Diversidad Capital: universidades y diversidad sexual

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Esta semana en Diversidad Capital por Capital 21 hablamos sobre universidades y diversidad sexual:


Camino a un México más justo e igualitario

*Esteban Marchand publicó este texto originalmente en Sin Etiquetas el 22 de junio de 2015.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el 14 de junio emitió la resolución 43/2015 y dejó claro que cualquier Código Civil que defina al matrimonio con fines de procreación y/o exclusivamente para una mujer con un hombre, es inconstitucional. Anteriormente se podían vincular los requisitos del matrimonio con las preferencias sexuales y la procreación.

“Como la finalidad del matrimonio no es la procreación, no tiene razón justificada que la unión sea heterosexual, ni que se enuncie como entre un solo hombre y una sola mujer. Dicha enunciación resulta discriminatoria en su mera expresión […] pues excluye injustificadamente del acceso al matrimonio a las parejas homosexuales que están situadas en condiciones similares a las parejas heterosexuales”, se lee en la jurisprudencia 43/2015 de la Primera Sala.

“La decisión de la SCJN es trascendental ya que implicaría la viabilidad para el cauce de matrimonios entre dos personas independientemente del sexo o identidad de género. En la mayoría de los Estados no habría manera de oponerse. Pero ahora depende en mucho de la fuerza de las organizaciones LGBT para llevar a cabo los matrimonios donde ya esta abierta la posibilidad y los cambios donde haya que hacerlos”, señala para Sin Etiquetas la investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y activista mexicana Gloria Careaga.

Sin embargo, en lo inmediato ninguna pareja del mismo sexo podrá acceder al matrimonio civil por la vía simple. Como señala el periodista y consultor mexicano en temas LGBT Enrique Torre Molina “es probable que un registro civil todavía se niegue a casar a una pareja gay y que esta tenga que recurrir al amparo. La diferencia es que lo que pase después será más rápido y se resolverá en favor de la pareja”.

SÍ ES UNA BUENA NOTICIA

Pero más allá de la dimensión legal hay cambios trascendentales gracias a la acción de la Suprema Corte. “Ayudará a que el respeto y el entendimiento de la diversidad sexual aumente. Porque las leyes son producto de cambio social y cultural, y a la vez son generadoras de esos cambios”, sostiene Torre Molina.

Los detractores son los de siempre. La iglesia, los obispos y los grupos más conservadores que se niegan a hacerle frente a una realidad que ya existe.

“Esto no quiere decir que haya una bienvenida nacional a la decisión. Habrá también que empujar a los gobiernos para campañas de promoción de este derecho, que no se ha hecho ni en el DF. Porque la gente asume las reformas legales, pero “con los dientes apretados”, como dicen estudiantes de la UNAM. Y eso nos coloca en condición de vulnerabilidad”, recuerda Gloria Careaga.

Acciones como la de la Suprema Corte son formas de “desarmar a los opositores del matrimonio gay, que cada vez están más solos en sus argumentos y en su visión de la igualdad”, reconoce Torres Molina.

En todo México las organizaciones seguirán luchando hasta alcanzar la libertad y que esta sea reconocida sin regateos, sin la necesidad de ningún amparo o figura legal como hoy en día se puede hacer si uno se quiere casar.. La comunidad LGBT tiene que vivir con dignidad y libertad. Es fundamental en una sociedad que se quiera llamar democrática que todos puedan vivir de forma igualitaria.


De Minnesota a Yucatán: la vida universitaria LGBT

*Publiqué este texto en mi blog de The Huffington Post el 26 de agosto de 2014.

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Foto del Colectivo Diversidad Igualitaria (Codii) del ITESO.

La semana pasada la organización Campus Pride publicó su lista anual de las 50 universidades más “LGBT friendly” de Estados Unidos.

El Campus Pride Index señala cuáles son las instituciones que destacan por sus políticas de inclusión a estudiantes y empleados LGBT, contenidos en las clases y programas educativos, si hay clubes o asociaciones estudiantiles LGBT en el campus, qué tanto toman en cuenta las necesidades específicas de personas LGBT en temas de salud y seguridad, entre otras categorías.

¿Para qué sirve un análisis de este tipo?

