Jaime Kohen de color

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

A dos meses de que salga a la venta su nueva producción musical, Jaime Kohen envió un boletín a medios de comunicación: los convocaba a un evento en el Museo Memoria y Tolerancia donde hablaría abiertamente de su preferencia sexual “para plantar semillas de tolerancia en nuestra sociedad”. Estrenó su sencillo “Tú y yo de color” y apareció en la portada de la revista gay Betún, que se edita cada mes en México. Todo esto en la misma semana.

Jaime Kohen3Después de pasar por una crisis personal en la que la música lo acompañó, Jaime pensó que le gustaría darle a otros lo que la música le dio a él. Estudió un verano en Berklee College of Music, donde aprendió a componer y tocar piano. Hoy es un artista independiente, canta y compone y baila pop, y la honestidad de sus letras coinciden con la que expresa en persona. Lleva dos años con su novio, le gustaría casarse y formar una familia. Su disco Contraluz Vol. 2 sale el 27 de abril.

Enrique Torre Molina: ¿De qué va tu nuevo disco?
Jaime Kohen:
Está inspirado en lo retro y hay elementos desde los años treinta hasta los cincuenta. Y en letras habla específicamente de la pareja. Creo que la pareja a todos nos saca nuestros peores demonios, pero también nuestra parte más linda.

ETM: ¿Y la canción “Tú de rojo y yo amarillo”?
JK:
Tenía una canción que hablaba de la boda, un tema importante en la pareja. Cuando tomé la decisión de abrir mi sexualidad y de enfocarme más en hacer esta protesta, le di un giro a la canción para hablar sutilmente sobre celebrar las bodas de diversidad. Por eso el coro dice que por qué nos tenemos que casar de blanco y negro, que quién puso esa regla y por qué no de color. Es decir, romper la tradición y abrirte a la diversidad. Fue lindo coordinar la canción con el mensaje. En este nuevo disco la mayoría de las canciones son duetos, pero esta canción en específico la quise hacer solo porque es un mensaje muy personal.

Jaime KohenETM: ¿Por qué decidiste ahora hablar de que eres gay?
JK:
Siempre ha habido una identificación con el público gay. Mi primera canción, “Alguien”, habla de aceptación que es un tema que resuena con el público gay de inmediato. Pero siempre he tratado de manejarlo de manera más universal, porque todos tenemos que aceptarnos de una u otra manera. Tomé la decisión de hacerlo ahorita porque este año se me juntaron muchas cosas. Lo que más me impactó fue un video sobre lo que está pasando en Rusia, donde un grupo de gente hace como unas dates falsas para maltratar [a homosexuales]. Me puse a investigar más. Sabía que hay lugares donde la homosexualidad se castiga con cárcel, pero no estaba tan informado. Me di cuenta que también en India se retomó una ley que castiga la homosexualidad. Y, sin irme tan lejos, vi que México es el segundo país con más homicidios por homofobia. Quiero poner mi granito de arena.

ETM: ¿Hay alguien en especial que te haya inspirado?
JK:
En mi época de crisis, la cantante India Arie me inspiró mucho porque tiene un mensaje súper propositivo en sus canciones, y me sanaba mucho escucharla. También Rosana fue alguien que me movió en ese momento. La mayoría de la humanidad se conecta más con el dolor y el drama, pero yo quería dar otra posibilidad con mis canciones. Admiro mucho a deportistas como Michael Sam, Thomas Hitzlsperger y Jason Collins. Esas noticias me las trajo mi papá que es como súper macho, ve deportes, y esto ayuda a que la gente se dé cuenta de que un futbolista de la NFL, un hombre grandote, también puede ser gay.

ETM: ¿Cómo fueron la semana de tu comunicado, el evento en el Museo Memoria y Tolerancia y los días después?
JK:
Hay cosas que están en tus manos y puedes controlar, y hay cosas que no. Aunque el comunicado se publicó antes de tiempo, no le quitó nada al mensaje. Fue muy especial hacerlo ahí porque soy judío, tengo una preferencia sexual diferente, y esas dos minorías están muy expuestas en ese museo. Siempre han sido perseguidas de la mano. La reacción de la gente y de los medios ha sido increíble. Me siento muy afortunado. También por parte de mi familia, porque una cosa es abrirme con ellos y otra con el mundo.

