Medium

logoEsta semana abrí una cuenta en Medium. Estoy como en Twitter: @etorremolina. Ahí publicaré textos originales de vez en cuando, como mi lista de libros favoritos de 2014, y los publicados originalmente en otros medios.

Ya están los que he publicado entre 2010 y 2014 en Animal Político, Betúnel blog de la Embajada de Estados Unidos en México, Chilango, Gatopardola revista Internacionales del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas Puebla, Letras Libres, MidOpenMilenio, Ohm, Quién, The Huffington Post, Vivir México y enriquetorremolina.com.


Reflexiones amateur sobre racismo y clasismo en comunidades LGBT

*Este texto se publicó originalmente en The Huffington Post.

El mes pasado estuve en Los Ángeles por primera vez. Fui a la segunda edición del National People of Color Media Institute de GLAAD, un proyecto que la organización lanzó para reunir a personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero de color que trabajan en diferentes temas y comunidades, permitir que compartan sus experiencias, e impulsar su potencial como defensores y voceros de esas comunidades. El objetivo de GLAAD con este instituto y con su programa Voices of Color, a cargo de Daryl Hannah, es que haya más rostros negros, latinos y asiáticos en nuestros diarios, revistas, blogs, programas de radio y televisión. Tuve el honor de ser el primer participante extranjero.

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Brenda del Río (Bienestar), Monica Trasandes (GLAAD) y Enrique Torre Molina.

El trabajo que GLAAD ha hecho durante casi 30 años para que los medios sean un espacio más inclusivo con personas LGBT (en Estados Unidos y cada vez más en otros lugares), y para que las historias LGBT tengan más presencia y poder en esos medios, no debe subestimarse. Sin embargo, las personas LGBT de color no tienen suficiente visibilidad en medios tradicionales. Yo diría que ni siquiera en medios LGBT. Veamos, por ejemplo, algunos personajes gays en series de televisión actuales: Louis en Partners, Kurt en Glee, Bryan en The New Normal, Cam y Mitch en Modern Family. Todos hombres blancos.

De acuerdo con el reporte de 2012 Opinión y Discurso Público sobre las Intersecciones de Asuntos LGBT y Raza, publicado por The Opportunity Agenda, los asuntos LGBT tienen pocas menciones en medios latinos en Estados Unidos, aunque la Proposición 8 de California en 2008 detonó una cobertura más amplia de asuntos LGBT en dichos medios. No sorprende, considerando la gran población de latinos en el estado. El reporte también señala que mucha de “la retórica, los insultos y el lenguaje despectivo anti-LGBT encontrados en este monitoreo de medios viene de comentarios de usuarios en línea, no de los medios como tales.” Cuando blogueaba para VivirMexico.com, era común recibir comentarios absurdos y homofóbicos como “Los jotos son una mierda de personas. Los jotos mismos tienen la culpa de que se les discrimine. Su forma de actuar es cagante y llega a ser en ocasiones irrespetuosa. Si son putos me vale madres, que se cojan entre ellos y punto, pero los amanerados me dan asco.”

Me cuesta trabajo traducir a nuestra experiencia en México el concepto de “personas de color” (“people of color“) con el peso y el significado que tiene. Raza y racismo no son temas presentes en los medios, mucho menos en conversaciones diarias fuera de la pantalla. Con frecuencia pensamos en México como una sociedad libre de racismo. Pero la discriminación más fuerte contra personas negras, por ejemplo, no es ignorar esa exclusión sino asumir que no existen aquí, excepto por uno que otro modelo en pasarelas de semanas de la moda. El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) ha investigado y difundido información sobre discriminación contra afrodescendientes. Fuera de eso, son prácticamente invisibles. De acuerdo con Jonathan Orozco, del área de comunicación de Conapred, no hay números oficiales sobre la comunidad afrodescendiente en México. Lo mismo que las personas LGBT, por cierto: no sabemos exactamente cuántos hay, en qué trabajan, dónde viven, etc.

Excepto por un par de piezas periodísticas o documentales sobre los muxes de Oaxaca, no recuerdo haber visto a nadie que sea LGBT e indígena en pantalla. Y no pronostico que suceda pronto, si incluso los cadeneros de algunos bares y antros gays son responsables de dejar fuera a personas con “apariencia indígena”.

