022. Diarios como el Sunday Times revelaron hace algunas semanas que Mohamed bin Hammam, un ex directivo de la FIFA de origen qatarí, pagó hasta 5 millones de dólares a directivos del fútbol africano para asegurar un buen puñado de votos para su país.

Además, la revista France Football denunció que Ángel María Villar (Presidente de la Real Federación de Fútbol de España y vicepresidente de la FIFA y la UEFA), Florentino Pérez (presidente del club Real Madrid) y Sandro Rosell (expresidente del club Barcelona), ejercieron presión para apoyar la candidatura Qatar. De acuerdo con el medio francés, los tres hicieron un “acuerdo secreto” para conseguir el voto favorable de países como Guatemala, Argentina, Brasil y Paraguay.

Más allá de la decisión de la FIFA y de su cuestionable autoridad moral, en México el tema levantó un valioso debate en diversos medios de comunicación y redes sociales. Muchos periodistas y líderes de opinión como Daniel Moreno y Antonio Martínez Velázquez publicaron artículos al respecto. Martínez Velázquez dijo no encontrar al grito homofóbico ni discriminante, pero aplaudió el hecho de que cada vez más entidades particulares reflexionen en torno a la posibilidad de acotar derechos reconocidos, en este caso el de libertad de expresión.

Facebook, Twitter, YouTube o la FIFA son particulares masivos con efectos públicos y son ellos los que probablemente no atiendan a ninguna tradición jurídica  para decidir qué se dice y qué no; con un razonamiento que no es del todo público y que no pasa por el Estado,

escribió en su blog.

En defensa del grito se ha dicho que la palabra “puto” tiene otras acepciones; que es parte del idioma vernáculo; que en medio de la pasión deportiva no es posible ser demasiado políticamente correctos; que prohibirlo es frenar la libertad de expresión; que los estadios son espacio para la catarsis, etcétera. Pero es cierto también, como escribió en su artículo de la semana pasada el periodista Daniel Moreno, “que la libertad de expresión no es absoluta. Y que las palabras importan, algo dicen y que, en este caso, específicamente reflejan nuestro desprecio a una comunidad”.

Puto es una forma despectiva de referirse a alguien que es homosexual, es un insulto. Si alguien lo quiere usar como sinónimo de cobarde o de otra cosa, pues hay que gritar cobarde o esa otra cosa,

dijo el activista y periodista Enrique Torre Molina en entrevista para Gatopardo. “Es la misma palabra que han escuchado muchos hombres a los que han asesinado por ser gays,” agregó. Sin embargo, considera que prohibir su uso no sería una medida certera para atacar el problema. “Prohibir elimina la parte más rica de todo este debate, y la posibilidad de reflexionar y preguntarnos de dónde viene todo eso,” afirmó.

José Flores Sosa, director editorial de Betazeta Networks, una red de blogs en América Latina, ha dedicado muchos artículos a tratar temas relacionados con la comunidad LGBT, y es además un gran aficionado al futbol. Flores contextualiza el grito dentro de un estadio como un espacio catártico donde los asistentes muestran su lado más visceral y nacionalista. “Podríamos decir que el fútbol está, por sí mismo, marcado por la otredad; en ese sentido, no se busca sólo alentar al equipo propio, sino intimidar y sobajar al contrario,” dijo a Gatopardo.

Es muy claro que en el imaginario del futbol la virilidad se resalta como un valor central, y la homosexualidad, junto con lo femenino, se presenta como la antítesis. “Los entrenadores piden que le entres a la bola ‘como hombre’, que no le pegues ‘como niña’ y que ‘no seas puto y juegues’”, explica Flores. “Es manifestación de una homofobia muy arraigada en nuestra cultura y ésa es la más peligrosa, porque se ha hecho invisible,” afirma.

Ricardo Bucio Mújica, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), habló del tema en un texto para Animal Político, en donde enfatiza que la palabra “puto” es expresión de desprecio y rechazo.

Es negativa, es estigma, es minusvaloración. Homologa la condición homosexual con cobardía, con equívoco… El sentido con el que se da este grito colectivo en los estadios no es inocuo; refleja la homofobia, el machismo y la misoginia que privan en nuestra sociedad.

De cara al Torneo Apertura 2012, la Federación Mexicana de Futbol presentó un nuevo Código de Ética para el futbol mexicano, cuyo artículo 6º precisa: “Todo aquel involucrado, directa o indirectamente, con la FMF y sus integrantes, deberá respetar la dignidad de las personas y abstenerse de llevar a cabo cualquier acto discriminatorio”. El problema radica, por supuesto, en encontrar la forma de aplicar estas reglas.

Hoy por la mañana, en entrevista con Carmen Aristegui, Miguel “el Piojo” Herrera dijo estar aliviado de que la Federación Mexicana no haya sido sancionada, y a pesar varios intentos de la periodista por lograr que el director técnico se pronunciara en contra del controversial grito, Herrera no tuvo empacho en repetir que él no lo considera un acto de discriminación.

Mientras tanto, y más allá del debate, ayer en el partido de México contra Croacia, el grito de “puto”, no sólo se escuchó más fuerte que nunca en los saques de meta, sino que se extendió también a los tiros de esquina.


Entrevista en MidOpen

Gracias a Luis Buenfil por esta entrevista en la nueva edición  de MidOpen con el diseñador David Salomón en portada.

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Enrique Torre Molina y el activismo gay internacional

*Cristian Galarza publicó esta nota en SDP Noticias el 22 de octubre de 2013.

Enrique Torre Molina y el activismo gay internacionalEnrique Torre Molina es un joven activista y blogger, que aborda desde diferentes direcciones la problemática LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Trans).

Enrique es de Mérida, Yucatán, pero ahora vive en la Ciudad de México. Tiene estudios por diferentes instituciones como la Universidad de las Américas Puebla, Harvard University, New York Public Library, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, el National People of Color Media Institute de GLAAD y Netroots Nation.

Se destaca por su manera clara e inteligente de comunicar ideas y resaltar hechos noticiosos; por eso le hicimos una entrevista en SDPnoticias. Queríamos saber su perspectiva en torno al activismo LGBT y su opinión sobre la evolución que la sociedad ha experimentado al respecto.

A continuación, la entrevista en 3 partes con Enrique Torre Molina:


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