ETM: ¿Tuviste miedo de que salir del clóset pudiera perjudicarte profesionalmente?
JK:
Claro. Me tomó dos meses decidirlo, porque pensé que podría cerrarme las puertas con algunas marcas o que muchos fans me dejarían de seguir. Pero me di cuenta que ésa es una voz más de mi ego. Que mi mensaje y lo que siempre he querido hacer con la música es tocar al mundo, aunque sea a una persona, de forma positiva. No tengo nada que perder. Quien se quiera quedar, se queda. Las marcas que me quieran apoyar, buenísimo. Las que no, no pasa nada.

ETM: En México hay pocos ejemplos de gente que se ha abierto de esta manera. ¿Es importante que las personas públicas salgan del clóset?
JK:
Me animé a hacerlo también por eso. Cuando decides ser una figura pública, tengas un seguidor o millones, ya influyes en algo y tienes una responsabilidad. Un ejemplo con otro tema es la adopción: cuando adoptamos a mi hermana, la adopción era un tabú. Ahora está más de moda, en parte gracias a las celebridades, y el tema ha cambiado.

ETM: ¿Qué opinas de la homofobia que existe en México, Uganda, Rusia y otros lugares? ¿Te gustaría involucrarte con algún tema en específico?
JK:
Sí quiero involucrarme, pero no desde un lugar de lucha, porque entonces creas otra vez la dualidad y es otra vez pelear. Creo más en apoyar, en acompañar, en hacer campañas sobre tolerancia y libertad, que es otro tipo de mensaje. Es diferente hacer una campaña a favor de la paz y la tolerancia que hacer una contra la discriminación. El tono es diferente. Con una marca estamos viendo si vamos a algunas escuelas a hablar de esto con chavos de prepa y secundaria, donde hay mucho bullying. El mensaje que quiero mandar es que hay que vivir en libertad y expresar tu amor como sea.


El clóset y los medios y la gran familia queer

*Este texto lo publiqué originalmente en The Huffington Post.

Ellen PageA principios de este año viajé a Mérida, la ciudad donde nací y viví 18 años, para ir a la boda de Chalo, un querido amigo de la preparatoria. Me encontré con personas que no veía desde que salimos de la escuela y platicamos sobre nuestros trabajos, nuestros planes, nuestras parejas. Estaba muy contento de escucharlos, de contarles, de ponernos al día.

También me sentí raro. Recordé mi inseguridad cuando platicaba con algunos de ellos en los recreos, a la salida de la escuela o en fiestas sobre, por ejemplo, quién nos gustaba, qué niña nos parecía guapa o a quién queríamos enamorar (así le llamábamos al proceso que iba desde invitar a una niña a salir hasta hacerla tu novia).

Según yo, cuidaba magistralmente qué decía, qué palabras usaba, en qué tono hablaba para no indicar de ninguna manera que estaba mintiendo, para que no se me notara. Porque no me interesaba ninguna chava y me atraían más bien algunos de nuestros compañeros. En estos reencuentros en la boda de Chalo faltaba algo: ese escudo imaginario que me acompañó toda mi adolescencia ya no estaba. Conversar sin el miedo de que “se me notara” algo y no tener que esforzarme por mantener apariencias me hizo sentir muy cómodo.

Una comodidad liberadora, porque el clóset es agotador.

Hace seis o siete años que le dije a mi familia y amigos que soy gay. Recibí desde sermones sobre cómo “formar relaciones que no producirán nuevas vidas destruye el amor que dios nos da” hasta un correo electrónico de “bienvenido a esta gran familia de queers” de una tía lesbiana. Hoy sigo conociendo historias igual de variadas. Las anécdotas van de lo más chistoso a lo más deprimente.