Cada vez son más los jóvenes que toman en cuenta información como la que publica Campus Pride para tomar la decisión de dónde estudiar una carrera. En Estados Unidos, sin duda, pero me parece que en México también.

Y cada vez son más los jóvenes que, estando en la universidad, se encargan de generar un ambiente más seguro y respetuoso de quiénes son, políticas institucionales que garanticen que no haya discriminación a estudiantes y profesores LGBT, actividades sociales (como un cineclub) y académicas (el ensayo final de una materia o una semana de la diversidad sexual) para discutir el cruce de la orientación sexual y la identidad de género con temas como política, derechos humanos, economía, medios de comunicación, moda, política exterior, psicología, salud o deportes.

La universidad fue el primer espacio donde me sentí seguro como joven gay. Fue el primer lugar donde me sentí cómodo con que la gente, cualquier persona, cercana a mí o no, supiera que soy gay. Salí del clóset con amigos y compañeros que llevaba meses de conocer antes que con mi familia o mis amigos de toda la vida, que estaban en otra ciudad.

En 2006 estaba terminando mi primer año de Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas Puebla. Me enteré de Diversitas, una asociación estudiantil LGBT que, si me informaron bien, fue la primera de su tipo en una universidad privada en México.

El grupo organizaba ciclos de cine, talleres con activistas locales, conferencias con académicos y legisladores, y El Divergente, un programa de radio en la estación estudiantil.

Diversitas lleva unos años en coma y ojalá alguien en la UDLAP lo retome pronto. Y ahora hay grupos similares en el ITAM, la Universidad Iberoamericana, la UNAM y la UPN en la Ciudad de México, el ITESO en Guadalajara y, a partir de este semestre y después de que el consejo de la universidad lo rechazara varias veces, en el Tec de Monterrey.

Otras escuelas han abierto espacios para temas LGBT en sus clases, como CENTRO; para semanas de la diversidad sexual, como la UADY en Mérida, el CIDE y la UAM en el DF; o para conferencias en el marco de congresos de las facultades de economía u otras disciplinas, como la UNACH en Tuxtla Gutiérrez y la Universidad de Guanajuato.

He tenido oportunidad de conocer de cerca varios de esos proyectos, de participar en conferencias y talleres en varias de esas universidades, y una de las preguntas más frecuentes es: ¿cuáles han sido los principales avances para las personas LGBT en México?

En mi opinión, sin duda, la visibilidad en las universidades. Si hiciéramos en el país una lista como la de Campus Pride, probablemente algunas de estas instituciones ocuparían los primeros lugares. Y hay de todo: universidades públicas, privadas, laicas, religiosas, en diferentes zonas geográficas.

Muchos jóvenes gays, lesbianas, bisexuales y transgénero vivimos en hogares donde no fue fácil salir del clóset. Fuimos a escuelas donde no se mencionaba la homosexualidad más que para recordarnos que es pecado. Crecimos sin conocer a ninguna persona transgénero. Pero llegamos a la universidad y nos topamos con mejores recursos de información y oportunidades de desarrollo personal, con profesores que nos alientan a explorar la diversidad en el plano académico, y conocemos a otros jóvenes con quienes, por su orientación sexual o su identidad de género, tenemos una empatía especial.

Ese contexto ayuda a potenciar los talentos de sus miembros, a convertir chavos tímidos o marcados por episodios de bullying en líderes con una voz, a encontrar aliados heterosexuales para reconocer la diversidad. Ojalá continúe la tendencia de visibilizar y respetar la diversidad sexual en más universidades.

De ahí están saliendo las personas que empezarán nuevas familias, ocuparán cargos políticos, y muchos profesionistas que están llevando esa mentalidad al mundo laboral, donde hace mucha falta.


Ser gay en México

*Este texto se publicó originalmente en la edición de septiembre de la revista Betún. Una disculpa por el error de dedo en el dato sobre Patria Jiménez: no es 1987 sino 1997.

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Tertulias UNAM: No a la homofobia

Si andan este viernes 17 de mayo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (Ciudad de México), los invito a platicar con nosotros en la cafetería a las 13:00 horas:

Tertulias UNAM: No a la homofobia