He crecido en un contexto privilegiado, tuve un proceso de salir del clóset prácticamente libre de drama, tengo familiares gays y lesbianas, vivo en la única ciudad del país donde puedo casarme con mi novio, y aun así he experimentado una sociedad homofóbica. Apenas puedo imaginarme cómo son las cosas para alguien en el otro extremo del México racista y clasista.

¿Dónde están todas esas caras en las páginas de revistas, en anuncios de sitios de ligue por internet, en programas de televisión? Para un grupo que es blanco de tanta intolerancia, los medios LGBT podemos hacer un mejor trabajo abordando esos otros tipos de discriminación que existen al interior de nuestra comunidad.


An amateur’s reflection on racism, classism within LGBT communities

*This post was originally published on The Huffington Post‘s Gay Voices and Latino Voices.

Last month I was in Los Angeles for the first time. I attended GLAAD’s second edition of the National People of Color Media Institute, an awesome project GLAAD launched to bring together lesbian, gay, bisexual, transgender people of color working on different issues and in different communities, have them share their experiences, and enhance their potential as advocates and spokespeople for those communities. The aim of GLAAD through this institute and their Voices of Color program, led by Daryl Hannah, is to bring more Black, Latino, and Asian faces to our newspapers, magazines, blogs, radio and television shows. I was honored to be the first non-U.S. resident who participated.

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Brenda del Rio from Bienestar, GLAAD’s Monica Trasandes, and Enrique Torre Molina.

The work GLAAD has done to make media a more inclusive space for LGBT people (in the U.S. and increasingly elsewhere), and to make LGBT stories more present and powerful in that media for almost 30 years, cannot be understated. However, LGBT people of color are not visible enough on mainstream media. And I would say not even on LGBT media. Look at, for example, gay characters who are on TV shows right now: Louis on Partners, Kurt on Glee, Bryan on The New Normal, Cam and Mitch on Modern Family. All white guys.

According to The Opportunity Agenda’s Public Opinion and Discourse on the Intersections of LGBT Issues and Race 2012 report, LGBT issues are under-reported in Latino media in the U.S., although California’s Proposition 8 in 2008 drove those media to have a wider coverage of LGBT issues. Not surprising, considering the large population of Latinos in the state. The report also points out that much “of the anti-LGBT rhetoric, slurs, and derogatory language found in this media scan come from users’ online comments, not from the media themselves.” When I blogged for VivirMexico.com, I would often get very homophobic, moronic comments from readers, such as “Fags are shitty people. Fags themselves are to be blamed of being discriminated against. Their attitude is annoying and some times disrespectful. If they’re fags I don’t care. Fuck with each other and that’s it, but the sissy ones are disgusting.”

I have a hard time translating the concept of “people of color” with all its heavy, powerful meaning to our experience in Mexico. Race and racism are not topics present on the media, much less on off-screen daily conversations. We often think of Mexico as a racism-free society. But the strongest form of discrimination against black people, for example, is not ignoring their exclusion but actually thinking there aren’t any here, except for the occasional model on a Mexico City fashion week runway. The National Council to Prevent Discrimination (Conapred) has done research and spread information on discrimination against people of African descent. Other than that, they are practically invisible. According to Jonathan Orozco, a communication staffer at Conapred, there are no official numbers on the African descent community living in Mexico. Same goes for LGBTs, by the way: we don’t know exactly how many of us are there, working as what, living where, etc.

Except for a couple of pieces or documentaries on the muxes living in Oaxaca, I can’t recall seeing anyone who was LGBT and indigenous on screen. And I don’t foresee it happening any time soon, if even bouncers at some gay bars and clubs are responsible for leaving “indigenous-looking” people out.

Growing up in a privileged background, having a mostly harmless coming-out process, being surrounded by other gays and lesbians in my family, and living in the only city in the country where I can marry my boyfriend has let me experience a homophobic society. I can only imagine what things are like for someone on the other end of racist, classist Mexico.