En un mundo donde la homofobia permanece en todo tipo de espacios, donde muchos jóvenes cargan esos escudos imaginarios, salir del clóset sigue siendo relevante. Y no sólo en la privacidad de nuestras casas, escuelas y oficinas, sino en la esfera pública. Por eso me emociona tanto escuchar discursos como el de Ellen Page en la conferencia de Human Rights Campaign, donde dice que es gay y recuerda que “hay personas que van a la escuela todos los días y los tratan como mierda o sienten que no pueden decirle la verdad a sus papás”.

O leer artículos como el que escribió Maria Bello en The New York Times sobre ser bisexual, contradiciendo el mito de que la bisexualidad no existe o que los bisexuales nada más están confundidos. O ver a Michael Sam, Brian Boitano, Ian Matos y Tom Daley destapando poco a poco la homofobia que existe en el mundo deportivo. Salir del clóset sigue importando y más jóvenes necesitan escuchar esas historias. Sin duda es lo que a mi yo de 16 años, tan lejos de caras conocidas que hablaran abiertamente de su orientación sexual, le hubiera gustado escuchar.

Los medios de comunicación dan forma a esos clósets, pero también los clósets moldean a los medios. Y sí, algunas de estas declaraciones de celebridades y atletas son una acción de mercadotecnia. Sí, algunas son parte de una estrategia de comunicación con asesoría de expertos en el tema. Sí, “ya todos sabíamos” que un par de ellos eran gays o lesbianas. ¿Y qué? ¿No podemos celebrar que alguien dejó de fingir y la está pasando mejor? ¿Que le está diciendo al mundo que su sexualidad no es motivo para avergonzarse o esconderse? Un truco para impulsar la carrera de alguien no está peleado con mandar un mensaje positivo. Salir del clóset, en privado y en público, todavía tiene un gran peso.

El clóset es agotador. Es una máscara pesada, como dice el personaje de José María Yazpik en La vida en el espejo cuando le confiesa a su papá que es gay. Yo quiero que vengan más Ellens, Marias, Michaels, Toms. Más Rickys, Chavelas, Rachel Maddows y Kevin Kellers (para los que somos fans de Archie Comics). Quiero que cada vez más mexicanos y latinoamericanos se animen también. Total, de varios ya sabemos y ya ven que no pasa nada. Yo prometo enviarles un mensaje de bienvenida a la gran familia queer.


Entrevista en Betún

En el nuevo número de la revista Betún, su editor Johnny Carmona me hizo una entrevista sobre mi colaboración con medios de comunicación y con GLAAD, por qué decidí meterme en activismo LGBT y otros temas. Si les interesan los medios que recomiendo seguir en uno de los videos, son: The Huffington Post (las secciones Gay Voices y Voces), Out y Blabbeando.

etm entrevista

La revista en general está buenísima, así que descárguenla ya o suscríbanse. Y la portada de este mes es un súper personaje: Genaro Lozano.

genaro lozano portada


Medios LGBT en México

*Esta pieza se publicó en Voces de The Huffington Post.

Hace unas semanas convoqué a editores y periodistas de diferentes medios LGBT mexicanos a una reunión. Invité a miembros de televisión por cable y en línea, radio comercial y pública, blogs, revistas independientes y de alto perfil, periódicos tradicionales, comunicadores independientes, una agencia de noticias LGBT que acaba de celebrar su décimo aniversario, y un guionista de comedia. Asistieron todos con excepción de un par. Nos reunimos en el último piso del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, que amablemente me prestó el espacio.

Hace tiempo que quería juntarlos a todos, pero no se me ocurría un propósito más claro que no fuera sentarnos en una misma mesa, hablar, y ver hacia dónde iba la discusión. Como bloguero y periodista enfocado en asuntos de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero, me (pre)ocupa la manera en que diferentes medios abordan historias de mi comunidad. Los medios mainstream en México incluyen cada vez más contenido LGBT de manera positiva. Algunos ejemplos son AnimalPolitico.com, la revista Chilango, CNNMexico.com, E! Latin News, la revista M Semanal y el diario Reforma. En 2011, un diseñador de moda y su esposo encabezaron la historia de portada de las parejas más atractivas del país en la revista Quién (enfocada en periodismo soft). Por otro lado, tabloides y producciones de Televisa (incluyendo el programa Guau, dirigido a público gay) son responsables de constantes expresiones homofóbicas y personajes que refuerzan la intolerancia.

Me preocupa también la situación de los medios LGBT como una industria que se esfuerza por sobrevivir. Todos los días me pregunto quién está leyéndonos, viéndonos, escuchándonos. Me preocupa que seamos principalmente nosotros mismos poniendo atención a lo que nuestros colegas están haciendo, dándonos retroalimentación mutua. Y eso está padrísimo si queremos reportar e investigar sobre temas que sólo a nosotros nos interesen, darnos palmadas en la espalda unos a otros y levantar nuestros egos (o, siendo menos bondadosos, haciéndonos pedazos en críticas y chismes). Pero si queremos concienciar sobre la diversidad sexual, cambiar opiniones, hacer ruido, ser voz para quienes son callados por el clóset, si queremos ser una industria, un negocio, hay que ser más incisivos en la forma de mirar nuestro trabajo y de ejecutar nuestra labor de narradores de la realidad.

Brian Pacheco de la Alianza Gay Lésbica Contra la Difamación (GLAAD) comparte algunos de estos intereses y estuvo hace poco en la Ciudad de México. Desde el año pasado colaboro con él y Monica Trasandes del Departamento de Medios en Español de GLAAD en su proyecto LGBT en Español, y la visita de Brian fue otra excusa para invitar a mis colegas a una reunión.

Después de presentarnos, Brian habló del trabajo de GLAAD en Estados Unidos como defensor, relator y observador nada silencioso de lo que sucede en los medios. Después puse algunas preguntas en la mesa para detonar la conversación, y éstos fueron algunos resultados:

W Radio, que pertenece a Televisa, es la única estación comercial con un programa gay, Triple G, que ha estado al aire por más de diez años. Durante la reunión, el locutor Francisco Iglesias señaló la falta de profesionalización de medios tradicionales en cuanto a asuntos LGBT, pero nos recordó la contrastante falta de profesionalismo de medios LGBT en términos periodísticos: sólo algunos de nosotros producimos contenido noticioso, y con frecuencia los diarios nacionales se nos adelantan en la cobertura de acontecimientos LGBT. La razón principal es que la mayoría de los medios LGBT batallan con presupuestos insuficientes, por lo que tampoco tienen suficientes reporteros. “A muchos colaboradores de medios LGBT no les pagan, y ése es el primer nivel de discriminación que estamos permitiendo.” Todos en la sala permanecieron en silencio varios segundos cuando el periodista Alejandro Brofft señaló esa incómoda verdad.

Francisco mencionó otro asunto importante: muchos medios LGBT dependen de sólo dos o tres personas. Cuando éstas falten, ¿qué pasará con esos proyectos? Todos coincidimos en que las personas trans son prácticamente invisibles en nuestra profesión, y que tampoco hay tantas mujeres (yo sólo conozco a dos, y ninguna pudo ir). Una parte significativa de nuestras audiencias está en el clóset. A propósito de esto, no hay muchas figuras públicas abiertamente LGBT en México. También hay buenas noticias: mientras que la mayoría de los medios LGBT de alto perfil se han establecido en el Distrito Federal, cada vez hay más medios LGBT más pequeños surgiendo en otros estados, y haciendo una labor destacable en contra de la discriminación en sus comunidades.

Debatimos sobre si el gobierno debería financiar medios LGBT “porque es un trabajo que cumple una función social” versus pensar en los medios LGBT como iniciativas que deben ser rentables a través de inversionistas, publicidad y ventas, como nuestros pares los medios no LGBT.

Esta reunión fue un piloto de, espero, más en el futuro. Un experimento que resultó provechoso. Confirmó lo que muchos sabíamos: enfrentamos retos similares. Conversarlo y compartir nuestras experiencias debe servir, más que como grupo de apoyo, como espejo de lo que podemos hacer de manera individual y colectiva para mejorar. Si bien no todos somos necesariamente activistas, los medios LGBT tienen un rol en hacer de la sociedad un lugar más seguro y respetuoso para las personas LGBT. Y para que eso suceda hay que ser mejores en nuestro trabajo.