Where are all those faces in the pages of gay magazines, on the ads of hookup websites, on TV shows? For a group that is such a target of bigotry, we as LGBT media could do a lot better to address those other types of exclusion happening within our community.


Spirit Day en México

El viernes 19 de octubre se celebró el Spirit Day. En el tercer año de esta fecha, cada vez se suman más personas, organizaciones, empresas, medios de comunicación en diferentes partes del mundo. ¿Quién participó en México?

Las ausencias que me parecen más notables: las de organizaciones LGBT mexicanas. Ojalá el próximo año el apoyo en el país sea mayor y veamos involucrados a actores de otros ámbitos.


El Pollo y Pepe entran a un bar gay…

 

Primero, un recuento:

1. Iván García, medallista mexicano en Londres 2012, tuiteó esto:

2. De las reacciones que he leído, la de Pepe Flores en Vivir México es la que me parece más elocuente y atinada.

3. Algunos comentarios de lectores en el post de Pepe muestran desde las limitaciones de su criterio (el típico que asume que tanto Iván como Pepe son gays, y más importante, ¡reprimidos!) hasta la homofobia más barata que exige a los gays “portarse como hombres”, pasando por reacciones más simpáticas: concluir que, más que ofendidos, los gays están decepcionados porque Iván les gusta.

Iván tiene 18 años. Lo que le preocupa que la gente piense de él y la forma de expresarlo coincide seguramente con lo que piensan o dicen más chavos de su edad. Lo que diría cualquier preparatoriano o universitario, heterosexual o gay de clóset, si en su salón de clases corrieran rumores sobre su orientación sexual. Hasta aquí no creo que haya que quemar vivo al muchacho.

Pero, como señala Pepe, Iván no es cualquier preparatoriano o universitario. No es un tuitero más ni un joven más. Acaba de regresar a México con una medalla de plata al cuello que le da más notoriedad de la que tenía antes. Le guste o no, lo haya escogido no, le da también más responsabilidad ante los jóvenes que lo siguen y que lo toman como referencia de atleta, de éxito, de ejemplo a seguir.

Muchos de esos seguidores son, por cierto, gays. Por ejemplo, Matthew Mitcham (no sé si la imagen a la que enlazo es real o fue intervenida, pero ilustra muy bien este punto), que además es su colega. Para mí no es tanto que el tweet de Iván sea ofensivo por decir que los gays no son tan hombres. Me preocupa más que alguien considere que debe deslindarse de un rumor así. Porque, pues, ¿qué tendría de malo?

Hay otro punto que me parece todavía más interesante: el doble discurso de algunos quejosos. Es muy cierto que muchos activistas, blogueros, periodistas, tuiteros gays, y gays en general, queremos ir por la vida inmunes al asunto de la ofensa, de la discriminación, de la libertad de expresión. O sea que, por ejemplo, defendamos la prerrogativa de llamarnos ‘puto’, ‘joto’ o hablarnos en femenino entre nosotros, al mismo tiempo que reprobamos a quien lo hace sin ser parte del clan. Sobre todo si lo hace desde una posición de poder o notoriedad (un político, una celebridad, etcétera).

Supongo que habría que examinar caso por caso: quién lo dice, en qué contexto, con qué intención, a quién se refiere. Un poco como cuando un comediante judío hace chistes sobre judíos versus cuando lo hace un no judío. O un negro sobre negros versus un no negro. Y no, no creo que por ser parte de la minoría en cuestión uno tenga necesariamente más “permiso” de burlarse o hacer bromas del grupo. Más bien, ser parte de equis minoría te da, sí, un poquito más de elementos para opinar sobre ella y para que un chiste al respecto sea interpretado de manera distinta.

Lo que comento en los dos párrafos anteriores cambia todos los días. No dejo de preguntarme hasta dónde se vale, hasta cuándo es chistoso, a partir de qué punto conviene indignarse. Ojalá Iván se relaje un poco, le pierda miedo a chismes que no tendrían por qué serle amenazantes, y le pierda miedo a pedir una disculpa. Honesta. Válida. Cualquiera mete la pata.

Y hasta aquí llega mi intento por ordenar las ideas que me ha generado este caso. Que continúe la discusión.


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